Test
Razonamiento Verbal Parte I
Preguntas del test (26)
11. Los cactos son plantas que abundan en regiones - - - -,
como el desierto. Sus tallos son - - - - y así evitan la
evaporación excesiva.- A(A) fértiles .. débiles
- B(B) húmedas .. verdes
- C(C) montañosas .. delgados
- D(D) áridas .. gruesos
- E(E) rocosas .. endentados
22. Cuando se - - - - a una persona se le - - - - y respeta.
- A(A) olvida .. delega
- B(B) quiere .. venera
- C(C) desprecia .. ignora
- D(D) ayuda .. da
- E(E) desea .. busca
33. Los meses de vacaciones - - - - momentos oportunos
para acercarnos más a nuestros seres queridos.- A(A) atienden
- B(B) ejercitan
- C(C) proveen
- D(D) prolongan
- E(E) requieren
44. Lo que sucede es que me - - - - a creer que en pleno
siglo XX pueda suceder algo como eso.- A(A) presto
- B(B) resisto
- C(C) inclino
- D(D) adelanto
- E(E) sujeto
55. La generosidad es una virtud muy - - - - que infunde
en el hombre un sentido de - - - - y de simpatía.- A(A) práctica .. prejuicio
- B(B) bella .. curiosidad
- C(C) común .. orgullo
- D(D) obvia .. respeto
- E(E) hermosa .. nobleza
66. Las desventajas o efectos secundarios son - - - - si se
comparan con los beneficios que se obtienen.- A(A) útiles
- B(B) reveladores
- C(C) básicos
- D(D) mínimos
- E(E) frecuentes
7Los ejercicios del 7 al 12 se basan en la siguiente lectura.
“Lazos de afecto” es un artículo condensado del suplemento
dominical del New York Times que trata sobre las relaciones
humanas. El autor, Craig Nova, narra aquellos momentos
especiales que se recuerdan siempre.
Hace poco inicié a mi hija de doce años en el arte de
pescar con señuelo1. En general, se trata de una
actividad placentera e inofensiva, pero entraña ciertos
riesgos que no ve uno hasta que surgen los percances,
como las crecidas y las corrientes fuertes. Tengo
mucho cuidado con lo que le enseño a mi hija,
especialmente cuando se oculta en ello algún peligro.
Comenzamos con la manera de lanzar el anzuelo.
Practicamos en el jardín con una bolita de estambre.
Pronto aprendió a manipular un buen tramo de sedal.
También le mostré cómo atar el cebo.
A principios de la primavera, la mosca de mayo
vuela sobre mi río favorito. Tiene alas grises, como de
papel traslúcido, que me hacen pensar en las medias de
seda, y en su cuerpo se aprecia una mancha de color
púrpura, igual que el rubor temprano de los árboles,
antes de que les broten las hojas. Con el fin de
reproducir este color de carnada artificial, a la
imitación de piel de zorro con la que modelo el cuerpo,
le añado un trocito de piel de zarigüeya2, el cual tiño
previamente en la cocina de mi casa.
Un día que estaba yo haciendo esto precisamente,
mi hija se encontraba a mi lado, asomada a la olla del
tinte. Entonces me preguntó:
—¿Qué se siente cuando estás enamorado?
Lo dijo con toda naturalidad, como si me hubiera
preguntado cuándo aparecen en el río las moscas
blancas de mayo.
Por unos instantes nos miramos a través del vaho
que despedía la olla.
—Hay muchas clases de amor— contesté.
—¿Cuáles?
—Bueno, puede uno enamorarse apasionadamente.
Ella me miró, mientras asimilaba mis palabras, y yo
proseguí:
—También hay otros tipos de amor. Puede uno amar
a un amigo. O estar casado durante cincuenta años; lo
que siente uno entonces es diferente, más fuerte quizá
que en el noviazgo. Hay amores de todas clases.
—¿Cuál es el mejor?
Miré la olla, sobre cuyo contenido hirviente la espuma
formaba una especie de tela de araña; como en el mar,
después de que rompe una ola. Con un largo tenedor
saqué del fondo el trocito de piel. El tinte empezó a
escurrir; mi hija y yo escuchamos el goteo, que
sintetizaba a la perfección mis recuerdos y las ilusiones
de ella.
—Amí me gusta el amor que dura mucho tiempo —le
contesté—. Pero cada persona tiene que elegir.
—Iremos a pescar en la primavera, ¿verdad?
—Claro —le prometí—. Claro que iremos, mi vida.
Esta conversación sobre el amor se ha mezclado no sé
cómo con la pesca de la trucha, y me ha dejado muchos
interrogantes. ¿Qué trato de comunicar a mi hija cuando
le hablo sobre las costumbres de las moscas de mayo y
las truchas?
