El cultismo es un préstamo que el romance toma del
latín, para denominar un concepto nuevo o alguna
necesidad léxica/estilística.
Benítez Claros (1956), Martínez Otero (1959) y Clavería (1991), sostienen que
los cultismos son préstamos. Bustos (1977:235), considera que “puede
hablarse propiamente de préstamo léxico, aunque con rasgos específicos
que lo individualizan frente a los extranjerismos”.
Malkiel (1957:3) afirma: “indudablemente es lícito prescindir de la
diferencia esencial entre préstamos y cultismos, considerando éstos
como mera subclase de aquéllos (préstamos tomados a lenguas
muertas cuyo recuerdo perdura)”.
Hablar de préstamos de otra lengua supone
aceptar la existencia de dos sistemas
lingüísticos diferentes: latín y romance.
Wright (1989) sostiene que no existía antes de la reforma carolingia una división
lingüística clara entre latín y romance; rechaza la consideración como cultismos de
aquellos términos introducidos en siglos anteriores y considera que no podemos
hablar de préstamos del latín antes del s. XII. Planteándose el término semicultismo.
Malkiel (1957:53) defiende “la necesidad de restringir el significado de
‘culto’, ‘semiculto’ y ‘patrimonial’ al juego de las normas fonéticas, para
no quitar a estos rótulos un grado mínimo de precisión”.
Wright (1989:39) propone que estos cultismos antiguos o
semicultismos “pudieran solamente ser palabras que estaban
al final de la serie, a las que el cambio nunca afectó”.
Clavería (1991:68) considera que los cultismos antiguos y los
semicultismos estarían en la “periferia” de los latinismos, en una
“frontera borrosa” entre los latinismos y las voces heredadas.
Bustos (1974:23-24) sostiene que el término ‘latinismo’ puede emplearse para
las palabras que no han sufrido variación alguna; ‘y cultismo’ para designar las
voces procedentes del latín que habiendo sido introducidas por influjo culto,
se han adaptado en mayor o menor grado a la morfología del español.
“...el cultismo conserva el valor lingüístico y estético de palabra o expresión que entraña
una actitud consciente y de selección a partir de los conocimientos culturales del
usuario, mientras que latinismo es el término que designa aquellas propiedades
estructurales que el español ha tomado en préstamo del latín” (Clavería 1991:66)
Dentro de los cultismos se pueden distinguir latinismos, helenismos o
hebraísmos, según la lengua de la que procedan; hay veces en que el latín
no presta términos, sino que ayuda a mantener fonemas, grafías o
morfemas en palabras transmitidas como préstamos.
En base a Clavería (1991), la evolución de los latinismos contribuye a comprender la
evolución de la lengua precisamente porque forman parte de ella; en efecto, los
cultismos poseen su propia riqueza evolutiva y podemos matizar afirmaciones
como las de Menéndez Pidal (1982:14) cuando habla de que “las voces cultas, por
la pobreza de su desarrollo, apenas sufrieron modificaciones”.
Hacia el diseño de un modelo estratégico de aprendizaje de idiomas. Un estudio de caso basado en un grupo de discentes mayores en el marco de una comunidad de práctica profesional.