Apuntes
tema 1 Platón
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Tema 2: Filosofía griega II: Platón (s. V a. C.)
I. Introducción
1. Biografía
Nació en Atenas, hacia el 427 a.C. De familia aristocrática, tanto él como sus parientes creían descender
directamente de los dioses. A los 20 años conoce a Sócrates, al que estará muy ligado durante toda su vida.
Pronto se sintió inclinado hacia la acción política (entre los Treinta Tiranos de Atenas hubo dos parientes
suyos y varios conocidos), pero se desilusionó cuando condenaron a muerte a Sócrates. Se dio cuenta de
que la legislación y la moralidad estaban corrompidas, y llegó a la conclusión de que sólo la filosofía
puede mostrar dónde está la justicia: "No acabarán los males hasta que llegue la raza de los filósofos
auténticos y limpios al poder, o hasta que los políticos no se pongan a filosofar en serio".
Su filosofía tiene una finalidad claramente práctica, política. Y en su Academia pretende educar a los futuros
gobernantes-filósofos. Su ilusión: crear un Estado en el que la muerte de Sócrates -el mejor, más sabio y
justo de los hombres conocidos- resulte imposible.
Conservamos casi toda su obra, sus Diálogos, cuyo protagonista es Sócrates.
2. Períodos de su obra
1. Diálogos socráticos de juventud (399-389): Tras la muerte de Sócrates, Platón y algunos
discípulos se refugian en Megara, donde permanecen unos tres años. Después hace algunos viajes a
Egipto y probablemente a Italia. En esta época mantiene total fidelidad a las enseñanzas de Sócrates
y la virtud será su tema central. Obras: Apología de Sócrates (defensa de Sócrates ante el tribunal
que lo condenó a muerte), y Protágoras, donde se plantea si la virtud puede ser enseñada y se
perfila el concepto socrático de la virtud como forma de saber.
2. Diálogos de transición (388-385): Platón viaja a Italia y entra en contacto con algunos pitagóricos
célebres, cuyo influjo será considerable (inmortalidad y transmigración del alma, vida comunitaria de
los filósofos, temas cosmológicos, importancia de las matemáticas, música, etc.). Después marcha a
Siracusa en Sicilia, donde conoce a Dión, cuñado del tirano que allí gobernaba, Dionisio I de
Siracusa. Criticó, parece, la vida escandalosa y fastuosa de la corte, motivo por el cual parece que
Dionisio lo vendió como esclavo. Un amigo lo rescató y consiguió volver a Atenas. Allí funda la
Academia (estaba cerca del templo dedicado al héroe Academos), inspirándose en parte en las
comunidades filosóficas pitagóricas. Por su estilo y funcionamiento, puede considerarse la primera
universidad occidental. Mantuvo su actividad hasta el año 549 d.C.. En este período de su obra
predominan los problemas políticos -enfrentamiento de Sócrates con los sofistas y contra la
democracia-. Se nota la influencia del pitagorismo y de algunas corrientes religiosas como el orfismo
(en el tema de la preexistencia del alma). Primeros esbozos de la teoría de las ideas. El Gorgias
trata sobre la retórica y la justicia, e incluye una crítica contra la democracia ateniense y un mito
sobre la inmortalidad. El Menón analiza también si la virtud puede ser enseñada, se plantea la inmortalidad del alma y apunta la idea del conocimiento como reminiscencia.
3. Diálogos de madurez (385-370): Platón dirige su Academia, en Atenas. En esta época elabora su
teoría de las Ideas y una teoría completa del Estado. Presenta a Sócrates mucho más convencido
de sus ideas, como poseedor de la verdad. Es ahora cuando Platón redacta sus principales mitos.
Diálogos fundamentales: el Banquete (teoría platónica del amor y de las Ideas); Fedón (diálogo de
Sócrates en la cárcel sobre la inmortalidad del alma y la filosofía); La República (el más extenso,
sobre el Estado y las principales reflexiones de la filosofía); el Fedro (sobre el amor, la belleza y el
alma).
4. Diálogos críticos (369-362): Vuelve a Siracusa con la esperanza de poder poner en práctica sus
ideas sobre el Estado, muerto ya el tirano Dionisio I y habiendo sido sucedido por su hijo Dionisio II.
