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Notas

LA NOCHE OSCURA DE MADRE TERESA

Isidro Esparza Marín Teología Mística (Camino hacia la unión con Dios) Grado Superior Espanhol 3,0Avaliação média 3,0 de 5 (1 avaliação) 1 página

Conteúdo das notas (1)

Página 1

LA NOCHE OSCURA DE "MADRE TERESA"

LA

NOCHE OSCURA COMO MISIÓN ENTRE LOS MÁS POBRES

"MADRE

TERESA"

No sé hacia

donde me dirijo.

No veo el camino

delante de mí.

No estoy seguro dónde podré terminar.

Ni siquiera estoy

seguro de quién soy;

y el hecho de que

yo crea que

estoy siguiendo

Tu Voluntad,

no significa que

de hecho la esté cumpliendo.

Pero creo que el

deseo interior de agradarte,

en verdad es algo

que ya te agrada.

Confío en que

este deseo esté presente

en todo lo que

hago.

Espero no hacer

nada contrario a este deseo.

Y sé que si sigo

este camino,

Tú siempre

me guiarás por el camino verdadero,

aunque yo no me

dé cuenta.

Por eso confiaré

siempre en Ti

aunque me sienta

perdido

en las sombras de

la muerte.

No temeré, pues

Tú estás siempre conmigo,

y sé que nunca

permitirás

que

me enfrente solo a los peligros” (Thomas Merton)

En

el libro “Madre Teresa. Ven, sé mi Luz” el P. Brian

Kolodiejchuk, miembro de la Congregación de los Misioneros de la

Caridad y procurador de su causa de beatificación, resume la

enseñanza de San Juan de la Cruz acerca del proceso de quienes

avanzan en la espesura de la experiencia de Dios:

La

primera noche es la de los sentidos,

en la cual los sentidos se van purificando de los apegos y

satisfacciones sensoriales. En este estadio, aunque las

consolaciones ya no se sienten, sin embargo aparece un gran

deseo

de Dios

y un aumento de amor,

humildad,

paciencia

y otras virtudes.

La

segunda noche es la del espíritu,

mucho

más dolorosa porque en ésta la persona desea

sólo

a

Dios

y

lo ama inmensamente, pero apenas puede reconocer el amor de Dios

en su vida. Las

virtudes de

fe, esperanza y caridad son

sometidas a severas pruebas.

La

oración se hace árida, casi imposible, y el consejo espiritual

apenas sirve de nada. Y

a todo ello generalmente se unen otras pruebas de carácter externo

que añaden más sufrimiento.

A

través de esta purificación

el discípulo alcanza un mayor desapego de las cosas creadas y una

mayor unión con Cristo,

llegando a ser un Instrumento dócil en sus manos.

Es

interesante constatar que la experiencia mística de la noche

interior también aparece en otras religiones. En el libro sagrado de

los hindúes, el “Bhagavad-Gita”, el héroe Arjuna

habla con Krishna expresando ansiedad antes de comenzar la

batalla contra las fuerzas del mal: “En

la noche oscura de mi alma me siento desolado.

En mi falta de fe en mí mismo

no encuentro el camino hacia la bondad. Yo soy tu discípulo y

me acerco a pedirte que seas mi luz en el sendero de mis

obligaciones. Porque ni siquiera el reino de la

tierra ni el de los dioses en el cielo, podrían darme paz en medio

del fuego del dolor que quema mi alma”.

Madre Teresa pasó

por esa experiencia espiritual de sequedad y oscuridad, precisamente

en la tierra del misticismo por excelencia, la India.

Arjuna le

dice a Krishna: “sé mi luz, en el sendero de mis

obligaciones”.

El

Señor le dice lo mismo a Teresa de Calcuta aquel 10 de

septiembre de 1946: “Ven, sé mi luz”. Aquí no es la persona

quien pide a la divinidad, sino Dios mismo quien se dirige a

Teresa como un mendigo desolado y miserable: “Ven y llévame

a los agujeros oscuros donde viven los pobres. ¡Ven y sé mi luz!

¿Harás esto por Mí?” Y Teresa dijo SÍ; y dos

años más tarde, exactamente el día 21 de diciembre de 1948 ya

estaba ahí, en medio de las calles de Calcuta. La oscuridad

será su más íntima compañera.

