Descartes se planteará la cuestión del por qué los seres humanos se equivocan, por qué motivo se equivocan y se
apartan de la verdad.
A el le extraña que, existiendo Dios y siendo, por definición, bueno y ajeno a toda voluntad de perjuicio hacia
nosotros, nos haya permitido que nos equivoquemos de continuo.
Penso
“Si todo lo que tengo lo recibo de Dios, y si Él no me ha dado la facultad de
errar, parece que nunca debo engañarme. Y en verdad, cuando no pienso más
que en Dios, no descubro en mí causa alguna de error o falsedad; mas
volviendo luego sobre mí, la experiencia me enseña que estoy sujeto a infinidad
de errores”.
no solo he aprendido hoy l0 que debo evitar para no errar, si no tambien lo que debo hacer para alcanzar el conocimiento
de la verdad.
Dios me ha dado para entender, sin duda todo cuanto concibo lo concibo recta¬mente, y
no es posible que en esto me engañe.
Para no caer en el error, debemos usar la razón antes que la voluntad. Dios nos
proporcionó la «herramienta» de la voluntad y nosotros le hemos dado un mal uso.
Descartes concluye su duda metódica y, tras asegurar la validez del "pienso luego
existo" y de la existencia de Dios, concluye que se puede al menos garantizar la
verdad de nuestro buen pensar.