Apuntes
Practica
Contenido del apunte (1)
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2. Práctica reflexiva del docente
Dewey distinguió entre la acción
concebida como rutina y la acción que es reflexiva, y contrastó el pensamiento
crítico con los hábitos de pensamiento que no son sistemáticos, que carecen de
evidencia, que se apoyan en creencias o suposiciones erróneas o que inadvertidamente
se someten a la tradición y a la autoridad gubernamental.
Al principio de los años ochenta, la
noción de práctica reflexiva fue popularizada en los Estados Unidos, en primer
lugarpor el trabajo de Schön (1983, 1987), el cual criticó la prevaleciente representación
del docente como un técnico. Schön hizo frente a esta noción, sustituyéndola
por la conceptualización del docente como un individuo comprometido, responsable
y autónomo en la tomade decisiones, el cual aprende continuamente de sus experienciasy
reconstruye su propia experiencia a través de la constanteintroversión.
El término reflexión caracteriza una
forma de pensamiento queacepta la incertidumbre y reconoce los dilemas (e.g.,
Dewey, 1910,1933; Kelsey, 1993; King y Kitchener, 1994; Osterman y Kottkamp, 2004;
Sparks-Langer y Colton, 1991). En sus escritos, Dewey (1938) afirmaba que la
capacidad para reflexionar se inicia sólo después del reconocimiento de un
problema o dilema y la aceptación de incertidumbres. El desconcierto ocasionado
por el reconocimiento de que existe un problema, compromete al pensador
reflexivo aconvertirse en un indagador activo, involucrado tanto en la crítica de
conclusiones actuales como en la generación de nuevas hipótesis.
Otra característica del pensamiento
reflexivo es la evaluación continua de las suposiciones, creencias e hipótesis
educativas a laluz de la información existente y de otras interpretaciones
razonables relacionadas con la misma. Las decisiones resultantes permanecen abiertas
para una posterior comprobación y reformulación.
Teóricos del aprendizaje experiencial
como John Dewey y Jean
Piaget (citados por Osterman y Kottkamp,
2004) mantienen que elaprendizaje es más efectivo cuando comienza con una
experiencia, enparticular, las que son de tipo problemático. Schön (1983)
sugiere que aquellos dilemas que los practicantes de la reflexión enfrentan en
el mundo real, no conducen a decisiones claras. Por el contrario, enfrentar estos
dilemas requiere de improvisación, inventiva y experimentación; en otras
palabras, requiere entrar en un ciclo de indagación. Un problema, definido como
‘una discrepancia entre el presente y lo deseado, o una intención y el impacto
real’, estimula una investigación posterior, lo cual motiva al docente a buscar
una comprensión más profunda de la situación y la búsqueda de una mejor
solución.
Sin importar las distintas
denominaciones utilizadas, tales
como incertidumbre, discrepancia,
dilema, problema o conflicto,
cualquier tipo de experiencia incierta
constituye un estímulo valioso
tanto para el desarrollo cognoscitivo,
como para los cambios
de conducta. Si bien es cierto que la
experiencia es el punto de
partida para el aprendizaje, éste no
ocurre sin una reflexión sobre la
experiencia.
3. Definición de práctica reflexiva
A continuación, se presentan algunas
definiciones relacionadas
con la práctica reflexiva que se
ubican en la literatura de las dos
últimas décadas:
• Un diálogo de pensamiento y acción a
través del cual
adquirimos más destrezas (Schön,
1987).
• Un proceso que ayuda a los docentes
a pensar en lo sucedido,
por qué sucedió cierto evento y qué
más pudo haberse hecho para
alcanzar ciertas metas (Cruickshank y
Applegate, 1981).
• Una forma de abordar la
investigación que involucra un
compromiso personal orientado hacia el
aprendizaje y mejoramiento
continuo (York-Barr, Somniers, Oliere
y Montie, 2001).
• La práctica de analizar acciones,
decisiones o productos
enfocándose en el proceso (Killion y
Todnem, 1991).
• Una orientación crítica y
cuestionadora y un profundo
compromiso hacia el descubrimiento y
análisis de la información
relacionada con la calidad de la
acción delineada de un profesional
(Bright, 1996).
• La disposición para aceptar
responsabilidades en la práctica
profesional (Ross, 1990).
• Un proceso sistemático y comprensivo
de recolección de
información enriquecido por el diálogo
y el esfuerzo colaborativo
(Osterman y Kottkamp, 2004).
