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LA NOCHE OSCURA DE MADRE TERESA
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LA NOCHE OSCURA DE "MADRE TERESA"
LA
NOCHE OSCURA COMO MISIÓN ENTRE LOS MÁS POBRES
"MADRE
TERESA"
No sé hacia
donde me dirijo.
No veo el camino
delante de mí.
No estoy seguro dónde podré terminar.
Ni siquiera estoy
seguro de quién soy;
y el hecho de que
yo crea que
estoy siguiendo
Tu Voluntad,
no significa que
de hecho la esté cumpliendo.
Pero creo que el
deseo interior de agradarte,
en verdad es algo
que ya te agrada.
Confío en que
este deseo esté presente
en todo lo que
hago.
Espero no hacer
nada contrario a este deseo.
Y sé que si sigo
este camino,
Tú siempre
me guiarás por el camino verdadero,
aunque yo no me
dé cuenta.
Por eso confiaré
siempre en Ti
aunque me sienta
perdido
en las sombras de
la muerte.
No temeré, pues
Tú estás siempre conmigo,
y sé que nunca
permitirás
que
me enfrente solo a los peligros” (Thomas Merton)
En
el libro “Madre Teresa. Ven, sé mi Luz” el P. Brian
Kolodiejchuk, miembro de la Congregación de los Misioneros de la
Caridad y procurador de su causa de beatificación, resume la
enseñanza de San Juan de la Cruz acerca del proceso de quienes
avanzan en la espesura de la experiencia de Dios:
La
primera noche es la de los sentidos,
en la cual los sentidos se van purificando de los apegos y
satisfacciones sensoriales. En este estadio, aunque las
consolaciones ya no se sienten, sin embargo aparece un gran
deseo
de Dios
y un aumento de amor,
humildad,
paciencia
y otras virtudes.
La
segunda noche es la del espíritu,
mucho
más dolorosa porque en ésta la persona desea
sólo
a
Dios
y
lo ama inmensamente, pero apenas puede reconocer el amor de Dios
en su vida. Las
virtudes de
fe, esperanza y caridad son
sometidas a severas pruebas.
La
oración se hace árida, casi imposible, y el consejo espiritual
apenas sirve de nada. Y
a todo ello generalmente se unen otras pruebas de carácter externo
que añaden más sufrimiento.
A
través de esta purificación
el discípulo alcanza un mayor desapego de las cosas creadas y una
mayor unión con Cristo,
llegando a ser un Instrumento dócil en sus manos.
Es
interesante constatar que la experiencia mística de la noche
interior también aparece en otras religiones. En el libro sagrado de
los hindúes, el “Bhagavad-Gita”, el héroe Arjuna
habla con Krishna expresando ansiedad antes de comenzar la
batalla contra las fuerzas del mal: “En
la noche oscura de mi alma me siento desolado.
En mi falta de fe en mí mismo
no encuentro el camino hacia la bondad. Yo soy tu discípulo y
me acerco a pedirte que seas mi luz en el sendero de mis
obligaciones. Porque ni siquiera el reino de la
tierra ni el de los dioses en el cielo, podrían darme paz en medio
del fuego del dolor que quema mi alma”.
Madre Teresa pasó
por esa experiencia espiritual de sequedad y oscuridad, precisamente
en la tierra del misticismo por excelencia, la India.
Arjuna le
dice a Krishna: “sé mi luz, en el sendero de mis
obligaciones”.
El
Señor le dice lo mismo a Teresa de Calcuta aquel 10 de
septiembre de 1946: “Ven, sé mi luz”. Aquí no es la persona
quien pide a la divinidad, sino Dios mismo quien se dirige a
Teresa como un mendigo desolado y miserable: “Ven y llévame
a los agujeros oscuros donde viven los pobres. ¡Ven y sé mi luz!
¿Harás esto por Mí?” Y Teresa dijo SÍ; y dos
años más tarde, exactamente el día 21 de diciembre de 1948 ya
estaba ahí, en medio de las calles de Calcuta. La oscuridad
será su más íntima compañera.
Una
de sus primeras seguidoras diría más tarde: “Verla a ella
vestida pobremente en un simple y humilde sari, con el rosario en la
mano, era como ver el evangelio vivo, era Jesús presente
entre los pobres. Veíamos en ella una luz en la oscuridad de los
suburbios”.
