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La perspectiva de genero 2
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La perspectiva de genero 2
Concebir a las mujeres antes que nada como úteros, es igual, siguiendo la analogía anterior, a concebir a los hombres como mamíferos bípedos, destinados para siempre a trasladarse usando sus extremidades inferiores. Una perspectiva de género, que reconoce la construcción simbólica en todas las culturas, conduce a desechar las ideas esencialistas sobre las mujeres y los hombres. La existencia de mujeres «masculinas», hombres «femeninos», personas bisexuales o andróginas y personas con una combinación de varios elementos mezclados fundamenta claramente que no hay «esencias». 228Para ciertos sectores sociales esta nueva perspectiva de género supone un peligro para la familia, pues plantea que la mayoría de las diferencias entre mujeres y hombres son construidas socialmente y, por ende, son modificables.
La disciplina que primero utilizó la categoría género para establecer una diferencia con el sexo fue la psicología, en su vertiente médica. La dicotomía masculino-femenino, con sus variantes culturales , establece estereotipos, las más de las veces rígidos, que condicionan los papeles y limitan las potencialidades humanas de las personas al estimular o reprimir los comportamientos en función de su adecuación al género. Lo que el concepto de género ayuda a comprender es que muchas de las cuestiones que pensamos que son atributos «naturales» de los hombres o de las mujeres, en realidad son características construidas socialmente, que no están determinadas por la biología. El trato diferencial que reciben niños y niñas sólo por pertenecer a un sexo, va favoreciendo una serie de características y conductas diferenciadas.
El género de los bebés fue lo que condicionó la respuesta de las personas. A partir de distinguir entre el sexo biológico y lo construido socialmente se empezó a generalizar el uso de género para nombrar muchas situaciones de discriminación de las mujeres, justificadas por la supuesta anatomía diferente, cuando en realidad tienen origen social. Si bien las diferencias sexuales son la base sobre la cual se asienta una determinada distribución de papeles sociales, esta asignación no se desprende «naturalmente» de la biología, sino que es un hecho social. Y mucha de la resistencia de los hombres a planchar o coser, y al trabajo «doméstico» en general tiene que ver con que se conceptualiza como un trabajo «femenino».
En casos de necesidad, o por oficio, como el de sastre, los hombres cosen y planchan tan bien como las mujeres. ¿Qué es la perspectiva de género? La perspectiva de género implica reconocer que una cosa es la diferencia sexual y otra cosa son las atribuciones, ideas, representaciones y prescripciones sociales que se construyen tomando como referencia esa diferencia sexual. Todas las sociedades estructuran su vida y construyen su cultura en torno a la diferencia sexual. Esta diferencia anatómica se interpreta como una cuestión sustantiva que marcará el destino de las personas.
Lo lógico, se piensa, es que si las funciones biológicas son tan dispares, las demás características -morales, psíquicas- también habrán de serlo. 224Desde hace varios años, antropólogos, biólogos, psicólogos, etc., se han dedicado a investigar y esclarecer qué es lo innato y qué lo adquirido en las características masculinas y femeninas de las personas. Se debe aceptar el origen biológico de algunas diferencias entre hombres y mujeres, sin perder de vista que la predisposición biológica no es suficiente por sí misma para provocar un comportamiento. No hay comportamientos o características de personalidad exclusivas de un sexo.
Si hace miles de años las diferencias biológicas, en especial la que se refiere a la maternidad, pudieron haber sido la causa de la división sexual del trabajo que permitió la dominación de un sexo sobre otro al establecer una repartición de ciertas tareas y funciones sociales, hoy esto ya no tiene vigencia. Si bien la diferencia entre el macho y la hembra humanos es evidente, que a las hembras se les adjudique mayor cercanía con la naturaleza es una idea, no una realidad. El problema de asociar a las mujeres con lo «natural» y a los hombres con lo cultural es que cuando una mujer no quiere ser madre ni ocuparse de la casa, o cuando quiere ingresar al mundo público, se la tacha de antinatural porque «se quiere salir de la esfera de lo natural». En cambio, la valoración cultural de las mujeres radica en una supuesta «esencia», vinculada a la capacidad reproductiva.
