Ética aplicada a la Comunicación y Gestión Cultura Público

Ética aplicada a la Comunicación y Gestión Cultura

Irán Maday Briceño
Curso por Irán Maday Briceño, atualizado more than 1 year ago Colaboradores

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Contexto

Intelectualismo moral socrático  Es aquel que identifica la virtud como el conocimiento. Según Sócrates, bastaba el conocimiento de lo justo (la autognosis) para obrar correctamente. Según esta doctrina, las malas acciones son producto del desconocimiento, esto es, no son voluntarias, ya que el conocimiento de lo justo sería suficiente para obrar virtuosamente. Por lo tanto, el intelectualismo socrático es una teoría moral por la cual la conducta moral solo sea posible si se basa en el conocimiento del bien y la justicia. Sócrates (399 a. C. al 470 a. C.) desarrolló la teoría del intelectualismo moral partiendo de la base del dualismo antropológico, es decir, a partir de la afirmación que el hombre está formado por una parte material (el cuerpo) y una parte no material (el alma), sin tener esta última un significado religioso y a la vez siendo la parte más importante del hombre (de ahí la frase “Conócete a ti mismo”). Por tanto, se da supremacía a los valores internos, y la salud del hombre residirá en su alma. Esta salud será únicamente alcanzable a través de la virtud (hacer lo correcto), la cual, a su vez, se alcanza mediante el conocimiento (de la verdad, no del erudito). Es decir, ser virtuoso conducirá a una conducta justa, la cual llevará a la felicidad y la satisfacción. La tesis esencial del intelectualismo moral es la siguiente: la experiencia moral se basa en el conocimiento del bien. Sólo si se conoce qué es el bien y la justicia se puede realizar el bien y la justicia.  https://filosofia.laguia2000.com/los-valores/intelectualismo-moral
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Contexto

El eudemonismo aristotélico Según Aristóteles, todo ser natural tiende a la actualización de lo que le es más propio, de lo que es de modo esencial y, al mismo tiempo, le distingue del resto de los seres naturales. El fin hacia el que tiende cada ser particular es, por relación a él mismo, un bien. Así, pues, si hablamos del hombre, el bien consistirá en la actualización de aquello en lo que, de modo más propio y esencial, consiste "ser hombre". Y puesto que lo que más esencialmente distingue al hombre del resto de los animales es la "razón" (el noûs), para el hombre, el bien más elevado, el "bien supremo", consistirá en la actualización de su "racionalidad" (nóesis). Actúa del modo más "excelente" o "virtuoso" el que, tanto en el decir como en el hacer o el actuar, se comporta racionalmenteo se conduce como un ser racional. Así pues, en lo que al hombre se refiere, la "excelencia" o la "virtud" (areté) consiste en actuar "según la razón". El hombre es feliz cuando realiza el "oficio de hombre", esto es, cuando se comporta de acuerdo con aquello que le define como tal, cuando vive "según la razón". http://recursostic.educacion.es/secundaria/edad/4esoetica/quincena3/quincena3_contenidos_4a.htm
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Contexto

Hedonismo El Hedonismo fue fundado hace más de 2.400 años en la Grecia Clásica por un seguidor de Sócrates: Aristipo de Cirene (435-350 a.C.). Tomando como base la afirmación socrática de que la felicidad es uno de los fines de la acción moral, Aristipo propugnó que el placer (hedoné) es el bien superior. Alcanzar este bien supremo será el principal objetivo vital. El placer es un fin en sí mismo, no un medio para algo más, por tanto, la felicidad consiste en satisfacer todos los placeres de manera inmediata. Es decir, que toda decisión se resuelve siempre con la máxima: “la mejor opción es la que me reporte más placer”. Entre los distintos placeres, los corpóreos son preferibles a los espirituales por ser más intensos, aunque también se deben cultivar aquellos. La escuela Cirenáica consideró que la felicidad se logra al liberase de toda inquietud, y esto se consigue a través de la autarquía o autosuficiencia: la situación propia del sabio, que se basta a sí mismo para ser feliz. Esta rama filosófica no tuvo un largo recorrido y se descompuso en otras corrientes. https://universoup.es/5/vivirenlafrontera/aritmetica-del-placer/