Me viene a la mente un vasto y profundo remanso,
desde cuyo margen pesco a veces. Entonces obtengo la
respuesta. En ese lugar hay un manzano. Las moscas de
mayo se posan en el agua, entre los reflejos de las flores
del árbol. Las truchas saltan para capturarlas, rizando el
agua, y a veces salpican y uno las ve rodeadas de una
corona de gotas, mientras caen de nuevo en la corriente.
Hacia ese lugar arrojo mis moscas, para que floten y
atraigan a los peces.
En las tardes agradables que paso en ese paraje, tengo
la sensación de existir fuera del tiempo; de que
conservaré un recuerdo especial, muy íntimo y profundo,
de todo lo que me rodea. No me siento en paz, pero sí a
mis anchas en la vida, y emocionado. Pienso en mi
padre, que ya murió. Estoy a solas, mas no solo, ni
mucho menos.
Eso es lo que deseo transmitirle a mi hija. Quiero
creer que un día ella, en este mismo paraje, lanzará un
anzuelo y recordará la noche en que teñimos un pedacito
de piel y hablamos del amor.
7. La lectura permite inferir la existencia de una relación
padre-hija esencialmente- A(A) práctica
- B(B) amorosa
- C(C) ceremoniosa
- D(D) perdurable
- E(E) formal
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“Lazos de afecto” es un artículo condensado del suplemento
dominical del New York Times que trata sobre las relaciones
humanas. El autor, Craig Nova, narra aquellos momentos
especiales que se recuerdan siempre.
Hace poco inicié a mi hija de doce años en el arte de
pescar con señuelo1. En general, se trata de una
actividad placentera e inofensiva, pero entraña ciertos
riesgos que no ve uno hasta que surgen los percances,
como las crecidas y las corrientes fuertes. Tengo
mucho cuidado con lo que le enseño a mi hija,
especialmente cuando se oculta en ello algún peligro.
Comenzamos con la manera de lanzar el anzuelo.
Practicamos en el jardín con una bolita de estambre.
Pronto aprendió a manipular un buen tramo de sedal.
También le mostré cómo atar el cebo.
A principios de la primavera, la mosca de mayo
vuela sobre mi río favorito. Tiene alas grises, como de
papel traslúcido, que me hacen pensar en las medias de
seda, y en su cuerpo se aprecia una mancha de color
púrpura, igual que el rubor temprano de los árboles,
antes de que les broten las hojas. Con el fin de
reproducir este color de carnada artificial, a la
imitación de piel de zorro con la que modelo el cuerpo,
le añado un trocito de piel de zarigüeya2, el cual tiño
previamente en la cocina de mi casa.
Un día que estaba yo haciendo esto precisamente,
mi hija se encontraba a mi lado, asomada a la olla del
tinte. Entonces me preguntó:
—¿Qué se siente cuando estás enamorado?
Lo dijo con toda naturalidad, como si me hubiera
preguntado cuándo aparecen en el río las moscas
blancas de mayo.
Por unos instantes nos miramos a través del vaho
que despedía la olla.
—Hay muchas clases de amor— contesté.
—¿Cuáles?
—Bueno, puede uno enamorarse apasionadamente.
Ella me miró, mientras asimilaba mis palabras, y yo
proseguí:
—También hay otros tipos de amor. Puede uno amar
a un amigo. O estar casado durante cincuenta años; lo
que siente uno entonces es diferente, más fuerte quizá
que en el noviazgo. Hay amores de todas clases.
—¿Cuál es el mejor?
Miré la olla, sobre cuyo contenido hirviente la espuma
formaba una especie de tela de araña; como en el mar,
después de que rompe una ola. Con un largo tenedor
saqué del fondo el trocito de piel. El tinte empezó a
escurrir; mi hija y yo escuchamos el goteo, que
sintetizaba a la perfección mis recuerdos y las ilusiones
de ella.
—Amí me gusta el amor que dura mucho tiempo —le
contesté—. Pero cada persona tiene que elegir.
—Iremos a pescar en la primavera, ¿verdad?
—Claro —le prometí—. Claro que iremos, mi vida.
Esta conversación sobre el amor se ha mezclado no sé
cómo con la pesca de la trucha, y me ha dejado muchos
interrogantes. ¿Qué trato de comunicar a mi hija cuando
le hablo sobre las costumbres de las moscas de mayo y
las truchas?
