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Razonamiento Verbal Parte I

Alexis Martinez 4991 26 Fragen 5,0 (1 Bewertung)

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  1. 11. Los cactos son plantas que abundan en regiones - - - -,
    como el desierto. Sus tallos son - - - - y así evitan la
    evaporación excesiva.
    1. A(A) fértiles .. débiles
    2. B(B) húmedas .. verdes
    3. C(C) montañosas .. delgados
    4. D(D) áridas .. gruesos
    5. E(E) rocosas .. endentados
  2. 22. Cuando se - - - - a una persona se le - - - - y respeta.
    1. A(A) olvida .. delega
    2. B(B) quiere .. venera
    3. C(C) desprecia .. ignora
    4. D(D) ayuda .. da
    5. E(E) desea .. busca
  3. 33. Los meses de vacaciones - - - - momentos oportunos
    para acercarnos más a nuestros seres queridos.
    1. A(A) atienden
    2. B(B) ejercitan
    3. C(C) proveen
    4. D(D) prolongan
    5. E(E) requieren
  4. 44. Lo que sucede es que me - - - - a creer que en pleno
    siglo XX pueda suceder algo como eso.
    1. A(A) presto
    2. B(B) resisto
    3. C(C) inclino
    4. D(D) adelanto
    5. E(E) sujeto
  5. 55. La generosidad es una virtud muy - - - - que infunde
    en el hombre un sentido de - - - - y de simpatía.
    1. A(A) práctica .. prejuicio
    2. B(B) bella .. curiosidad
    3. C(C) común .. orgullo
    4. D(D) obvia .. respeto
    5. E(E) hermosa .. nobleza
  6. 66. Las desventajas o efectos secundarios son - - - - si se
    comparan con los beneficios que se obtienen.
    1. A(A) útiles
    2. B(B) reveladores
    3. C(C) básicos
    4. D(D) mínimos
    5. E(E) frecuentes
  7. 7Los ejercicios del 7 al 12 se basan en la siguiente lectura.

    “Lazos de afecto” es un artículo condensado del suplemento
    dominical del New York Times que trata sobre las relaciones
    humanas. El autor, Craig Nova, narra aquellos momentos
    especiales que se recuerdan siempre.

