Flussdiagramm
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Inhalt des Flussdiagramms
Tres modelos de política económica en México durante los últimos sesenta años.
El modelo de “Desarrollo Compartido”
Política fiscal
Política monetaria
Política comercial
Política agropecuaria
Política salarial
Política de fomento a la inversión extranjera
Las principales políticas que permitieron alcanzar dichos resultados
se pueden ubicar en los campos fiscal, monetario, comercial, salarial, agropecuario
y de fomento a la inversión extranjera. A continuación se describirá la
forma en que cada una de ellas se definió y ejecutó señalando además sus interrelaciones.
El modelo de “Desarrollo Estabilizador”
Esta estrategia tuvo como objetivo fundamental el promover la industrialización
del país, ello significaba generar los empleos y la riqueza material requeridos para
satisfacer la demanda de una población que, en la época de su instrumentación,
crecía anualmente a tasas promedio del 3%.
Las primeras tres décadas del siglo XX la
economía mexicana había padecido fuertes procesos inflacionarios, debido principalmente
a los desequilibrios fiscales, se propuso como parte fundamental de la
estrategia estabilizadora disminuirlos drásticamente ya que alentaban la inflación,
el alza de las tasas de interés y castigaban consecuentemente las inversiones productivas
El objetivo principal de la política monetaria fue el apoyo al combate a la inflación
mediante la regulación de la liquidez aplicando el encaje legal a los bancos de
manera rígida, ya que además de retirar de los depósitos de los ahorradores cantidades
que equivalían hasta el 25% ó 30%, también se aplicaban tasas marginales que
alcanzaban el 100%, cuando el crecimiento de los precios rebasaba las expectativas
inflacionarias del país.
La política comercial fue extremadamente proteccionista, no discriminó la protección
en aras de una especialización industrial; mediante la utilización del instrumento
denominado “Permiso Previo de Importación”, otorgado a partir de un
dictamen que emitía un comité integrado por representantes del sector público y
privado, se frenó el ingreso de bienes industriales que podían desplazar del mercado
a los productos nacionales tanto en precio como en calidad.
Desde el inicio de la estrategia estabilizadora, la política agropecuaria jugó un papel
significativo en el proceso de industrialización del país. En sus inicios (mediados
de los cuarenta y hasta fines de los años cincuentas), el sector fue el encargado
de proveer a bajos precios los bienes salario e insumos demandados en el mercado
interno mediante precios de garantía, que si bien permitían cierta estabilidad de
ingresos al campesinado de menores ingresos, fue descapitalizando al campo dedicado
a la producción de granos básicos, el que por ser temporal, requería de ingresos
al alza para superar su estado de marginación, mediante el uso de fertilizantes,
pesticidas y maquinaria y equipo.
Dada la mecanización iniciada a mediados de los años cincuenta y con la incorporación
de nuevas técnicas de explotación agrícolas y ganaderas en el norte del país,
donde se realizaban estas actividades, se creó una importante expulsión de mano de
obra hacia las ciudades, la cual, junto con el acentuado crecimiento de la población
económicamente activa, crearon una oferta de fuerza de trabajo que permitió mantener
el crecimiento de los salarios por debajo de su productividad media, aunque
siempre por arriba de la inflación.
Las condiciones fiscales, salariales, crediticias y comerciales que el gobierno
otorgaba hacían atractivo a las empresas transnacionales su incorporación al
mercado nacional, ya que las bajas tasas impositivas, los créditos baratos, el mercado
sobreprotegido, los bajos salarios nominales y reales, los bajos costos de los
insumos energéticos y primarios y la disposición de consumidores cautivos les
aseguraban elevados niveles de rentabilidad. Lo cual se reforzaba con las prerrogativas
concedidas por los gobiernos estatales (terrenos gratis, bajos impuestos
prediales, etc).
Los principales resultados alcanzados con la aplicación de esta estrategia se pueden
resumir en un PIB que pasó de 4,567.8 mdd en 1950, a 35,541.6 en 1970, lo que
ubicó al país como la economía número 16 del mundo, cuando 20 años antes se
ubicaba en el lugar número 20.
El crecimiento se logró con una tasa de inflación descendente de 16.7%
en el año 1950, a 4.7% en 1970, la tasa promedio del periodo se ubicó en 4.9%. El
empleo en la economía aumentó a una tasa promedio anual de 2.3%, superando
ligeramente a la tasa de crecimiento de la población económicamente activa.
Los salarios mínimos en términos reales crecieron en 6.5% promedio
anual en el periodo, y por tanto su poder adquisitivo en términos de una canasta
básica se triplicó. El crecimiento promedio anual de la industria fue de 7.7% y el de
las manufacturas de 8.3%, tasas que superaron las registradas por los sectores servicios
y agropecuario.
