1ª NIVEL ESPIRITUAL o VIA PURGATIVA o PRINCIPIANTES (5 TEMAS)

Isidro Esparza Marín
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Camino espiritual hacia la Cumbre de la Sublime Felicidad Terrenal
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1ª NIVEL ESPIRITUAL: PRINCIPIANTES O NIÑOS o INCIPIENTES O VÍA PURGATIVA

En el Paraíso, antes del pecado original, no se necesitaban medios para comunicarse con Dios. En el estado de inocencia, de gracia y de pureza en que vivían, nuestros primeros padres se comunicaban con Dios del mismo modo que lo hacen las 3 Personas Divinas: directamente, sin palabras humanas, Persona a persona. Pero por causa del pecado original se rompió esta íntima comunicación que existía entre el hombre y Dios. Por eso Él, adaptándose a nuestra situación, nos trasmitió Su Palabra en lenguaje humano y, al venir a la tierra, nos habló con nuestras propias palabras. Por eso, ahora, así como usamos idiomas para comunicarnos con los otros seres humanos, queremos usar este medio para tratar con nuestro Creador. Y este medio es pobrísimo, incapaz de llegar plenamente a Dios, como se verá mas abajo. Por eso, es preciso que el Señor nos saque de esta situación tan pobre, a través de un proceso de maduración o purificación (purgación) que se ha llamado el paso por las edades espirituales. Según muchos Padres de la Iglesia y todos los santos doctores que trataron el tema, primero es necesario que, después de dejar el pecado, pasemos por un 1er. Nivel Espiritual o Via Purgativa o etapa de purificación, también llamada edad espiritual infantil o estado de los "principiantes" ya que su creencia se fundamenta en el puramente sentir, en esta etapa tiene como objetivo disponernos hacia el conocimiento de Dios. Luego llega la etapa en la que Dios nos ilustra (fase iluminativa), que es la edad espiritual del adolescente o estado de los "aprovechados". Finalmente, el Señor nos une íntimamente a Él (fase unitiva), que es la edad espiritual del adulto o estado de los "perfectos". La oración va desarrollándose según el crecimiento en estas edades espirituales. El Espíritu Santo ilumina y mueve de modos diversos a principiantes, adelantados y perfectos. Estas son las líneas principales en la dinámica de la oración: La oración va pasando de formas activas–discursivas (vida ascética de los "principiantes") a modalidades pasivas–simples (vida mística de los "perfectos"). La oración pasiva–mística es don gratuito de Dios, pero podemos disponernos mucho, colaborando con la gracia de Dios en la oración activa, para recibirla. Desde luego no podemos adquirirla, ha de darla Dios. La voluntad es la 1ª facultad que en la oración debe fijarse en Dios por el amor. Las más altas formas de oración mística son con las potencias del alma unidas y fijas en Dios. La conciencia de la presencia de Dios es muy pobre en la oración activa, y viene a hacerse más tarde la sustancia misma de la oración mística. La perfecta oración continua, la fusión entre contemplación y acción, sólo se alcanza cuando se llega a la oración mística. Es normalmente simultáneo el crecimiento de la vida cristiana en general y de la oración. La perfección a la que Dios nos ha llamado a todos (Mt 5,48; Col 1,28; Ef 4,13; Mt 19,21; etc.) es la vida de unión con Dios; por eso se llama el estado de los perfectos. Santa Teresa de Jesús (1515-1582) logró, por don de Dios, conocer y expresar maravillosamente esta doctrina espiritual, que ya era enseñada por la teología espiritual anterior, aunque no tan claramente. Se citan a continuación sus obras con siglas, la Vida (V.), Camino de Perfección, según códice del Escorial (CE) o el de Valladolid (CV), así como las Moradas del Castillo interior (M) y Cuenta de conciencia (CC). En esta primera etapa de oración el esfuerzo del orante se concentra más que todo -y así debe ser- en evitar el pecado, aunque no siempre logra vencer el mal. Como "principiante" tiene un conocimiento rudimentario de sí mismo y de Dios. Poco a poco el Señor le va descubriendo sus defectos y, si en lugar de excusarse, responde generosamente a Su Amor buscando corregirse, Dios le va desvelando al alma su miseria y su pobreza, haciéndole ver Su Infinita Misericordia. Aún ignora el amor propio y el egoísmo que hay en su interior y se rebela con frecuencia al tener una contrariedad o sufrir alguna corrección. No pocas veces ve estos defectos mejor en los demás que en sí mismo, confirmando la advertencia de Jesucristo: "¿Cómo es que miras la paja en el ojo de tu hermano y no ves la viga en el tuyo?" (Mt.7, 3). Se puede decir que el "principiante" lleva dentro de sí un diamante envuelto todavía en otros minerales inferiores, y no conoce aún, ni el valor del diamante, ni la inferioridad de lo que lo cubre. Su conocimiento de Dios es "incipiente", quizá a través de la naturaleza o de las parábolas o de oraciones comunitarias o de la Liturgia. Aún no se ha familiarizado con los misterios de la salvación ni puede penetrar en el misterio de la Bondad Infinita de Dios. Su amor a Dios es más bien un santo temor por miedo al castigo; posteriormente éste se convierte en miedo a ofender a Dios. La oración del "principiante" es vocal, pudiendo ser oraciones ya hechas u oraciones espontáneas, como una conversación con Dios. Poco a poco la oración se va simplificando cada vez más hasta intentar la "oración de recogimiento". Si el alma va respondiendo generosamente a la gracia, el Señor suele enviar gozos sensibles en la oración o en la lectura de la Palabra. En esta etapa existe el peligro de habituarse y complacerse demasiado en la gratificación que puede venir con la "oración de recogimiento", como si lo sensible fuera un fin y no un medio. Se corre, entonces, el riesgo de caer en lo que San Juan de la Cruz denomina "gula espiritual", y también en un "inconsciente orgullo" sobre las cosas espirituales, al considerar inferiores a los demás. Sin embargo, en esta etapa comienzan a brotar los primeros grados de humildad, que hace que desconfiemos de nuestras fuerzas y que confiemos más en Dios.