    Hace poco inicié a mi hija de doce años en el arte de
    pescar con señuelo1. En general, se trata de una
    actividad placentera e inofensiva, pero entraña ciertos
    riesgos que no ve uno hasta que surgen los percances,
    como las crecidas y las corrientes fuertes. Tengo
    mucho cuidado con lo que le enseño a mi hija,
    especialmente cuando se oculta en ello algún peligro.
    Comenzamos con la manera de lanzar el anzuelo.
    Practicamos en el jardín con una bolita de estambre.
    Pronto aprendió a manipular un buen tramo de sedal.
    También le mostré cómo atar el cebo.
    A principios de la primavera, la mosca de mayo
    vuela sobre mi río favorito. Tiene alas grises, como de
    papel traslúcido, que me hacen pensar en las medias de
    seda, y en su cuerpo se aprecia una mancha de color
    púrpura, igual que el rubor temprano de los árboles,
    antes de que les broten las hojas. Con el fin de
    reproducir este color de carnada artificial, a la
    imitación de piel de zorro con la que modelo el cuerpo,
    le añado un trocito de piel de zarigüeya2, el cual tiño
    previamente en la cocina de mi casa.
    Un día que estaba yo haciendo esto precisamente,
    mi hija se encontraba a mi lado, asomada a la olla del
    tinte. Entonces me preguntó:
    —¿Qué se siente cuando estás enamorado?
    Lo dijo con toda naturalidad, como si me hubiera
    preguntado cuándo aparecen en el río las moscas
    blancas de mayo.
    Por unos instantes nos miramos a través del vaho
    que despedía la olla.
    —Hay muchas clases de amor— contesté.
    —¿Cuáles?
    —Bueno, puede uno enamorarse apasionadamente.
    Ella me miró, mientras asimilaba mis palabras, y yo
    proseguí:
    —También hay otros tipos de amor. Puede uno amar
    a un amigo. O estar casado durante cincuenta años; lo
    que siente uno entonces es diferente, más fuerte quizá
    que en el noviazgo. Hay amores de todas clases.
    —¿Cuál es el mejor?
    Miré la olla, sobre cuyo contenido hirviente la espuma
    formaba una especie de tela de araña; como en el mar,
    después de que rompe una ola. Con un largo tenedor
    saqué del fondo el trocito de piel. El tinte empezó a
    escurrir; mi hija y yo escuchamos el goteo, que
    sintetizaba a la perfección mis recuerdos y las ilusiones
    de ella.
    —Amí me gusta el amor que dura mucho tiempo —le
    contesté—. Pero cada persona tiene que elegir.
    —Iremos a pescar en la primavera, ¿verdad?
    —Claro —le prometí—. Claro que iremos, mi vida.
    Esta conversación sobre el amor se ha mezclado no sé
    cómo con la pesca de la trucha, y me ha dejado muchos
    interrogantes. ¿Qué trato de comunicar a mi hija cuando
    le hablo sobre las costumbres de las moscas de mayo y
    las truchas?
    Me viene a la mente un vasto y profundo remanso,
    desde cuyo margen pesco a veces. Entonces obtengo la
    respuesta. En ese lugar hay un manzano. Las moscas de
    mayo se posan en el agua, entre los reflejos de las flores
    del árbol. Las truchas saltan para capturarlas, rizando el
    agua, y a veces salpican y uno las ve rodeadas de una
    corona de gotas, mientras caen de nuevo en la corriente.
    Hacia ese lugar arrojo mis moscas, para que floten y
    atraigan a los peces.
    En las tardes agradables que paso en ese paraje, tengo
    la sensación de existir fuera del tiempo; de que
    conservaré un recuerdo especial, muy íntimo y profundo,
    de todo lo que me rodea. No me siento en paz, pero sí a
    mis anchas en la vida, y emocionado. Pienso en mi
    padre, que ya murió. Estoy a solas, mas no solo, ni
    mucho menos.
    Eso es lo que deseo transmitirle a mi hija. Quiero
    creer que un día ella, en este mismo paraje, lanzará un
    anzuelo y recordará la noche en que teñimos un pedacito
    de piel y hablamos del amor.

    7. La lectura permite inferir la existencia de una relación
    padre-hija esencialmente
    1. A(A) práctica
    2. B(B) amorosa
    3. C(C) ceremoniosa
    4. D(D) perdurable
    5. E(E) formal
  8. 8
    “Lazos de afecto” es un artículo condensado del suplemento
    dominical del New York Times que trata sobre las relaciones
    humanas. El autor, Craig Nova, narra aquellos momentos
    especiales que se recuerdan siempre.

