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Martha C, Nussbaum
He sostenido que una concepción de la tarea de la filosofía como una actividad médica, consagrada a paliar el sufrimiento humano, conduce a una nueva concepción del método y el procedimiento filosóficos
En efecto, el rigor y la precisión, envueltos en un lenguaje académico árido, alambicado o para iniciados, no empujará al discípulo a la búsqueda de la verdad, no penetrará lo bastante en sus ideas acerca de lo que importa en la vida como para obtener de él o de ella un reconocimiento de lo que realmente piensa y lo que le resulta turbadon
Las escuelas helenísticas fueron las primeras en la historia de la filosofía occidental en reconocer la existencia de motivaciones y creencias inconscientes.
Hay en Lucrecio un rico material para una teoría del desarrollo emocional del niño y la consiguiente represión de la ansiedad.
La instrumentalidad de la razón sigue siendo un elemento perturbador en el procedimiento epicúreo, combinado con el hecho de que el procedimiento no considere las opiniones de «la mayoría y los sabios» al modo dialéctico aristotélico. La ataraxia se propone, un tanto dogmáticamente, como un fin; y ese fin se utiliza luego para dar forma a otros argumentos e incluso para determinar qué juicios y argumentos se van a considerar.
Las escuelas quieren que el discípulo logre la eudaimonía, y todas ellas (incluso los escépticos, o así lo sostengo) operan con alguna concepción definida de lo que es ese fin. Todas ellas consideran, asimismo, la sociedad existente enferma en sus creencias y preferencias, y al discípulo, infectado por esas enfermedades. Esto lleva naturalmente al deseo de intervenir en los procesos racionales de pensamiento del discípulo, a penetrar bajo la superficie de las enseñanzas impartidas por la sociedad a fin de Uegar a los juicios más sólidos que, según afirman, se encuentran enterrados en el alma por debajo de ese material erróneo. (O, en el caso de los escépticos, a destruir toda creencia, sin dejar nada en su lugar).
Para ninguna de las escuelas es la compasión (lástima)'^ una motivación apropiada; pues todas ellas insisten en que la persona sabia está libre de todas las emociones (o, en el caso de los epicúreos, de la mayoría)
Los escépticos insisten en que el maestro no tiene ninguna motivación emotiva, sino sólo el hábito de seguir un oficio y atenerse a cualquier percepción y sentimiento que pueda quedar una vez eliminada toda creencia.
Los epicúreos a diferencia de las otras escuelas, ellos no repudian toda emoción, por lo que pueden admitir y admiten cierta compasión y su visión del fin humano, que les permite creer que, en general, el dolor y la perturbación son malos, les proporciona una base para la compasión cuando se encuentran con el sufrimiento de otro.
Los escépticos no se interesan como tales por la distinción entre juicio moral y clemencia, prefiriendo la flexibilidad sin límites del maestro que suspende todo juicio.
En el epicureísmo las cosas son más complicadas; hasta cierto punto prevalece la relación distante y asimétrica del juicio moral (aunque con mayor reciprocidad en Lucrecio); al mismo tiempo, sin embargo, la compasión por la debilidad humana es un sentimiento que merece aprobación y guía la práctica del maestro.
Quedó para Séneca la tarea de desarrollar la idea de clemencia, conectándola con la percepción de la propia imperfección y el carácter intratable de las «circunstancias de la vida»
Cada una de las escuelas pretende darle al discípulo una vida conforme a la naturaleza. Todas hacen afirmaciones respecto de ésta, haciéndolas derivar de alguna clase de escrutinio del ser humano, sus necesidades y capacidades. En todas ellas, la noción de naturaleza es normativa y no meramente descriptiva, remitiendo a la idea de un florecimiento sin trabas conectado con la eliminación de ciertos obstáculos impuestos por enfermedades (habitualmente sociales). Y, en todos los casos, la pretensión de darnos una vida conforme a la naturaleza se relaciona con el reconocimiento de nuestra finitud como seres mortales, dándonos aspiraciones socialmente inducidas que nos impulsan a trascender esos límites. Por otro lado, en las tres escuelas por igual, se sostiene la pretensión de darnos una vida divina (generalmente, en conexión con la pretensión de eliminar las perturbaciones que más fastidiosa hacen una vida mortal)
¿hasta qué punto la adhesión de estas escuelas a diferentes versiones de la ausencia de dolor y perturbación les permite a sus discípulos adquirir compromisos con algo más que con su propia virtud? Y ¿hasta qué punto es completa la vida de ello resultante?
Los escépticos apartan a su discípulo de todo compromiso, incluidos los compromisos cognitivos, con el argumento de que cualquier compromiso con el mundo, incluso un compromiso con el hecho de que es de esta o de aquella manera, supone un riesgo para el discípulo.
El epicúreo parece entender la ataraxia misma de una manera más activa que el escéptico: no simplemente como la ausencia de perturbación, sino, en sentido positivo, como el funcionamiento sano y sin trabas de todas nuestras facultades, incluidos probablemente algunos usos de nuestras facultades cognoscitivas, y posiblemente también la reciprocidad interactiva de la amistad.
El llamamiento a vivir de conformidad con la naturaleza es, en gran parte, el llamamiento a renunciar a la frenética persecución de esas falsas metas y a reformar los deseos y preferencias de uno a la luz del reconocimiento de que son, en el mejor de los casos, herramientas fuertemente limitadas de la actuación humana.
Algunas formas helenísticas de eliminar la cólera, tales como reducir el apego al dinero y a las posesiones, era perfectamente compatible con el mantenimiento de una cierta dosis de amor en la vida de uno, pero no amor a aquellos objetos y sólo en la medida en que la capacidad para la cólera se mantuviera también mientras permaneciera el amor.
El audaz intento estoico de purificar la vida social de todos &us males, llevado con rigor r hasta el final, acaba eliminando también su carácter humano finito, su lealtad dispuesta al riesgo, su amor apasionado. Abandonando el celo por la absoluta perfección como inadecuado para la vida de un ser finito, abandonando la sed de castigo a los demás y a uno mismo que con tanta frecuencia acompaña a aquel celo, la educación que recomiendo mira con clemencia la ambivalente excelencia y pasión de una vida humana.
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- Fluxograma sobre Sem título, criado por Sous Villarruel em 27-02-2022.
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- Sous Villarruel
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