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2º NIVEL o VÍA ILUMINATIVA o APROVECHADOS o JÓVENES o PROFICIENTES
Contenido del apunte (5)
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2ª ETAPA: APROVECHADOS o PROFICIENTES o JÓVENES o VIA ILUMINATIVA
2ª
ETAPA: APROVECHADOS o PROFICIENTES o JOVENES o VIA ILUMINATIVA
Así
como los Apóstoles sufrieron la privación de la presencia física
de Jesús
durante
la Pasión
y en ese momento de profunda crisis lo abandonaron y Pedro llegó
incluso a negarle, éste, por el fervor de su arrepentimiento
"lloró
amargamente"
(Mt.26,
75),
y
no sólo recuperó la gracia perdida, sino que fue ascendido a un
grado superior. El Señor
lo curó de su presunción
para
que fuera más humilde, poniendo su confianza en Dios
y no en sí mismo, no siempre la
2ª
conversión
es como
en el caso de Pedro de una caída más o menos grave; podría venir
en forma de una injusticia que se nos hace, una persecución que
sufrimos, en este caso, el Señor
nos
ayuda a perdonar al causante de nuestra situación. En el caso de la
caída, nos hace crecer -como Pedro- en humildad.
Podría
venir también esta segunda
conversión
en ocasión de la muerte de un ser querido, de una desgracia o
fracaso, o de tantas circunstancias que nos hacen ver la poca
importancia de las cosas terrenas, frente al gran valor de las cosas
de Dios.
Cualquiera que sea la situación, si se aprovecha adecuadamente de
acuerdo al plan de Dios,
hace que el alma pueda ascender a una etapa superior de la vida
espiritual.
Esta
purificación,
correspondiente
a lo que San Juan de la Cruz denomina "Noche
Oscura de los Sentidos",
consiste
en una aridez
o sequedad y hasta dificultad
para la oración, causadas
precisamente por el Señor,
con la privación del alma del gozo o fervor llegado a través de la
mente o los sentidos, para introducirla en una nueva modalidad de la
gracia, la cual no es captada al principio por el alma.
Viene
luego, una especial
efusión del Espíritu
Santo,
cuya
influencia se nota en una mayor apertura y docilidad del alma a sus
inspiraciones. En esta etapa
de
purificación se
vive en la aridez y es
sumamente importante la
perseverancia. Por
encima de las apariencias Dios
está
presente y no debemos caer en la tentación de dejar la oración.
Después
de la segunda
conversión
el
alma comienza a adentrarse en los Misterios
de la
Salvación,
que
van desde la infancia del Salvador
y su vida pública, pasando por la Pasión
hasta Su
Resurrección y Ascensión,
culminando con Pentecostés.
En su oración, dentro de la aridez propia de esta etapa, pueden
darse actos aislados de contemplación.
Gran impedimento para progresar es la presunción por la que uno cree
saberlo ya todo en la vida interior. Aunque las lecturas espirituales
son muy provechosas y necesarias, no debe dejarse la oración por
éstas. Dice un gran Doctor de la Iglesia, que más aprendió orando
al pie de un Crucifijo o frente al Sagrario, que en los libros más
sabios, pues en
la oración íntima (Contemplación)
está el Espíritu
que vivifica y en un instante nos instruye con
Su
Luz
comprendiendo y haciéndonos vivir ideas muchas veces leídas y
escuchadas, pero no comprendidas plenamente.
Surgen
en esta etapa otros frutos del Espíritu,
como la
magnanimidad, la paciencia, la mansedumbre, la afabilidad, la
fidelidad o perseverancia, la templanza o dominio de sí.
Se da, además,
la
entrega total del alma a la Voluntad
de Dios,
llamada
por Sta. Teresa "desposorio
espiritual".
En esta
fase no queda el alma aún libre de las interferencias de la
sensibilidad
de la carne y del mundo,
por lo cual a
veces puede perder la paz y hasta retroceder y caer.