• El uso de niveles de pensamiento de
orden superior, tales
como la exploración crítica y la
metacognición, las cuales nos
permiten ver más allá de
comportamientos y hechos aislados y
percibir un contexto más amplio para
lograr una comprensión de
esos comportamientos y hechos (Hatton
y Smith, 1995).
• La capacidad para pensar de manera
creativa, imaginativa y,
eventualmente, autocrítica acerca de
la práctica pedagógica (Lasley, 1992).
• Un proceso continuo de examen y
refinación de la práctica
docente, centrada de manera variable
en los contextos personales,
pedagógicos, curriculares,
intelectuales, sociales y/o éticos asociados
con el trabajo profesional (Cole y
Knowles, 2000).
Como puede deducirse de estas
definiciones, la ‘reflexión’
implica algo mucho más profundo que el
pensar en cómo mantener a
los estudiantes concentrados en una
tarea determinada. Antes por el
contrario, implica el conocimiento y
manejo de todo un repertorio de
conocimientos, actitudes,
comportamientos y destrezas en el manejo del
salón de clases, los distintos diseños
de instrucción, el establecimiento
de estrategias e instrumentos de
evaluación y la interacción
entre los estudiantes, los colegas y
los padres y representantes.
4. Atributos y actitudes de los
docentes que practican la
reflexión
Para que los docentes puedan
convertirse en practicantes de
la reflexión, deben poseer ciertas
cualidades o atributos y asumir
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actitudes que los diferencian
marcadamente de los que no la
practican.
4.1. Los practicantes de la reflexión
asumen una posición de
búsqueda constante de información
La búsqueda constituye una exploración
activa para lograr
comprender la realidad de nuestro
entorno. En esta constante
indagación, pasamos de la
incertidumbre a la curiosidad, y de la
defensa de nuestras perspectivas hacia
la exploración de otras. La
práctica docente es de naturaleza
dinámica y está siempre abierta
a posterior investigación. La búsqueda
constante de información
ayuda a los docentes a construir su
propio significado y a convertirse
en compañeros que ayudan a otros a
hacer lo mismo.
4.2. Tres actitudes esenciales de los
practicantes de la reflexión
Las tres actitudes esenciales o
disposiciones mentales descritas
originalmente por Dewey (1933, 1938)
son consideradas aún como
la base de la práctica reflexiva. Estas
actitudes son las siguientes:
amplitud mental, responsabilidad y
entusiasmo.
La amplitud mental es la disposición
para considerar nuevas
evidencias a medida que ocurren, y
admitir la posibilidad de
errar. Además, implica estar abiertos
a otros puntos de vista, en el
entendimiento de que existen muchas
formas de percibir una situación
o evento particular y permanecer
abiertos ante la posibilidad de
cambiar nuestra propia perspectiva.
Parte de esta capacidad también
se refleja en la necesidad de evitar
la imposición de una postura
particular o en el deseo de siempre
tener la razón. Implica escuchar
diferentes puntos de vista como formas
válidas de pensamiento y no
como amenazas. Zeichner y Liston
(1996) concibieron la apertura
mental como “el deseo activo de
escuchar más de una perspectiva,
prestar una completa atención a
posibilidades alternas y reconocer
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la posibilidad de errar aun en el caso
de nuestras más profundas
creencias” (p. 28). Para lograr este
objetivo, es necesario desarrollar
la capacidad para la auto-crítica. Los
docentes que no son capaces de
reconocer sus errores tienden a culpar
a sus estudiantes por cualquier
problema que surge durante cualquiera
de las fases del proceso
educativo. Por ejemplo, en el caso de
que el 90% de una clase
reprobara un examen, los docentes que
manifiestan una amplitud
mental pueden considerar la
posibilidad de que el material didáctico
o de que el método o el enfoque de
enseñanza hayan fallado, en lugar
de acusar a sus estudiantes de no
haber estudiado. De igual forma,
buscan continuamente nueva información
que se opone a las creencias
que sobre la enseñanza se tienen como
ciertas, permitiéndoles, de
esta forma, visualizar una mayor
variedad de soluciones potenciales
y aumentar las probabilidades de que
los dilemas sean resueltos.
La segunda disposición mental a la que
hizo referencia
Dewey (1933, 1938) para la práctica
reflexiva, es la responsabilidad,
la cual se refiere al manejo cuidadoso
de nuestros propios actos,
especialmente aquellos que afectan a
nuestros estudiantes. Para
Dewey el pensamiento reflexivo conduce
a la acción responsable, la
cual se refleja en la habilidad que
muestra el docente para examinar
la toma de decisiones (acerca del
currículo, de la instrucción, de
la evaluación, de la organización y de
la gerencia de la educación)
desde un marco filosófico coherente
acerca de la enseñanza y del
aprendizaje. La responsabilidad
implica, además, la capacidad
para reconocer que lo que decidamos
hacer tendrá un impacto en
la vida de nuestros estudiantes de una
forma prevista o imprevista.