Me viene a la mente un vasto y profundo remanso,
desde cuyo margen pesco a veces. Entonces obtengo la
respuesta. En ese lugar hay un manzano. Las moscas de
mayo se posan en el agua, entre los reflejos de las flores
del árbol. Las truchas saltan para capturarlas, rizando el
agua, y a veces salpican y uno las ve rodeadas de una
corona de gotas, mientras caen de nuevo en la corriente.
Hacia ese lugar arrojo mis moscas, para que floten y
atraigan a los peces.
En las tardes agradables que paso en ese paraje, tengo
la sensación de existir fuera del tiempo; de que
conservaré un recuerdo especial, muy íntimo y profundo,
de todo lo que me rodea. No me siento en paz, pero sí a
mis anchas en la vida, y emocionado. Pienso en mi
padre, que ya murió. Estoy a solas, mas no solo, ni
mucho menos.
Eso es lo que deseo transmitirle a mi hija. Quiero
creer que un día ella, en este mismo paraje, lanzará un
anzuelo y recordará la noche en que teñimos un pedacito
de piel y hablamos del amor.
8. De acuerdo con la discusión sobre las clases de amor,
lo más importante para el autor es que el amor sea- A(A) libre
- B(B) fuerte
- C(C) fraterno
- D(D) duradero
- E(E) eterno
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“Lazos de afecto” es un artículo condensado del suplemento
dominical del New York Times que trata sobre las relaciones
humanas. El autor, Craig Nova, narra aquellos momentos
especiales que se recuerdan siempre.
Hace poco inicié a mi hija de doce años en el arte de
pescar con señuelo1. En general, se trata de una
actividad placentera e inofensiva, pero entraña ciertos
riesgos que no ve uno hasta que surgen los percances,
como las crecidas y las corrientes fuertes. Tengo
mucho cuidado con lo que le enseño a mi hija,
especialmente cuando se oculta en ello algún peligro.
Comenzamos con la manera de lanzar el anzuelo.
Practicamos en el jardín con una bolita de estambre.
Pronto aprendió a manipular un buen tramo de sedal.
También le mostré cómo atar el cebo.
A principios de la primavera, la mosca de mayo
vuela sobre mi río favorito. Tiene alas grises, como de
papel traslúcido, que me hacen pensar en las medias de
seda, y en su cuerpo se aprecia una mancha de color
púrpura, igual que el rubor temprano de los árboles,
antes de que les broten las hojas. Con el fin de
reproducir este color de carnada artificial, a la
imitación de piel de zorro con la que modelo el cuerpo,
le añado un trocito de piel de zarigüeya2, el cual tiño
previamente en la cocina de mi casa.
Un día que estaba yo haciendo esto precisamente,
mi hija se encontraba a mi lado, asomada a la olla del
tinte. Entonces me preguntó:
—¿Qué se siente cuando estás enamorado?
Lo dijo con toda naturalidad, como si me hubiera
preguntado cuándo aparecen en el río las moscas
blancas de mayo.
Por unos instantes nos miramos a través del vaho
que despedía la olla.
—Hay muchas clases de amor— contesté.
—¿Cuáles?
—Bueno, puede uno enamorarse apasionadamente.
Ella me miró, mientras asimilaba mis palabras, y yo
proseguí:
—También hay otros tipos de amor. Puede uno amar
a un amigo. O estar casado durante cincuenta años; lo
que siente uno entonces es diferente, más fuerte quizá
que en el noviazgo. Hay amores de todas clases.
—¿Cuál es el mejor?
Miré la olla, sobre cuyo contenido hirviente la espuma
formaba una especie de tela de araña; como en el mar,
después de que rompe una ola. Con un largo tenedor
saqué del fondo el trocito de piel. El tinte empezó a
escurrir; mi hija y yo escuchamos el goteo, que
sintetizaba a la perfección mis recuerdos y las ilusiones
de ella.
—Amí me gusta el amor que dura mucho tiempo —le
contesté—. Pero cada persona tiene que elegir.
—Iremos a pescar en la primavera, ¿verdad?
—Claro —le prometí—. Claro que iremos, mi vida.
Esta conversación sobre el amor se ha mezclado no sé
cómo con la pesca de la trucha, y me ha dejado muchos
interrogantes. ¿Qué trato de comunicar a mi hija cuando
le hablo sobre las costumbres de las moscas de mayo y
las truchas?
Me viene a la mente un vasto y profundo remanso,
desde cuyo margen pesco a veces. Entonces obtengo la
respuesta. En ese lugar hay un manzano. Las moscas de
mayo se posan en el agua, entre los reflejos de las flores
del árbol. Las truchas saltan para capturarlas, rizando el
agua, y a veces salpican y uno las ve rodeadas de una
corona de gotas, mientras caen de nuevo en la corriente.