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Hedonismo Epicuro(discípulo de Aristipo) , atemperó esta exigencia de placer inmediato y racionalizó la idea de placer como garante de la felicidad. Nos situamos en pleno Helenismo, una etapa que a nivel filosófico se preocupó por cuestiones pragmáticas (cómo vivir bien), centrándose en las recomendaciones éticas. Para Epicuro de Samos (341-270 a.C.) existen otras formas de placer más allá del inmediato y sensual de sus predecesores. Él entiende el placer más bien como ausencia de dolor o de cualquier tipo de aflicción. Se distingue de ellos porque no busca un placer a corto plazo ni inmediato, sino un placer meditado, reflexivo, al que solo puede llegarse haciendo uso de la razón. De manera que no hay que dejarse llevar por lo que te apetece en cada momento, sino que hay que detenerse a valorar cada decisión, realizando un cálculo racional de las consecuencias que tendrán nuestras acciones y escoger aquello que nos vaya a ser más beneficioso a largo plazo. Su clave de la felicidad no es tan simple como elegir siempre el placer y rechazar el dolor (o lo que suponga un esfuerzo o sacrificio). Hay placeres que conllevan sufrimientos mayores, y los deberíamos rechazar, al igual que a veces tenemos que aceptar molestias que nos proporcionarán bondades mayores. Por eso los epicúreos ensalzan virtudes como el dominio de uno mismo y la prudencia. Epicuro clasifica los tipos de placeres o deseos, en lo que podría considerarse un esbozo de la célebre pirámide de necesidades de Maslow: Naturales y necesarios: son las necesidades básicas como alimentarse, beber, abrigarse o sentirse seguro. Son relativamente fáciles de satisfacer. Naturales e innecesarios: como la amistad, una buena conversación, la gratificación sexual o el arte. Innaturales e innecesarios: fama, poder, prestigio…  Al no ser naturales ni necesarios, habría que rechazarlos completamente. Además, el placer o satisfacción que producen es efímero y pueden producir efectos adversos. https://universoup.es/5/vivirenlafrontera/aritmetica-del-placer/
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Zenón de Citio: fundador del estoicismo Nacido en Citio (Chipre), alrededor del 334 a.C-260 a.C. Su padre era un mercader chipriota y él siguió sus pasos, pero perdió la mayor parte de su fortuna en un naufragio. Entonces decidió dedicarse a la filosofía. Sus obras planteaban el estoicismo como un conjunto de ideas en tres partes: la lógica y la teoría del conocimiento, la física y la metafísica y la ética. Los estoicos posteriores a Zenón, desarrollaron algunas de sus ideas de distintas maneras hasta que Crisipo, a través de sus obras estableció una ortodoxia sobre los principios fundamentales. El estoicismo es una filosofía  materialista y considera que todo forma parte de un sistema natural universal que se somete a las leyes deterministas, a la vez también es teleológico y compatibilista. Usa el método empírico. Una de las aportaciones más importantes del estoicismo es la lógica. La ética estoica diferencia los valores existentes entre la virtud y otro tipo de ventajas como la riqueza y la salud, a pesar de ser objetivos que el ser humano persigue de una forma totalmente natural. Se concede vital importancia a la virtud mediante la cual se consigue la felicidad, que es el objetivo final del hombre. El estoicismo señala  la importancia que tienen las normas y los principios en el razonamiento moral. Zenón en sus obras más tempranas, insistía  en que las normas morales podían tener excepciones debidamente justificadas. Aunque posteriormente el estoicismo minimizó este argumento y se distanció de la filosofía inicial de Zenón. Entre sus escritos figuraban La república, Los signos, El discurso, La naturaleza, La vida según la naturaleza y Las pasiones. https://www.culturamas.es/blog/2018/12/11/zenon-de-citio-fundador-del-estoicismo/
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Contexto