Involucra, además, las diferentes
formas positivas y negativas con
las que nuestras acciones pueden
influir en otros, sin importar cuáles
sean los resultados.
En cuanto al entusiasmo, la tercera de
las disposiciones
mentales descritas por Dewey, se
piensa que cuando las personas
están verdaderamente interesadas en
una causa, se dedican
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arduamente a la misma con una
disposición positiva. Los docentes
que asumen una actitud de entusiasmo
abordan todas las situaciones
con la convicción de que pueden aprender
algo nuevo. La necesidad
de saber es la fuerza que impulsa su
aprendizaje. Farell (2004)
caracterizó esta cualidad como “un
compromiso para aprovechar
cada oportunidad para aprender” (p.
46).
4.3. Tres prácticas esenciales para
convertirse en un practicante
de la reflexión
Aun cuando no es posible prescribir un
procedimiento paso a
paso, existen acciones y prácticas
fundamentales para desarrollarse
como un practicante de la reflexión.
Las siguientes tres prácticas
son elementales: (1) Autorreflexión,
(2) Investigación continua y
(3) Resolución constante de problemas.
La primera deja abierta
la posibilidad para la reflexión,
mientras que las otras permiten
la posibilidad de desarrollar una
práctica pedagógica que acepta
los dilemas, reconoce las limitaciones
contextuales y considera
múltiples explicaciones posibles para
diferentes eventos y
circunstancias.
4.4. La reflexión como práctica
sistemática
Dedicar algo de tiempo para considerar
cuidadosamente
nuestras acciones y el cuestionamiento
crítico acerca del impacto
de nuestro propio comportamiento, nos
mantiene, como docentes,
alertas acerca de las consecuencias de
nuestras acciones sobre los
estudiantes. Resulta vital
involucrarse en una constante reflexión
sistemática, lo cual puede lograrse al
convertirla parte de nuestra
práctica diaria. Mantener un diario
representa un vehículo para
asegurarnos el tiempo que se dedicará
a la reflexión diaria y un
instrumento para registrar los
inevitables dilemas implícitos en las
decisiones diarias que afectan a
nuestros estudiantes. Cualquier
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esfuerzo orientado hacia la práctica
reflexiva involucra la negociación
de cualquier sentimiento de
frustración e inseguridad, y contribuye
a que los docentes acepten que estos
sentimientos constituyen una
parte natural del proceso de
enseñanza-aprendizaje.
4.5. La indagación continua
Esta práctica implica el
cuestionamiento constante acerca
del estado actual de lo que ocurre a
nuestro alrededor y la sabiduría
convencional a partir de la búsqueda
de nuestra propia verdad.
Convertirse en un examinador de la
verdad sin temores, significa
explorar nuestras creencias relativas
tanto al aula de clases como a
las prácticas escolares.
4.6. Resolución continua de problemas
Los que constantemente solucionan
problemas nunca se
muestran satisfechos con que tengan
todas las respuestas y están
en constante búsqueda de información.
Los problemas representan
oportunidades para buscar mejores
soluciones, construir relaciones
y enseñar a los estudiantes nuevas
estrategias de ajuste de
comportamiento dentro y fuera del
ámbito escolar. Su modo de acción
es la resolución de problemas, no el
forzar patrones de operación preestablecidos.
El ámbito del salón de clases sirve
como un laboratorio
para propósitos de experimentación.
Una práctica o procedimiento
nunca es permanente. Nuevos
razonamientos, comprensiones y
perspectivas pueden servir para
reevaluar decisiones previas en
cualquier momento de la práctica
docente.
5. Niveles de reflexión
Lo mismo que en el caso de otros
términos populares, la
reflexión puede tener una variada gama
de significados, dependiendo
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de la forma en la que se le utilice en
el campo del desarrollo profesional
del docente. La literatura describe
numerosas fases, niveles, etapas,
tipos o dimensiones de la reflexión.
Estas descripciones van desde la
simple consideración de un aspecto
sencillo de una lección hasta la
consideración de las implicaciones
éticas, sociales y políticas de la
práctica pedagógica. Las diversas
definiciones que han evolucionado
por varias décadas reflejan comúnmente
tres (3) niveles (Day, 1993,
Farell, 2004, Handal y Lauvas, 1987,
Jay y Jonson, 2002, Larrivee,
2004, Van Manen, 1977). En todas estas
descripciones de los niveles
de reflexión, la relacionada con la
‘crítica’ representa el nivel máximo
o fin inmediato. Los tres (3) niveles
son los siguientes:
• Un nivel inicial centrado en las
funciones, acciones o
habilidades docentes, en el que
generalmente se consideran los
episodios de enseñanza como eventos
aislados.
