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Apuntes

La larga duración. - created from Mind Map

Johan García Inglés 1 página

Contenido del apunte (1)

Página 1

Historia y duraciones.

La controversia del tiempo corto.

Comunicación y matemáticas sociales.

Tiempo del historiador, tiempo del sociólogo.

La nueva historia económica y social coloca en primer plano de su investigación la oscilación cíclica y apuesta por su duración.

De esta forma, existe hoy, junto al relato tradicional, un recitativo de la coyuntura que para estudiar el pasado lo divide en amplias secciones: decenas, veintenas o cincuentenas de años.

Un acontecimiento puede, en rigor, cargarse de una serie de significaciones y de relaciones.

Testimonia a veces sobre movimientos muy profundos; y por el mecanismo, facticio o no, de las «causas» y de los «efectos», a los que tan aficionados eran los historiadores de ayer, se anexiona un tiempo muy superior a su propia duración.

Extensible hasta el infinito, se une, libremente o no, a toda una cadena de sucesos, de realidades subyacentes, inseparables aparentemente, a partir de entonces, unos de otros.

Gracias a este mecanismo de adiciones, Benedetto Croce podía pretender que la historia entera y el hombre entero se incorporan, y más tarde se redescubren a voluntad, en todo acontecimiento

El pasado está, pues, constituido, en una primera aprehensión, por esta masa de hechos menudos, los unos resplandecientes.

Pero esta masa no constituye toda la realidad, todo el espesor de la historia, sobre el que la reflexión científica puede trabajar a sus anchas.

La ciencia social casi tiene horror del acontecimiento. No sin razón: el tiempo corto es la más caprichosa, la más engañosa de las duraciones.

Este es el motivo de que exista entre nosotros, los historiadores, una fuerte desconfianza hacia una historia tradicional, llamada historia de los acontecimientos.

El descubrimiento masivo del documento ha hecho creer al historiador que en la autenticidad documental estaba contenida toda la verdad.

Los historiadores del siglo xviii y de principios del xix habían sido mucho más sensibles a las perspectivas de la larga duración, la cual sólo los grandes espíritus como Michelet, Ranke, Jacobo Burckhardt o Fustel.

En consecuencia, se han producido una conmoción y una renovación innegables; han tenido lugar, inevitablemente, transformaciones metodológicas, desplazamientos de centros de interés con la entrada en escena de una historia cuantitativa que, con toda seguridad, no ha dicho aún su última palabra.

La historiografía de los últimos cien años, se comprenderá la eminente función que han desempeñado tanto la historia de las instituciones.

La reciente ruptura con las formas tradicionales del siglo xix no ha supuesto una ruptura total con el tiempo corto.

Más allá de los ciclos y de los interciclos está lo que los economistas llaman, aunque no siempre lo estudien, la tendencia secular.

Más allá de los ciclos y de los interciclos está lo que los economistas llaman, aunque no siempre lo estudien, la tendencia secular.

El magnífico libro de Ernst Robert Curtius constituye el estudio de un sistema cultural que prolonga, deformándola, la civilización latina del Bajo Imperio, abrumada a su vez por una herencia de mucho peso: la civilización de las élites intelectuales.

El historiador ha pretendido preocuparse por todas las ciencias del hombre. Este hecho confiere a nuestro oficio extrañas fronteras y extrañas curiosidades.

Todas las ciencias del hombre, comprendida la historia, están contaminadas unas por otras. Hablan o pueden hablar el mismo idioma.

La posición de los etnógrafos y de los etnólogos no es tan clara ni tan alarmante. Bien es verdad que algunos de ellos han subrayado la imposibilidad (pero a lo imposible están sometidos todos los intelectuales) y la inutilidad de la historia en el interior de su oficio.

Philippe Aries ha insistido sobre la importancia del factor desorientador, del factor sorpresa en la explicación histórica: se tropieza uno, en el siglo xvi, con una extrañeza; extrañeza para uno que es hombre del siglo xx.

Una monótona sucesión de hechos y de acontecimientos, tan enfadosa como la de las ciencias históricas, acecha al observador apresurado, tanto si se trata del etnógrafo que durante tres meses se preocupa por una tribu polinesia como si se trata del sociólogo industrial.

Toda ciudad, sociedad en tensión con crisis, cortes, averías y cálculos necesarios propios, debe ser situada de nuevo tanto en el complejo de las campos que la rodean.

Lucien Febvre, durante los últimos diez años de su vida, ha repetido: «historia, ciencia del pasado, ciencia del presente».

La historia, dialéctica de la duración, ¿no es acaso, a su manera, explicación de lo social en toda su realidad y, por tanto, también de lo actual?

La historia inconsciente es, claro está, la historia de las formas inconscientes de lo social. «Los hombres hacen la historia pero ignoran que la hacen».

Los hombres han tenido siempre la impresión, viviendo su tiempo, de captar día a día su desenvolvimiento. ¿Es esta historia consciente, abusiva, como muchos historiadores, desde hace tiempo ya, coinciden en pensar?

Todos nosotros tenemos la sensación, más allá de nuestra propia vida, de una historia de masa cuyo poder y cuyo empuje son, bien es verdad, más fáciles de percibir que sus leyes o su duración.