IUSNATURALISMO ÉTICO Tomás de Aquino, de acuerdo con las líneas generales de su pensamiento sobre el ser humano, el mundo y Dios, intenta conjugar los planteamientos filosóficos propios y de Aristóteles, con sus creencias religiosas y el contenido de la teología cristiana, para dar una visión de cómo debe ser la vida humana para alcanzar el bien y llevar una vida virtuosa. La concepción tomista de la vida buena se enmarca dentro de su visión general sobre el gobierno de Dios sobre el mundo y el lugar que en relación a ellos ocupa el ser humano: Dios gobierna y organiza el mundo con la ley eterna, dictada desde siempre para todos los seres. Su reflejo en la naturaleza y en los seres naturales es la ley natural, que dirige el funcionamiento de los seres, las plantas, los animales y el ser humano (único capaz de conocerla a través de la razón). Contenidos de la ley natural: conservación, reproducción, y vida racional y social. Los humanos crean leyes para organizar su vida terrenal, son las leyes positivas o humanas que para ser justas deben ajustarse a la ley natural racional. Siguiendo a Aristóteles da una importancia fundamental a las virtudes entendidas como hábitos adquiridos, modos de actuar encaminados a obrar bien (evitando el mal), dirigidos por la razón y la inteligencia, buscando un justo medio y evitando los extremos. Como Aristóteles, diferencia entre virtudes intelectuales y morales. A diferencia de aquel a las morales les llama cardinales y se fija fundamentalmente en la prudencia, justicia, fortaleza y templanza. Sigue considerando a la justicia como virtud clave, por la repercusión que tiene en las demás personas. Santo Tomás considera que en todo ser humano está la disposición y la capacidad de conocer y entender los principios morales con los que debe dirigir su conducta para obrar bien y realizar acciones buenas. El ser humano es capaz de conocer la ley natural con la que debe guiar su vida, tiene conciencia moral (sindéresis). CONTEXTO DE SANTO TOMÁS: La época. El siglo XIII. La Escolástica (Influencia del pensamiento platónico y aristotélico). El Gótico. La catedral. Las Universidades. Las monarquías medievales Las ciudades. París. Santo Tomás: vida y obras (teólogo y filósofo)Una vida dedicada al estudio y la enseñanza. Santo Tomás como pensador cristiano y teólogo considera que Dios es el Bien Supremo, por ello la ética y la vida humana tienen como referencia última a Dios, que es el mayor Bien, por encima de los bienes particulares de este mundo (es conveniente recordar la cuarta vía). El hombre puede encaminar su vida hacia la virtud y hacia Dios, obrando bien; pero también puede obrar mal (desde un punto de vista moral) porque tiene libertad o libre albedrío. (término: libertad) Se puede calificar de iusnaturalista toda teoría ética que defienda la existencia de una ley moral, natural y universal, que determina lo que está bien y lo que está mal. Esta ley natural es objetiva, pues, aunque el ser humano puede conocerla e interiorizarla, no es creación suya, sino que la recibe de una instancia externa. Tomás Aquino es el filósofo que ha mantenido de forma más convincente el iusnaturalismo ético. Según este filósofo, Dios ha creado al ser humano a su imagen y semejanza y, por ello, en su misma naturaleza le es posible hallar el fundamento del comportamiento moral. Las personas encuentran en su interior una ley natural que determina lo que está bien y lo que está mal, gracias a que ésta participa de la ley eterna o divina. https://vaventura.com/asignatura/filosofia-bachillerato/toda-la-filosofia-santo-tomas-aquino/
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Contexto

El formalismo kantiano Para Kant (v.), la esencia del imperativo categórico radica en su naturaleza de ley estrictamente formal; en esto consiste el f. kantiano, en que la ley moral (v.) recibe su valor por el hecho de tener forma de ley, por el hecho de su universalidad, y no por aquello que ordena, es decir, por su materia. Es más, una ley moral material para Kant es una contradicción, ya que por ser material dejaría de ser universal y, en consecuencia, ley. Claramente expone esta peculiar opinión en el teorema 1° de la Crítica de la razón práctica, en el que ofrece esta alternativa: o la ley moral está determinada por su materia, por sus fines, en cuyo caso se fundaría sobre el placer y sería subjetiva (con lo que se destruiría su índole de ley), o la ley moral tiene que ser puramente formal. La ley moral no puede formularse diciendo «obra de acuerdo con tal o cual fin», sino «obra según una ley universal»: sólo bajo una representación formal es posible universalizar la máxima reguladora de los actos.   