Resultados generales
En este marco, en donde la economía nacional empieza a mostrar signos de debilitamiento
en sus tasas de crecimiento (1968-1972), es propuesto el modelo de “Desarrollo
Compartido”, que mantuvo sin modificaciones relevantes la política comercial,
salarial, agropecuaria y de fomento a la inversión extranjera y transformó
de manera radical la política fiscal y monetaria, con el propósito de que el eje de la
inversión nacional lo ejerciera el sector público. Ya que con los ingresos de la explotación
y producción de los yacimientos petroleros, descubiertos a inicios de la
década de los setenta, se buscó financiar la inversión en infraestructura productiva,
la creación de plantas productoras de bienes de capital, y la ampliación de la cobertura
de seguridad social a todo el país, todo bajo un esquema salarial que permitiera
su crecimiento real.
Resultados generales
Los importantes montos de gasto público (en particular de inversión) canalizados
hacia la infraestructura económica y social del país, hicieron posible que la tasa
promedio de crecimiento del PIB se situara en 6.3% anual, no obstante que en 1982
se devaluó abruptamente el peso respecto del dólar (121.6%), y por consecuencia la
tasa de crecimiento del PIB en ese año fue negativa (0.5%).
El crecimiento del sector industrial (4.2% promedio anual), continuó siendo
superior al del sector agropecuario, aunque menor al de los servicios (7.2%). En
particular fueron las manufacturas las que mantuvieron su crecimiento a tasas más
elevadas que el resto de componentes del sector industrial (6.3%).
Los salarios mínimos reales (descontada la inflación), cayeron en 0.6%
promedio anual durante el periodo, y debido a ello su poder adquisitivo, en términos
de la canasta básica, se redujo a los niveles prevalecientes a mediados de la
década de los años sesenta.
Como resultado de la estrategia expansiva en el gasto público, el déficit del
sector presupuestario se incrementó de forma constante y significativa al pasar de
0.03 % del PIB en 1971, a 10.97% en 1982, contribuyendo a que el déficit en cuenta
corriente se agudizara al pasar de 928.9 mdd en 1971 a 6,220.9 en 1982, lo que
representó el 3.2% y 3.5% del PIB respectivamente.
El fin del ciclo de expansión económica, apoyado en el auge petrolero,
puso de manifiesto el agotamiento del modelo, que se vio agudizado por la presencia
de fenómenos de índole externo, magnificando los desajustes macroeconómicos
a niveles nunca antes vistos en el país, situación que motivó la revisión a fondo
de la estrategia macroeconómica.

Modelo de “Crecimiento Hacia Fuera” o “Neoliberal”
Se planteó entonces la necesidad de adoptar una nueva estrategia encaminada a
generar las condiciones que impulsaran el crecimiento autosostenido de la economía
mexicana, ante ello debían corregirse las limitaciones que generó el esquema
anterior en materia de concentración de la riqueza, ineficiencia productiva, sesgo
antiexportador y baja capacidad de ahorro interno. En el nuevo modelo se propuso
otorgar un papel protagónico al mercado en la asignación de los recursos, incrementar
la participación de los agentes privados en las decisiones económicas e
incorporarse a la creciente integración económica mundial, con el propósito de
mejorar la eficiencia y competitividad de la planta productiva nacional.
Para la instrumentación de la nueva estrategia se definieron dos vertientes
que se complementarían entre sí y sobre las cuales se actuaría en forma simultánea
la estabilización macroeconómica
la modernización de la economía nacional.
se orientó básicamente a reducir la inflación y a corregir los precios
relativos, y consistió en contener la demanda agregada, para lo cual se buscó reducir
el gasto público e incrementar los ingresos, además de que se procuró moderar el crecimiento salarial y fomentar el ahorro interno. Asimismo, se propuso ajustar
la paridad cambiaria en sus niveles reales, y desalentar así las importaciones y
reducir los desequilibrios en el comercio exterior.
se regresó al esquema estabilizador en
materia de política fiscal y monetaria, pero se rompió drásticamente con la política
de protección comercial, de control de tipo de cambio, de excesiva regulación a la
inversión extranjera, de salarios y de precios agropecuarios.
Política fiscal
el ajuste fiscal se llevó a cabo en forma gradual, lo que
implicó, del lado del gasto, la disminución de los subsidios y transferencias que no
tuvieran un claro beneficio económico y social, la racionalización de las erogaciones
mediante la caída del gasto en administración, la implantación de medidas de austeridad,
disciplina y eficiencia en la ejecución del presupuesto y la jerarquización
del gasto de inversión, favoreciendo a los proyectos con periodos cortos de maduración.
Política monetaria
El ingreso de un importante monto de capitales foráneos propició que la
política monetaria, en congruencia con los objetivos antiinflacionarios, aplicase
medidas de esterilización con objeto de regular el exceso de liquidez de la economía
sin afectar la recuperación de la actividad productiva; ello modificó sustancialmente
la composición de la base monetaria del país, ya que se redujo el crédito
interno del banco central al tiempo que se incrementaron las reservas internacionales.