Acusan de conspiración a Dión y a Platón. A éste lo encarcelan dos años. Ahora, sus diálogos son
bastante críticos respecto a sus teorías anteriores. El estilo es más difícil y presta mayor atención a
los problemas lógicos. Otros diálogos: Parménides (una autocrítica a la Teoría de las Ideas), el
Político (que debería haber sido completado con otro que nunca llegó a escribir, el Filósofo). Se
deslindan los conceptos filósofo y político.
5. Últimos diálogos (361-347): Platón vuelve a Siracusa otra vez y de nuevo termina hecho prisionero
por participar en conspiraciones. Dión es ejecutado por Dionisio II. Vuelve a Atenas gracias a la
mediación de otro amigo influyente. Abandona las cuestiones metafísicas y se interesa por la
cosmología (con influencia del pitagorismo) y la historia. Políticamente, se vuelve más duro y
conservador. Diálogos: Timeo (una cosmología inicial e historia del universo, con todos los
conocimientos de la época); y Las Leyes (sobre la ciudad ideal con las leyes ideales, que no pudo
revisar ni pulir porque le sorprendió la muerte). Sorprende en este diálogo su pesimismo e
intolerancia, derivados probablemente de su desilusión ante el fracaso de tantos proyectos como
inició.
Su obra, por tanto, no es una serie de libros sistemáticos, sino diálogos que resumen a menudo las
discusiones mantenidas en la Academia. Muchas de sus teorías van acompañadas de un lenguaje mítico y
literario, del que cuesta desprender las reflexiones típicamente filosóficas.
3. Influencias filosóficas en Platón
En la exposición de la teoría de las Ideas podemos apreciar numerosas influencias de filósofos anteriores a
Platón: De Heráclito toma la noción de mundo sensible sometido a cambio permanente. De Pitágoras
hereda la importancia que concede a la geometría, hasta el punto de poner como inscripción en la entrada de
la Academia: "No entre aquí nadie que no sepa geometría" y proponer a los entes matemáticos como
intermediarios en nuestro camino hacia las Ideas. De Sócrates asimila gran parte de sus doctrinas
(definiciones, intelectualismo moral...), y a él le dedica casi todos sus diálogos. La influencia de Parménides
se aprecia en todas sus teorías sobre las Ideas y la realidad del ser. Y otras muchas ideas platónicas
surgieron a propósito de la confrontación entre las tesis de Heráclito y las de Parménides. La teoría de las
ideas podría ser entendida como un intento de conciliar las ideas básicas, pero opuestas, de los
principales filósofos anteriores:
1. Protágoras: Afirmó que todo conocimiento es relativo y que no existen verdades absolutas.
4. El proyecto filosófico de Platón
Platón fue, fundamentalmente, un pensador político. Su proyecto fue elaborar 1) el esbozo (utópico) de una
ciudad ideal, y 2) un programa de educación de los ciudadanos, en especial de los gobernantes. Este
proyecto y este programa se encuentran recogidos en la República. Y se puede considerar que el resto de las
doctrinas de Platón giran en torno a este proyecto básico.
Cómo concibió este proyecto, lo cuenta él mismo en la Carta VII, dirigida a los amigos de su discípulo Dión.
Desde joven, Platón se había sentido inclinado hacia la actividad política (y, sin duda, por tradición familiar,
no simpatizaba demasiado con la democracia ateniense). Algunos de los Treinta Tiranos - dice Platón- "eran
o parientes míos, o mis conocidos, y me invitaron a colaborar. [...] Yo me hice grandes ilusiones". Pero el
régimen de terror que se implanta le aleja de ellos. Nuevas ilusiones con la democracia recién restaurada. Sin
embargo, se comienzan a cometer actos de venganza, a pesar de que los que en aquel momento regresaron
utilizaron una gran moderación: condena de Sócrates. Nueva desilusión. Y una decisión capital:
Al ver esto y al ver a los hombres que dirigían la política, cuanto más consideraba yo las leyes y
las costumbres, y más iba avanzando en edad, tanto más difícil me fue pareciendo administrar
bien los asuntos del Estado. [...] La legislación y la moralidad estaban corrompidas hasta tal
punto que yo, lleno de ardor al principio para trabajar por el bien público, considerando esta
situación y de qué manera iba todo ala deriva, acabé por quedar aturdido. [...] Finalmente, llegué
a comprender que todos los Estados actuales están mal gobernados, pues su legislación es
prácticamente incurable sin unir unos preparativos enérgicos a unas circunstancias felices.