La obra de Inmanuel Kant (filósofo alemán del siglo XVIII) representó una importante revolución tanto en el planteamiento ético como en la historia de la filosofía. El objetivo de su teoría ética no es la búsqueda de la felicidad, sino de la justicia. En su opinión, el ser humano es sensible y racional. Como ser sensible tiene unos sentimientos, instintos y pasiones que son diferentes en cada individuo, que no se pueden generalizar. En cuanto ser racional, el ser humano es libre, se propone fines universales (que podría ponerse cualquier persona) y puede gobernar su vida según leyes que su razón le otorga. Gracias a su aspecto racional, el ser humano puede desarrollar una ética universal. Una persona actuará moralmente, según Kant, cuando se comporte del siguiente modo: 1º- siguiendo su deber, sin dejarse guiar por los sentimientos; 2º- siguiendo una ley o imperativo que él mismo se haya dado por medio de la razón; 3º- siguiendo una ley que pueda aplicarse de forma universal: cualquier persona en las mismas circunstancias obraría del mismo modo. Este modo de comportarse lo resume Kant en lo que él denominaba imperativo categórico: “obra sólo según una máxima que puedas querer que se convierta en ley universal”. El gran respeto por la libertad y la dignidad de cada persona en Kant, resulta, sin embargo una dificultad respecto de las consecuencias en la evaluación moral de una persona, puesto que si no tomamos en cuenta los efectos de las acciones y sólo nos guiamos por calificar la voluntad, siempre queda la sospecha de si el sujeto actuó “conforme al deber”, es decir moralmente o no. Parece que cada persona es la única que puede determinar su moralidad y nuestros juicios éticos sobre las personas carecerían de cualquier valor.Las intenciones son internas y de difícil acceso para personas ajenas al individuo que actúa y siempre queda la sospecha de si una persona es virtuosa o no. http://orlando-teoriaseticas.blogspot.com/2011/07/el-formalismo-kantiano.html
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David Hume (1711 - 1776) Emotivismo Moral El emotivismo moral se opone al intelectualismo moral. Esta última teoría moral afirma que la condición necesaria y suficiente para la conducta moral es el conocimiento; por ejemplo, que para ser buenos es necesario y suficiente el conocimiento de la bondad. Esta teoría parece contraria a las ideas corrientes pues para la mayoría de las personas se puede ser malo sabiendo sin embargo qué es lo que se ha de hacer, cuál es nuestro deber. El emotivismo moral se acerca mucho más a la concepción corriente o de sentido común al desatacar la importancia de la esfera de los sentimientos y las emociones en la vida moral. Hume es su más importante defensor en la filosofía moderna. Hume intentará mostrar que la razón es insuficiente. Los argumentos más importantes que presenta en dicho Apéndice y que parecen avalar al emotivismo moral antes que al racionalismo moral, son: 1) Si la razón fuese el fundamento de la moral, entonces lo moral tendría que ser un hecho o algún tipo de relaciones, dado que la razón solo puede juzgar sobre cuestiones de hecho o relaciones;  pero Hume intenta mostrar que no es un hecho: el carácter de mala o buena de una acción o cualidad no es algo que se incluya como un elemento o propiedad real del objeto o cosa que valoramos. 2) Se podría alegar que el carácter criminal de la acción anterior no consiste en un hecho individual, sino que es preciso relacionarlos con otras situaciones. 3) La esfera moral tiene una clara analogía con la esfera del gusto o experiencia estética. 4) Existen relaciones similares a las que despiertan en nosotros valoraciones morales que sin embargo no tienen influjo en la moralidad. 5) Los fines últimos de las acciones humanas no dependen de la razón sino del sentimiento.      Concluye Hume señalando que hay dos esferas en nuestra subjetividad: 1)  La esfera de la razón: está a la base del conocimiento del mundo, de la verdad y la falsedad; descubre lo que hay;  nos enseña los medios para alcanzar los fines de nuestras acciones; nos muestra las cosas tal y como están realmente en la naturaleza; no es motivo de la acción. 2) La esfera del gusto: está a la base de la experiencia moral y la estética; da el sentimiento de belleza y deformidad, de vicio y de virtud; no descubre nada nuevo; en cierto modo crea rasgos en las cosas: “embelleciendo y tiñendo todos los objetos naturales con los colores que toma del sentimiento interno, origina, en cierto modo, una nueva creación”; da placer o dolor; se convierte en motivo de acción, y en el resorte o impulso para el deseo y la volición.       