Hacia ese lugar arrojo mis moscas, para que floten y
atraigan a los peces.
En las tardes agradables que paso en ese paraje, tengo
la sensación de existir fuera del tiempo; de que
conservaré un recuerdo especial, muy íntimo y profundo,
de todo lo que me rodea. No me siento en paz, pero sí a
mis anchas en la vida, y emocionado. Pienso en mi
padre, que ya murió. Estoy a solas, mas no solo, ni
mucho menos.
Eso es lo que deseo transmitirle a mi hija. Quiero
creer que un día ella, en este mismo paraje, lanzará un
anzuelo y recordará la noche en que teñimos un pedacito
de piel y hablamos del amor.
9. ¿Qué trato de comunicarle a mi hija cuando le hablo
sobre las costumbres de las moscas de mayo y las
truchas?
La pregunta anterior sirve para establecer el propósito
central de la lectura, que es- A(A) educar sobre el arte de pescar
- B(B) compartir la experiencia de hacer señuelos
- C(C) sintetizar la relación entre la pesca y las
relaciones humanas - D(D) contagiar el amor por el deporte de la pesca
- E(E) iniciar en el deporte de pescar
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“Lazos de afecto” es un artículo condensado del suplemento
dominical del New York Times que trata sobre las relaciones
humanas. El autor, Craig Nova, narra aquellos momentos
especiales que se recuerdan siempre.
Hace poco inicié a mi hija de doce años en el arte de
pescar con señuelo1. En general, se trata de una
actividad placentera e inofensiva, pero entraña ciertos
riesgos que no ve uno hasta que surgen los percances,
como las crecidas y las corrientes fuertes. Tengo
mucho cuidado con lo que le enseño a mi hija,
especialmente cuando se oculta en ello algún peligro.
Comenzamos con la manera de lanzar el anzuelo.
Practicamos en el jardín con una bolita de estambre.
Pronto aprendió a manipular un buen tramo de sedal.
También le mostré cómo atar el cebo.
A principios de la primavera, la mosca de mayo
vuela sobre mi río favorito. Tiene alas grises, como de
papel traslúcido, que me hacen pensar en las medias de
seda, y en su cuerpo se aprecia una mancha de color
púrpura, igual que el rubor temprano de los árboles,
antes de que les broten las hojas. Con el fin de
reproducir este color de carnada artificial, a la
imitación de piel de zorro con la que modelo el cuerpo,
le añado un trocito de piel de zarigüeya2, el cual tiño
previamente en la cocina de mi casa.
Un día que estaba yo haciendo esto precisamente,
mi hija se encontraba a mi lado, asomada a la olla del
tinte. Entonces me preguntó:
—¿Qué se siente cuando estás enamorado?
Lo dijo con toda naturalidad, como si me hubiera
preguntado cuándo aparecen en el río las moscas
blancas de mayo.
Por unos instantes nos miramos a través del vaho
que despedía la olla.
—Hay muchas clases de amor— contesté.
—¿Cuáles?
—Bueno, puede uno enamorarse apasionadamente.
Ella me miró, mientras asimilaba mis palabras, y yo
proseguí:
—También hay otros tipos de amor. Puede uno amar
a un amigo. O estar casado durante cincuenta años; lo
que siente uno entonces es diferente, más fuerte quizá
que en el noviazgo. Hay amores de todas clases.
—¿Cuál es el mejor?
Miré la olla, sobre cuyo contenido hirviente la espuma
formaba una especie de tela de araña; como en el mar,
después de que rompe una ola. Con un largo tenedor
saqué del fondo el trocito de piel. El tinte empezó a
escurrir; mi hija y yo escuchamos el goteo, que
sintetizaba a la perfección mis recuerdos y las ilusiones
de ella.
—Amí me gusta el amor que dura mucho tiempo —le
contesté—. Pero cada persona tiene que elegir.
—Iremos a pescar en la primavera, ¿verdad?
—Claro —le prometí—. Claro que iremos, mi vida.
Esta conversación sobre el amor se ha mezclado no sé
cómo con la pesca de la trucha, y me ha dejado muchos
interrogantes. ¿Qué trato de comunicar a mi hija cuando
le hablo sobre las costumbres de las moscas de mayo y
las truchas?
Me viene a la mente un vasto y profundo remanso,
desde cuyo margen pesco a veces. Entonces obtengo la
respuesta. En ese lugar hay un manzano. Las moscas de
mayo se posan en el agua, entre los reflejos de las flores
del árbol. Las truchas saltan para capturarlas, rizando el
agua, y a veces salpican y uno las ve rodeadas de una
corona de gotas, mientras caen de nuevo en la corriente.