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ORACIONES SEMIPASIVAS
LAS
ORACIONES SEMIPASIVAS EN LA SEGUNDA ETAPA
Suelen
ser el modo de orar que corresponde a cristianos ya
"adelantados",
ó los
"aprovechados",
que
están en la "fase
iluminativa"
o
"proficiente".
Ahora,
en la oración, el riego del jardin del alma se hace más quieta y
suavemente, «con
noria y arcaduces, que se hace con menos trabajo y se saca más agua;
o de un río o arroyo, se riega mejor; queda más llena la tierra de
agua y no se necesita regar tan a menudo, y trabaja menos el
hortelano»
(V.11,7).
Estas
oraciones,
"casi místicas",
van siendo al modo
divino (5
M 1,1; 2
Noche 17,
2-5).
Son: ORACIÓN DE RECOGIMIENTO PASIVO
ORACIÓN DE QUIETUD
ORACIÓN DE DORMICIÓN DE LOS SENTIDOS (INFERIORES Y SUPERIORES)
LA
CONTEMPLACIÓN (ENTRADA A LAS ORACIONES SEMIPASIVAS)
La
entrada en el castillo interior que Santa Teresa nos propone sólo
sucede, cuando hay un corazón humilde; lo cual, significa un corazón
que nada retiene para sí, que no está pensando en sí mismo, ni en
sus éxitos, ni en sus fracasos, ni tan siquiera en sus debilidades
físicas o psicológicas, ni en sus límites. Es
el ser humano que se ha olvidado de sí mismo el que entra a
beber de las aguas de la contemplación.
Para
Teresa, la contemplación,
es "mística". Una experiencia de Dios.
Y la experiencia de Dios
no es algo que se pueda provocar. El que yo experimente esa presencia
es un don de Dios.
Es una irrupción de Dios
que no puedo dejar de dudar que está en mi. La contemplación
no se provoca con nuestras propias fuerzas, es un don, un regalo de
Dios.
Para
Teresa la contemplación
es algo vital y existencial, no algo puramente intelectual. La
contemplación es
el anhelo profundo que existe en la persona humana.
Todos
tenemos sed de esta agua que es el amor de Dios.
Nuestra sed sólo se sacia en Dios,
y con el agua viva.
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ORACIÓN DE RECOGIMIENTO PASIVO
ORACION
DE RECOGIMIENTO (PASIVO)
Es
sicológicamente semejante a la "oración
de recogimiento activo"
("oración
de simple mirada"),
ya descrito, pero el orante se da cuenta de que es un modo de oración
infundido por Dios,
no adquirido. Suele darse en los "adelantados"
que van pasando a la "purificación
pasiva del sentido"
(1 Noche
9),
y es la transición de las oraciones
activas
más simplificadas a la "oración
de quietud",
en la que está el verdadero umbral de la contemplación
mística.
«Es
un recogimiento interior que se siente en el alma, que le da ganas de
cerrar los ojos y no oír, ni ver, ni entender, sino aquello en que
el alma entonces se ocupa, que es poder tratar con Dios
a solas. Aquí no se pierde ningún sentido ni potencia, todo está
entero, pero lo está para emplearse en Dios»
(CC
54,3; 4 M 3,3).
ORACION
DE RECOGIMIENTO PASIVO
Aquí
la Madre Teresa ya no habla de
pensar ni de imaginar, sino de un movimiento expontáneo hacia
el interior no provocado por uno mismo. Las
reflexiones religiosas y las imágenes han quedado atrás; ya no son
importantes, así como también pierde valor el esfuerzo personal.
Santa
Teresa lo describe así: "Un
recogimiento interior que se siente en el alma, que parece ella tiene
allá otros sentidos, como acá los exteriores... y así algunas
veces los llevá tras sí, que le da gana de cerrar
los ojos
y no oír, ni ver, ni entender, sino aquello en que el alma entonces
se ocupa"
(CC
54, 3) No
obstante, la mente no está en una pasividad anodina, como si
estuviera en blanco; por el contrario, toda
la persona está completamente atenta, alerta al amor que se revela
sin que ella lo pretenda.
Lo
único que interesa en este estado de recogiento es que uno esté
abandonado a una Presencia
que
lo arropa y acoge. Es
una presencia sin imagen.