La moral descansa fundamentalmente en los sentimientos: Hume creerá que hay sentimientos morales, sentimientos que se despiertan en nosotros con ocasión de la percepción de ciertas acciones o cualidades de las personas. El sentimiento moral básico es el que denomina “humanidad”: sentimiento positivo por la felicidad del género humano, y resentimiento por su miseria. Llamamos acciones virtuosas a todas las acciones que despiertan en nosotros dicho sentimiento, y vicios a las que despiertan en nosotros el sentimiento negativo. https://www.e-torredebabel.com/Historia-de-la-filosofia/Filosofiamedievalymoderna/Hume/Hume-EmotivismoMoral.htm
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Contexto

John Stuart Mill   En la ética sostuvo el criterio utilitarista de buscar el máximo bienestar del mayor número de individuos, la felicidad general (General Happiness) como criterio y fin de la moralidad, apelando al sentido común de los seres humanos para ser tenido como principio y guía de la acción. Esta doctrina ética sostiene que la felicidad de los individuos, de cada uno, depende de la de los demás. En la medida en que logro la felicidad de los demás consigo también la propia, de manera que para un individuo resulta útil lograr la felicidad del conjunto en el que se encuentra inmerso. Buscar lo útil consiste en ser práctico,valorar las cosas de manera distinta según el uso que se haga de ellas. Un cuchillo en sí mismo no es ni bueno ni malo, resultará bueno si le sirve al conjunto de los individuos para cortar pan o tallar madera y malo si lo utilizan para matarse. Por tanto, lo malo es lo inútil para conseguir la felicidad y lo bueno es lo útil para lograrla. No es correcto decir que un cuchillo puede ser útil para matar, ya que el utilitarista, reserva el calificativo de útil, tan sólo para aquello que, manejado de determinada manera, proporciona bienestar al mayor número.   El utilitarismo obliga a repetir constantemente los juicios éticos, que serán relativos al uso que se haga de las cosas, es decir, a las prácticas o conductas que se desarrollen con ellas. La religión o la energía atómica no son ni buenas ni malas, no puede establecerse para siempre la bondad o maldad de algo, sino que depende, en cada caso, de los resultados prácticos. Resultará, las más de las veces, que el utilitaristas calificará a las cosas, vinculadas siempre a conductas, de buenas si resultan beneficiosas y malas si resultan perjudiciales; resultando algunas de ellas buenas y malas a un mismo tiempo, al depender de la utilización que se haga de ellas. Así, la energía atómica es buena (útil, benéfica) en la medida en que proporciona iluminación a las grandes ciudades y mala (perjudicial) en la medida en que permite fabricar bombas atómicas o desechar residuos radiactivos al mar. Esta consideración ética perdura en nuestros días con el nombre de pragmatismo el cual se caracteriza por hacer depender el juicio ético de los resultados prácticos y así medir la conducta bajo el criterio de su eficacia social.   Lo útil, lo bueno y lo placentero se identifican, estando el utilitarismo emparentado con el hedonismo antiguo, pero mientras que el hedonismo clásico busca el placer individual el utilitarismo persigue el bienestar colectivo, bajo la idea de que del bienestar colectivo es del que se puede derivar el individual. El utilitarista piensa que el individuo es fundamentalmente egoísta, pero intenta hacerle ver que la mejor dirección que puede tomar su búsqueda de lo que le es útil para alcanzar la felicidad, individualmente, pasa por alcanzar el bienestar de los que le rodean; supeditando el bienestar individual al logro del bienestar colectivo. Lo útil para el hombre, como ser social, es la mejora de la Sociedad. De ahí que la mejora de la Sociedad sea el camino que debe emprender quien sea egoísta y busque lo que le resulta más útil y placentero, es decir, lo que le pueda aportar la felicidad. La tesis de fondo es que yo no puedo ser realmente feliz si no lo son también todos los que me rodean. De todas formas, como lo bueno o malo no dependen de los motivos de la acción, sino de sus consecuencias, poco importa para los utilitaristas que se obre por egoísmo o altruísmo, siempre que el resultado