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Apuntes

Diálogos

María Paula León Bravo Lengua y literatura Décimo Inglés 1 página

Contenido del apunte (1)

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BENVOLIO: ¡Romeo! ¡Primo Romeo! ¡Romeo!

MERCUCIO: Este es muy listo, y seguro que se ha ido a dormir. BENVOLIO: Vino corriendo por aquí y saltó la tapia de este huerto. Llámale, Mercucio.

MERCUCIO: Haré una invocación. ¡Antojos! ¡Locuelo! ¡Delirios! ¡Prendado! Aparece en forma de suspiro. Di un verso y me quedo satisfecho. Exclama «¡Ay de mí!», rima ««amor» con «flor», di una bella palabra a la comadre Venus y ponle un mote al ciego de su hijo, Cupido el golfillo, cuyo dardo certero hizo al rey Cofetua amar a la mendiga. Ni oye, ni bulle, ni se mueve: el mono se ha muerto; haré un conjuro. Conjúrate por los ojos claros de tu Rosalina, por su alta frente y su labio carmesí, su lindo pie, firme pierna, trémulo muslo y todas las comarcas adyacentes, que ante nosotros aparezcas en persona.

BENVOLIO: Como te oiga, se enfadará. MERCUCIO: Imposible. Se enfadaría si yo hiciese penetrar un espíritu extraño en el cerco de su amada, dejándolo erecto hasta que se escurriese y esfumase. Eso sí le irritaría. Mi invocación es noble y decente: en nombre de su amada yo solo le conjuro que aparezca.

BENVOLIO: Ven, que se ha escondido entre estos árboles, en alianza con la noche melancólica. Ciego es su amor, y lo oscuro, su lugar. MERCUCIO: Si el amor es ciego, no puede atinar. Romeo está sentado al pie de una higuera desean[1]do que su amada fuese el fruto que las mozas, entre risas, llaman higo. ¡Ah, Romeo, si ella fuese, ah, ¡si fuese un higo abierto y tú una pera! Romeo, buenas noches. Me voy a mi camita, que dormir al raso me da frío. Ven, ¿nos vamos?

BENVOLIO: Sí, pues es inútil buscar a quien no quiere ser hallado

ROMEO: Te tomo la palabra. Llámame «amor» y volveré a bautizarme: desde hoy nunca más seré Romeo.

JULIETA: ¿Quién eres tú, que te ocultas en la noche e irrumpes en mis pensamientos? ROMEO: Con un nombre no sé decirte quién soy. Mi nombre, santa mía, me es odioso porque es tu enemigo. Si estuviera escrito, rompería el papel.

JULIETA: Mis oídos apenas han sorbido cien palabras. De tu boca y ya te conozco por la voz. ¿No eres Romeo, y además Montesco?

ROMEO: No, bella mía, si uno a otro te disgusta.

JULIETA: Dime, ¿cómo has llegado hasta aquí y por qué? Las tapias de este huerto son muy altas y, siendo quién eres, el lugar será tu muerte si alguno de los míos te descubre.

ROMEO: Con las alas del amor salté la tapia, pues para el amor no hay barrera de piedra, y, como el amor lo que puede siempre intenta, los tuyos nada pueden contra mí. JULIETA: Si te ven, te matarán.

ROMEO: ¡Ah! Más peligro hay en tus ojos que en veinte espadas suyas. Mírame con dulzura y quedo a salvo de su hostilidad. JULIETA: Por nada del mundo quisiera que te viesen.

ROMEO: Me oculta el manto de la noche y, si no me quieres, que me encuentren: mejor que mi vida acabe por su odio que ver cómo se arrastra sin tu amor.

JULIETA: ¿Quién te dijo dónde podías encontrarme?

JULIETA: La noche me oculta con su velo; si no, el rubor teñiría mis mejillas por lo que antes me has oído decir. ¡Cuánto me gustaría seguir las reglas, negar lo dicho! Pero, ¡adiós al fingimiento! ¿Me quieres? Sé que dirás que sí y te creeré. Si jurases, podrías ser perjuro: dicen que Júpiter se ríe de los perjurios de amantes. ¡Ah, gentil Romeo! O, si crees que soy tan fácil, me pondré áspera y rara, y diré «no» con tal que me enamores, y no más que por ti. Mas confía en mí: demostraré ser más fiel que las que saben fingirse distantes. Reconozco que habría sido más cauta si tú, a escondidas, no hubieras oído mi confesión de amor. Así que, perdóname y no juzgues liviandad esta entrega que la oscuridad de la noche ha descubierto. ROMEO: Juro por esa luna santa que platea las copas de estos árboles…

JULIETA: Ah, no jures por la luna, esa inconstante que cada mes cambia en su esfera, no sea que tu amor resulte tan variable.

ROMEO: ¿Por quién voy a jurar?

JULIETA: No jures; o, si lo haces, jura por tu ser adorable, que es el dios de mi idolatría, y te creeré

ROMEO: El amor, que me indujo a preguntar. Él me dio consejo; yo mis ojos le presté. No soy piloto, pero, aunque tú estuvieras lejos, en la orilla más distante de los mares más remotos, zarparía tras un tesoro como tú.

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Décimo Lengua y literatura Apunte sobre Diálogos, creado por María Paula León Bravo el 15/11/2021.
Creado por
María Paula León Bravo · nov 2021
Actualizado
15 nov 2021
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