• Un nivel más avanzado que considera
la teoría y los
principios educativos de la práctica
actual.
• Un nivel superior en el cual los
docentes examinan las
consecuencias éticas, sociales y
políticas de su enseñanza a la luz de
los fines y propósitos de la escuela.
A pesar de las distintas discusiones
presentadas en torno a
los diversos tipos y grados de
reflexión, no existe en la actualidad
ninguna terminología aceptada de
manera general para definir los
varios niveles en el desarrollo de la
práctica reflexiva. Un punto
de discusión es si los docentes
deberían reflexionar acerca de los
comportamientos y eventos dentro de
los confines del salón de clases,
o si ellos deberían incluir la
influencia de los contextos sociales y
políticos de la comunidad educativa y
de la comunidad en general.
El marco conceptual presentado aquí en
torno a los tipos y
grados de reflexión se asemeja al
enfoque anteriormente descrito en
cuanto a su naturaleza integral y
multifactorial; es decir, representa una
secuencia de niveles múltiples que
adoptan la terminología de reflexión
superficial, reflexión pedagógica,
reflexión crítica y auto-reflexión.
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5.1. Reflexión superficial
En el primer nivel, las reflexiones de
los docentes se centran
en las estrategias y en los métodos de
enseñanza utilizados para
alcanzar objetivos educativos
predeterminados. Los docentes
se preocupan más por lo que funciona
en el salón de clases para
mantener a los estudiantes tranquilos
y conservar el orden que por
cualquier consideración en cuanto al
valor que tienen tales objetivos
y fines en sí mismos. A este nivel, se
ha utilizado el término
‘técnico’ de manera más amplia (Van
Mannen, 1977). También se le
ha señalado como ‘descriptivo’ (Jay y
Jonson, 2002). Aunque este
nivel de reflexión es aún bajo, los
autores de este artículo prefieren
emplear la frase ‘reflexión
superficial’ para reflejar un alcance más
amplio de esta categoría.
Entre las preguntas típicas que el
docente hace a nivel de la
reflexión superficial están las
siguientes: ¿Pasé mucho tiempo hoy
en las actividades de grupo? ¿Cómo
puedo hacer para mantener a los
estudiantes enfocados en las
actividades? ¿Cómo puedo lograr que
los estudiantes presten mayor
atención?
5.2. Reflexión pedagógica
En el siguiente nivel, los docentes
reflexionan acerca de los
objetivos educacionales, las teorías
que subyacen a los diferentes
enfoques de enseñanza y las conexiones
que existen entre los
principios teóricos y la práctica.
Probablemente, éste es el nivel
que tiene menor consenso en la
literatura en lo concerniente a
su composición y designación. El mismo
ha sido denominado
de manera variada como: práctico,
comparativo, conceptual,
contextual, teórico e intencional.
Para efectos de este trabajo, se
prefiere utilizar el término
‘pedagógico’ por ser éste un término
más inclusivo y fusionar el resto de
los otros conceptos para
denotar un nivel superior de reflexión
basado en la aplicación
del conocimiento, de la teoría y/o de
la investigación docente.
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Los docentes involucrados en la
reflexión pedagógica buscan
comprender la base teórica de la práctica
en el aula para promover
una consistencia entre la ‘teoría que
apoyan’ (lo que ellos afirman
que hacen y creen) y la ‘teoría en
uso’ (lo que realmente hacen en el
aula de clases). Los docentes que
reflexionan a este nivel, pueden
determinar cuándo existe discrepancia
entre lo que pregonan y lo
que practican (por ejemplo, el verse a
sí mismos como humanistas
y sin embargo repudiar a los
estudiantes cuando éstos persisten en
desobedecer las normas).
Entre las preguntas que el docente se
hace a nivel de la
reflexión pedagógica están las
siguientes: ¿Cómo puedo mejorar al
aprendizaje de mis estudiantes? ¿Sobre
qué teoría puedo apoyarme
para ofrecerles a mis estudiantes una
mejor explicación acerca de las
tareas basadas en un aprendizaje
colaborativo? ¿Estoy yo ofreciendo
a mis estudiantes oportunidades para
desarrollar destrezas en la toma
de decisiones? ¿Qué más puedo hacer
para ayudar a los estudiantes
a hacer conexiones con su conocimiento
previo? ¿Existe una mejor
forma de lograr los objetivos que me
he planteado?