sea socialmente beneficioso para la mayoría. Hay que distinguir entre lo que se desea y lo deseable, se desean muchas cosas que reportan dolor o más dolor que placer, todo lo cual quedaría fuera del ámbito de lo que Mill considera como esfera de lo deseable. En Mill la visión social no es un atomismo de los individuos sino un organicismo, si el hombre es un ser social para ser feliz tiene que lograr la felicidad de la Sociedad, porque mi brazo no puede ser feliz independientemente de la infelicidad de mis manos o del resto de mi organismo, ni una célula social con independencia de la Sociedad. https://www.lacavernadeplaton.com/histofilobis/millsimon.htm
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Contexto

La ética del discurso Tiene por objeto el desarrollo de una moral de carácter universalista partiendo de los presupuestos universales de la argumentación (Apel) y de la acción comunicativa (Habermas). Heredera y continuadora de la ética kantiana, la ética del discurso o ética dialógica es formal y procedimental, pues no establece normas concretas de acción, sino el procedimiento para determinar qué normas tienen valor ético. El criterio es similar al kantiano, pero formulado de modo distinto. Si en Kant tenía validez aquella norma que podía convertirse en ley universal, para las éticas discursivas es norma moral aquella que es aceptable por la comunidad de diálogo, cuyos participantes tienen los mismos derechos y mantienen relaciones de libertad e igualdad, esto es, a la que se llega a través del diálogo y no del monólogo. Para Jürgen Habermas, sólo tienen validez aquellas normas aceptadas por un consenso en una situación ideal de diálogo. Esta situación de diálogo debe de cumplir una serie de requisitos: todos los afectados por una misma norma deben participar en su discusión; todos los participantes deben tener los mismos derechos y las mismas oportunidades de argumentar y defender sus posturas; no puede existir coacción de ningún tipo y todos los participantes deben intervenir en el diálogo teniendo como finalidad el entendimiento. La ética del discurso de Habermas es un intento de explicar las implicaciones de la racionalidad comunicativa en el ámbito de la intuición moral y la validez normativa. Se trata de un esfuerzo complejo teórico para la reformulación de las ideas fundamentales de la ética deontológica kantiana en términos del análisis de las estructuras comunicativas. Esto significa que es un intento de explicar el carácter universal y obligatorio de la moral al evocar las obligaciones de servicio universal de la racionalidad comunicativa. Es también una teoría cognitivista moral, lo que significa que afirma que justificar la validez de las normas morales se puede hacer de una manera análoga a la justificación de los hechos. Sin embargo, todo el proyecto se realiza como una reconstrucción racional de la intuición moral. Alega que sólo reconstruir las orientaciones normativas implícitas que orientan a las personas y afirma acceder a esto a través de un análisis de la interacción comunicativa. La ética discursiva aspira a fundar un principio moral que no esté basado en intuiciones o comprensiones de una época o cultura determinada, sino que tenga validez universal. Pese a su pretensión de universalidad, es una ética modesta. Es una ética universalista de la justicia, esto es, "una ética del razonamiento normativo abstracto basado en principios y especializada en cuestiones que afectan al bien común". No abarca, por tanto, todas las cuestiones de los usos de la razón práctica y excluye las cuestiones pragmáticas o prudenciales. Está orientada, dicho de modo algo más preciso, "a la clarificación de expectativas legítimas de comportamiento en vista de conflictos interpersonales que, en virtud de intereses contrapuestos, perturban la vida en común. Se trata de un discurso restringido a la fundamentación y utilización de normas que determinan los derechos y las obligaciones recíprocos".​ La ética discursiva encuentra, en consecuencia, su prolongación en el ámbito del derecho (en el desarrollo de la teoría discursiva del derecho son especialmente relevantes las aportaciones de Robert Alexy y Klaus Günhter4​) y en el de la política, en donde adopta la forma de democracia deliberativa. http://revistadefilosofia.com/56-05.pdf
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