1) Fuente: DWYER, C.; “Evaluación de los maestros”. En: ALVAREZ, B. y RUIZ-CASARES, M. (editores), 1997; Evaluación y reforma educativa. Opciones de política; Capítulo 7, pp.187-222. PREAL, Santiago de Chile.
Definir con claridad desde el comienzo quiénes utilizarán los resultados de la evaluación, y para qué propósitos, también tiene implicancias importantes para el diseño de la evaluación.
•Pruebas escritas de diverso tipo (de ensayo, de respuesta construida, de opción múltiple, etc.);
• Pruebas prácticas como, por ejemplo, dar una clase o conducir una reunión de profesores;
• Registros de observación de diverso tipo, como por ejemplo, de las actividades de los alumnos;
• Carpetas con trabajos producidos por los alumnos o los profesores (denominados “portafolios” desde hace algún tiempo en la literatura anglosajona);
• Encuestas de opinión de padres, alumnos o profesores.
Ejemplos de juicios de valor son: “este alumno tiene un desempeño satisfactorio en Matemática”, “este alumno tiene dificultades en el uso de la puntuación en la producción escrita”, “este maestro es excelente enseñando Ciencias”.
La vocación principal de toda evaluación es modificar la realidad, pero la evaluación por sí misma no produce cambios si no hay actores que usen los resultados y tomen decisiones a partir de las valoraciones resultantes de la misma.
CONCLUSIÓN
Toda evaluación debe estar basada en un “referente” explícito, claro y apropiado. Esto significa partir de una definición conceptual de la realidad a evaluar que recoja las perspectivas más actualizadas y que, al mismo tiempo, esté expresado de manera clara y comprensible. De este modo es posible diseñar mejor los instrumentos para la evaluación y, al mismo tiempo, permitir a los usuarios interpretar con más facilidad los resultados de la evaluación y, por tanto, hacer uso de ellos.