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psa
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La tarea inmediata a que se ve enfrentado el analista que trata más de un enfermo por día le parecerá, sin duda, la más difícil. Consiste en guardar en la memoria los innumerables nombres, fechas, detalles del recuerdo, ocurrencias y producciones patológicas que se presentan durante la cura, y en no confundirlos con un material parecido oriundo de otros pacientes analizados antes o al mismo tiempo. no querer fijarse [merken] en nada en particular y en prestar a todo cuanto uno escucha la misma «atención parejamente flotante»,
No se debe olvidar que \?s. más de las veces uno tiene que escuchar cosas cuyo significado sólo con pojt.-rioridad {nachtrcigUch} discernirá. Como se ve, el precepto de fijarse en todo por igual es el correspondiente necesario de lo que se exige al analizado, a saber: q-ic refiera todo cuanto se le ocurra, sin crítica ni selección previas.
Lo que uno cosecha de esta manera llena todos los requisitos en el curso del tratamiento. Los elementos del material que ya se ensamblan en un nexo quedarán a la disposición conciente del médico; lo otro, lo todavía incoherente, lo que brota en caótico desorden, parece naufragado al comienzo, pero reaflora con presteza en la memoria tan pronto como el analizado presenta algo nuevo a lo cual referirlo y a través de lo cual se lo pueda continuar.
Mientras uno toma apuntes o traza signos taquigráficos, forzosamente practica una dañina selección en el material, y así liga un fragmento de su propia actividad espiritual que hallaría mejor empleo en la interpretación de lo escuchado. Sin embargo, no cabe objetar que se hagan algunas excepciones a esta regla para fechas, textos de sueños o ciertos resultados dignos de nota que puedan desprenderse con facilidad del contexto y se presten para utilizarlos como ejemplos autónomos.''' Pero yo no suelo hacer esto tampoco. A los ejemplos los registro por escrito de memoria al anochecer, después de terminado el trabajo;
Para el psicoanalista, en las circunstancias hoy reinantes, hay una tendencia afectiva peligrosísima: la ambición de obtener, con su nuevo y tan atacado instrumento, un logro convincente para los demás. Así no sólo se sitúa él mismo en una disposición de ánimo desfavorable para el trabajo, sino que se expone indefenso a ciertas resistencias del paciente,
Aquella frialdad de sentimiento que cabe exigir del analista se justifica porque crea para ambas parles las condiciones más ventajosas: para el médico el muy deseable cuidado de su propia vida afectiva; para el enfermo, el máximo grado de socorro que hoy nos es posible prestarle
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el médico ha de estar en tondiciones de servirse así de su inconciente como instrumento del análisis, es lícito exigirle, más bien, que se haya sometido a una purificación psicoanalítica, y tornado noticia de sus propios complejos que pudieran perturbarlo para aprehender lo que el analizado le ofrece. Es por cieno tentador para el psicoanalista joven y entusiasta poner en juego mucho de su propia individualidad para arrebatar al paciente y hacerlo elevarse sobre los límites de su personalidad estrecha: contarle sus cosas
Sin embargo, esa técnica no ayuda en nada a descubrir lo inconciente para el enfermo; lo inhabilita aún más para superar resistencias más profundas, y en casos graves por regla general fracasa ante la avidez despertada del enfermo, a quien le gustaría invertir la relación pues encuentra el análisis del médico más interesante que el suyo propio.
Esforzándolos desmedidamente a in sublimación y segregándolos de las satisfacciones pulsionalcs más inmediatas y cómodas, la mayoría de las veces se les tor nará la vida más dificultosa todavía que antes.
reflexionan mucho sobre su estado, a menudo con gran sabiduría, ahorrándose así el hacer algo para llegar a dominarlo. Por eso no me inclino a recurrir con mis pacientes a la lectura de escritos psicoanalíticos; les demando que lo aprendan en su persona propia y les aseguro que de esa manera averiguarán tnás cosas, y de mayor valor
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hacer sondeo del caso una o dos semanas
tiempo: acordar horario el mismo siempre, en caso de afecciones inequívocamente orgánicas, que el interés psíquico en modo alguno puede ^llevarnos a excluir, interrumpo el tratamiento, me considero autorizado a dar otro empleo a la hora así liberada, y retomo al paciente tan pronto se restablece y me queda libre otra hora. Trabajo con mis pacientes cotidianamente, con excepción del domingo y los días festivos; vale decir, de ordinario, seis veces por semana. En casos benignos, o en continuaciones de tratamientos muy extensos, bastan tres sesiones por semana. un trabajo menos frecuente corre el riesgo de no estar acompasado con el vivenciar real del paciente, y que así la cura pierda contacto con el presente y sea esforzada por caminos laterales.
