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LIBROS POÉTICOS Y SAPIENCIALES

La Biblia cristiana, tal como aparece en los códices más antiguos, presenta los libros que la integran agrupados en tres grandes conjuntos: Libros históricos (incluyendo el Pentateuco); libros proféticos (los cuatro profetas mayores y los doce menores) y libros poéticos. Este último grupo incluye el libro de los Salmos, el del Cantar de los Cantares y los que llamamos libros sapienciales (Job, Proverbios, Eclesiastés, Eclesiástico y Sabiduría). Es este tercer grupo el que corresponde a la asignatura que vamos a estudiar.

1. LOS LIBROS A ESTUDIAR Y SU SITUACIÓN EN LA BIBLIA

1.1. LIBROS OBJETO DE NUESTRA ASIGNATURA

En el presente curso vamos a estudiar los siguientes libros de la Sagrada Escritura:

Un libro de oraciones: los Salmos de David. Se trata de una colección de ciento cin- cuenta poemas. Muchos salmos están atribuidos al rey David. Esta colección se acabó de formar hacia el siglo II a. C.

Un libro de cantos de amor: el Cantar de los Cantares. Son cantos que dirige un amante a su amada y ésta a su amante, alternados a veces con la intervención de un coro. El amante se presenta como un rey, el rey Salomón; la amada es una muchacha llamada «la sulamita». Por eso este libro se ha atribuido tradicionalmente a Salomón. Pero por el lenguaje y la forma poética se considera un libro de la época persa (siglos V-IV a. C.).

Proverbios es una recopilación de sentencias en forma poética de distintas épocas sobre la sabiduría, su excelencia y sus ventajas. Las sentencias se atribuyen a diversos sabios, entre ellos a Salomón, por lo que también se le ha adjudicado el libro en general. En realidad está compuesto después del destierro, alrededor del siglo IV a. C.

El libro de Job cuenta la historia de las desgracias sufridas por este sabio oriental y presenta una serie de diálogos entre Job y sus amigos sobre el sentido de su sufrimien- to. Finalmente Dios habla a Job y le restituye la salud y todos sus bienes. El libro pudo haber sido compuesto hacia el siglo III a. C.

Eclesiastés, llamado también Qohélet, contiene las reflexiones de un sabio sobre el sentido que tiene el esfuerzo humano en esta vida si va a acabar con la muerte. Ese sabio se presenta como rey e hijo de David, por lo que el libro se atribuyó también a Salomón. En realidad el libro pudo haber sido compuesto también en el siglo III a. C.

Eclesiástico contiene fundamentalmente consejos en orden a vivir según la Ley del Señor. Por el prólogo del libro, escrito por un nieto del autor, sabemos que su autor fue Jesús ben Sirac (de ahí que el libro sea llamado también «Sirácida»), y que su época de composición sería alrededor del año 190 a. C.

Sabiduría es una larga meditación sobre la sabiduría humana como participación de la Sabiduría divina. Este libro fue escrito en griego y se nota en él el influjo de la filosofía griega. Aunque se presenta como un libro de Salomón, en realidad está escrito muy cerca ya de la era cristiana, quizá hacia el año 20 a. C.

1.2. LUGAR Y ORDEN DE ESTOS LIBROS EN EL CANON BÍBLICO

Estos libros están colocados después de los libros históricos del Antiguo Testamento y antes de los escritos de los Profetas. Este hecho no es casual y tiene una significación im- portante que se percibe comparando cómo se organizan los libros en la Biblia hebrea y en los antiguos códices cristianos que contienen el texto bíblico en griego y en latín.

En la Biblia hebrea los libros que vamos a estudiar están situados en último lugar, tras los libros de los Profetas, y agrupados con los de Rut, Lamentaciones, Ester, Daniel, Es- dras-Nehemías y Crónicas. Todo este bloque constituye el conjunto denominado Ketubim (Escritos). El judaísmo oficial posterior al s. I d.C. no consideró libros sagrados Eclesiástico y Sabiduría. Las Biblias protestantes normalmente omiten estos dos libros.

En el canon hebreo los libros proféticos se entienden como los que interpretan la Ley y muestran su dinamismo; por eso van a continuación de la Ley. En el canon cristiano los libros de los Profetas se comprenden más bien como los que, anunciando al Mesías, apun- tan directamente al Nuevo Testamento y por eso van colocados al final del Antiguo Testa- mento. En el canon hebreo los poetas y sabios son considerados como los que cantan y meditan la Ley. En el canon cristiano, además de eso, se les ve como los que preparan el advenimiento de Cristo, aunque no lo anuncien con la inmediatez de los profetas.

