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Maria Villalba Rojas Español 1 página

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Código escrito

A menudo se ha presentado el código escrito como un sistema de signos que sirve para transcribir el código oral, como un medio para vehicular mediante letras la lengua oral.

La competencia es el conjunto abstracto de reglas gramaticales que comparten los miembros de una comunidad lingüística. Según Krashen, la competencia es el código escrito, es el conjunto de conocimientos de gramática y de lengua que tienen los autores en la memoria; la competencia es el saber.

Conocer el código significa conocer las reglas lingüísticas de la lengua en que se escribe: la gramática, los mecanismos de cohesión del texto, las diversas formas de coherencia según el tipo de texto, la variedad y el registro adecuados o las sutiles convenciones sobre la disposición espacial del texto.

El código escrito es el conjunto de conocimientos abstractos sobre una lengua escrita que tenemos almacenados en el cerebro.

A menudo se ha presentado el código escrito como un sistema de signos que sirve para transcribir el código oral, como un medio para vehicular mediante letras la lengua oral. No se trata de un simple sistema de transcripción, sino que constituyen un código completo e independiente, un verdadero medio de comunicación. Adquirir el código escrito no significa solamente aprender la correspondencia entre el sonido y la grafía, sino aprender un código nuevo, sustancialmente distinto del oral.

Los conocimientos del código escrito que posee un escritor se pueden clasificar en los siguientes grupos: adecuación (es la propiedad del texto que determina la variedad -dialectal / estándar- y el registro), coherencia (es la propiedad del texto que selecciona la información y organiza la estructura comunicativa de una manera determinada), cohesión (es la propiedad del texto que conecta las diferentes frases entre sí mediante las formas de cohesión), corrección gramatical (se incluyen los conocimientos gramaticales de fonética y ortografía, morfosintaxis y léxico), disposición en el espacio (se trata del conjunto de convenciones sociales que regulan la presentación de los escritos).

Código oral

La comunicación oral es inmediata en el tiempo (el receptor comprende el mensaje al mismo tiempo que lo dice el emisor).

No existen situaciones de comunicación exclusivas del código oral y del escrito. Si bien antiguamente existían unas comunicaciones propias del oral (diálogo cara a cara, discursos en público, etc.) y otras distintas, propias del escrito (correspondencia, biografía e historia escrita, etc.), en la actualidad el desarrollo tecnológico de los últimos años ha equiparado ambos códigos.

Ejemplos contextualizados

Código escrito: Los informes que realizan el Comité Operativo de Emergencia, los PDF’s mandados por los profesores a los alumnos, las noticias del día, los mensajes de WhatsApp, las publicaciones de las redes sociales, entre otros.

Código oral: Las clases virtuales, las llamadas con amigos o familiares, las conversaciones con los vecinos, las conferencias del COE, escuchar la radio, ver televisión, entre otros.

El código escrito y el oral a menudo se interrelacionan creando situaciones de comunicación mixtas. A veces escribimos textos que serán escuchados y también hacemos intervenciones que serán leídas posteriormente.

Cuadro comparativo

DIFERENCIAS TEXTUALES

Canal oral

Canal escrito

Canal auditivo. El receptor comprende el texto mediante el oído

Canal visual. El receptor lee el texto con la vista.

El receptor percibe los distintos signos del texto sucesivamente.

El receptor los percibe simultáneamente (todos a la vez)

Comunicación espontanea. El emisor puede rectificar, pero no borrar, lo que ya ha dicho. El receptor está obligado a comprender el texto en el momento de la emisión y tal como se emite.

Comunicación elaborada. El emisor puede corregir y rehacer el texto, sin dejar rastros. El lector puede escoger como y donde quiere leer el texto.

Comunicación inmediata en el tiempo y en el espacio.

Comunicación diferida en el tiempo y el espacio

Comunicación efímera. Los sonidos son perceptibles solamente durante el tiempo que permanecen en el aire.

Comunicación duradera. Las letras se graban en un soporte estable y perduran. El escrito adquiere valor social de testigo y registro de los hechos.

Utiliza mucho los códigos no verbales: la fisionomía y los vestidos, el movimiento de cuerpo, la conducta táctil, el paralenguaje, el espacio, etc.

Utiliza poco los códigos no verbales: disposición del espacio y del texto, la textura del soporte

Hay interacción durante la emisión del texto. El emisor habla, mientras habla, ve la reacción del receptor y puede modificar su discurso según sea esta. El lenguaje es negociable entre los interlocutores

No hay interacción durante la composición. El escritor no puede saber cuál es la reacción real del lector.