5.3. Reflexión crítica
En este nivel, los docentes
reflexionan en relación con las
implicaciones éticas y morales y
acerca de las consecuencias de las
prácticas educativas sobre los
estudiantes. Estos docentes extienden
sus consideraciones hasta problemas
más allá del salón de clases para
incluir ideales democráticos. Al
reconocer que las prácticas del salón
de clases y de la escuela no pueden
separarse de las realidades políticas
y sociales en un contexto determinado,
los docentes reflexivos se
esfuerzan de manera crítica por estar
completamente conscientes
del conjunto de consecuencias
derivadas de sus acciones. Pocos
docentes pasan un día sin enfrentar
dilemas de tipo ético. Inclusive
la evaluación rutinaria del trabajo de
los estudiantes implica, de
cierta forma, una decisión ética ya
que la falta de oportunidad de
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aprender, así como el impacto sobre el
concepto de sí mismo son
consideraciones que siempre están
presentes. Aunque dentro de la
gama de descripciones de la práctica
reflexiva algunos incorporan
una postura crítica, muchos no lo
hacen. Típicamente, la reflexión
crítica es considerada como un nivel
superior de reflexión que añade
las siguientes dimensiones:
• El cuestionamiento de creencias
implícitas, subjetividades y
valores que el docente trae a la labor
educativa.
• Una atención consciente acerca de
las implicaciones éticas
y consecuencias de ciertas prácticas
en relación con los estudiantes
y su aprendizaje.
• Una exploración acerca de la forma
cómo las prácticas
instruccionales y otras relacionadas
con el salón de clases contribuyen
a la equidad social y al
establecimiento de una sociedad justa.
• El desarrollo de una mayor
conciencia que vaya más allá
de las circunstancias instruccionales
inmediatas y que incluya una
consideración por las instituciones
democráticas y la promoción de
acciones que tengan un impacto social.
La frase ‘reflexión crítica’ es la que
tiene mayor consenso en
la literatura como un nivel que
examina las consecuencias políticas,
sociales y éticas de nuestra
enseñanza. Algunas definiciones de la
reflexión crítica incluyen el campo de
la auto-reflexión, también
diferenciada en la literatura como de
‘meditación’. Algunos dejan de
reconocer esta categoría, mientras que
otros la consideran incluida
en la categoría de la reflexión
crítica.
Algunas de las preguntas típicas que
el docente se plantea
a nivel de la reflexión crítica son
las siguientes: ¿Tienen todos los
estudiantes de mi clase oportunidades
continuas para ser exitosos?
¿Quién está siendo incluido y quién
excluido en esta práctica de la
clase? ¿Cómo podría afectar las
oportunidades individuales de éxito
de mis estudiantes en la forma en la
que los agrupo en las actividades
de aula? ¿Promueve esta práctica de la
clase la equidad? ¿Existen
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ciertas prácticas dentro de la clase
que de alguna forma favorezcan a
grupos particulares de estudiantes
(por ejemplo, estudiantes del sexo
masculino y del sexo femenino)?
5.4. Auto-reflexión
Los modelos conceptuales que teorizan
acerca de tres niveles,
generalmente separan el concepto de la
auto-reflexión como una
entidad separada. York-Barr, Somniers,
Oliere y Montie (2001);
Hatton y Smith (1995) y Valli (1997)
se refieren a esta forma de
reflexión como ‘dialógica’, ‘personalística’
y ‘de reflexión hacia
adentro’ (interna) respectivamente,
resaltando la dimensión del
diálogo consigo mismo. Sin embargo, la
conceptualización de
auto-reflexión como se presenta aquí
es un concepto más general
pues se centra en el análisis de cómo
nuestras creencias y valores,
expectativas y presunciones, formación
familiar y condicionamiento
cultural impactan a los estudiantes y
su aprendizaje (Larrivee, 2005).
Se trata de un proceso de búsqueda y
descubrimiento constante que
revela la relación propia con la
situación, que va de lo personal a
lo profesional. Partiendo de la
premisa de que la comprensión del
‘yo’ es una condición indispensable
para comprender a los demás,
la auto-reflexión garantiza una
distinción por sí misma, e incluye un
profundo análisis de valores y
creencias, contenidos en los supuestos
y expectativas que el docente tiene
acerca de sus estudiantes.