Una

de sus primeras seguidoras diría más tarde: “Verla a ella

vestida pobremente en un simple y humilde sari, con el rosario en la

mano, era como ver el evangelio vivo, era Jesús presente

entre los pobres. Veíamos en ella una luz en la oscuridad de los

suburbios”.

Ésta

fue su oración esencial: “Jesús, Tú

eres el amor de mi corazón, deseo sufrir lo que sufro y

todo lo que Tú quieras que sufra, por puro amor a Ti y no por los méritos que yo pueda ganar

ni por el premio que me has prometido; solamente por agradarte y por

bendecirte tanto en la tristeza como en la alegría”. Esta

oración, aunque no es suya, se convirtió en terreno fértil donde

su vida quedó sembrada y dio fruto abundante.

Junto

a esta experiencia de sentirse lejos y abandonada de Dios,

Madre Teresa sufrió de malas interpretaciones y críticas

malignas. Escribió en su diario íntimo: “Me parece que hay

quienes dicen que no tiene sentido que trabajemos entre los más

abandonados, que los grandes, los intelectuales y los ricos están

dispuestos a todo y que es mejor estar con ellos… Me llaman la

monja de los suburbios, y me siento feliz de serlo por amor suyo y

para su gloria”.

Desgranemos

algunas de las expresiones salidas del corazón mismo de Madre Teresa en las que presenta su estado interno de desolación:

“¡Qué

tortura y qué soledad tan intensa he sentido hoy! Me pregunto por

cuánto tiempo podrá mi corazón sufrir todo esto (año 1949).

“Por

favor, monseñor, rece por mí especialmente para que yo no destruya

el trabajo del Señor y

para que Él

se me manifieste, porque tengo dentro de mí una oscuridad terrible,

como si todo a mi alrededor estuviera muerto. Más o menos esta

situación ha sido permanente desde el comienzo de “la obra”.

Pida al Señor

que me de fuerza (año 1953).

Mi

alma está en una profunda noche y desolación. No, no me quejo. Que

Él haga lo que le parezca mejor (año 1954).

No

entiendo nada, pero es que hay una soledad tan grande en mi corazón

que no puedo ni describirla… ¿Hasta cuándo estará ausente

Nuestro Señor? (año 1955).

Rece

por mí, pues lo que llevo dentro es puro frío congelado. Sólo la

fe ciega me conduce ya que todo en mí es oscuridad. En realidad

hasta que el Señor quiera yo no cuento para nada (año 1955).

Por

favor, rece por mí que ojalá Dios levante esta oscuridad de

mi alma aunque sea por unos pocos días. Porque a veces siento una

agonía de desolación tan grande y a la vez un deseo tan profundo

del Ausente que la única oración que puedo hacer es ésta:

“Sagrado Corazón de Jesús, en Ti

confío. Quiero saciar tu sed de almas” (año 1956).

En

“la llamada” Tú

me

dijiste que iba a sufrir mucho. Han pasado diez años, mi Jesús,

y se ha cumplido en mí tu deseo” (año 1959).

Si

supiera cómo ansío encender el fuego de amor y paz en todo el

mundo. Pida por mí para que Él me use a fondo (año 1969).

No

es la tuberculosis ni el cáncer las auténticas enfermedades. Creo

que el mayor mal es el no ser deseado ni amado. La pena que esta

gente sufre es muy difícil de comprender y penetrar (Madre Teresa

al Sínodo de los Obispos en octubre de 1980).

A

través de esos textos podemos concluir la fe tremenda y

el amor apasionado por el Amado que aparentemente se ausenta

de la sensibilidad. Tras la publicación del libro al que nos hemos

referido antes y del que he entresacado los textos de arriba,

enseguida aparecieron críticas de ataque a Madre Teresa

calificándola de mujer guiada por una imagen ideal de sí

misma y que más tarde construyó sobre la increencia y la duda

permanente. Alguien en la revista NEWSWEEK del 29 de

octubre del 2007 calificaba a Madre Teresa como “aquella

mujer anciana de la que la Iglesia sabía que para todos los efectos

había dejado de creer”.

Naturalmente

quienes así piensan andan del todo despistados y no entienden que

por el contrario Madre Teresa tenía una fe muy bien

cimentada, una fe guiada por el amor que le llevó a una

inmensa sed por el Amado. Es prácticamente una regla de vida:

los grandes santos han tenido graves crisis de fe; cuanto más

grande el santo, mayor la noche oscura del espíritu.