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NIVELES DE ORACIÓN EN LA PRIMERA ETAPA

ORACIONES ACTIVAS

LAS ORACIONES ACTIVASEl cristiano "principiante", durante su vida ascética, caracterizada por el ejercicio predominante de las virtudes, que lo hacen participar de la vida sobrenatural al modo humano, practica su oración con la asistencia del Espíritu Santo, en formas activas, discursivas, con imágenes, conceptos y palabras, laboriosamente. Estas oraciones, como otras actividades y trabajos, producen cansancio.En estas oraciones, el huerto del alma va siendo regado «sacando el agua de un pozo, cosa que se hace con mucho trabajo» (V.11,7).

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ORACIÓN ESPONTÁNEA DE MUCHAS PALABRAS (VOCAL)

ORACIÓN ESPONTÁNEA DE MUCHAS PALABRAS Es ésta una forma de orar básica, universal, necesaria al corazón del cristiano, y que no requiere particular aprendizaje: «Señor, voy a estar un rato contigo. Ya ves cómo estoy. Tengo que hablar contigo, y no sé cómo hacerlo. Dame Tu Luz y Tu Gracia, para que»… Se trata, como se ve, de una oración activa, discursiva, con sucesividad de temas, conceptos, palabras, voliciones, al modo psicológico humano; espontánea, no asistida por método alguno, ni por ninguna fórmula oracional, sino que brota a impulsos circunstanciales del corazón, con la ayuda del Espíritu; de muchas palabras, como es propio en los principiantes, pues si aquéllas terminan, cesa la oración. ORACIÓN VOCAL Consiste en la recitación de fórmulas oracionales ya compuestas. Es el modo de orar más humilde, más fácil de enseñar y de aprender, más universalmente practicado en la historia de la Iglesia, y más válido en todas las edades espirituales, pues extiende su vigencia hasta el umbral mismo de la oración mística contemplativa. La mejor escuela de oración y la más eficaz catequesis. En esta forma de oración lo más importante que ha de tenerse en cuenta es que el que «no advierte con quién habla y lo que pide y quién es quien pide y a quién, a eso no lo llamo yo oración, aunque mucho menee los labios» (1 M 1,7).