El comportamiento del docente es
promovido por sus creencias
acerca de la capacidad y la
disposición que tienen los estudiantes
por aprender, por sus creencias acerca
del comportamiento de los
estudiantes, especialmente de aquéllos
que poseen una raíz étnica
y social diferente y por las
expectativas formuladas sobre la base
del propio sistema de valores del
docente. Las creencias son
convicciones que sostenemos con
vehemencia, teniendo confianza
en su veracidad, aunque reconociendo
que no son susceptibles de
comprobarse. Son ideas permanentes
acerca de lo que es ‘real’.
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Las creencias proporcionan el cristal
a través del cual visualizamos
el mundo. Nuestras creencias moldean
nuestra identidad; así,
desprenderse de una profunda creencia
mueve nuestra propia
existencia. Las creencias de un
docente pueden ser reafirmantes o
frustrantes, expansivas o limitantes.
Los valores son perspectivas
profundamente arraigadas de lo que
creemos que es valioso. Las
mismas gobiernan la forma como nos
comportamos diariamente y
definen las líneas que debemos cruzar
o no. Los valores son nuestros
ideales; por lo tanto, son subjetivos
y despiertan una respuesta
emocional. En el proceso de enseñanza,
los valores están a menudo
en conflicto, obligando al docente a
sopesarlos entre sí a la luz de los
hechos disponibles. Por ejemplo, un
docente puede valorar el hecho
de ser consistente y simultáneamente
valorar el dar a los estudiantes
un trato justo. Por otro lado, existen
ocasiones en las que ser justo es
ser inconsistente.
A medida que los docentes desarrollan
la capacidad de ser
auto-reflexivos, se hacen más y más
conscientes de cómo son
participantes interactivos de los
encuentros constantes en el aula de
clases, en lugar de inocentes
observadores o víctimas. Al desarrollar
la práctica de la auto-reflexión, los
docentes aprenden a:
(1) Desacelerar su proceso de
pensamiento y razonamiento
para hacerse más conscientes de la
forma como perciben a los
estudiantes y cómo reaccionan ante
ellos.
(2) Sacar a relucir algunas de las
formas inconscientes de
responder ante los estudiantes.
Algunas de las preguntas típicas que
el docente se hace a nivel
de la auto-reflexión son: ¿En qué
formas podría yo estar modelando
y promoviendo la falta de respeto en
el aula de clase o fuera de ella?
¿Qué evita que construya una relación
con Pedro, por ejemplo?
¿Existen cosas que esté haciendo que
inhiben la auto-gestión del
estudiante? ¿Por qué soy tan
intolerante ante el comportamiento
inapropiado de Luisa, por ejemplo?
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Para que los docentes continúen
desarrollando su trabajo
profesional, necesitan entender las
constantes experiencias formativas,
así como las influencias que han
moldeado y que continúan moldeando
sus perspectivas y prácticas. Cole y
Knowles (2000) distinguen entre
la búsqueda contemplativa (de
meditación) y la reflexiva, al describir
esta última como equivalente a la
auto-reflexión como se le define
aquí. Como una base fundamental de la
indagación contemplativa,
está la noción de que las creencias,
detrás de toda práctica, están
sujetas a cuestionamiento. La búsqueda
reflexiva, por otra parte, es
una investigación contemplativa
situada dentro del contexto de las
historias personales con el propósito
de hacer conexiones entre las
vidas profesionales y las carreras
profesionales y para comprender la
influencia personal sobre la práctica
profesional.
6. La dirección de la reflexión
Mientras que inicialmente Schön (1983)
hizo la distinción
entre ‘reflexión en acción’ y
‘reflexión sobre la acción’, Killion y
Todnem (1991) añadieron el concepto de
‘reflexión para la acción’,
sugiriendo un intento deliberado de
cambiar. York-Barr, Somniers,
Oliere y Montie (2001) utilizaron la
frase ‘dirección de la reflexión’
y añadieron el concepto de ‘reflexión
hacia adentro’, detallando
cuatro (4) direcciones diferentes que
pueden orientar la reflexión.
Uno puede reflexionar en el presente,
en el pasado, hacia el futuro
(para la acción) o reflexionar hacia
adentro como se describe más
adelante.
La reflexión en acción implica
observar el pensamiento y la
acción mientras ocurren con el
propósito de hacer ajustes inmediatos
a medida que los hechos dentro del
salón de clases se originan. Aquí
ocurre una reevaluación sobre la marcha.