Hacia ese lugar arrojo mis moscas, para que floten y
atraigan a los peces.
En las tardes agradables que paso en ese paraje, tengo
la sensación de existir fuera del tiempo; de que
conservaré un recuerdo especial, muy íntimo y profundo,
de todo lo que me rodea. No me siento en paz, pero sí a
mis anchas en la vida, y emocionado. Pienso en mi
padre, que ya murió. Estoy a solas, mas no solo, ni
mucho menos.
Eso es lo que deseo transmitirle a mi hija. Quiero
creer que un día ella, en este mismo paraje, lanzará un
anzuelo y recordará la noche en que teñimos un pedacito
de piel y hablamos del amor.
10. De la lectura se infiere que el autor NO tiene una- A(A) postura tolerante ante lo que piensan los demás
- B(B) visión positiva sobre el amor
- C(C) preocupación por formar a su hija
- D(D) actitud negativa ante la vida
- E(E) relación armoniosa con la naturaleza
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“Lazos de afecto” es un artículo condensado del suplemento
dominical del New York Times que trata sobre las relaciones
humanas. El autor, Craig Nova, narra aquellos momentos
especiales que se recuerdan siempre.
Hace poco inicié a mi hija de doce años en el arte de
pescar con señuelo1. En general, se trata de una
actividad placentera e inofensiva, pero entraña ciertos
riesgos que no ve uno hasta que surgen los percances,
como las crecidas y las corrientes fuertes. Tengo
mucho cuidado con lo que le enseño a mi hija,
especialmente cuando se oculta en ello algún peligro.
Comenzamos con la manera de lanzar el anzuelo.
Practicamos en el jardín con una bolita de estambre.
Pronto aprendió a manipular un buen tramo de sedal.
También le mostré cómo atar el cebo.
A principios de la primavera, la mosca de mayo
vuela sobre mi río favorito. Tiene alas grises, como de
papel traslúcido, que me hacen pensar en las medias de
seda, y en su cuerpo se aprecia una mancha de color
púrpura, igual que el rubor temprano de los árboles,
antes de que les broten las hojas. Con el fin de
reproducir este color de carnada artificial, a la
imitación de piel de zorro con la que modelo el cuerpo,
le añado un trocito de piel de zarigüeya2, el cual tiño
previamente en la cocina de mi casa.
Un día que estaba yo haciendo esto precisamente,
mi hija se encontraba a mi lado, asomada a la olla del
tinte. Entonces me preguntó:
—¿Qué se siente cuando estás enamorado?
Lo dijo con toda naturalidad, como si me hubiera
preguntado cuándo aparecen en el río las moscas
blancas de mayo.
Por unos instantes nos miramos a través del vaho
que despedía la olla.
—Hay muchas clases de amor— contesté.
—¿Cuáles?
—Bueno, puede uno enamorarse apasionadamente.
Ella me miró, mientras asimilaba mis palabras, y yo
proseguí:
—También hay otros tipos de amor. Puede uno amar
a un amigo. O estar casado durante cincuenta años; lo
que siente uno entonces es diferente, más fuerte quizá
que en el noviazgo. Hay amores de todas clases.
—¿Cuál es el mejor?
Miré la olla, sobre cuyo contenido hirviente la espuma
formaba una especie de tela de araña; como en el mar,
después de que rompe una ola. Con un largo tenedor
saqué del fondo el trocito de piel. El tinte empezó a
escurrir; mi hija y yo escuchamos el goteo, que
sintetizaba a la perfección mis recuerdos y las ilusiones
de ella.
—Amí me gusta el amor que dura mucho tiempo —le
contesté—. Pero cada persona tiene que elegir.
—Iremos a pescar en la primavera, ¿verdad?
—Claro —le prometí—. Claro que iremos, mi vida.
Esta conversación sobre el amor se ha mezclado no sé
cómo con la pesca de la trucha, y me ha dejado muchos
interrogantes. ¿Qué trato de comunicar a mi hija cuando
le hablo sobre las costumbres de las moscas de mayo y
las truchas?
Me viene a la mente un vasto y profundo remanso,
desde cuyo margen pesco a veces. Entonces obtengo la
respuesta. En ese lugar hay un manzano. Las moscas de
mayo se posan en el agua, entre los reflejos de las flores
del árbol. Las truchas saltan para capturarlas, rizando el
agua, y a veces salpican y uno las ve rodeadas de una
corona de gotas, mientras caen de nuevo en la corriente.
Hacia ese lugar arrojo mis moscas, para que floten y
atraigan a los peces.