La oración aquí se hace contemplativa por sí misma y toda ella
transcurre en este deleite suave de estar recogido,
perdido a todos los entretenimientos que nos extrovierten.
Estamos
ya en una oración mística que es don de Dios. No es lo que
nosotros hacemos, sino que es Dios quien obra en nosotros.
Todo el camino realizado hasta el momento ha sido liberarnos de
nuestras imágenes,
nuestros conceptos sobre
Dios, para poder dejarle obrar con libertad.
El
camino de la oración ha sido un proceso de liberación de nosotros
mismos, y de apertura al misterio de Dios, empequeñecido
por nuestras imágenes y conceptos. Cuando la persona
deja a Dios ser Dios en su vida, no es la persona la
que ora, sino el Espíritu
quien mueve su alma, mente y corazón. Este es el camino
contemplativo cristiano.
"Dentro
de tí está la Luz,
cierra
los ojos,
serena
tu espíritu,
y
la verás.
ORACIÓN
DE RECOGIMIENTO PASIVO (TEXTOS CONFIRMATIVOS)
"Hagamos
cuenta que estos
sentidos
y potencias...,
que se han ido fuera y andan con gente extraña, enemiga del bien de
este castillo, días y años; y que ya se han ido, viendo su
perdición, acercándose a él, aunque no acaban de estar dentro.
Visto ya al gran rey, que está en la morada de este castillo, su
buena voluntad, por su gran misericordia quiérelos tornar a
Él,
y como buen pastor, con un silvo tan suave, que casi ellos mesmos no
lo entienden, hace que conozcan su voz y no anden tan perdidos, sino
que se tornen a su morada, y tiene tanta fuerza este silbo del
Pastor,
que desamparan las cosas exteriores en que estaban enajenados, y
métense en el castillo"
(4M
3, 2).
"Un
recogimiento que también me parece sobrenatural, porque no es estar
en oscuro, ni cerrar los ojos, ni consiste en cosa exterior, puesto
que, sin quererlo, se hace esto de cerrar los ojos y desear soledad,
y sin artificio, parece que se va labrando el edificio para la
oración que queda dicha".(4M
3, 1)
"Y
no penséis que es por el
entendimiento adquirido,
procurando pensar dentro de sí a Dios,
ni por la imaginación,
imaginándole en sí bueno es esto, y excelente manera de meditación.
Más lo que digo es en diferente manera; y que algunas veces, antes
que se comienza a pensar en
Dios, ya esta gente está en
el castillo, que no sé como por dónde ni cómo oyó el silbo de su
pastor, que no fue por los oídos...., más siéntese notablemente un
encogimiento suave a lo interior" (4M
3,3)
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ORACIÓN DE QUIETUD
LA
ORACION DE QUIETUD
Es
la más característica forma de
"oración semipasiva",
y es ya el principio de la «pura
contemplación»
(CP
30,7).
Es un gran gozo,
porque da al alma una inmensa certeza de la presencia de Dios,
tal que
«de ninguna manera se podrá convencer de que no estuvo Dios
con ella»
(V
15, 14).
Pero puede darse a veces con gran sufrimiento,
con sentimiento de vacío desconcertante, pues de pronto ve el orante
que ya no puede meditar como solía, y que «se
ha vuelto todo al revés»
(1 Noche
8,3).
"La
oración de quietud"
«es
ya cosa sobrenatural y que no la podemos procurar nosotros por más
diligencias que hagamos, porque es un poner el alma en paz o ponerla
en el
Señor
en Su
Presencia,
por mejor decir, porque todas las
potencias
se sosiegan…
Es como un amortecimiento interior y exterior, que no querría el
hombre exterior (digo el cuerpo), que no se querría mover…
Siéntese grandísimo deleite en el cuerpo y gran satisfacción en el
alma…
Las
potencias
sosegadas,
no querrían moverse —todo parece que le estorba para amar—,
aunque no tan perdidas, porque pueden pensar junto a quién están,
que las dos [entendimiento
y memoria]
quedan
libres.