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ORACIÓN DE MEDITACIÓN (DISCURSIVA) (INTERACTÚA CON JESÚS)

ORACION DE MEDITACIÓN (DISCURSIVA) (INTERACTUA CON JESUS) El orante, al meditar, trata amistosamente con Dios, y piensa con amor en Él, en Sus palabras y en sus obras. Es pues, una oración activa y discursiva sumamente valiosa para entrar en intimidad con el Señor y para asimilar personalmente los grandes misterios de la fe. Hay, evidentemente, en la meditación una parte discursiva, intelectual y reflexiva, de gran valor; pero en la oración meditativa es aún más importante el elemento amoroso, volitivo, de encuentro personal e inmediato «con Quien sabemos que nos ama» (V.8,5). En este sentido la meditación es oración en la medida en que se produce en ella ese encuentro personal y amistoso. Por eso «no está la cosa en pensar mucho, sino en amar mucho» (4 M 1,7). Uno puede meditar en tres niveles, por ejemplo, la parábola del buen samaritano: 1) Meditación pagana: «Es admirable la conducta del samaritano. Yo procuraré hacer lo mismo». Eso no es oración, sino reflexión ética que no sale del propio yo, ni produce encuentro con Dios. 2) Meditación cristiana: «El samaritano simboliza a Cristo, que se inclina sobre la humanidad enferma. Yo también debo ser compasivo». Esto sigue sin ser oración, aunque es una meditación cristiana valiosa, hecha en fe, como cuando se estudia teología. 3) Oración meditativa o meditación realmente orante: «Cristo bendito, que, como el buen samaritano te compadeces de nosotros, inclínate a mí, que estoy herido, e inclínate en mí hacia mis hermanos necesitados». Esto es verdadera oración, pues produce encuentro personal con el Señor. Y también causa conversión, pues, según el tema considerado, conviene «hacer muchos actos para determinarse a hacer mucho por Dios y despertar el amor, y otros actos para ayudar a crecer las virtudes» (V.12,2). El objeto de la meditación cristiana conviene que sea cristológico. Conviene subir a la contemplación de la Trinidad por la meditación de los misterios de Cristo. Y también conviene que la oración meditativa sea litúrgica, contemplando a Cristo tal como la Iglesia lo contempla día a día, y tal como ella nos invita a considerar y celebrar sus misterios.

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ORACIÓN DE SIMPLE MIRADA (ORACIÓN DE RECOGIMIENTO ACTIVO)

