Donde se da fin al cuento de la pastora Marcela, con otros sucesos
La mañana siguiente don Quijote, Sancho y los cabreros emprenden camino hacia el entierro de
Grisóstomo.
Uno de los hombres a caballo que se llama Vivaldo le pregunta a don Quijote por qué anda tan
armado en esas tierras tan pacíficas, a lo que nuestro protagonista le contesta que es caballero
andante.
En respuesta, don Quijote le cuenta del rey Arturo de Inglaterra y de la Mesa Redonda, así como de
Amadís de Gaula y de otros caballeros legendarios.
Vivaldo le dice que le parece mal que los caballeros andantes se encomienden a una dama antes de
entrar en combate en vez de a Dios. Es la costumbre, le responde don Quijote, pero que hay tiempo
para encomendarse a Dios también. Vivaldo insiste en que es preferible encomendarse a Dios como
buen cristiano, y que además no todos los caballeros tienen una dama.
Escuchar esta conversación les convence a todos en el grupo de que don Quijote ha perdido el juicio,
salvo Sancho.
Llegan al pie de la montaña y allí están otros pastores con el cuerpo de Grisóstomo. Su amigo
Ambrosio comienza a elogiar al difunto y menciona unos escritos en los que Grisóstomo habló de su
amor por Marcela.