La fórmula de Marx esclarece en cierta manera, pero no resuelve, el problema.

Más de uno de nuestros contemporáneos se inclinaría de buena gana a pensar que todo proviene de los acuerdos de Yalta o de Potsdam, de los accidentes de Dien-Bien-Fu o de Sakhiet-Sidi-Yussef.

Los modelos no son más que hipótesis, sistemas de explicación sólidamente vinculados según la forma de la ecuación o de la función; esto iguala a aquello o determina aquello.

Éstos sistemas de explicaciones varían hasta el infinito según el temperamento, el cálculo o la finalidad de los usuarios: simples o complejos, cualitativos o cuantitativos, estáticos o dinámicos, mecánicos o estadísticos.

De ser mecánico, el modelo se encontraría a la medida misma de la realidad directamente observada, realidad de pequeñas dimensiones que no afecta más que a grupos minúsculos de hombres (así proceden los etnólogos respecto de las sociedades primitivas).

De ser mecánico, el modelo se encontraría a la medida misma de la realidad directamente observada, realidad de pequeñas dimensiones que no afecta más que a grupos minúsculos de hombres (así proceden los etnólogos respecto de las sociedades primitivas).

Por el momento, ya se trate de psicología, de economía o de antropología, todas las experiencias han sido realizadas en el sentido que he definido a propósito de Lévi-Strauss; pero las matemáticas sociales cualitativas sólo demostrarán lo que pueden dar de sí el día en que se enfrenten a una sociedad moderna, a sus embrollados problemas, a sus diferentes velocidades de vida.

Pero, una vez establecidas estas medias, si el observador es capaz del establecer, a escala de los grupos y no ya de los individuos, esas relaciones de base de las que hablábamos y que son necesarias para las elaboraciones de las matemáticas cualitativas, nada impide recurrir entonces a ellas.

Y esta conciencia no data únicamente de ayer (así, por ejemplo, en lo que concierne a la historia económica), aunque sea hoy cada vez más viva.

Rechazar los acontecimientos y el tiempo de los acontecimientos equivalía a ponerse al margen, al amparo, para mirarlos con una cierta perspectiva, para juzgarlos mejor y no creer demasiado en ellos.

La operación consistente en pasar del tiempo corto al tiempo menos corto y al tiempo muy largo (este último, si existe, no puede ser más que el tiempo de los sabios) para después, una vez alcanzado este punto, detenerse, reconsiderar y reconstruir todo de nuevo, ver girar todo en torno a uno, no puede dejar de resultar sumamente tentadora para un historiador.

Pero estas sucesivas fugas no le lanzan, en definitiva, fuera del tiempo del mundo, del tiempo de la historia, imperioso por irreversible y porque discurre al ritmo mismo en que gira la tierra.

El filósofo, atento al aspecto subjetivo, interior, de la noción del tiempo, no experimenta jamás ese peso del tiempo de la historia, del tiempo concreto, universal, como ese tiempo de la coyuntura que describe Ernest Labrousse en el umbral de su libro.

Para el historiador todo comienza y todo termina por el tiempo; un tiempo matemático y demiurgo sobre el que resultaría demasiado fácil ironizar.

Los sociólogos, claro está, no aceptan esta noción excesivamente simple. Se encuentran mucho más cercanos de la Dialectique de la Durée tal y como la presenta Gastón Bachelard.

Estas reflexiones encontradas un historiador las formula, con razón o sin ella, incluso cuando penetra en la sociología acogedora, casi fraterna de Georges Gurvitch.

El tiempo social es, sencillamente, una dimensión particular de una determinada realidad social que yo contemplo.

Al sociólogo no le estorba en absoluto ese tiempo complacíente, al que puede dividir a placer y cuyas exclusas puede cerrar y abrir a voluntad.

Cuando un sociólogo nos dice que una estructura no cesa de destruirse más que para reconstituirse, aceptamos de buena gana la explicación, confirmada por lo demás por la observación histórica.

Las temporalidades de Georges Gurvitch son múltiples. Distingue toda una serie de ellas: el tiempo de larga duración y en ralenti, el tiempo engañoso o tiempo sorpresa, el tiempo de palpitación irregular, el tiempo cíclico, el tiempo retrasado sobre sí mismo, el tiempo alternativamente retrasado y adelantado, el tiempo anticipado con relación a sí mismo, el tiempo explosivo.

El marxismo es un mundo de modelos. Sartre se alza contra la rigidez, el esquematismo y la insuficiencia del modelo en nombre de lo particular y de lo individual.

Cada realidad social segrega su tiempo o sus escalas de tiempos, como simples conchas. Pero ¿qué ganamos los historiadores con ello? La inmensa arquitectura de esta ciudad ideal permanece inmóvil.

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Apunte sobre La larga duración. - created from Mind Map, creado por Johan García el 26/11/2020.
Creado por
Johan García · nov 2020
Actualizado
27 nov 2020
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  • Creado por Johan García · 26 nov 2020
  • Copiado a Apunte por Johan García · 26 nov 2020
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