En la sección de «libros poéticos» de algunos antiguos códices griegos de la Biblia apare- cen otras dos obras: los Salmos de Salomón y las Odas y Oraciones (entre ellas la Oración del rey Manasés). También aparece un salmo más (el 151). En algún momento estas obras fueron consideradas sagradas. Más tarde, sin embargo, la Iglesia no las aceptó como ins- piradas por Dios, y dejaron de formar parte de la Sagrada Escritura. Son libros que perte- necen a los Apócrifos del Antiguo Testamento.

Los libros que la Iglesia aceptó, pero el judaísmo no (además del Eclesiástico y Sabi- duría) son: el libro de Judit y el de Tobías, los dos libros de los Macabeos, las partes del libro de Daniel conservadas solamente en griego, la Carta de Jeremías y el libro de Baruc, así como amplios fragmentos de Ester. Estos libros son llamados deuterocanó- nicos por los católicos. Este término indica que sólo en un segundo momento fueron reconocidos unánimemente como libros inspirados. La Iglesia ha sido más abierta que el judaísmo en la recepción de libros sagrados de la tradición judía, porque lo ha hecho desde la perspectiva de la fe en Jesucristo, no desde una comprensión centrada en torno a la Ley.

Los protestantes rechazan los libros deuterocanónicos del Antiguo Testamento y los suelen designar Libros Apócrifos. Entre ellos incluyen también los no canónicos que aparecen en los antiguos códices griegos formando parte de los libros poéticos. Para distinguirlos de otras obras judías anteriores a la formación del canon del Antiguo

Testamento y que no entraron a formar parte de éste, llaman a estos últimos libros pseudoepigráficos. Los católicos, en cambio, llamamos apócrifos a todos los que no entraron en el canon, estuviesen o no contenidos en antiguos códices bíblicos.

Los libros deuterocanónicos tienen un interés especial para ver la conexión entre el Anti- guo y el Nuevo Testamento.

Primero porque evidencian la continuidad temporal entre la realización de los planes de Dios con Israel y la aparición del Mesías. En efecto, los libros de los Macabeos sitúan al lector en la puerta del contexto histórico en que vivió Jesucristo y se formó la Iglesia. A la luz de estos libros entendemos el último desarrollo de la situación política de Israel según los planes de Dios, y el surgir de grupos, como los fariseos y saduceos que juga- rán un papel importante en la vida de Jesús y de la Iglesia.

Segundo porque muestran cómo continúa desarrollándose la revelación divina a su pueblo hasta su culminación en el Nuevo Testamento. Así se ve en el libro del Eclesiásti- co, en el de Daniel y, sobre todo, en el de la Sabiduría, compuesto pocos años antes de nacer Jesucristo. Con estos libros Dios preparaba a su pueblo para la aceptación de la revelación del Verbo encarnado. Por otra parte la antropología empleada en el libro de la Sabiduría prepara la que subyace en el Nuevo Testamento.

Los siete libros que vamos a estudiar están ordenados de manera diversa en la Biblia he- brea y cristiana. En la Biblia hebrea los libros aparecen en el siguiente orden:

Salmos de David. Quizá fue el libro en torno al cual se comenzó a formar la colección de los Escritos (Ketubim).

Job y Proverbios.

Los «cinco rollos» (megillot) que eran leídos en las principales fiestas judías: Rut, Can- tar de los Cantares, Eclesiastés, Lamentaciones de Jeremías y Ester.

El libro de Daniel.

Esdras-Nehemías y Crónicas.

En la Biblia cristiana el orden en que son presentados los libros que estudiamos parece responder a la antigüedad de sus protagonistas o autores supuestos:

El libro de Job es colocado el primero porque su protagonista es considerado un pa- triarca de los tiempos antiguos.

Los Salmos atribuidos a David.

Los libros atribuidos a Salomón: Eclesiastés, Cantar de los Cantares y Sabiduría.

El Eclesiástico escrito por Jesús ben Sirac a comienzos del s. II a. C.

A pesar de lo indicado, muchos antiguos códices griegos colocan a Job detrás de Cantar de los Cantares.

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Notiz am Ohne Titel, erstellt von alexandra tamara velasquez am 07/01/2024.
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