Entonces me sentí irresistiblemente movido a dedicarme a la verdadera filosofía, y a proclamar
que sólo con su luz se puede reconocer dónde está la justicia en la vida pública y en la vida
privada. Así pues, no acabarán los males para el ser humano hasta que llegue la raza de los
puros y auténticos filósofos al poder, o hasta que los jefes de las ciudades, por una especial
gracia de la divinidad, no se pongan verdaderamente a filosofar.
Platón, Carta VII.
El texto lo dice todo. La salvación de la ciudad sólo es posible si quienes gobiernan son filósofos que
conozcan qué es - la "idea"- la verdadera justicia. Al fundar la Academia Platón pretende educar a esos
futuros gobernantes- filósofos; y sus viajes a Sicilia son un intento de convertir a la filosofía a los tiranos de
Siracusa y realizar su sueño. Esto ambiciona Platón: crear un Estado en el que la muerte de Sócrates -"el
mejor de los hombres que hemos conocido, el más sabio y el más justo", últimas palabras del Fedón- sea
imposible.
Platón entiende así llevar a su término la labor iniciada por su maestro, Sócrates. Y entiende también
explícitamente oponerse a las doctrinas de los sofistas. Si "el ser humano es la medida de todas las cosas"
(Protágoras), entonces palabras como "bien" y "justicia" significarán lo que cada uno quiera que signifiquen.
Si las leyes son sólo producto del acuerdo entre los ciudadanos, entonces su modificación estará en manos
de los más influyentes. Y si lo justo es el derecho del "más fuerte", entonces no habrá límites para la ambición
de los poderosos. Es preciso, pues, que la justicia sea algo que se substraiga a las opiniones, algo que mida
la rectitud de las leyes, algo a lo que se deban someter hasta los más fuertes: la "idea" de la Justicia (con
mayúscula). Pero descubrir esa "idea" no es tarea fácil. Sólo los filósofos lo consiguen después de una ardua
educación.
Sócrates: Sostuvo que podemos hallar definiciones universalmente válidas y comprensibles.
2. Heráclito: Afirmó que las cosas, tal como nos muestran los sentidos, están en continua
transformación, en constante fluir. No es posible la ciencia. Parménides: Define un ser totalmente
opuesto al de Heráclito. La vía de la verdad y de la razón establecen que el ser es inmóvil, uno,
eterno... y que, por tanto, los sentidos nos engañan.
Desde este punto de vista podemos decir que Platón representa la primera síntesis filosófica en la historia
del pensamiento, al intentar una mediación entre el pensamiento de Heráclito y el de Parménides. Esto le
lleva a sostener, por un lado, que existen conceptos estables, realidades permanentes, al mismo tiempo que,
por otro lado, existen también las cosas mutables y efímeras que nos muestra el conocimiento sensible. En
definitiva, postula la existencia de una doble realidad (el mundo de las ideas y el mundo sensible) y dos
formas de conocimiento (el conocimiento sensible y el intelectual o racional).
II. La Teoría de las Ideas
La educación de los filósofos-gobernantes concluye en el momento en que descubren las Ideas. ¿Qué son
las Ideas para Platón? Palabras como "justicia"; "bondad" o "belleza" no pueden ser sólo palabras que
posean el significado que cada cual quiera darles (relativismo de los sofistas). Deben representar algo en-
sí, y no sólo para-mí. De este modo, la palabra "justicia" debe expresar lo que es la "Justicia en-sí-misma" y
no lo que a cada uno le parezca.
Podemos entender esto si tenemos en cuenta la influencia que tuvo la matemática pitagórica en Platón.