La voluntad
es
aquí la cautiva… El
cuerpo no querría moverse, porque le parece que ha de perder aquella
paz. En decir
Padre nuestro
una vez se les pasará una hora»
(CV
31,2-3).
«Dura
rato y aun ratos»
(CC 54,4).
«Es con grandísimo consuelo y con tan poco trabajo que no
cansa la oración,
aunque dure mucho rato»
(V.14,4).
La
Oración de Quietud o del Silencio
es considerada por los escritores, dentro de la teología mística,
como un grado o
"forma de contemplación".
Debe ser, por tanto distinguida de la meditación discursiva u
oración afectiva. Tiene un lugar intemedio entre ésta última y la
oración de la unión. Tal y como su nombre lo refiere, en la
"oración
del silencio"
es en la cual el alma experimenta un grado extraordinario dte
"paz"
y "descanso",
acompañada del placer de la contemplación de Dios.
En
esta oración, Dios
brinda al alma un conocimiento intelectual de Su
Presencia
y la hace sentir en una real comunicación con Él,
aún cuando Él
puede
hacer esto de una manera un tanto oscura. La manifestación
característica de la oración aumenta a medida que la unión con
Dios
llega a alcanzar grados superiores.
Este
místico regalo no puede ser adquirido debido a que es algo
sobrenatural. Es Dios mismo quien manifiesta su presencia al
alma. Esta forma de sensación es diferente a como se obtiene la fe,
aunque la misma es fundada en la fe. Este regalo se emplea en cada
grado de contemplación. De conformidad con Scaramelli, el oficio de
este regalo, al menos con cierto grado, es una mayor manifestación
de Dios en la medida en que esta dádiva divina es más
abundante. Algunos autores indican que no es para ser entendida como
un regalo o dádiva ordinaria, como la sabiduría. Esta última está
directamente conectada con la santificadora gracia y es poseída por
cada hombre, sino que es sabiduría como manifestación del carisma o
de las gracias extraordinarias del Santo
Espíritu. La misma se da a almas privilegiadas.
Al
principio, la "oración del
silencio" es concedida de vez en cuando y
solamente durante algunos minutos. Los grados de oración no son
estados definitivos en el sentido de excluir o revertir otros niveles
o estados de oración. En ocasiones ocurre que la
"oración del silencio" llega a ser no sólo
frecuente sino también habitual. En estos casos, la misma ocurre no
solamente cuando se da el tiempo de oración, sino cada vez que el
pensamiento de Dios se representa en si mismo. Aún en las
condiciones enunciadas, la "oración
del silencio" es sujeta a interrupciones y
alteraciones de intensidad, algunas veces de manera fuerte y otras de
manera débil.
"La
oración del silencio" no impide enteramente el
ejercicio de otras facultades del alma. La voluntad
en si, permanece cautiva. El intelecto
y la memoria aparecen
teniendo gran actividad para las cosas de Dios en este estado,
pero no así para las cosas mundanas. Pensamientos de este último
tipo pueden escaparse de los linderos de la restricción, pero
permanecen como inútiles y al final existe una atracción de la
voluntad a la presencia de Dios. De esta manera continúa el
deleite, no de manera total en una forma pasiva, sino dentro de la
capacidad de obtener fervientes aspiraciones y afectos.
En
cuanto a los sentidos corporales, San Francisco de Sales nos dice que
las personas, durante "la oración
del silencio" pueden escuchar y recordar cosas
que son dichas cerca de ellos. Citando a Santa Teresa, indica que
ocurre cierto tipo de superstición en el sentido de que estamos
temerosos aún de toser o de respirar, a fin de evitar movimientos
corpóreos que hagan evitar el estado que se ha logrado. Dios,
quien es el autor de esta paz, no nos la priva aún con inevitables
movimientos del cuerpo o con involuntarios escapes de imaginación.
Los frutos espirituales son:
·
Paz interior, la que
continúa aún luego de la oración,
· profunda
humildad,
· aptitud y
disposición para los deberes espirituales,
· luz
divina del intelecto, y
· estabilidad
de la voluntad dentro de la bondad.