Incluso en

el citado Bhagavad-Gita tiene algo que decir al respecto

contra los escépticos y los no creyentes: “En

la noche oscura de todos los seres aparece la luz

de la persona que está en paz. Pero lo que es día para algunos

parece como noche para el sabio… Sólo por el amor pueden los seres

humanos verme y conocerme y acercarse a mí” (2, 70; 11, 15).

Madre

Teresa aprendió a aceptar los sufrimientos interiores y

exteriores como un privilegio de parte de Dios y así iba

irradiando la alegría de pertenecer a Dios y de vivir con Él.

Sabía que tras la pena de la pasión amanecería la alegría de la

resurrección. En abril de 1942, bajo la guía de sus directores

espirituales, Teresa hizo el voto privado a Dios,

bajo pena de pecado mortal, de jamás negarle nada de lo que Él

le pidiera. Y fue fiel a ello hasta el final de su vida, después

de haber hecho“algo grande para Dios”.

Ella

le amó “como nadie Le había amado antes”.

Su misión fue la de haber sido la luz de la bondad y la compasión

de Dios, en medio de su oscuridad interior, que fue en ella un

ingrediente esencial para su misión. A través de su pena pudo

llegar a comprender mejor la soledad y el sentimiento de rechazo de

los más pobres. Eran las 8 de la tarde del 5 de septiembre de 1997

cuando la Madre entró en la agonía final. Mientras tanto hubo un

apagón en toda la ciudad. Las hermanas llamaron a los doctores y

corrían intentando poner en funcionamiento los dos generadores de la

casa, pero todo fue en vano.

Algo

que nunca antes había sucedido. Calcuta estaba inmersa en la

oscuridad y aquella persona que había proyectado tanta luz al mundo,

se iba apagando lentamente. Al anochecer de aquel día Teresa se

iba adentrando en el amanecer glorioso.

La

oscuridad física en el contexto de la muerte de esa mujer inundada

de luz nos recuerda el discurso del Presidente Nehru tras el

asesinato de Mahatma Gandhi: “Hoy se nos ha ido la luz”.

Hablaba

simbólicamente, claro. Gandhi y la Madre Teresa son

sin duda luces de referencia en nuestro viaje hacia Dios.

CONCLUSIÓN:

La

experiencia de la noche oscura es más común de lo que podemos

imaginarnos. Se le puede llamar depresión, soledad, crisis,

dudas, fracasos, incertidumbres, rechazos… Los grandes místicos

de todos los tiempos y religiones nos hablan con la simbología de la

noche de ese viaje hacia Dios, un viaje sin mapas cuyos

trazos los marcamos guiados por nuestras convicciones e intuiciones

que nos llegan de la gracia, de la experiencia, de la presencia de

Dios.

La

noche cósmica y la noche espiritual pueden traernos angustia, terror

y ansiedad como sucedió a Teresa de Calcuta y otros místicos.

Es una noche donde los demonios se dan cita, incluidos los

demonios de mundo inconsciente, pero hay que atravesar el túnel

confiados. Así la oscuridad se convierte en bendición que nos hace

crecer en el amor. La noche de Teresa de Calcuta nos enseña a

ser fieles a nuestra vocación a pesar de los peligros y las

dificultades que podamos atravesar. Nos enseña a confiar en

Dios sabiendo que esta confianza es ya en sí misma el

mayor servicio que podemos ofrecer al mundo que busca la luz. Si

vivimos así, las noches interiores se convierten en oportunidades

de sabiduría donde Dios va transformando la mente y el

corazón.

Acabamos

esta reflexión con el himno escrito por el Cardenal John Henry

Newman, un himno recitado por Gandhi especialmente hacia

el final de su vida cuando se juntaba a diario con personas de

diferentes religiones a orar juntos.

También Madre Teresa lo

apreciaba y lo vivía:

Luz amable,

luz,

Guíame en

medio de las tinieblas

¡Guíame!

La noche es

densa

y estoy lejos

de mi hogar

¡Guíame!

Mantén listos

mis pies.

No te pido ver

todo el horizonte.

Me basta con

un paso y nada más.

Informações

Descrição
La Noche Oscura vivida por Madre Teresa
Criado por
Isidro Esparza Marín · mai 2016
Atualizado
25 jan 2017
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194
Avaliação
Avaliação média 3,0 de 5 (1 avaliação)

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