    Hace poco inicié a mi hija de doce años en el arte de
    pescar con señuelo1. En general, se trata de una
    actividad placentera e inofensiva, pero entraña ciertos
    riesgos que no ve uno hasta que surgen los percances,
    como las crecidas y las corrientes fuertes. Tengo
    mucho cuidado con lo que le enseño a mi hija,
    especialmente cuando se oculta en ello algún peligro.
    Comenzamos con la manera de lanzar el anzuelo.
    Practicamos en el jardín con una bolita de estambre.
    Pronto aprendió a manipular un buen tramo de sedal.
    También le mostré cómo atar el cebo.
    A principios de la primavera, la mosca de mayo
    vuela sobre mi río favorito. Tiene alas grises, como de
    papel traslúcido, que me hacen pensar en las medias de
    seda, y en su cuerpo se aprecia una mancha de color
    púrpura, igual que el rubor temprano de los árboles,
    antes de que les broten las hojas. Con el fin de
    reproducir este color de carnada artificial, a la
    imitación de piel de zorro con la que modelo el cuerpo,
    le añado un trocito de piel de zarigüeya2, el cual tiño
    previamente en la cocina de mi casa.
    Un día que estaba yo haciendo esto precisamente,
    mi hija se encontraba a mi lado, asomada a la olla del
    tinte. Entonces me preguntó:
    —¿Qué se siente cuando estás enamorado?
    Lo dijo con toda naturalidad, como si me hubiera
    preguntado cuándo aparecen en el río las moscas
    blancas de mayo.
    Por unos instantes nos miramos a través del vaho
    que despedía la olla.
    —Hay muchas clases de amor— contesté.
    —¿Cuáles?
    —Bueno, puede uno enamorarse apasionadamente.
    Ella me miró, mientras asimilaba mis palabras, y yo
    proseguí:
    —También hay otros tipos de amor. Puede uno amar
    a un amigo. O estar casado durante cincuenta años; lo
    que siente uno entonces es diferente, más fuerte quizá
    que en el noviazgo. Hay amores de todas clases.
    —¿Cuál es el mejor?
    Miré la olla, sobre cuyo contenido hirviente la espuma
    formaba una especie de tela de araña; como en el mar,
    después de que rompe una ola. Con un largo tenedor
    saqué del fondo el trocito de piel. El tinte empezó a
    escurrir; mi hija y yo escuchamos el goteo, que
    sintetizaba a la perfección mis recuerdos y las ilusiones
    de ella.
    —Amí me gusta el amor que dura mucho tiempo —le
    contesté—. Pero cada persona tiene que elegir.
    —Iremos a pescar en la primavera, ¿verdad?
    —Claro —le prometí—. Claro que iremos, mi vida.
    Esta conversación sobre el amor se ha mezclado no sé
    cómo con la pesca de la trucha, y me ha dejado muchos
    interrogantes. ¿Qué trato de comunicar a mi hija cuando
    le hablo sobre las costumbres de las moscas de mayo y
    las truchas?
    Me viene a la mente un vasto y profundo remanso,
    desde cuyo margen pesco a veces. Entonces obtengo la
    respuesta. En ese lugar hay un manzano. Las moscas de
    mayo se posan en el agua, entre los reflejos de las flores
    del árbol. Las truchas saltan para capturarlas, rizando el
    agua, y a veces salpican y uno las ve rodeadas de una
    corona de gotas, mientras caen de nuevo en la corriente.
    Hacia ese lugar arrojo mis moscas, para que floten y
    atraigan a los peces.
    En las tardes agradables que paso en ese paraje, tengo
    la sensación de existir fuera del tiempo; de que
    conservaré un recuerdo especial, muy íntimo y profundo,
    de todo lo que me rodea. No me siento en paz, pero sí a
    mis anchas en la vida, y emocionado. Pienso en mi
    padre, que ya murió. Estoy a solas, mas no solo, ni
    mucho menos.
    Eso es lo que deseo transmitirle a mi hija. Quiero
    creer que un día ella, en este mismo paraje, lanzará un
    anzuelo y recordará la noche en que teñimos un pedacito
    de piel y hablamos del amor.
    8. De acuerdo con la discusión sobre las clases de amor,
    lo más importante para el autor es que el amor sea
    1. A(A) libre
    2. B(B) fuerte
    3. C(C) fraterno
    4. D(D) duradero
    5. E(E) eterno
  9. 9
    “Lazos de afecto” es un artículo condensado del suplemento
    dominical del New York Times que trata sobre las relaciones
    humanas. El autor, Craig Nova, narra aquellos momentos
    especiales que se recuerdan siempre.