La nueva información se
conecta con lo que ya se tiene,
conocimiento previo, permitiéndole
al docente adaptarse a la situación
que surge en el momento. A
menudo, es difícil reflexionar al
mismo tiempo que ocurren los
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hechos, pero cuando esto es posible,
representa un tipo de reflexión
muy poderosa. Una conciencia aguda de
lo que ocurre en el presente
le permite al docente hacer ajustes a
la par que se desarrolla el proceso
de enseñanza. Esto requiere un alto
nivel de concienciación. Con
este tipo de reflexión, por ejemplo,
el docente puede percibir que
el nivel de trabajo disminuye y hará
algo novedoso para recapturar
la atención de los estudiantes. Como
lo señala Schön (1983), esta
forma de reflexión es, a menudo,
tácita.
La reflexión sobre la acción es de
naturaleza retrospectiva y se
utiliza para aprender de la
experiencia o el quehacer con el propósito
de impactar la gestión futura. A
menudo, la reflexión que se realiza
durante o simultáneamente con las
acciones, resulta difícil en virtud
de las múltiples demandas que el
docente debe sortear en el aula
de clases. Por ejemplo, focalizar la
atención cuando se ejecuta una
tarea puede afectar la forma en la que
el docente interactúa con los
estudiantes. Por lo tanto, el
reflexionar requiere frecuentemente de
una perspectiva de meta-posición, es
decir, retrotraerse después que
la acción ha ocurrido. Van Manen
(1991) se refirió a esta idea como
un ejercicio de recuerdo, resaltando
que la misma promueve una
meditación más profunda acerca de las
experiencias pasadas. Meditar
después de ser removido de un
acontecimiento es probablemente la
forma de reflexión más frecuentemente
utilizada dado que puede ser
demasiado difícil hacerlo mientras se
está involucrado en el proceso
de enseñanza con tantos aspectos que
demandan de la atención
simultánea por parte del docente.
El meditar para la acción implica
analizar la conducta con el
propósito de iniciar algún tipo de
cambio. Lo que diferencia este tipo
de reflexión es que es pro-activa en
naturaleza. Killion y Todnem
(1991) sostienen que es el resultado
deseado tanto de la reflexión
en la acción como sobre la acción.
Estos autores establecen que la
reflexión no se realiza tanto con el
propósito de revisar el pasado o
para hacernos conscientes de nuestros
procesos metacognoscitivos,
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Villalobos, José y
Cabrera de, Carmen M. Los docentes y su necesidad de ejercer una práctica...
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sino para guiar la gestión futura.
Farell (2004) señala que los
docentes pueden utilizar este tipo de
reflexión no solamente para
prepararse para el futuro, utilizando
el conocimiento de lo que
sucedió durante la clase y lo que
meditaron después de la clase,
sino además como un medio para
detectar inconsistencias entre las
creencias y la práctica. Los docentes
utilizan este tipo de reflexión
cuando llegan a reconocer que
necesitan cambiar algo, tal como el
trato con un estudiante o la
estructura de una tarea para ampliar la
participación de los estudiantes. Aquí
el docente toma en cuenta
acciones específicas de los
estudiantes, el ambiente de aprendizaje,
o comunidad escolar que sean proclives
de producir resultados más
deseables. El estudio sistemático
sobre las prácticas en el aula de
clases por medio de la
investigación-acción también entra dentro de
esta categoría de reflexión para la
acción. Al utilizar la reflexión para
el trabajo, los docentes son capaces
de obviar su insatisfacción con lo
que está ocurriendo ahora para
concentrarse en cerrar la discrepancia
entre la realidad presente y lo que a
ellos les gustaría ver.
Conclusiones
Los docentes que se desarrollan como
practicantes de la
reflexión cuestionan de forma continua
las creencias que mueven
su actual comportamiento. Sin embargo,
el canal para cambiar
las creencias no es directo; se logra
a través del examen crítico
de las creencias, de las
interpretaciones y de las expectativas. El
cuestionamiento de las creencias, el
señalamiento de problemas y la
confrontación de creencias limitadas
es una experiencia emocional.
Examinar la eficacia, el valor y la
riqueza de las prácticas del salón
de clases crea necesariamente tensión.
El promover la tensión, la
incertidumbre y la disonancia
contribuye a descubrir las múltiples
dimensiones de los dilemas y,
consecuentemente, revelan un mayor
rango de opciones. Reflexionar sobre
la práctica pedagógica puede
resultar a veces desalentador y
frustrante, al mismo tiempo que
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Cabrera de, Carmen M. Los docentes y su necesidad de ejercer una práctica...
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fortalecedor y regocijante. Del
conflicto y de la molestia pueden
surgir aprendizaje y conocimiento.