Es impresionante que en el umbral del XXI, cuando los adelantos científicos están desligando cada vez más a las personas de la biología de la reproducción, siga vigente un discurso que intenta circunscribir la participación de las mujeres por esas cuestiones biológicas. Ese discurso tiene mucha fuerza porque reafirma las diferencias de hombres y mujeres como una cuestión evidente y natural. Si comparamos algunas sociedades en donde se establece, por ejemplo, que tejer canastas es una actividad exclusivamente masculina, que sólo los hombres, por su destreza especial, la pueden realizar, y a las mujeres les está totalmente prohibido, con sociedades donde ocurre totalmente lo contrario, donde tejer canastas es un oficio absolutamente femenino, y no hay hombre que quiera hacerlo, lo que salta a la vista es lo absurdo de la prohibición. El tabú se construye a partir de la diferente anatomía de hombres y mujeres, pero se trata de una valoración simbólica, que nada tiene que ver con la capaci
Si comparamos a esas dos sociedades con otras, donde tejer canastas es asunto de habilidad, y lo pueden hacer hombres y mujeres, entonces tal vez podemos vislumbrar un mundo diferente, sin reglas rígidas de género. La comprensión del género y la educación democráticaComprender qué es y cómo opera el género nos permite entender que es precisamente el orden simbólico, y no la «naturaleza», el que ha ido generando las percepciones sociales existentes sobre las mujeres y los hombres. Esta simbolización se erige en orden social -un conjunto de prescripciones con las cuales se norma la vida social- y en infinidad de circunstancias estas prescripciones encasillan a las personas y las ponen en contradicción con sus deseos, talentos y potencialidades. Ignorancia, prejuicios y desinformaciones se apoyan en la lógica del género para prohibir ciertos comportamientos o elecciones a mujeres y hombres.
La perspectiva de género abre un conjunto de posibilidades para los seres humanos, desde una mayor riqueza y variedad de opciones vocacionales y laborales hasta el disfrute de nuevas formas de vida afectiva y distintos arreglos familiares. Aceptar que tener cuerpo de mujer o de hombre no significa automáticamente tener determinadas habilidades, ciertos deseos, ni lleva a realizar «naturalmente» ciertas tareas o a elegir ciertos trabajos o profesiones, abre un panorama vital, afectivo, educativo y laboral mucho más complejo y rico para todas las personas. Una creencia con mucho peso es la de la «naturalidad» de la complementariedad de mujeres y hombres, mediante la cual se explica la separación de los dos ámbitos, el privado y el público. Esta creencia se basa en la extrapolación de la complementariedad reproductiva a las demás áreas de la vida y justifica así, basándose en la diferencia sexual, las diferencias políticas, sociales y económicas entre los dos sexos.
Es evidente que en las extremadamente difíciles condiciones del paleolítico y del neolítico, la diferente anatomía de mujeres y hombres tuvo un peso sustantivo en la división sexual del trabajo. Sin embargo, aunque la diferencia sexual fue una base para la asignación de labores, la división del mundo en dos esferas, la privada y la pública, es un proceso que se ha ido construyendo históricamente en el que pesan más los aspectos culturales que los biológicos. Es ilustrativa la forma diferencial en que se interpreta y valora la biología de las mujeres y la de los hombres. Esto ha llevado a que se considere a 227las mujeres más próximas a la naturaleza que los hombres.
El dogma religioso se opone a que las personas tomen decisiones sobre su vida, ya que sólo Dios es quien da o quita la vida. Por eso algunas religiones prohíben cualquier intervención humana en los procesos de vida, desde aceptar las transfusiones de sangre porque son «antinaturales» hasta el uso de anticonceptivos o la interrupción de un embarazo. Sólo así podrán empezar, mujeres y hombres, a establecer opciones de vida más flexibles, no arraigadas en rígidos -y anticuados papeles sociales y a compartir equitativamente responsabilidades políticas y domésticas.
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- Mapa Mental sobre La perspectiva de genero 2, creado por toscano_harold@gmail.com Chatelain1 el 13/09/2021.
- Creado por
- toscano_harold@gmail.com Chatelain1 · sep 2021
- Actualizado
- 13 sep 2021
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