Platón se había dado cuenta de que cuando los matemáticos trazaban la diagonal de un cuadrado no estaban pensando en un cuadrado cualquiera, sino en "el Cuadrado en-sí". Pensaban además que lo que es
el Cuadrado no es algo opinable, puesto que el Cuadrado es lo que es con independencia de lo que se
piense sobre él y de que haya sido descubierto o no. Pues bien, Platón pensó que lo mismo sucedía con la
Justicia o la Belleza. La Justicia y la Belleza tienen la misma realidad que el Cuadrado. Y del mismo modo
que sólo el matemático conoce el Cuadrado y sus teoremas, sólo el filósofo conoce la Justicia y la Belleza, y
otras Ideas semejantes.
El aspecto fundamental de la teoría de las Ideas es su carácter normativo e incluso utópico. Las Ideas no
representan lo que las cosas o las acciones humanas son, sino lo que deben ser. Representan, pues,
modelos ideales (o, simplemente, "ideales") a los que todo debe tender. Quizá Platón se inspiró aquí en el
trabajo de los artistas: "Belleza" no es lo que posee una estatua, sino lo que intenta plasmar. La Belleza no es
la estatua; es un ideal, una Idea que el artista busca.
Esta teoría puede ser llamada "idealismo" en un sentido muy particular: porque pretende que lo ideal es lo
más real de todo. De aquí deriva una concepción poco usual del político: para Platón no es la persona
"práctica", "eficaz" o "experta" - el tecnócrata, se diría hoy día- , sino que el político es "el gran idealista", el
filósofo que intenta plasmar en la ciudad modelos ideales preexistentes y eternos que él ha aprendido a
descubrir.
He aquí algunas indicaciones más "técnicas" acerca de la teoría de las Ideas:
1. Las Ideas son "esencias" (traducción habitual de eidos), es decir, "aquello por lo que una cosa
(particular) es lo que es". Así, la Idea de la belleza es la Belleza en-sí, y "aquello-por-lo-que" las
cosas son bellas.
2. Pero estas "esencias" no existen en las cosas cuya esencia son (concepción filosófica más corriente),
sino que existen separadas de las cosas particulares. Son entidades que poseen existencia real e
independiente: cada Idea es una "substancia" (ousía), algo que existe en-sí como una realidad
trascendente y no inmanente a las cosas.
3. La teoría implica, pues, una duplicación del mundo: por un lado, el Mundo visible de las cosas
particulares; por otro, el Mundo inteligible de las Ideas. El "Mundo visible" es un mundo fugaz,
dominado por el cambio continuo (Heráclito)- , y las cosas particulares - al no tener en sí su propia
esencia- carecen de consistencia. En cambio, el "Mundo inteligible" está compuesto por Ideas que
gozan de las características del Ser de Parménides: cada Idea es única, eterna e inmutable. Las
Ideas no son cosas que se puedan ver; sólo la inteligencia las ve. Por eso se llaman "Ideas",
etimológicamente "visiones", en el sentido de algo que se ve o descubre.
4. La relación entre Ideas y cosas es denominada mediante expresiones diversas. Desde el punto de
vista de las cosas, se dice que es una relación de participación o imitación. Desde el punto de vista
de las Ideas es llamada presencia; o se dice que las Ideas son causa de las cosas (no en cuanto que
produzcan las cosas, sino en cuanto que son sus esencias: lo que Aristóteles llamará más tarde
"causa formal", o modelo de ellas.
5. Las Ideas se encuentran jerarquizadas: la Idea suprema es la Idea del Bien (o la Belleza); luego, las
Ideas éticas (de las virtudes), las Ideas estéticas, las Ideas matemáticas, y, finalmente, las Ideas de
cosas.
6. La teoría de las Ideas fue revisada y criticada por Platón en los Diálogos de la etapa crítica,
especialmente en el Parménides. La teoría tropieza en una dificultad que Platón no quiso ocultar:
¿Cuál es la relación entre las Ideas y las cosas? En el Parménides reconoce que los conceptos de
"participación" e "imitación" no explican bien esa relación. Por ejemplo, si la Idea es "participada"
por las cosas, entonces parece perder su unidad y separación. En cuanto al concepto de
"imitación", conduce al callejón sin salida del argumento del "Tercer Hombre" [1] . Las dificultades
proceden, sin duda, del carácter separado de las Ideas y, quizá, Platón quiere decir que
desaparecerían si se aprendiera a no considerar las Ideas como si fuesen cosas. En cualquier caso,
y pese a las dificultades presentadas, Platón afirma que hay que seguir admitiendo la existencia de
las Ideas porque, si no, "no habría hacia dónde dirigir el pensamiento [...], y se destruiría totalmente
el poder de la dialéctica" (Parménides, 135bc).