El contexto extralingüístico posee un papel muy importante. Lo oral se apoya en el: códigos no verbales, deixis, etc.

El contexto es poco importante. El escrito es autónomo respecto del contexto. El autor crea el contexto a medida que escribe.

DIFERENCIAS TEXTUALES

Código oral

Código escrito

Adecuación

Tendencia a marcar la procedencia dialectal del emisor. Uso mas frecuente de las variedades dialectales. Por ejemplo: jujeño, norteño, capitalino, interino.

Asociado a temas generales, bajo grado de formalidad y propósitos subjetivos

Tendencia a neutralizar las señales de procedencia del emisor. Uso más frecuente del estándar

Asociados a temas específicos, alto grado de formalidad y propósitos objetivos (usos públicos)

Coherencia

Selección menos rigurosa de la información: presencia de digresiones, cambios de tema, repeticiones, datos irrelevantes, etc.

Más redundante. (subir para arriba, bajar para abajo, entrar para adentro, salir para afuera, callate la boca, escucha con los oídos)

Estructura del texto abierta: hay interacción, el autor puede modificarla durante la emisión.

Estructuras poco estereotipadas: el emisor tiene mas libertad para elaborarla como desee.

Selección muy precisa de la información: el texto contiene exactamente la información relevante.

Menos redundante

Estructura cerrada: responde a un esquema previamente planificado por el autor.

Estructuras estereotipadas: con convenciones sociales, formulas y frases hechas, etc.

Cohesión

Menos gramatical: utiliza sobre todo pausas y entonaciones, y algunos elementos gramaticales.

Utiliza muchos recursos paralingüísticos: cambios de ritmo y velocidad, variación de tonos, etc.

Utiliza bastantes códigos no verbales: movimientos oculares y corporales, gestos, etc.

Alta frecuencia de referencias exofóricas (referidas al contexto, situación, etc.) yo, vos, acá, ahora, allasito, ahisito noma, etc.

Más gramatical: signos de puntuación, pronominalizaciones, sinónimos, enlaces (conjunciones, relativos, etc.)

Utiliza pocos recursos paralingüísticos: diversas tipografías (cursiva, negra, etc.) y otros códigos gráficos (corchetes, asteriscos, etc.)

Utiliza pocos códigos no verbales: distribución espacial del texto, otros signos visuales (esquemas, gráficos, etc.)

Alta frecuencia de referencias endofóricas (referidas al mismo texto): el, aquel, mío, algunos, etc.

Gramática: fonología y grafía

Incorpora las formas propias de los usos espontáneos y rápidos: contracciones, elisiones, sonidos de apoyo…

Casi no incorpora estas formas

Gramática: morfología

Prefiere soluciones poco formales: relativos simples (que), participios analógicos (comido, imprimido, cocido), perífrasis de futuro (voyir, vasir, ), etc.

También usa soluciones formales: relativo compuesto (el cual), participios latinos (electo, impreso), tiempo futuro (iré)

Gramática: sintaxis

Tendencia a usar estructuras sintácticas simples: oraciones simples y breves. (yo tengo guaguas, me hago la yuta, yo tei dicho, acá hace chui, ¿te has mandao una changa, ¿tene’ supi supi, ¿no?, pa’ la pacha, pásame el coso)

Alta frecuencia de anacolutos y frases inacabadas (quiero doce empanada’, ¿cuant´sale?, ‘ta polenta, ‘ta compa macho, andar patapila, ‘ta caima, vamo’ a juga’ a la chuti, vamo’ a carnavalea’, ¡eh, no sea salao!, ¿on ´ta?, se vemo’, ‘ta pal’anchi, te hacen resonar, no sia malo, ‘cuchame una cosa, ¿me entende’?,)

El orden de los elementos de la oración es muy variable.

Elipsis frecuentes.

Uso frecuente de estructuras mas complejas y desarrolladas: oraciones mas largas, con mas subordinadas relativas, oposiciones, con todo tipo de conjunciones, etc.

Ausencia casi absoluta de este tipo de estructuras

Orden más estable

Elipsis más frecuentes

Gramática: léxico

Refiere léxico no marcado formalmente: palabras propias como coquiar, chango, chinita, chola, coya, chutiar, churito, chaguanco, trancabalanca, patapila, acusi, guagua, machao, carrocero, pago, deprisa, etc.

