Módulo 9 de 18 · Texto
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A principios de la década de 1960, las computadoras eran sumamente caras y se utilizaban únicamente para propósitos especiales, ejecutando "una única tarea" a la vez. Sin embargo, durante el transcurso de esa década, los precios bajaron al punto que incluso algunas pequeñas empresas ya podían costearlas. La velocidad de proceso de las máquinas se incrementó al grado que a menudo quedaban demasiado tiempo ociosas, porque no había suficientes tareas para ellas. Todo ello fue debido a la rápida evolución del hardware. Los lenguajes de programación de aquellos tiempos estaban diseñados para propósitos específicos, como las máquinas en las que eran ejecutados; por ejemplo para desarrollar aplicaciones cálculo o procesamiento de fórmulas se diseñó el lenguaje FORTRAN, en tanto que para la programación en administración o gestión de información se desarrolló específicamente el COBOL.
A fin de incrementar el rendimiento y amortizar mejor los costos (por reducción del tiempo ocioso de la procesador), y siendo que ya la velocidad de las máquinas comenzó a permitirlo, se propuso la idea de ejecutar más de una tarea "simultáneamente", fue así que surgió el concepto de sistema de tiempo compartido, que comenzó a ganar mucha popularidad. En sistemas de ese tipo, el tiempo de procesamiento del procesador central se dividía, y a cada usuario se le otorgaba secuencial y cíclicamente una pequeña porción o "cuota" de tiempo de proceso. Las máquinas eran lo suficientemente rápidas como para provocar en los usuarios la ilusión de que disponían de la funcionalidad de la máquina todo el tiempo para ellos ("seudo-simultaneidad" de procesos). Esa distribución del tiempo de cómputo entre los usuarios redujo considerablemente el costo de la computación, ya que una sola máquina podía ser compartida por numerosos usuarios.