Es un proceso que mira a la vez a la conversión de los demás y a la propia: implica comunicar la propia fe de muchas maneras y supone en el comunicador actitudes cristianas bien asimiladas.
Sus metas son dos
La fe inicial
El inicio de la conversión
Es la percepción y acogida del misterio que se anuncia: el amor incondicional del Padre y su misericordia sin límites.
Es prácticamente simultáneo con el acto de fe y cada acto de fe lleva a la conversión a Dios y volver nuestra mirada a Él.