III. El ser humano
La teoría platónica del conocimiento y su teoría política presuponen una concepción del ser humano -
una antropología- , en especial una doctrina del alma.
Los presocráticos fueron materialistas. Para ellos el ser humano era un cuerpo animado por un alma -
principio de vida- también material. La única excepción son los pitagóricos, y en ellos parece inspirarse
Platón, quien defiende una concepción dualista: el ser humano se compone de un cuerpo (material y mortal)
y un alma (inmaterial e inmortal), aunque a veces dice que "el ser humano es su alma".
La doctrina platónica sobre el alma es bastante fluctuante y recurre con frecuencia a mitos o a explicaciones
simplemente probables. Establece una división tripartita del alma, expresión, quizá, de los conflictos éticos
y psíquicos que el ser humano experimenta en sí mismo:
1. el alma racional (nous, logos), inmortal, inteligente, de naturaleza "divina" y situada en el cerebro;
2. el alma agresiva (thymós), fuente de pasiones nobles, situada en el tórax e inseparable del cuerpo
(por tanto, mortal);
3. el alma apetitiva (epithymía), fuente de pasiones innobles, situada en el abdomen y también mortal.
Esta teoría del alma es también de algún modo dualista: hay una parte inmortal del alma, y el resto es
mortal y ligado al cuerpo. Según el Timeo, el alma racional ha sido creada directamente por el Demiurgo con
los mismos elementos que el Alma del Mundo. Se afirma así su inmortalidad y su carácter "divino", es decir,
su similitud con el Mundo de las Ideas (lo que le da la posibilidad de conocerlas).
La inmortalidad del alma es una de las doctrinas fundamentales de Platón, y constituyó una novedad
filosófica. Platón dedica su diálogo Fedón a hacer la demostración. Sin embargo, él mismo reconoce que sus
argumentos no son sino probables y que no disipan todas las dudas. Lo mismo sucede con la doctrina de las
reencarnaciones sucesivas del alma.
En cuanto al cuerpo humano, Platón mantiene una concepción bastante peyorativa: el cuerpo es un estorbo
para el alma, la arrastra con sus pasiones y le impide la contemplación de las Ideas. Por eso, lo mejor que le
puede pasar al filósofo es morir, y la filosofía no es sino una "preparación para la muerte". En el Fedro la
unión del alma con el cuerpo se presenta como castigo por algún pecado, y es concebida como una unión
puramente accidental (como el piloto en la nave o el músico con su instrumento). En el Timeo el cuerpo, en
cambio, es concebido menos peyorativamente, y Platón afirma que puede estar en perfecta armonía con el
alma.
¿Cómo llega el filósofo a conocer las Ideas? La posibilidad de este conocimiento se basa en tres aspectos
esenciales de la teoría de las Ideas:
1. las cosas imitan o participan de las Ideas;
2. el alma - que es inmaterial o espiritual- es una realidad intermedia entre las cosas y las Ideas,
3. las Ideas están jerarquizadas, de tal manera que las de rango inferior "participan" de las superiores,
y todas ellas de la Idea del Bien (por ejemplo, las Ideas matemáticas participan de las Ideas
estéticas: son "bellas"). Tal será el fundamento de la teoría platónica del conocimiento.
Las formas de acceder a las Ideas son tres:
1. La reminiscencia o anámnesis
Según Platón, conocer es recordar (anámnesis). Esto supone que el alma tuvo que conocer las Ideas en
una existencia anterior "separada" del cuerpo y que dado que las cosas "imitan" a las Ideas, el
conocimiento sensible sirve como ocasión para el recuerdo.
