Diagrama de flujo
Sin título
Contenido del diagrama
La fuente de la verdadera educación y su propósito.
Fortalece el carácter, de modo que no se sacrifiquen la verdad y la justicia al deseo egoísta o a la ambición mundana.
Las Sagradas Escrituras son la norma perfecta de la verdad y, como tales, se les debería dar el primer lugar en la educación. Para obtener una educación digna de tal nombre, debemos recibir un conocimiento de Dios, el Creador, y de Cristo, el Redentor, según están revelados en la Sagrada Palabra.
Todo ser humano, creado a la imagen de Dios, está dotado de una facultad semejante a la del Creador: la individualidad, la facultad de pensar y hacer. Los hombres en quienes se desarrolla esta facultad son los que llevan responsabilidades, los que dirigen empresas, los que influyen sobre el carácter.
En esta comunión se halla la educación más elevada. Es el método propio que Dios tiene para lograr el desarrollo del ser humano.
En vez de jóvenes educados, pero débiles, las instituciones del saber deben producir jóvenes fuertes para pensar y obrar, jóvenes que
sean amos y no esclavos de las circunstancias, jóvenes que posean amplitud de mente, claridad de pensamiento y valor para defender
sus convicciones.
El que coopera con el propósito divino para impartir a los jóvenes
un conocimiento de Dios, y modelar el carácter en armonía con el suyo, participa en una obra noble y elevada
La verdadera educación es el desarrollo armonioso de
las facultades físicas, mentales y espirituales. Prepara al estudiante
para el gozo de servir en este mundo.
A fin de comprender qué abarca la obra de la educación, necesitamos
considerar tanto la naturaleza del ser humano como el
propósito de Dios al crearlo.
La verdadera educación significa más que la prosecución
de un determinado curso de estudio. Significa más que una
preparación para la vida actual.
Todo verdadero conocimiento y desarrollo tienen su origen en el
conocimiento de Dios.
Hemos de considerar también el cambio que sufrió la humanidad por la introducción del conocimiento del mal, y el plan de Dios para cumplir, sin embargo, su glorioso propósito en la educación de la especie humana.
Cuando Adán salió de las manos del Creador, llevaba en su naturaleza
física, mental y espiritual, la semejanza de su Hacedor.
Todas sus facultades eran susceptibles de
desarrollo; su capacidad y su fortaleza debían aumentar continuamente.
Fortalece la mente para su lucha contra
el mal.
Al espaciarse en la perfección del carácter de Dios, la
mente se renueva y el alma vuelve a crearse a su imagen.
Al despertar el deseo de alcanzar el ideal de Dios, presenta una educación tan elevada como el cielo, y tan amplia como el universo; una educación que no se puede completar en esta vida, sino que continuará en la venidera; una educación que asegura al estudiante de éxito su pasaporte de la escuela preparatoria de la tierra a la superior, la celestial.
Información
- Descripción
- Diagrama sobre Sin título, creado por Anali Tuanama el 10/09/2020.
- Creado por
- Anali Tuanama
- Visitas
- 0
- Valoración