Boscolo, L. y
Bertrando, P. (1996).
Los tiempos del
tiempo. Buenos
Aires: Paidós
Elias (1984): el tiempo no es un objeto,
sino una abstracción derivada de nuestra
experiencia de sucesión y cambio.
Los diferentes tiempos no son más
que descripciones de diversos
observadores y cada concepción del
tiempo es verdadera sólo en un
determinado ámbito descriptivo.
• Tiempo individual/fenomenológico:
observador de sí mismo
• Tiempo
cultural/antropológico:
resultado de las interacciones
entre los individuos.
• Tiempo social/sociológico:
sistemas interactivos.
Nuestro sentido del tiempo se funda en la experiencia
del presente inmediato, el cual se puede ver influido
por el sentido del espacio y también por factores
biológicos.
• La edad modifica el sentido del tiempo, pues con
el aumento de la edad se tiene la sensación de que
el tiempo pasa cada vez más de prisa.
Según Robert Ornstein (1969) la experiencia del tiempo está
determinada por la cantidad de información almacenada en un
determinado intervalo, así como por el aumento y la organización de
estímulos aplicados al individuo.
El tiempo es experimentable porque el presente se vive como
continuo y al mismo tiempo como contrapuesto a un pasado y
un futuro, sin los cuales solo hay una contemporaneidad
indistinta.
• La propensión hacia el pasado, presente o
futuro puede identificarse concentrando la
atención en las formas del discurso, es decir en
los tiempos verbales.
Cada individuo elabora su temporalidad, que resulta de la interacción
de sus capacidades biológicas y las relaciones que maduran con el
tiempo y con los cambios del contexto.
La cultura opera una estandarización del modo de concebir
el tiempo, lo cual es diferente en cada cultura.
Clifford Geertz demuestra que la cultura
estandariza la noción de tiempo, pero que,
a su vez, la noción de tiempo contribuye de
un modo determinante a los estándares
culturales.
El tiempo y la regularidad del tiempo son de los fondos más importantes para
la normalidad cotidiana del ambiente social, pero la coordinación, la regularidad y
la flexibilidad de los tiempos sociales varían notablemente entre países.
La vida contemporánea es fuente de ansiedad, estrés y neurosis por los ritmos tan
acelerados con los que se vive, por lo tanto vivir en la ciudad significa perder tiempo, no
tener nunca tiempo o no ver pasar nunca el tiempo.
• El individuo dentro de su propio contexto social y cultural, se encuentra en una situación en la que debe
continuamente coordinar el propio tiempo interior con el de otros individuos y con los diferentes tiempos
institucionales.