Baja frecuencia de vocablos con significados específicos

Uso de proformas e hiperónimos con función de comodines: cosa, d’esto, vasir, ande, etc.

Uso de tics lingüísticos o palabras parasito: interjecciones o expresiones que se utilizan reiteradamente. (pue, che, vo’, chiuu, ¿no?, pucha, bolo, ñiaca, chuu, cuimba, velo velo, noma’, naa)

Uso de muletillas: palabras o expresiones usadas repetidamente que van acuñando el texto. (pue, cómo, ¿no?, che, no puese, ¿y eña?, que quilombo o sea, claro pue, velo al opa, ta´ loco , ¡eh, chinita!, ma’ vale, ¡eh, chango!, pue, che, bolo, ñiaca, chuu, cuimba, velo.)

Uso frecuente de onomatopeyas, frases hechas, refranes, etc. (chiuu, no puese, ¡ñorda!, meta meta, naa, refranes como A buen hambre no hay pan duro, cada carancho a su rancho, en casa de herrero, cuchillo de palo, a cada chancho le llega su San Martin, agua que no has de beber déjala correr, a cama mala, colchon de vino, )

Tendencia a usar léxico marcado formalmente: rápidamente, elementos

Frecuencia muy alta

Tendencia estilística a la eliminación de repeticiones léxicas mediante sinónimos

Tendencia a usar vocablos equivalentes y precisos

Ausencia de estos elementos (tics lingüísticos o palabras parasito)

Tendencia a eliminar las muletillas

Uso muy escaso de onomatopeyas, frases hechas, refranes, etc.

Estatus del escrito (Vigner)

En la concepción tradicional, el escrito constituye el modelo normativo que hay que aprender y seguir. Vigner dice que esta concepción se corresponde con la utopía de la existencia de un lenguaje universal y, también, con aquella época en la que escribir era sólo patrimonio de una minoría.

El escrito, en calidad de código segundo, se fundamenta en los planteamientos de la lingüística moderna, según los cuales lo oral es primordial y lo escrito se le subordina: «Lengua y escritura son dos sistemas de signos distintos: la única razón de la existencia del segundo es la de representar al primero».

La tercera concepción, lengua, considera que el oral y el escrito son dos códigos diferentes y autónomos que vehiculan la misma lengua. Está relacionada con el enfoque comunicativo del aprendizaje de lenguas, mediante el cual los alumnos aprenden a comunicarse efectivamente, oralmente y por escrito.

Vigner apoya esta última concepción porque sostiene que la producción y la comprensión del escrito no dependen del código oral. Afirma que el escrito fue concebido para almacenar información y no para grabar la palabra. Esta primitiva distinción de funciones entre ambos códigos todavía se mantiene: ciertos tipos de discursos, como por ejemplo el científico, son más propios del código escrito que del oral.

Scinto analiza la cuestión desde una óptica psicolingüística presentando tres modelos diferentes de relación oral-escrito.

En el modelo dependiente se considera lo oral como la manifestación primera y principal del lenguaje y lo escrito como su mera transcripción gráfica, sólo puede ser utilizada a través de la correspondencia con lo oral. Los principales argumentos que sostienen esta tesis son el filogenètico y el ontogenético. Scinto afirma que tanto el código oral como el escrito necesitan un determinado contexto cultural para desarrollarse y ser aprendidos y por lo tanto los dos son, al mismo nivel, capacidades comunicativas potenciales de la persona.

El modelo independiente sostiene que el código oral y el escrito son absolutamente independientes y que sólo son dos de las posibles manifestaciones con las que se puede expresar el lenguaje. Para Scinto se trata de un modelo lógico y posible, pero difícil de defender por varios motivos. Por un lado, la historia de la escritura demuestra que el código escrito no se ha desarrollado al margen del oral. Por otro lado, es obvio e indiscutible que el código oral y el escrito comparten características gramaticales y léxicas comunes.

El modelo equipolente postula que el código oral y el escrito tienen características estructurales comunes aun desarrollando funciones distintas y complementarias en la comunidad lingüística. Scinto defiende este modelo porque es el que mejor explica la relación oral-escrito desde todos los puntos de vista.

Tanto Vigner como Scinto defienden la autonomía del código escrito respecto al oral. El primero desde la óptica de la didáctica de la expresión escrita y el segundo desde el campo de la psicolingüística, sugieren que el escrito no necesita el lenguaje oral para expresar y comunicar ideas y que ambos códigos deben tratarse equilibrada e independientemente en el aprendizaje de la lengua.