2. La dialéctica
La teoría de la reminiscencia desaparece de los diálogos platónicos posteriores. ¿Fue abandonada por
Platón? Sea lo que fuere, toda la atención se concentra ahora en la dialéctica, la cual en los primeros
diálogos no es sino el método socrático de preguntas y respuestas. Pero a partir de la República experimenta
una notable transformación: se convierte en el procedimiento por el que el filósofo accede al "mundo
inteligible" y conoce cómo las Ideas se encuentran relacionadas entre sí.
Al final del libro VI de la República Platón explica con cierto detalle en qué consiste la dialéctica,
estableciendo la diferencia radical entre el modo como proceden el matemático y el dialéctico. Las
matemáticas emplean un método discursivo descendente: parten de una hipótesis y deducen conclusiones,
ayudándose de imágenes visibles (dibujos de figuras geométricas). En cambio, la dialéctica emplea un
método discursivo ascendente: las hipótesis son - y ése es su sentido etimológico: "peldaños" (algo su-
puesto, "puesto- debajo")- aquello en lo que el dialéctico se apoya para "llegar a un principio no hipotético". Y
para ello no recurre en absoluto a imágenes. Parte de una Idea y asciende hasta la Idea suprema. Ello
supone que el Mundo de las Ideas se encuentra jerarquizado, y que la Idea suprema es el primer "principio"
cuyo conocimiento hace verdaderamente inteligibles las demás Ideas. En la República esta Idea es la Idea
del Bien (la cual es, así, "el sol del mundo inteligible"). Finalmente, el dialéctico emprende el camino inverso:
desciende desde la Idea suprema encadenando con ella todas las demás Ideas. De este modo, el dialéctico
consigue establecer la comunicación y la trabazón entre las Ideas, adquiriendo una "visión sinóptica" del
Mundo inteligible.
En realidad, Platón no nos dice cómo se llega a conocer las Ideas. Únicamente dice que el alma tiene
capacidad para ello, y que se trata únicamente de "aprender a mirar en la buena dirección". Y que como hay
que prepararse para una ascensión, las matemáticas son el "preludio de la melodía que hay que aprender".
En efecto, "dan un fuerte impulso hacia la región superior", ya que arrancan del mundo del devenir e
introducen en la contemplación de objetos inteligibles. Sin embargo, el matemático todavía está atado a las
imágenes sensibles. Abandonarlas y penetrar en el mundo de las Ideas, ésa es la tarea del dialéctico, es
decir, del filósofo.
3. El amor
El amor (eros) platónico es también un proceso ascendente, una especie de dialéctica emocional. Platón
le dedica dos bellos diálogos: Banquete y Fedro. Un fragmento del primero hace ver que si en la dialéctica
la ascensión parece realizarse sólo de las Ideas inferiores hasta la Idea Suprema, en el amor se trata de
una ascensión desde las cosas hasta la Idea suprema (la Belleza).
Quien hasta aquí haya sido instruido en las cosas del amor, tras haber contemplado las cosas
bellas descubrirá (...) algo maravillosamente bello por naturaleza, (...), que existe siempre y ni
nace ni perece, ni crece ni decrece; en segundo lugar, no es bello en un aspecto y feo en otro, ni
unas veces bello y otras no, ni bello respecto a una cosa y feo respecto a otra, ni aquí bello y allí
feo, como si fuera para unos bello y para otros feo. Ni tampoco se le aparecerá esta belleza bajo
la forma de un rostro ni de unas manos ni de cualquier otra cosa de las que participa un
cuerpo,(...), sino la belleza en sí, que es siempre consigo misma específicamente única, mientras
que todas las otras cosas bellas participan de ella de una manera tal que el nacimiento y muerte
de éstas no le causa ni aumento ni disminución... Por consiguiente, cuando alguien asciende a
partir de las cosas de este mundo(...), y empieza a divisar aquella belleza, puede decirse que
toca casi el fin(...). Empezando por las cosas bellas de aquí sirviéndose de ellas como de
peldaños ir ascendiendo continuamente, en base a aquella belleza, de uno solo a dos y de dos a
todos los cuerpos bellos y de los cuerpos bellos a las bellas normas de conducta, y de las
normas de conducta a los bellos conocimientos, y partiendo de estos, terminar en aquel
conocimiento que es conocimiento no de otra cosa sino de aquella belleza absoluta, para que
conozca al fin lo que es la belleza en sí.