Es
por medio de estos frutos, que los verdaderos místicos se distinguen
de los falsos místicos
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ORACIÓN DE DORMICIÓN DE LOS SENTIDOS (INFERIORES Y SUPERIORES)
ORACION
DE DORMICION DE LOS SENTIDOS (EL SUEÑO DE LAS POTENCIAS)
Más
pasivo que la quietud, fue experimentado por Santa Teresa en la
oración durante cinco o seis años. «Quiere
el Señor aquí
ayudar al hortelano de manera que casi Él
es el hortelano y el que lo hace todo. Es como un sueño de potencias
que ni del todo se pierden, ni entienden cómo obra. El gusto y
suavidad es mayor sin comparación que lo pasado. Es
un morir casi del todo, a todas las cosas del mundo y estar gozando
de Dios»
(V.16,1-2).
Los
efectos espirituales de las oraciones semipasivas son muy notables.
"Todas
las
virtudes se acrecientan"
(4
M 3,9),
y al cristiano aquí «le
comienza un amor con Dios
muy desinteresado»
(V.15,14).
Las
señales de
la genuina "oración
semipasiva"
son claras, y san Juan de la Cruz las reduce a tres, que han de darse
juntas:
Cesa
la fascinación por las cosas del mundo;
Se
intensifica la búsqueda de la perfección, y
Las
consideraciones discursivas que antes ayudaban a la oración, ahora
estorban y se hacen imposibles
(2
Subida 13-14;
1
Noche 9;
Dichos
118).
En
cuanto a qué hacer en la
"oración semipasiva",
santa Teresa enseña:
«Es esta oración una
pequeña centella que
comienza el Señor
a encender en el alma del verdadero amor suyo. Esta quietud
y recogimiento
y centellica es la que comienza a encender el gran fuego que echa
llamas… Pues bien, lo que ha de hacer el alma en los tiempos de
esta quietud se hará con
suavidad y sin ruido (llamo
ruido a andar con el entendimiento
buscando muchas palabras y consideraciones). La voluntad
entienda
que éstos son unos leños grandes puestos sin discreción para
ahogar esta centella.
Haga
algunos
actos amorosos,
sin admitir ruido del entendimiento
buscando grandes cosas. Más hace aquí al caso unas
pajitas puestas
con humildad, que no mucha
leña junta
de razones muy doctas. En estos tiempos de quietud dejar descansar el
alma con su descanso, y quédense a un lado las letras [los
estudios y discursos].
En fin, aquí no se ha de dejar del todo la oración mental, ni
algunas palabras vocales (si quisieran alguna vez o pudieran, porque
si la quietud es grande, se puede hablar, pero con mucha dificultad)»
(V.15,4-9).
Adviértase
que todavía aquí sólo la voluntad
está
cautiva en Dios
por el amor, mientras que las otras facultades —entendimiento,
memoria, imaginación—
a veces se fugan. Quede, entonces, la voluntad en su quietud orante,
«porque si las quiere recoger, ella y ellas se perderán»
(V.14,2-3).
La santa aconseja «que
no se haga caso de la
imaginación
más
que de un loco, sino dejarla con su tema»
(V,17,7).
Y
lo mismo con el entendimiento,
que «es
un moledor»
y que fácilmente anda
«muy desbaratado»
(V.15,6):
«No
haga más caso del entendimiento
que de un loco, porque si lo tener, necesariamente se ha de ocupar e
inquietar algo en ello. Y todo será trabajar sin ganancia, y perder
[oración] que se la daría el Señor
sin
ningún trabajo suyo»
(CP
31,8).
«Vale
más que deje el entendimiento,
y no se vaya ella (voluntad) detrás de él; estése la voluntad
gozando aquella gracia y recogida» (V.15,6).
Información
- Descripción
- Camino espiritual hacia la Cumbre de la Sublime Felicidad Terrenal
- Creado por
- Usuario eliminado · ago 2016
- Actualizado
- 18 ene 2017
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- Historial
-
- Creado por Isidro Esparza Marín · 24 may 2016
- Copiado por Isidro Esparza Marín · 21 ago 2016
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