En las tardes agradables que paso en ese paraje, tengo
la sensación de existir fuera del tiempo; de que
conservaré un recuerdo especial, muy íntimo y profundo,
de todo lo que me rodea. No me siento en paz, pero sí a
mis anchas en la vida, y emocionado. Pienso en mi
padre, que ya murió. Estoy a solas, mas no solo, ni
mucho menos.
Eso es lo que deseo transmitirle a mi hija. Quiero
creer que un día ella, en este mismo paraje, lanzará un
anzuelo y recordará la noche en que teñimos un pedacito
de piel y hablamos del amor.
11. ¿Cuál de las siguientes aseveraciones explica MEJOR
lo que el autor quiere decir con “estoy a solas, mas no
solo”, línea 71?- A(A) Estar confinado a su mundo especial.
- B(B) Estar con las memorias de momentos felices.
- C(C) Estar con la confianza que le brinda un paraje
especial. - D(D) Estar consciente de los seres queridos.
- E(E) Estar aislado, pero en un lugar familiar.
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“Lazos de afecto” es un artículo condensado del suplemento
dominical del New York Times que trata sobre las relaciones
humanas. El autor, Craig Nova, narra aquellos momentos
especiales que se recuerdan siempre.
Hace poco inicié a mi hija de doce años en el arte de
pescar con señuelo1. En general, se trata de una
actividad placentera e inofensiva, pero entraña ciertos
riesgos que no ve uno hasta que surgen los percances,
como las crecidas y las corrientes fuertes. Tengo
mucho cuidado con lo que le enseño a mi hija,
especialmente cuando se oculta en ello algún peligro.
Comenzamos con la manera de lanzar el anzuelo.
Practicamos en el jardín con una bolita de estambre.
Pronto aprendió a manipular un buen tramo de sedal.
También le mostré cómo atar el cebo.
A principios de la primavera, la mosca de mayo
vuela sobre mi río favorito. Tiene alas grises, como de
papel traslúcido, que me hacen pensar en las medias de
seda, y en su cuerpo se aprecia una mancha de color
púrpura, igual que el rubor temprano de los árboles,
antes de que les broten las hojas. Con el fin de
reproducir este color de carnada artificial, a la
imitación de piel de zorro con la que modelo el cuerpo,
le añado un trocito de piel de zarigüeya2, el cual tiño
previamente en la cocina de mi casa.
Un día que estaba yo haciendo esto precisamente,
mi hija se encontraba a mi lado, asomada a la olla del
tinte. Entonces me preguntó:
—¿Qué se siente cuando estás enamorado?
Lo dijo con toda naturalidad, como si me hubiera
preguntado cuándo aparecen en el río las moscas
blancas de mayo.
Por unos instantes nos miramos a través del vaho
que despedía la olla.
—Hay muchas clases de amor— contesté.
—¿Cuáles?
—Bueno, puede uno enamorarse apasionadamente.
Ella me miró, mientras asimilaba mis palabras, y yo
proseguí:
—También hay otros tipos de amor. Puede uno amar
a un amigo. O estar casado durante cincuenta años; lo
que siente uno entonces es diferente, más fuerte quizá
que en el noviazgo. Hay amores de todas clases.
—¿Cuál es el mejor?
Miré la olla, sobre cuyo contenido hirviente la espuma
formaba una especie de tela de araña; como en el mar,
después de que rompe una ola. Con un largo tenedor
saqué del fondo el trocito de piel. El tinte empezó a
escurrir; mi hija y yo escuchamos el goteo, que
sintetizaba a la perfección mis recuerdos y las ilusiones
de ella.
—Amí me gusta el amor que dura mucho tiempo —le
contesté—. Pero cada persona tiene que elegir.
—Iremos a pescar en la primavera, ¿verdad?
—Claro —le prometí—. Claro que iremos, mi vida.
Esta conversación sobre el amor se ha mezclado no sé
cómo con la pesca de la trucha, y me ha dejado muchos
interrogantes. ¿Qué trato de comunicar a mi hija cuando
le hablo sobre las costumbres de las moscas de mayo y
las truchas?
Me viene a la mente un vasto y profundo remanso,
desde cuyo margen pesco a veces. Entonces obtengo la
respuesta. En ese lugar hay un manzano. Las moscas de
mayo se posan en el agua, entre los reflejos de las flores
del árbol. Las truchas saltan para capturarlas, rizando el
agua, y a veces salpican y uno las ve rodeadas de una
corona de gotas, mientras caen de nuevo en la corriente.
Hacia ese lugar arrojo mis moscas, para que floten y
atraigan a los peces.
