Un buen profesor planifica totalmente
las clases para poder improvisar su
enseñanza sobre esas bases.
Cuando la pedagogía ya no se preocupa por la persona,
entonces la educación se reduce a una empresa en que
la escuela se ha convertido en el mercado.
El profesor puede influir en el
comportamiento de un estudiante.
Los profesores tienen que saber cómo
conectar con la interpretación del niño,
cuándo presionar para que se comprenda.
Un buen profesor sabe cómo y cuándo una
experiencia de aprendizaje concreta es
demasiado difícil o demasiado fácil.
El docente debe saber cuándo enseñar la
simple habilidad de resolver los problemas
matemáticos, o cuándo enseñar el método
más corto
Un profesor puede llamar mi atención hacia algo y por tanto
despertar mi interés.
El profesor sabe que nos resulta interesante cuando
tiene el poder de atraer, de llamar nuestra atención,
de incumbimos.
La reflexión solícita descubre si una acción ha sido «no
solícita», si se ha realizado sin el tacto necesario.
Existe una diferencia entre la solicitud artificial creada por la
aplicación mecánica de una técnica o método externo y la
solicitud auténtica del tacto verdadero.
Los profesores tienen que saber que el hecho de
convertirse en objetos del humor de los niños no es
una amenaza real para su persona o su autoridad
pedagógica.
El humor que utiliza alegremente el pedagogo
que tiene una confianza profunda en su propia
importancia para los niños beneficia a ambos,
tanto al pedagogo como al niño
Sólo cuando la presencia de un profesor encarna la materia de
forma personal, y cuando es capaz de mostrar a sus alumnos que
existe una relación viva entre la asignatura y sus propias vidas,
sólo entonces el ambiente de la clase puede cambiar de la
disciplina autoritaria de la coacción formal al dinamismo vivo y a
la animación apasionada.
El profesor que confía en la disciplina formal, en general no consigue
representar algo para los adolescentes a los que trata de enseñar.
La solicitud y el tacto pedagógicos son las habilidades
conscientes que permiten a un profesor actuar de
manera improvisada en las situaciones educativas, que
siempre están cambiando
Planificar es considerar detenidamente,
anticipar, imaginar cómo pueden ir las
cosas, cómo pueden experimentar o ver
las cosas los niños