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ensayo sobre la película el abrazo de la serpiete
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Dos búsquedas, un mismo fin. Adentrarse en lo profundo de la Amazonía, en
la madre naturaleza, y descubrir cómo el hombre blanco, que es quien busca,
solo ha llevado la destrucción. Los dos indígenas que acompañan a estos dos
hombres. en busca de aquella planta sagrada, con unos cuarenta años de
diferencia, son el retrato de la condena a que la civilización había obligado a
estas comunidades: a ser colonizadas, reubicadas, destruidas. Es, sin duda, el
misterio del eterno retorno. El juego de largas elipsis entre estas dos
historias que se funden: al ser el segundo hombre un continuador del viaje del
primero, es un ejercicio cinematográfico de bello valor, al incitar al
espectador a que se adentre al majestuoso edén que es la selva, en donde la
cámara produce una imagen de eternidad cuando enfoca las lianas, la espesura,
los anchos manglares y las caucheras.
La cinta no tiene otro argumento que el de presentar a dos hombres de
ciencia ilustrados en lenguas aborígenes quienes aprendiendo del lugar, las
costumbres, estaban interesados en transmitir su legado. Los conflictos que
orientan la trama están dispuestos de tal forma que la llamada “civilización”
termina por ser condenada: los magnicidios de las caucherías, el rigor
dogmático en que órdenes católicas entran a imponer a los jóvenes indígenas
huérfanos el mensaje de la biblia, la forma en que La Razón hace a estas
comunidades ajenas a sus dotes naturales.
El contrapunto que se enmarca entre Manduca, el indígena que había
recibido educación en la selva al quedar huérfano y que luego es rescatado de
los caucheros por el alemán al pagar su deuda para que lo acompañe en su viaje,
y Karamakate, el indígena que tras creer extinta su comunidad asume su
educación y vida en y por la selva, es el mismo que puede advertirse entre el
alemán y el americano, etnógrafos que pretendiendo conocer su entorno se
enfrentaron en sí mismos contra su propio abismo. Allí no había conocimiento
que sirviera, instrumento humano, técnica. El Caapi, como llaman a la sustancia
sagrada , que en sueños podía revelarles el camino, los secretos, era el único
remedio. El alemán incapaz de soñar, de trascender, aun tomando esa bebida, no
lograba ver nada. Su enfermedad, la cantidad de equipaje que llevaba, como el
insaciable deseo de llevarse algo que poder compartir, lo enfrentaron a
peligros, Karamakate le suministraba una medicina por su nariz que hacía lenta
su decadencia; lograron vencer los obstáculos hasta llegar, como le había
prometido el alemán, hasta el pueblo en que la comunidad de aquel todavía
estaba con vida: no fue así exactamente, él le dijo que podría curarse con la
Yakruna, planta medicinal sagrada que su pueblo conservaba por tradición,
empero, al ver cómo habíase civilizado y banalizado, y hasta llegado a cultivar
la Yakruna, encolerizado quemó las plantas, hasta que un bombardeo por el
ejército colombiano hizo que huyeran.
El alemán logró regresar a su país o por lo menos sus pertenecías, se
publicó entonces su diario de campo, el científico americano fue a recorrer los
pasos de aquel, terminó por encontrarse a Karamakate, viejo, escéptico y sin
recuerdos del camino a la Yakruna, había hasta olvidado a preparar el Mambe. Lo
convenció para acompañarlo a su viaje, nuevamente peligros encontraron: el río,
fanáticos indígenas creyendo en un falso mesías, hasta que llegaron al lugar de
montañas sagradas en que crecía la última Yakruna, este la preparó para el
americano quien por primera vez pudo trascender al inconsciente de la selva,
fundirse con el jaguar y devorar a la serpiente, era su abrazo el que le había
permitido adentrarse al origen mismo de la naturaleza, donde nada había, solo
energía. La búsqueda, entonces, no era más que un retorno al origen, a la semilla.
La animalidad reflejada en el jaguar, su silencio, su perfección, revela la
magnificencia de la selva, de toda forma no humana.
Queda, al buscar los hallazgos fílmicos que logra Ciro Guerra,
consolidando su estructura narrativa desde El viaje,Los viajes del viento, en
donde más que encontrar es encontrarse, cual la Bildungsroman, y dejar la
inquietud a tantos espectadores sobre la pérdida natural absoluta que tenemos
como consecuencia del proyecto ilustrado. Tenemos, además, la determinación por
grabar a blanco y negro lo que serían tantos matices de verdes, grises y azules
por la vorágine que es la selva, sus ríos y sus cielos, debe, pues,
condescenderse con la empresa épica a que se dirige. Cual Tarkovsky, Lars von
Trier y Polanski en sus primeros años, quienes explorando más que lo externo el
inconsciente del hombre que es a su vez su imagen del mundo, su interpretación
de lo que ve: no necesita más colores para expresar en contornos claro-oscuros
las emociones y el discurso realista de dos de los más importantes etnógrafos
de la historia, a quien les debíamos tanto y les debemos más por lo que hemos
dejado que se convierta el Amazonas, a quien no hemos terminado de conocer
Informationen
- Beschreibung
- un breve resumen sobre la película colombiana nominada al Oscar como mejor película extrajera.
- Erstellt von
- jcuellares1 · Mai 2016
- Aktualisiert
- 9 Mai 2016
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