    Hace poco inicié a mi hija de doce años en el arte de
    pescar con señuelo1. En general, se trata de una
    actividad placentera e inofensiva, pero entraña ciertos
    riesgos que no ve uno hasta que surgen los percances,
    como las crecidas y las corrientes fuertes. Tengo
    mucho cuidado con lo que le enseño a mi hija,
    especialmente cuando se oculta en ello algún peligro.
    Comenzamos con la manera de lanzar el anzuelo.
    Practicamos en el jardín con una bolita de estambre.
    Pronto aprendió a manipular un buen tramo de sedal.
    También le mostré cómo atar el cebo.
    A principios de la primavera, la mosca de mayo
    vuela sobre mi río favorito. Tiene alas grises, como de
    papel traslúcido, que me hacen pensar en las medias de
    seda, y en su cuerpo se aprecia una mancha de color
    púrpura, igual que el rubor temprano de los árboles,
    antes de que les broten las hojas. Con el fin de
    reproducir este color de carnada artificial, a la
    imitación de piel de zorro con la que modelo el cuerpo,
    le añado un trocito de piel de zarigüeya2, el cual tiño
    previamente en la cocina de mi casa.
    Un día que estaba yo haciendo esto precisamente,
    mi hija se encontraba a mi lado, asomada a la olla del
    tinte. Entonces me preguntó:
    —¿Qué se siente cuando estás enamorado?
    Lo dijo con toda naturalidad, como si me hubiera
    preguntado cuándo aparecen en el río las moscas
    blancas de mayo.
    Por unos instantes nos miramos a través del vaho
    que despedía la olla.
    —Hay muchas clases de amor— contesté.
    —¿Cuáles?
    —Bueno, puede uno enamorarse apasionadamente.
    Ella me miró, mientras asimilaba mis palabras, y yo
    proseguí:
    —También hay otros tipos de amor. Puede uno amar
    a un amigo. O estar casado durante cincuenta años; lo
    que siente uno entonces es diferente, más fuerte quizá
    que en el noviazgo. Hay amores de todas clases.
    —¿Cuál es el mejor?
    Miré la olla, sobre cuyo contenido hirviente la espuma
    formaba una especie de tela de araña; como en el mar,
    después de que rompe una ola. Con un largo tenedor
    saqué del fondo el trocito de piel. El tinte empezó a
    escurrir; mi hija y yo escuchamos el goteo, que
    sintetizaba a la perfección mis recuerdos y las ilusiones
    de ella.
    —Amí me gusta el amor que dura mucho tiempo —le
    contesté—. Pero cada persona tiene que elegir.
    —Iremos a pescar en la primavera, ¿verdad?
    —Claro —le prometí—. Claro que iremos, mi vida.
    Esta conversación sobre el amor se ha mezclado no sé
    cómo con la pesca de la trucha, y me ha dejado muchos
    interrogantes. ¿Qué trato de comunicar a mi hija cuando
    le hablo sobre las costumbres de las moscas de mayo y
    las truchas?
    Me viene a la mente un vasto y profundo remanso,
    desde cuyo margen pesco a veces. Entonces obtengo la
    respuesta. En ese lugar hay un manzano. Las moscas de
    mayo se posan en el agua, entre los reflejos de las flores
    del árbol. Las truchas saltan para capturarlas, rizando el
    agua, y a veces salpican y uno las ve rodeadas de una
    corona de gotas, mientras caen de nuevo en la corriente.
    Hacia ese lugar arrojo mis moscas, para que floten y
    atraigan a los peces.
    En las tardes agradables que paso en ese paraje, tengo
    la sensación de existir fuera del tiempo; de que
    conservaré un recuerdo especial, muy íntimo y profundo,
    de todo lo que me rodea. No me siento en paz, pero sí a
    mis anchas en la vida, y emocionado. Pienso en mi
    padre, que ya murió. Estoy a solas, mas no solo, ni
    mucho menos.
    Eso es lo que deseo transmitirle a mi hija. Quiero
    creer que un día ella, en este mismo paraje, lanzará un
    anzuelo y recordará la noche en que teñimos un pedacito
    de piel y hablamos del amor.
    9. ¿Qué trato de comunicarle a mi hija cuando le hablo
    sobre las costumbres de las moscas de mayo y las
    truchas?
    La pregunta anterior sirve para establecer el propósito
    central de la lectura, que es
    1. A(A) educar sobre el arte de pescar
    2. B(B) compartir la experiencia de hacer señuelos
    3. C(C) sintetizar la relación entre la pesca y las
      relaciones humanas
    4. D(D) contagiar el amor por el deporte de la pesca
    5. E(E) iniciar en el deporte de pescar
  10. 10
    “Lazos de afecto” es un artículo condensado del suplemento
    dominical del New York Times que trata sobre las relaciones
    humanas. El autor, Craig Nova, narra aquellos momentos
    especiales que se recuerdan siempre.