En las tardes agradables que paso en ese paraje, tengo
la sensación de existir fuera del tiempo; de que
conservaré un recuerdo especial, muy íntimo y profundo,
de todo lo que me rodea. No me siento en paz, pero sí a
mis anchas en la vida, y emocionado. Pienso en mi
padre, que ya murió. Estoy a solas, mas no solo, ni
mucho menos.
Eso es lo que deseo transmitirle a mi hija. Quiero
creer que un día ella, en este mismo paraje, lanzará un
anzuelo y recordará la noche en que teñimos un pedacito
de piel y hablamos del amor.
12. Con la frase “lanzará un anzuelo y recordará la noche
en que teñimos un pedacito de piel y hablamos del
amor”, líneas 74-76, el autor- A(A) establece la importancia de la pesca
- B(B) enfatiza el deseo de volver a ser joven
- C(C) presenta la continuidad de la vida
- D(D) recuerda a su padre muerto
- E(E) acentúa la soledad de su vida
13Los ejercicios del 13 al 20 se basan en las siguientes lecturas.
Lectura A
¿Son las partículas fundamentales de un compuesto
puro, como el agua, todas semejantes, es decir, de una
misma forma, de un mismo peso, etc.? Esta es una
pregunta de alguna importancia. De lo que se sabe, no
tenemos razón para sospechar una variedad en estos
particulares, porque si existe dicha variedad en las
partículas fundamentales del agua, también debe existir
en los elementos (hidrógeno y oxígeno) que la
constituyen. Ahora bien, es casi imposible concebir que
los agregados de partículas diferentes puedan ser tan
uniformemente iguales. Si algunas de las partículas del
agua fueran más pesadas que las otras, y si una porción
del agua en alguna ocasión estuviera constituida
principalmente de estas partículas más pesadas, debería
suponerse que el peso específico1 del agua se afectaría,
una circunstancia no conocida. Observaciones similares
pueden hacerse sobre otras sustancias. Por lo tanto,
podemos concluir que las partículas fundamentales de
todo cuerpo homogéneo son perfectamente semejantes
en peso, forma, etc. En otras palabras, cada partícula de
hidrógeno es como toda otra partícula de hidrógeno,
etc.
Lectura B
En la generalización propuesta por Dalton en el 1803
conocida como la Teoría Atómica y que sentó las bases
de toda la química moderna, se establecieron cinco
postulados. Es un tributo sorprendente a su sagacidad
que, de esos cinco postulados, no se ha cuestionado la
validez más que de uno de ellos. Este postulado es el
que establece que: “Los átomos de un mismo elemento
son similares unos a otros e iguales en peso”.
Un elemento es una sustancia, como el cloro o el
plomo, que posee propiedades químicas constantes y
que no puede ser descompuesta en otros componentes
por medio de ninguno de los procesos químicos
conocidos.
Diez años más tarde, Prout sugirió que los átomos de
los elementos estaban todos formados por agregaciones
de átomos de hidrógeno. Desde este punto de vista los
pesos de todos los átomos deben estar expresados por
números enteros y si los átomos de cualquier elemento
en particular son todos idénticos en peso, entonces los
pesos atómicos y las razones de combinación de todos
los elementos deberían también ser números enteros.
Los químicos encontraron que en el caso de muchos
elementos, esto no estaba de acuerdo con la
experimentación. Mientras más resultados obtenían,
más imposible les era expresar los pesos atómicos de
todos los elementos mediante números enteros.
Tuvieron entonces que decidir cuál de las hipótesis
adoptarían: si la de Dalton o la de Prout. Existía muy
poca duda en cuanto al resultado de la decisión y la de
Prout fue abandonada.
Los puntos de vista alternativos eran — o un
elemento estaba compuesto de átomos de idéntico peso,
y en ciertos elementos el peso de los átomos
individuales debe ser fraccionario, o estos elementos
particulares estaban compuestos de átomos de
diferentes pesos mezclados entre sí, de manera que a
pesar de que los pesos individuales de los átomos
fueran números enteros, su promedio fuera una
fracción.
La idea de que los átomos de un mismo elemento son
todos idénticos en peso no podría ser puesta a prueba
por métodos químicos, ya que los átomos son por
definición idénticos químicamente y las razones
numéricas (pesos relativos de combinación) se
obtendrían únicamente en tales métodos por el uso de
cantidades del elemento que contendrían incontables
millares de átomos.
Conforme pasaba el tiempo, los números que
representaban los pesos atómicos vinieron a ser más
exactos y consistentes. Más y más cifras significativas
fueron añadidas por un experimentador, confirmadas
por otros y finalmente aprobadas por un Comité
Internacional.