Platón: Banquete, 210 e-211 d. Diálogos, vol III. Ed. Gredos. Madrid, 1992.
El Fedro desarrolla el mismo tema en el contexto mítico de la representación del alma como un ser alado, y con referencia directa a la reminiscencia. El alma que ha caído a la tierra, ha olvidado todo y ha perdido sus
alas; pero "viendo la hermosura de este mundo, y acordándose de la verdad, toma alas y, una vez alada,
desea emprender el vuelo" (249d). Nada tiene de extraño, entonces, que Platón diga que "el amor es
filósofo".
Ahora bien, el que (...) se ha corrompido, no se deja llevar (...) para donde está la belleza misma,
por el hecho de mirar lo que aquí tiene tal nombre, de forma que, al contemplarla, no siente
estremecimiento alguno, sino que, dado al placer, pretende como un cuadrúpedo, cubrir y hacer
hijos, y muy versado ya en sus excesos, ni teme ni se avergüenza de perseguir un placer contra
naturaleza.
Sin embargo, aquel cuya iniciación es todavía reciente, el que contempló mucho de las Ideas,
cuando ve un rostro de forma divina, o entrevé, en el cuerpo, una idea que imita bien a la
Belleza, se estremece primero, y le sobreviene algo de los temores de antaño y, después, lo
venera, al mirarlo, como a un dios, y si no tuviera miedo de parecer muy enloquecido, ofrecería a
su amado sacrificios como si fuera la imagen de un dios. Y es que, habiéndolo visto, le toma,
después del escalofrío, como un trastorno que le provoca sudores y un inusitado ardor.
Recibiendo, pues, este chorro de belleza por los ojos, se calienta con un calor que empapa, por
así decirlo, la naturaleza del ala, y, al caldearse, se ablandan las semillas de la germinación que,
cerradas por la aridez, les impedía florecer (...). Anda, pues, en plena ebullición y burbujeo, y
como con esa sensación que tienen los que están echando los dientes cuando ya van a romper,
ese picor y escozor en las encías, así le pasa al alma del que empieza a echar las plumas.
Bullen, escuecen, cosquillean las nacientes alas; y si pone los ojos en la belleza del muchacho y
recibe de allí partículas que vienen fluyendo -que por eso se llaman "río de deseos"-, se empapa
y calienta y se le acaban las penas y se llena de gozo.
Platón: Fedro. 257 b-274 c. Diálogos, vol III. Ed. Gredos. Madrid, 1992.
Mediante el alma racional se adquiere el
conocimiento y se controlan las pasiones. Saber y felicidad son las
finalidades del hombre. Para que el saber sea posible, el ser humano
debe gozar de equilibrio en su alma, y este se alcanza haciendo que
cada parte del alma desempeñe la labor que le corresponde (virtud: sabiduría o prudencia –parte racional-, fortaleza –parte irascible-, y tamplanza o moderación –parte concupiscible o apetitiva-). La armonía entre las partes del alma, bajo el predominio del alma racional, proporciona al hombre justicia, que es el estado moral supremo.
Esta idea del equilibrio entre las
partes se extiende al Estado. El hombre solamente puede alcanzar su
felicidad en la polis, y esta ha de estructurarse para alcanzar la justicia. El
Estado ideal es aquel en el que cada ciudadano cumple con la función
para la que está más capacitado. En la utopía platónica, campesinos y
artesanos, guerreros y gobernantes deben hacer uso de sus cualidades
respectivas (templanza, valor y prudencia) para que reine la justicia
general, aunque son los hombres prudentes los que deben gobernar.
INTRODUCCION A PLATON
TEORIA DE LAS IDEAS
EL SER HUMANO
teoria del conocimiento
ETICA: LA VIRTUD
Información
- Descripción
- Apunte sobre tema 1 Platón, creado por Chus Martín el 11/11/2014.
- Creado por
- Chus Martín · nov 2014
- Actualizado
- 24 nov 2016
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