Ésta
fue su oración esencial: “Jesús, Tú
eres el amor de mi corazón, deseo sufrir lo que sufro y
todo lo que Tú quieras que sufra, por puro amor a Ti y no por los méritos que yo pueda ganar
ni por el premio que me has prometido; solamente por agradarte y por
bendecirte tanto en la tristeza como en la alegría”. Esta
oración, aunque no es suya, se convirtió en terreno fértil donde
su vida quedó sembrada y dio fruto abundante.
Junto
a esta experiencia de sentirse lejos y abandonada de Dios,
Madre Teresa sufrió de malas interpretaciones y críticas
malignas. Escribió en su diario íntimo: “Me parece que hay
quienes dicen que no tiene sentido que trabajemos entre los más
abandonados, que los grandes, los intelectuales y los ricos están
dispuestos a todo y que es mejor estar con ellos… Me llaman la
monja de los suburbios, y me siento feliz de serlo por amor suyo y
para su gloria”.
Desgranemos
algunas de las expresiones salidas del corazón mismo de Madre Teresa en las que presenta su estado interno de desolación:
“¡Qué
tortura y qué soledad tan intensa he sentido hoy! Me pregunto por
cuánto tiempo podrá mi corazón sufrir todo esto (año 1949).
“Por
favor, monseñor, rece por mí especialmente para que yo no destruya
el trabajo del Señor y
para que Él
se me manifieste, porque tengo dentro de mí una oscuridad terrible,
como si todo a mi alrededor estuviera muerto. Más o menos esta
situación ha sido permanente desde el comienzo de “la obra”.
Pida al Señor
que me de fuerza (año 1953).
Mi
alma está en una profunda noche y desolación. No, no me quejo. Que
Él haga lo que le parezca mejor (año 1954).
No
entiendo nada, pero es que hay una soledad tan grande en mi corazón
que no puedo ni describirla… ¿Hasta cuándo estará ausente
Nuestro Señor? (año 1955).
Rece
por mí, pues lo que llevo dentro es puro frío congelado. Sólo la
fe ciega me conduce ya que todo en mí es oscuridad. En realidad
hasta que el Señor quiera yo no cuento para nada (año 1955).
Por
favor, rece por mí que ojalá Dios levante esta oscuridad de
mi alma aunque sea por unos pocos días. Porque a veces siento una
agonía de desolación tan grande y a la vez un deseo tan profundo
del Ausente que la única oración que puedo hacer es ésta:
“Sagrado Corazón de Jesús, en Ti
confío. Quiero saciar tu sed de almas” (año 1956).
En
“la llamada” Tú
me
dijiste que iba a sufrir mucho. Han pasado diez años, mi Jesús,
y se ha cumplido en mí tu deseo” (año 1959).
Si
supiera cómo ansío encender el fuego de amor y paz en todo el
mundo. Pida por mí para que Él me use a fondo (año 1969).
No
es la tuberculosis ni el cáncer las auténticas enfermedades. Creo
que el mayor mal es el no ser deseado ni amado. La pena que esta
gente sufre es muy difícil de comprender y penetrar (Madre Teresa
al Sínodo de los Obispos en octubre de 1980).
A
través de esos textos podemos concluir la fe tremenda y
el amor apasionado por el Amado que aparentemente se ausenta
de la sensibilidad. Tras la publicación del libro al que nos hemos
referido antes y del que he entresacado los textos de arriba,
enseguida aparecieron críticas de ataque a Madre Teresa
calificándola de mujer guiada por una imagen ideal de sí
misma y que más tarde construyó sobre la increencia y la duda
permanente. Alguien en la revista NEWSWEEK del 29 de
octubre del 2007 calificaba a Madre Teresa como “aquella
mujer anciana de la que la Iglesia sabía que para todos los efectos
había dejado de creer”.
Naturalmente
quienes así piensan andan del todo despistados y no entienden que
por el contrario Madre Teresa tenía una fe muy bien
cimentada, una fe guiada por el amor que le llevó a una
inmensa sed por el Amado. Es prácticamente una regla de vida:
los grandes santos han tenido graves crisis de fe; cuanto más
grande el santo, mayor la noche oscura del espíritu.