    Hace poco inicié a mi hija de doce años en el arte de
    pescar con señuelo1. En general, se trata de una
    actividad placentera e inofensiva, pero entraña ciertos
    riesgos que no ve uno hasta que surgen los percances,
    como las crecidas y las corrientes fuertes. Tengo
    mucho cuidado con lo que le enseño a mi hija,
    especialmente cuando se oculta en ello algún peligro.
    Comenzamos con la manera de lanzar el anzuelo.
    Practicamos en el jardín con una bolita de estambre.
    Pronto aprendió a manipular un buen tramo de sedal.
    También le mostré cómo atar el cebo.
    A principios de la primavera, la mosca de mayo
    vuela sobre mi río favorito. Tiene alas grises, como de
    papel traslúcido, que me hacen pensar en las medias de
    seda, y en su cuerpo se aprecia una mancha de color
    púrpura, igual que el rubor temprano de los árboles,
    antes de que les broten las hojas. Con el fin de
    reproducir este color de carnada artificial, a la
    imitación de piel de zorro con la que modelo el cuerpo,
    le añado un trocito de piel de zarigüeya2, el cual tiño
    previamente en la cocina de mi casa.
    Un día que estaba yo haciendo esto precisamente,
    mi hija se encontraba a mi lado, asomada a la olla del
    tinte. Entonces me preguntó:
    —¿Qué se siente cuando estás enamorado?
    Lo dijo con toda naturalidad, como si me hubiera
    preguntado cuándo aparecen en el río las moscas
    blancas de mayo.
    Por unos instantes nos miramos a través del vaho
    que despedía la olla.
    —Hay muchas clases de amor— contesté.
    —¿Cuáles?
    —Bueno, puede uno enamorarse apasionadamente.
    Ella me miró, mientras asimilaba mis palabras, y yo
    proseguí:
    —También hay otros tipos de amor. Puede uno amar
    a un amigo. O estar casado durante cincuenta años; lo
    que siente uno entonces es diferente, más fuerte quizá
    que en el noviazgo. Hay amores de todas clases.
    —¿Cuál es el mejor?
    Miré la olla, sobre cuyo contenido hirviente la espuma
    formaba una especie de tela de araña; como en el mar,
    después de que rompe una ola. Con un largo tenedor
    saqué del fondo el trocito de piel. El tinte empezó a
    escurrir; mi hija y yo escuchamos el goteo, que
    sintetizaba a la perfección mis recuerdos y las ilusiones
    de ella.
    —Amí me gusta el amor que dura mucho tiempo —le
    contesté—. Pero cada persona tiene que elegir.
    —Iremos a pescar en la primavera, ¿verdad?
    —Claro —le prometí—. Claro que iremos, mi vida.
    Esta conversación sobre el amor se ha mezclado no sé
    cómo con la pesca de la trucha, y me ha dejado muchos
    interrogantes. ¿Qué trato de comunicar a mi hija cuando
    le hablo sobre las costumbres de las moscas de mayo y
    las truchas?
    Me viene a la mente un vasto y profundo remanso,
    desde cuyo margen pesco a veces. Entonces obtengo la
    respuesta. En ese lugar hay un manzano. Las moscas de
    mayo se posan en el agua, entre los reflejos de las flores
    del árbol. Las truchas saltan para capturarlas, rizando el
    agua, y a veces salpican y uno las ve rodeadas de una
    corona de gotas, mientras caen de nuevo en la corriente.
    Hacia ese lugar arrojo mis moscas, para que floten y
    atraigan a los peces.
    En las tardes agradables que paso en ese paraje, tengo
    la sensación de existir fuera del tiempo; de que
    conservaré un recuerdo especial, muy íntimo y profundo,
    de todo lo que me rodea. No me siento en paz, pero sí a
    mis anchas en la vida, y emocionado. Pienso en mi
    padre, que ya murió. Estoy a solas, mas no solo, ni
    mucho menos.
    Eso es lo que deseo transmitirle a mi hija. Quiero
    creer que un día ella, en este mismo paraje, lanzará un
    anzuelo y recordará la noche en que teñimos un pedacito
    de piel y hablamos del amor.
    10. De la lectura se infiere que el autor NO tiene una
    1. A(A) postura tolerante ante lo que piensan los demás
    2. B(B) visión positiva sobre el amor
    3. C(C) preocupación por formar a su hija
    4. D(D) actitud negativa ante la vida
    5. E(E) relación armoniosa con la naturaleza

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Razonamiento verbal, razonamiento matematico y redacción indirecta Razonamiento Verbal Quiz am Razonamiento Verbal Parte I, erstellt von Alexis Martinez 4991 am 30/03/2015.
Sprache
Español
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