Para desarrollar los hábitos mentales
necesarios para
convertirse en practicantes de la
reflexión, los docentes no graduados
y los noveles a menudo requieren que
se les estimule de manera
explícita a pensar, a responder y a
actuar de forma novedosa. Esta
cualidad aumenta cuando se proporciona
monitoreo o dirección,
lo cual les permite a los docentes
recurrir al ámbito de sus propias
experiencias y construir significados
propios para informar su
práctica en desarrollo. La reflexión,
especialmente la crítica y la autoreflexión,
son constructos complejos que
requieren de la mediación
construida de manera estratégica.
La mayor parte de la información
encontrada en la literatura
insiste en ir más allá del nivel
superficial de la reflexión para abarcar
la introversión pedagógica y la
reflexión crítica. De acuerdo con la
investigación desarrollada por Hatton
y Smith (1995) con docentes,
la progresión del docente a través de
varios niveles de meditación
parece ser evolutiva en el sentido de
que el nivel técnico representa
un punto de partida útil para resolver
las preocupaciones que siempre
se originan en los procesos de
enseñanza y de aprendizaje.
Otros investigadores han identificado
procesos que pueden
ayudar a los docentes no graduados y
noveles a moverse a lo largo
del continuum de la reflexión. La
posición generalmente aceptada es
la de que estos docentes pueden ser
ayudados a lograr una capacidad
mayor por medio de una orientación
construida de manera cuidadosa
(e.g.,
Putorak, 1993, 1996; Rudney y Guillaume, 1990; Wildman y
Niles,
1987; Yost, Sentner y Forlanza-Bailey, 2000). Collier (1999)
observó que el establecimiento de
actividades de auto-monitoreo
y de auto-reflexión desde el principio
puede promover la clase
de autoconciencia que permita a los
docentes no graduados ‘oír y
escuchar sus propias voces’. El
centrarse en lo que ya saben y creen
acerca de los procesos de enseñanza y
de aprendizaje ha probado
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ser un punto de partida muy útil
(Widden, Meyer-Smith y Moon,
1998).
Algunas estructuras mediadas y otros
vehículos que han
resultado ser útiles en la promoción
de la reflexión incluyen: la escritura de diarios, las narrativas del docente,
la autobiografía, la metáfora, los incidentes críticos, los grupos de apoyo,
los amigos críticos y la investigación-acción. Mezclando estas estructuras de tareas
en una forma creativa y utilizándolas de forma individual, colaborativa y con
apropiado monitoreo, se puede obtener un potencial más grande para promover la
introversión de orden superior.
Un propósito fundamental de la práctica
reflexiva es detectar la presencia de suposiciones y parcialidades de la
información a la que uno quiere acceder. La evaluación crítica por parte de los
compañeros y colegas puede ayudar a los docentes novatos a reconocer cuando
ellos desvalorizan cierta información o utilizan un razonamiento
auto-confirmado, al analizar evidencias con la predisposición de confirmar una
teoría en lugar de considerar teorías alternas que pueden ser igualmente
meritorias.
La práctica reflexiva implica el
cuestionamiento de metas, valores y creencias que orientan su trabajo, e implica
el uso de preguntas críticas acerca de los medios, fines y contextos de los
procesos de enseñanza y de aprendizaje. El uso de tal cuestionamiento puede
ocurrir de forma más positiva dentro de una comunidad de aprendizaje solidaria,
tal como la que proporcionan los grupos de apoyo o los amigos críticos. Este
apoyo puede contribuir a evitar que los docentes sean atrapados por hábitos destructivos
para enfrentar la presión que ejerce la enseñanza y proporciona un amortiguador
en contra de los obstáculos que se presentan en la ruta para llegar a ser un
practicante de la reflexión
(Brookfield, 1995). Idealmente, un
grupo de apoyo o un colega crítico proporciona un puerto seguro para ser
vulnerable, admitir errores y solicitar ayuda. Su función no es solamente
sentir empatía ante los problemas de otros, sino además señalar incongruencias
en la práctica e inconsistencias teóricas.
Es importante construir un sistema de
apoyo que proporcione serenidad y humanidad, así como también comprensión,
dirección y, cuando sea necesario, redirección. Los problemas recurrentes
pueden deteriorar las propias percepciones acerca de la habilidad para
encontrar repuestas adecuadas a los problemas que invaden a los docentes diariamente,
los cuales conducen a una constante preocupación acerca de los aspectos
negativos en los procesos de enseñanza y de aprendizaje.
El apoyo colaborativo de los
compañeros es un vehículo para suplantar
con
coraje estas actitudes y auto-valoraciones negativas.
Información
- Descripción
- Apunte sobre Practica, creado por Pamela Bonarrico el 12/06/2015.
- Creado por
- Pamela Bonarrico
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