Incluso en
el citado Bhagavad-Gita tiene algo que decir al respecto
contra los escépticos y los no creyentes: “En
la noche oscura de todos los seres aparece la luz
de la persona que está en paz. Pero lo que es día para algunos
parece como noche para el sabio… Sólo por el amor pueden los seres
humanos verme y conocerme y acercarse a mí” (2, 70; 11, 15).
Madre
Teresa aprendió a aceptar los sufrimientos interiores y
exteriores como un privilegio de parte de Dios y así iba
irradiando la alegría de pertenecer a Dios y de vivir con Él.
Sabía que tras la pena de la pasión amanecería la alegría de la
resurrección. En abril de 1942, bajo la guía de sus directores
espirituales, Teresa hizo el voto privado a Dios,
bajo pena de pecado mortal, de jamás negarle nada de lo que Él
le pidiera. Y fue fiel a ello hasta el final de su vida, después
de haber hecho“algo grande para Dios”.
Ella
le amó “como nadie Le había amado antes”.
Su misión fue la de haber sido la luz de la bondad y la compasión
de Dios, en medio de su oscuridad interior, que fue en ella un
ingrediente esencial para su misión. A través de su pena pudo
llegar a comprender mejor la soledad y el sentimiento de rechazo de
los más pobres. Eran las 8 de la tarde del 5 de septiembre de 1997
cuando la Madre entró en la agonía final. Mientras tanto hubo un
apagón en toda la ciudad. Las hermanas llamaron a los doctores y
corrían intentando poner en funcionamiento los dos generadores de la
casa, pero todo fue en vano.
Algo
que nunca antes había sucedido. Calcuta estaba inmersa en la
oscuridad y aquella persona que había proyectado tanta luz al mundo,
se iba apagando lentamente. Al anochecer de aquel día Teresa se
iba adentrando en el amanecer glorioso.
La
oscuridad física en el contexto de la muerte de esa mujer inundada
de luz nos recuerda el discurso del Presidente Nehru tras el
asesinato de Mahatma Gandhi: “Hoy se nos ha ido la luz”.
Hablaba
simbólicamente, claro. Gandhi y la Madre Teresa son
sin duda luces de referencia en nuestro viaje hacia Dios.
CONCLUSIÓN:
La
experiencia de la noche oscura es más común de lo que podemos
imaginarnos. Se le puede llamar depresión, soledad, crisis,
dudas, fracasos, incertidumbres, rechazos… Los grandes místicos
de todos los tiempos y religiones nos hablan con la simbología de la
noche de ese viaje hacia Dios, un viaje sin mapas cuyos
trazos los marcamos guiados por nuestras convicciones e intuiciones
que nos llegan de la gracia, de la experiencia, de la presencia de
Dios.
La
noche cósmica y la noche espiritual pueden traernos angustia, terror
y ansiedad como sucedió a Teresa de Calcuta y otros místicos.
Es una noche donde los demonios se dan cita, incluidos los
demonios de mundo inconsciente, pero hay que atravesar el túnel
confiados. Así la oscuridad se convierte en bendición que nos hace
crecer en el amor. La noche de Teresa de Calcuta nos enseña a
ser fieles a nuestra vocación a pesar de los peligros y las
dificultades que podamos atravesar. Nos enseña a confiar en
Dios sabiendo que esta confianza es ya en sí misma el
mayor servicio que podemos ofrecer al mundo que busca la luz. Si
vivimos así, las noches interiores se convierten en oportunidades
de sabiduría donde Dios va transformando la mente y el
corazón.
Acabamos
esta reflexión con el himno escrito por el Cardenal John Henry
Newman, un himno recitado por Gandhi especialmente hacia
el final de su vida cuando se juntaba a diario con personas de
diferentes religiones a orar juntos.
También Madre Teresa lo
apreciaba y lo vivía:
Luz amable,
luz,
Guíame en
medio de las tinieblas
¡Guíame!
La noche es
densa
y estoy lejos
de mi hogar
¡Guíame!
Mantén listos
mis pies.
No te pido ver
todo el horizonte.
Me basta con
un paso y nada más.
Información
- Descripción
- La Noche Oscura vivida por Madre Teresa
- Creado por
- Isidro Esparza Marín
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