Política de comercio exterior
Con la apertura comercial (eliminación de controles no arancelario y firma
de tratados comerciales) también se consiguió estabilizar el crecimiento de los
precios, toda vez que mediante la competencia de productos del exterior fue posible
reducir los exagerados márgenes de ganancia prevalecientes en varias ramas industriales,
obligando a los productos mexicanos exportables a mantener en el
interior del país precios y calidad competitivos con los provenientes del exterior,
por ello la apertura comercial se constituyó en un elemento destacado en el combate
a la inflación.
Política de modernización
En lo que se refiere a la modernización económica, el nuevo modelo consideró, en
su parte fundamental, actuar sobre tres aspectos básicos
la redefinición del papel
del Estado en la economía, buscando reducir la intervención económica directa
con el propósito de alentar una mayor participación de los agentes privados en la
satisfacción de las demandas de la población, hacer más eficiente la gestión productiva
de la sociedad y elevar la eficiencia del aparato público en materia económica,
administrativa y de rectoría en el proceso de desarrollo económico
la
desregulación económica, con el propósito de reducir los controles gubernamentales
y redefinir los esquemas y espacios de participación de los agentes privados,
buscando generar un clima comercial y productivo más competitivo que propiciara
la modernización de áreas o actividades económicas
la apertura comercial,
encaminada a incrementar el intercambio con todas las naciones del mundo para
promover la eficiencia y competitividad externa de los productos mexicanos
Política salarial y agropecuaria
En ambos casos la política consistió en dejar al mercado la determinación de los
salarios contractuales y de los precios de los bienes agropecuarios, utilizando a
los salarios mínimos y a la fijación de subsidios y apoyos agrícolas, como forma de
ordenar los incrementos en función de la productividad que se registrara en la mano
de obra y en la producción de bienes salario. En el caso de los salarios mínimos sus
variaciones consideraban la inflación a futuro y no la del año anterior, lo cual permitía
romper con las expectativas inflacionarias.
La nueva estrategia produjo resultados positivos en materia de estabilización macroeconómica.
En efecto, la corrección de las finanzas públicas se realizó en los
términos propuestos y se logró eliminar los enormes déficit fiscales, además de que
se canalizó una mayor proporción de las erogaciones gubernamentales hacia el
gasto social y, con base en la renegociación de la deuda externa, se redujo sustancialmente el volumen de recursos destinados a cubrir el costo financiero de dicha
deuda. La existencia de finanzas públicas sanas permitió frenar el proceso inflacionario
en el que se encontraba la economía mexicana y, aun cuando no se alcanzaron
totalmente las metas inflacionarias, el ritmo de crecimiento de los precios ha disminuido
en los últimos años.
Los órdenes de magnitud mencionados contribuyen a describir algunas de las condiciones
estructurales a considerarse en el diseño de política económica en el futuro.
Tipo de cambio real y dinamismo exportador, el cual puede interpretarse como
el precio relativo entre los bienes exportables y no exportables de la economía.
Las variaciones bruscas del mismo generan incertidumbre a los agentes encargados
de tomar las decisiones de inversión y, en consecuencia, debilitan las
posibilidades de desarrollar el sector de bienes exportables; con este propósito,
es necesario que los agentes perciban que el tipo de cambio tendrá un comportamiento
predecible y consistente con el objetivo de reorientar el aparato productivo
hacia el exterior.
Coeficiente de inversión y crecimiento. El dinamismo de la inversión es condición
necesaria para alcanzar y mantener tasas de crecimiento del PIB consistentes
con el objetivo de empleo y bienestar. Es necesario obtener tasas de
rentabilidad de la inversión productiva que la hagan atractiva; sin embargo, en
una economía crecientemente más abierta y competitiva, la rentabilidad no
proviene de los privilegios propios de un mercado protegido, sino de los niveles
de productividad más elevados, que a su vez están asociados a los avances
tecnológicos.
Sistema impositivo, asignación óptima y redistribución del ingreso. Una vez
que los ingresos tributarios hayan coadyuvado a sanear las finanzas gubernamentales,
mediante la reducción de las tasas impositivas y la ampliación del
número de contribuyentes, será necesario simplificar su estructura para favorecer
el crecimiento del ahorro interno y alentar la mejor distribución de la
riqueza.
Nivel y asignación del gasto. El manejo del gasto público condensa diversos
aspectos de la política de desarrollo. Por una parte, continúa siendo una variable
de ajuste que permite modificar el nivel de la demanda agregada; sin embargo,
este rol disminuye en el nuevo escenario, dominado en forma creciente por el
comportamiento del sector privado, altamente sensible a la evolución de los
agregados monetarios y de las variables fiscales. En consecuencia, toda propuesta
basada en un aumento del gasto con propósito de dinamizar la economía
conlleva el riesgo de desencadenar respuestas que se traducen finalmente en
mayores desequilibrios.
Resultados generales
ELABORADO POR MIGUEL ANGEL LOPEZ JUAREZ 6CM5
Informationen
- Beschreibung
- Flussdiagramm am Ohne Titel, erstellt von MIGUEL ANGE LOPEZ JUAREZ am 20/01/2021.
- Erstellt von
- MIGUEL ANGE LOPEZ JUAREZ
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