ORACIÓN DE SIMPLICIDAD (ORACION DE RECOGIMENTO ACTIVO) La más sencilla de las oraciones activas, que llaman también "oración de simple mirada", de presencia de Dios, de atención amorosa, oración afectiva o "recogimiento activo" —que se distingue del pasivo, como veremos—: «Esto no es cosa sobrenatural, sino que podemos nosotros hacerlo, con el favor de Dios, se entiende» (CP 29,4). Esta oración sencilla viene a ser un ensimismamiento del orante, que con simple mirada ve en sí mismo la presencia amorosa de Dios. ENSIMISMAMIENTO: Es oración de recogimiento «porque recoge el alma todas las potencias y se entra dentro de sí con su Dios» (CP 28,4). El discurso es escaso, las palabras, pocas. Aunque todavía «esto no es silencio de las potencias, es encerrarlas en el alma misma» (CP 29,4). Simple mirada, con atención amorosa: «No os pido que penséis en Él, ni saquéis muchos conceptos, ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones en vuestro entendimiento; no quiero más sino que lo miréis» (CE 42,3). Puesta en la presencia del Señor, el alma «mire que lo mira» (V.13,22). PRESENCIA DE DIOS: En la "oración de simplicidad" o de "recogimiento activo" el orante se representa al Señor en su interior y en las mismas ocupaciones se va acostumbrando a retirarse de vez dentro de sí donde encuentra al Señor: «Aunque sea por un momento sólo, aquel recuerdo de que tengo compañía dentro de mí, es gran provecho» (CP 29,5). La "oración de simplicidad" no se da sin que se haya producido una purificación activa del sentido bastante avanzada. A veces puede ser dolorosa, sobre todo cuando los orantes no la entienden, y «les parece perdido el tiempo, y tengo yo por mucha ganancia esta pérdida» (V.13,11). Otras veces es gozosa: «De mí os confieso que nunca supe qué cosa era rezar con satisfacción hasta que el Señor me enseñó este modo» (CV 29,7). Es muy provechosa: perseverar en ella, «yo sé que en un año, y quizá en medio, saldréis con ello, con el favor de Dios» (CP 29,9). ORACIÓN DE RECOGIMIENTO ACTIVO El recogimiento activo es un movimiento hacia el interior, y es querido por nosotros, por eso es activo. En él, no desaparece la reflexión, pero sí queda marginada. Es ahora la imaginación la que cobra la importancia. A través de ella, el orante cambia de dirección: se vuelve hacia el interior. Ahora, si ha de pensar o decir algo lo hará al Cristo que se imagina dentro de sí. Con esta técnica se quiere orientar la oración hacia un nivel más profundo. Se pretende, además, centrar más la atención en un punto, aminorando la divagación que puede venir como consecuencia de un pensar excesivo. Ya no habrá una reflexión de escenas evangélicas como realidades externas a nosotros; ahora toda imagen estará dentro de nuestro ámbito; ya no somos meros observadores, sino participantes en la escena que se ora. La invitación aquí, para favorecer esta interioridad, es la de ir abandonando la reflexión, que siempre exterioriza. La oración, pues se simplifica; ha dejado de ser un discurso para convertirse en una visión: ya no hablo, sino miro; y miro que me miran. Es un lenguaje más de enamorados y más afectivo aun que el anterior. Santa Teresa lo describe así: "No sabía cómo proceder en la oración, ni cómo recogerme, y así ... determinéme a seguir aquel camino con todas mis fuerzas...Procuraba lo más que podía traer a Jesucristo, nuestro bien y Señor, dentro de mí, presente, y esta era mi manera de oración; si pensaba en algún paso, lo representaba en lo interior" (V. 4, 7). ORACIÓN DE RECOGIMIENTO ACTIVO (TEXTOSCONFIRMATIVOS) "Llámase recogimiento activo, porque recoge el alma todas las potencias y se entra dentro de sí con su Dios, y viene con más brevedad a enseñarla su divino Maestro y a darla oración de quietud que de ninguna otra manera. Porque allí metida consigo misma puede pensar en la pasión, y representar allí al Hijo y ofrecerle al Padre, y no cansar el entendimiento andándole buscando en el monte Calvario, y al huerto y a la columna" (CV. 28, 4) Miren también este aviso los que discurren mucho con el entendimiento... digo que no se les vaya todo el tiempo en esto; porque, aunque es muy meritorio, no les parece -como es oración sabrosa- que ha de haber día de domingo, ni rato que no sea trabajar (luego les parece perdido el tiempo), y tengo yo por muy ganada esta pérdida" (V. 13,11). Lo que la santa viene a decir en este texto, es que en esa oración en que no hablamos ni pensamos, ni discurrimos, en que parece que no hacemos nada, sino que simplemente estamos al calor de Dios, no es pérdida de tiempo, sino comunicación sabrosa, sin ruído de palabras. Nos anima encarecidamente a que entremos en la oración contemplantiva, dejando de pensar cosas sobre Dios o de centrarnos en nuestra vida. La santa invita al descanso, al domingo, pero en la oración. Es un estarse a solas con Dios. "Pues tornando a lo que decía, de pensar a Cristo en la columna, es bueno discurrir un rato y pensar las penas que allí tuvo, y por qué las tuvo, y quién es el que las tuvo, y el amor con qué las pasó; más no se canse siempre en andar a buscar esto, sino que esté allí con Él, acallado el entendimiento. Si pudiere ocuparle en que mire que le mira, y le acompañe y hable y pida, y se humille y regale con Él, y se acuerde que no merecía estar allí... y hace muchos provechos esta manera de oración; al menos hallóle mi alma (V. 13, 22) El texto principal que resume muy bien este tipo de oración es este: "No os pido ahora que penséis en Él, ni que saquéis muchos conceptos, ni qué hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más de que le miréis...(CV 26, 3) "Las que de esta manera se pudieran encerrar en este cielo pequeño de nuestra alma -adonde está el que le hizo, y la tierra- y acostumbrar a no mirar ni estar adonde se distraigan estos sentidos exteriores, crea que lleva excelente camino y que no dejará de llegar a beber el agua de la fuente, porque camina mucho en poco tiempo" (CV 28,5)

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