En verdad, la pregunta por la duración del tra tamiento es de respuesta casi imposible, Es, por otra parte, una entendible consecuencia de la profunda ignorancia que existe acerca de su etiología. Merced a tal desconocimiento, la neurosis es para ellos una suerte de «señorita forastera».* Uno no sabe de dónde vino, y por eso espera que un buen día haya de desaparecer. el psicoanálisis requiere siempre lapsos más prolongados, medio año o uno entero; son más largos de lo que esperaba el enfermo por la atemporalidad del icc. Por eso se tiene el deber de revelarle ese estado de cosas antes que él se decida en definitiva a emprender el tratamiento. se le llame de antemano la atención sobre las dificultades y sacrificios de la terapia analítica. Yo desapruebo comprometer a los pacientes a que perseveren cierto lapso en el tratamiento; les consiento que interrumpan la cura cuando quieran, pero no les oculto que una ruptura tras breve trabajo no arrojará ningún resultado positivo, y es fácil que, como una operación incompleta, los deje en un estado insatisfactorio. ese proceso, una vez iniciado, sigue su propio camino y no admite que se le prescriban ni su dirección ni la secuencia de los puntos que acometerá.
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También la neurosis de un ser humano posee los caracteres de un organismo; sus fenómenos parciales no son independientes unos de otros, pues se condicionan y suelen apoyarse recíprocamente; siempre se padece de una sola neurosis, no de varias que por azar coincidirían en un individuo.
Dinero: tratarlo con la misma sinceridad natural de los asuntos de la vida sexual ya que en la estima del dinero coparticipan poderosos factores sexuales, no dejar que se acumulen sino cobrar regularmente. El psicoanalista tiene derecho a cobrar caro porque dispone de tratamientos capaces de remediar
mantener el divan y no mirar al paciente para no contaminar la transferencia. no importa con que material empiece el paciente con tal de que el mismo realice su relato, siempre apelando a la asociacion libre, no a una conversacion normal
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Hay pacientes que desde las primeras sesiones preparan con cuidado su relato, supuestamente para asegurarse un mejor aprovechamiento del tiempo de terapia. Lo que así se viste de celo es resistencia. Corresponde desaconsejar esa preparación, practicada sólo para protegerse del afloramiento de ocurrencias indeseadas. Será entonces oportuno amonestar al paciente para que trate su cura analítica como un asunto entre su médico y él mismo, y no haga consabedoras a las demás personas, que lo apartaran del analisis. Si en el curso del análisis el paciente necesita pasajeramente de otra terapia, clínica o especializada, es mucho más adecuado acudir a un colega no analista que prestarle uno mismo esa otra asistencia
no hay que decirles de que hablar si dicen que no se les ocurre nada. todo lo que se anuda a la situación presente corresponde a una trasferencia sobre el médico, la que prueba ser apta para una resistencia.^' Así, uno se ve forzado a empezar poniendo en descubierto esa trasferencia; desde ella se encuentra con rapidez el acceso al material patógeno.
Así dividen su tratamiento en un tramo oficial, en cuyo trascurso se comportan las más de las veces muy inhibidos, y un tramo «cordial» en el que realmente hablan con libertad y comunican toda clase de cosas, sin computarlas ellos como parte del tratamiento. El médico no consentirá por mucho tiempo esta separación; tomará nota de lo dicho antes de la sesión o después de ella y, aplicándolo en la primera oportunidad, volverá a desgarrar el biombo que el paciente quería levantar. Ese biombo se construye, también aquí, con el material de ima resistencia trasferencial. Ahora bien, mientras las comunicaciones y ocurrencias del paciente afluyan sin detención, no hay que tocar el tema de la trasferencia. Es preciso aguardar para este, el más espinoso de todos los procedimientos, hasta que la trasferencia haya devenido resistencia.
Por lo general, el efecto terapéutico será en principio nulo, y definitiva la intimidación ante el análisis. Aun en períodos posteriores del tratamiento h ibrá que proceder con cautela para no comunicar una solución de síntoma y traducción de un deseo antes que el paciente esté próximo a ello,
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Y es que los enfermos saben sobre la vivencia reprimida en su pensar, pero a este último le falta la conexión con aquel lugar donde se halla de algún modo el recuerdo reprimido. que la comunicación conciente de lo reprimido no deja de producir efectos en el enfermo. Primero incitará resistencias, pero luego, una vez vencidas estas, un proceso de pensamiento en cuyo decurso terminará por producirse el esperado influjo sobre el recuerdo inconciente.
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Hemos analizado al enfeiino, vaic decir, liemos ilescoinpuesto su actividad anímica en sus ingredientes elementales, pesquisando en él esos elementos pulsionales separados y aislados
el enfermo tic neurosis nos ofrece una vida anímica tlesnarratla, segment acia por resistencias, y al paso que la analizamos y climiiiiimos estas últimas, ella crece orgánicamente, va integrando en la gran unidad que llamamos su «yo» todas las mociones pulsionales que hasta entonces estaban escindidas de él y ligadas aparte
actividad psa: hacer conciente lo reprimido y poner en descubiertii las resistencias. debemos cuidar que el padecer del enfermo no termine prematuramente en una medida decisiva. La tarea es pesquisarlas a esas satisfacciones sustitutivas uno por uno y pe dirle que renuncie a ellos, por inocente que [larczcu en sí misma la actividad productora de satisfacción. El enfermo busca la satisfacción sustitutiva sobre todo en la cura misma, dentro de la relación de trasferencia con el médico, . Lo adecuado al fin es, justamente, denegarle {vcrsagen] aquellas satisfacciones que más intensamente desea y que exterioriza con mayor urgencia. es preciso mantenerlo en estado de privacion
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- Apunte sobre psa, creado por Paz Salcedo el 27/10/2020.
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- Paz Salcedo
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