Los resultados ofrecidos por los elementos radiactivos
sugirieron abundantes ideas revolucionarias. Una de éstas
fue que podrían existir elementos idénticos químicamente
aunque difirieran en las propiedades radiactivas y aun en su
peso atómico. Hacia 1910 esta idea había ganado terreno y
fue seriamente expresada y discutida por Soddy.
En 1912 se obtuvieron los primeros resultados, a partir
del neón, que más tarde apoyaron esta nueva idea y la
extendieron a los elementos no radiactivos. Un nombre
específico para esas substancias pronto vino a ser necesario
y Soddy sugirió la palabra “isótopos”(iso-igual; topos -
lugar) porque ellos ocupaban el mismo lugar en la Tabla
Periódica de los elementos.
13. En la línea 1 de la lectura A, se utiliza la palabra
“puro” con el significado de- A(A) libre
- B(B) simple
- C(C) sin restricción
- D(D) sin mezclar
- E(E) correcto
1414. En la lectura B el autor nos indica, con respecto a la
Teoría Atómica de Dalton, que ha sido necesario- A(A) rechazarla por completo
- B(B) cuestionar uno de sus postulados
- C(C) establecer una nueva definición de elemento
- D(D) darle validez mediante la experimentación
- E(E) aceptar que es imposible modificarla
1515. Los argumentos expuestos en la lectura B a favor de la
existencia de los isótopos son- A(A) conflictivos
- B(B) convincentes
- C(C) irrelevantes
- D(D) insignificantes
- E(E) de Prout
1616. Las primeras evidencias sobre la existencia de los
isótopos se hacen patentes en los experimentos
realizados- A(A) por Prout
- B(B) por Dalton
- C(C) con elementos radiactivos
- D(D) con varios compuestos puros
- E(E) para medir densidad
1717. Según la lectura B, si de un mismo elemento existen
varios isótopos todos serán idénticos en- A(A) peso atómico
- B(B) propiedades radiactivas
- C(C) peso atómico individual
- D(D) propiedades químicas
- E(E) el mínimo de átomos de hidrógeno
1818. De la lectura B, se infiere que cuando un postulado no
se puede armonizar con los datos experimentales
debemos- A(A) aceptar el postulado e ignorar los datos
- B(B) buscar nuevos datos experimentales
- C(C) descartar los datos experimentales
- D(D) rechazar el postulado
- E(E) restarle importancia al asunto
1919. Al comparar la lectura A con la lectura B, se concluye
que la química es de carácter- A(A) estático
- B(B) infalible
- C(C) rígido
- D(D) caprichoso
- E(E) dinámico
2020. ¿Cuál es el argumento principal de la lectura B que
cuestiona la validez del postulado de Dalton expuesto
en la lectura A?- A(A) Un elemento se compone de átomos con
idéntico peso atómico. - B(B) Los átomos de los elementos se forman por
agregaciones de hidrógeno. - C(C) El promedio de los pesos de átomos de un
elemento es una fracción. - D(D) Aun los elementos idénticos químicamente
pueden diferir en su peso atómico. - E(E) Los elementos poseen propiedades químicas
constantes.
- A(A) Un elemento se compone de átomos con
2121. TIJERAS : CORTAR ::
- A(A) hambre : cocinar
- B(B) aguja : coser
- C(C) luz : apagar
- D(D) pintura : limpiar
- E(E) sed : fallecer
2222. CORTINA : VENTANA ::
- A(A) colcha : cama
- B(B) piel : animal
- C(C) pelo : cabeza
- D(D) corteza : fruta
- E(E) letras : libro
2323. MARCO : PINTURA ::
- A(A) vaso : agua
- B(B) cartera : dinero
- C(C) estufa : gas
- D(D) aire : oxígeno
- E(E) televisor : imagen
2424. INDIGESTIÓN : NÁUSEA ::
- A(A) riñón : cuerpo
- B(B) tormenta : calor
- C(C) insolación : quemadura
- D(D) defensor : libertad
- E(E) problema : solución
2525. CONFUNDIDO : CONFUSO ::
- A(A) amarrado : suelto
- B(B) bendecido : bendito
- C(C) apartado : alejado
- D(D) amado : querido
- E(E) encontrado : hallado
2626. SOMBRA : ÁRBOL ::
- A(A) color : pintura
- B(B) claridad : luz
- C(C) penumbra : catedral
- D(D) calor : hoguera
- E(E) figura : estatua
Información
- Descripción
- Razonamiento verbal, razonamiento matematico y redacción indirecta Razonamiento Verbal Test sobre Razonamiento Verbal Parte I, creado por Alexis Martinez 4991 el 30/03/2015.
- Autor
- Alexis Martinez 4991
- Idioma
- Español
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