Situaciones de escritura

Escrito para ser dicho como si no fuera escrito. Es la ejecución oral de un texto que se ha escrito, en el que es importante que el receptor no note que se ha escrito o que reconozca en el texto alguna de las características del lenguaje oral espontáneo. Son ejemplos de este caso los guiones de televisión o algunas obras de teatro. En este tipo de comunicación, el escritor, aunque escriba el texto, debe adecuarse a las características lingüísticas del código y utilizar recursos típicos de aquél: riquezas de entonaciones, inflexiones de la voz, frases inacabadas, tics, repeticiones, onomatopeyas, sintaxis simple (yuxtaposición y coordinación), etc.

Escrito para ser dicho. Es la ejecución oral de un texto que se ha escrito para ser dicho, en el que no importa que el receptor reconozca algún rasgo del código oral. Los discursos de los políticos, cuando no improvisan, pertenecen a este tipo de textos. Aquí el autor no renuncia a las características habituales del escrito, pero tiene que considerar la situación de comunicación. El autor utiliza algunos recursos especiales para asegurar su comprensión. El autor puede seguir la máxima clásica según la cual, en un discurso, primero se dice de qué se hablará, luego se habla de ello y, al final, se dice de qué se ha hablado.

Escrito no necesariamente para ser dicho. Es la ejecución oral de un texto que se ha escrito para ser leído. Por ejemplo, la lectura en voz alta de un diario íntimo o de una carta que todavía no ha sido enviada (texto propio del lector) o la lectura de una noticia periodística o de una carta que se ha recibido (texto no escrito por el lector. Podemos distinguir los textos para ser leídos como si fueran escuchados (por ejemplo, diálogos en una novela) o para ser leídos como si fueran pensados (el monólogo interior de un personaje en una novela o en un poema).

En relación con la situación opuesta, las comunicaciones de recepción escrita en las que el código oral participa como soporte inicial son más escasas que las anteriores. Entre las más habituales distinguiremos los dos siguientes grupos:

Dicho para ser leído como si fuera escrito. Son textos producidos oralmente que más tarde son transcritos y son leídos por el receptor como si se tratara de un escrito genuino. Un claro ejemplo lo constituyen las cartas dictadas en voz alta. El autor del texto lo dice oralmente y no lo escribe porque es más rápido. Hacer un borrador escrito sería una operación mucho más lenta.

Dicho para ser leído. Son textos que se emiten oralmente y se presentan al lector por escrito. Difieren de los anteriores en el hecho de que éstos pueden conservar las características orales originales. Son buenos ejemplos de este grupo las entrevistas, los discursos que se publican en periódicos y revistas. En conjunto, es una verdadera reproducción de la situación oral original. Como en el caso anterior, la rapidez y la economía son los motivos por los cuales se usa el código oral en estas comunicaciones escritas.

Conclusiones

Podemos concluir los siguientes puntos:

Los conocimientos del código escrito que posee un escritor se pueden clasificar en los siguientes grupos:

Adecuación: saber escoger la variedad (dialectal / estándar) y el registro (general / específico, formal / familiar, objetivo / subjetivo) apropiados para cada situación.

Coherencia: saber escoger la información relevante y saber estructurarla.

Cohesión: saber conectar las distintas frases que forman un texto (pronominalizaciones, puntuación, conjunciones, etc.).

Corrección gramatical: conocer las reglas fonéticas y ortográficas, morfosintácticas y léxicas de la lengua que permiten construir oraciones aceptables. Este grupo incluye el conocimiento de la correspondencia sonido/grafía.

Disposición en el espacio: saber cómo debe presentarse un escrito (convenciones, márgenes, cabeceras, etc.).

Los códigos oral y escrito presentan diferencias de tipo contextual y textual. Para dominarlos hay que conocer las características propias de cada uno de ellos, en cada uno de los aspectos anteriores.

El código escrito es independiente del oral. Ambas modalidades comparten características estructurales, pero desarrollan funciones distintas y complementarias.

En el mismo canal escrito podemos distinguir, entre otros matices, los escritos para ser leídos de los escritos para ser dichos. Cada uno de estos subcanales requiere la utilización de recursos lingüísticos y estrategias comunicativas propias.

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Apunte sobre Sin título, creado por Maria Villalba Rojas el 26/06/2020.
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