Se trata de aquella etapa en la cual el niño se
encuentra por primera vez capacitado para
percibirse, o más exactamente, percibir su
imago corporal completa en el espejo. En esta
fase, de acuerdo a la teoría lacaniana, se
desarrollaría el yo como instancia psíquica.
Lacan quien, hacia 1935-36
apunta a las implicaciones
del estadio del espejo para
la formación del yo.
Esta etapa del desarrollo es
descrita en su ensayo El
estadio del espejo como
formador de la función del yo,
el primero de sus Écrits y que
es considerado uno de sus
trabajos más importantes.
Pero el estadio del espejo por sí solo,
con la implicación de la madre o la
función materna, no resultan
suficientes para la subjetivación.
Lacan deduce luego que se requiere
un tertium, un tercero. Es la función
paterna la que permitirá mantener
la noción de unidad corporal del
sujeto y luego el desarrollo psíquico
que deviene a partir de esta primera
percepción de unidad.
Dos procesos, como mínimo,
deben converger para que se
produzca el estadio del espejo:
La suficiente maduración de las
áreas del cerebro especializadas en
la percepción y procesamiento de la
información visual. Que exista un
semejante que le sirva de estímulo,
en este aspecto aquí existe algo del
tipo imprinting.
El semejante, al que se alude en la
segunda condición, aquel Otro, es
en principio la madre (o quien
cumpla la función materna). Ella no
sólo será el modelo visual y háptico
en el cual se identifique
corporalmente el niño o la niña
(según el caso), sino que además la
madre será configuradora de la
imago corporal al "modelar" al niño
(o la niña).
Así el estadio del espejo revela la
configuración del yo del sujeto.
Como para que tal haya ocurrido
ha sido menester el estímulo
externo desde un semejante,
Lacan deduce de allí que, en
principio, inicialmente, todo yo es
un Otro.
Engaño, desengaño, enajenación
y escisión del yo
Lacan observa que el gran júbilo que el niño
experimenta al reconocerse es sin embargo sólo
efímero. Se reconoce y se desconoce casi al mismo
tiempo, porque aquello que reconoce no es él, sino
que justamente sólo una imagen de él. Una imagen
separada, que no le pertenece
El estadio del espejo implica por
ello una experiencia de división o
escisión del sujeto. Esta es una
razón para que Lacan más
adelante distinga entre dos formas
del yo: je y moi. Estos dos aspectos
del yo sólo quedarán delimitados
de manera clara en una fase más
tardía de su obra.
Las investigaciones
antropológicas y psicológicas
experimentales1 de los años
1970 y '80
Habían demostrado que reconocerse en
el espejo era una característica
específicamente humana: La prueba del
espejo demostraba que a la mayoría de
los animales no les llama en absoluto la
atención su imagen en el espejo, con la
excepción de algunas especies
particularmente desarrolladas.
Sin embargo, lo que por sobre todo
resalta Lacan, es que el reconocimiento
de la propia imagen especular ocurre
con ayuda de y en relación a un otro
semejante. Así «el niño, todavía en un
estado de impotencia e incoordinación
motriz anticipa imaginariamente la
aprehensión y dominio de su unidad
corporal»
Descripción y mecanismos
psíquicos implicados en el
fenómeno
El fenómeno es fácilmente observable
y se puede describir así: Cuando un
niño se reconoce por primera vez en el
espejo, celebra la aparición de su
imagen con un gesto de alegría, de
júbilo o de éxtasis.
Esta fascinación es interpretada
por Lacan como la identificación
del niño con su imagen, la que
encuentra allí por primera vez
reflejada de manera completa. En
vez de ver sólo partes de su
cuerpo, observa por primera vez la
totalidad.