HISTORIA DE LA FRESADORA
Inventadas a principios del siglo
XIX, las fresadoras se han convertido en máquinas básicas en el sector del
mecanizado. Gracias a la incorporación del control numérico, son las
máquinas-herramienta más polivalentes por la variedad de mecanizados que pueden
realizar y por la flexibilidad
que permiten en el proceso de fabricación. La
diversidad de procesos mecánicos y el aumento de la competitividad global han dado lugar a una amplia variedad
de fresadoras que, aunque tienen una base común, se diferencian notablemente
según el sector industrial en el que se utilicen.[3]
Asimismo, los progresos técnicos de diseño y calidad en las herramientas de fresar han posibilitado
emplear parámetros de corte muy altos, lo que conlleva una reducción drástica de
los tiempos de mecanizado.
La primera máquina de fresar se construyó en 1818 y fue diseñada por el estadounidense Eli Whitney con el fin de
agilizar la fabricación de fusiles en el estado de Connecticut. Se conserva en el Mechanical
Engineering Museum de Yale.[5] En la década de 1830, la empresa Gay & Silver construyó una fresadora
que incorporaba el mecanismo de regulación vertical y un soporte para el husillo
portaherramientas.
En 1848, el ingeniero americano Frederick.
W. Howe diseñó y fabricó para la empresa Robbins & Lawrence la primera
fresadora universal, que incorporaba un
dispositivo de copiado de perfiles. Por esas mismas fechas se dio a conocer la
fresadora Lincoln, que incorporaba un carnero cilíndrico regulable en sentido
vertical. A mediados del siglo
XIX se inició la construcción de fresadoras verticales. Concretamente, en el
museo Conservatoire
National des Arts et Métiers de París, se conserva una fresadora vertical construida
en 1857