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EL CARÁCTER DEL COACHING ONTOLÓGICO .
Nuestras acciones determinan nuestros resultados. Toda modificación de nuestras acciones que conduce a un mejoramiento de nuestros resultados, la llamamos aprendizaje. Llamamos aprendizaje de primer orden, es aquella modalidad de aprendizaje que busca expandir nuestra capacidad de acción, manteniendo constante el tipo de observador que somos. Una segunda modalidad de aprendizaje que llamamos aprendizaje de segundo orden. En este caso, en vez de intervenir buscando una modificación directa en nuestra capacidad de acción, nos concentramos en transformar el tipo de observador
que somos. Decimos que esta segunda modalidad de aprendizaje es una intervención ontológica
La declaración de quiebre implica sostener que algo no funciona, que algo anda mal, que hay cosas que no nos gustan y que quisiéramos que fueran diferentes y tenemos que tener, simultáneamente, el juicio de que no sabemos cómo hacernos cargo de ello. El observador que somos no es suficientemente competente para mostrarnos lo que debemos hacer. Sólo existen quiebres --
solemos también llamarlos problemas -- para un observador determinado. Los llamamos quiebres y no problemas al menos por dos razones En primer lugar porque ellos marcan una interrupción en el fluir de nuestra vida. En segundo lugar, es el observador que somos el que declara que algo es un quiebre. El quiebre revela al observador.
Decimos que un sistema es plástico cuando puede cambiar y su estructura es
capaz de conservar el cambio. actuamos
de acuerdo a cómo somos (estructura actual), pero esas mismas acciones
nos permiten convertirnos en alguien diferente (nueva estructura). El
coaching ontológico es posible debido a la plasticidad de la persona.
Mientras mejor conozcamos nuestra estructura, tanto mejor podremos usar
nuestra libertad para transformarnos. Es responsabilidad del coach cuidar
las expectativas de transformación del coachado de manera de
mantenerlas dentro de los márgenes de lo que es posible.
El coaching ontológico opera con la estructura del observador como
sustento de nuestro comportamiento y forma de ser. El observador que
somos remite a tres dominios primarios, tres áreas de observación separables:
la corporalidad, la emocionalidad y el lenguaje. No se trata de tres dominios
completamente aislados y autónomos. Lo que acontezca al nivel de la
corporalidad arrastra la emocionalidad y el lenguaje. Lo que sucede en la
emocionalidad, se expresa en nuestras posturas corporales y en el tipo de
cuentos que nos contamos. Lo que nos decimos a nosotros mismos y le
decimos a otros, asimismo lo que escuchamos, impacta nuestro cuerpo y
emocionalidad. Corporalidad, emocionalidad y lenguaje tienden a ser
coherentes.
Esta tendencia a la coherencia de los tres dominios primarios, nos permite
hablar de la particular estructura de coherencia del observador que
somos. La práctica del coaching ontológico se dirige a detectar (en rigor, a
interpretar) la particular estructura de coherencia del coachado y a intervenir en
ella con el objetivo de modificarla. Ese es uno de sus objetivos operativos
centrales: identificar y transformar la estructura de coherencia del coachado
para que éste, en función de sus inquietudes, pueda observar aquello que le lleva a generar los resultados que rechaza y a tomar las acciones pertinentes para producir resultados diferentes y favorables.
Si queremos producir aprendizaje organizacional -- aprendizaje que, como
dijimos, siempre se traduce en aprendizaje individual -- muchas veces es
necesario detenerse a transformar la estructura del sistema, antes incluso de
detenerse a cambiar directamente las acciones individuales. Esta es una de las
razones por la que no es posible reducir el aprendizaje organizacional a
aprendizaje individual.
Implica lo anterior que es necesario despreciar la importancia de la
capacitación para dedicarse a acometer transformaciones estructurales? De
ninguna forma. En primer lugar, porque para realizar las transformaciones
estructurales es muchas veces necesario capacitar a quienes deban
emprender tales acciones. Quienes pueden transformar la estructura
normalmente necesitan pasar por un proceso de aprendizaje, de
transformación individual, de expansión de su capacidad inicial de acción, para
poder emprender con efectividad las acciones de cambio estructural
requeridas. Lo importante en este caso es orientar el aprendizaje hacia las
acciones de transformación estructural de los líderes y directivos de la
organización y no quedarse en intentos que se limitan al ámbito de sus
comportamientos individuales aislados.
El directivo se transforma en un facilitador del desempeño de su gente.
En este nuevo esquema, las competencias del coach resultan decisivas para el directivo. A través de ellas, éste se está preguntando constantemente por lo que restringe las acciones de su gente,
declarando insuficiencias y quiebres en sus desempeños, fijando nuevas metas, disolviendo cualquier traba que pueda resentir la posibilidad de desempeños superiores.
ETAPAS Y PROCEDIMIENTOS DEL COACHING
ONTOLÓGICO – PARTE I.
I. LA ETAPA DE LA INTRODUCIÓN
Esta etapa suele iniciarse con una declaración de quiebre. Junto con la
declaración de quiebre, la persona suele declarar también la necesidad de que
otra persona le sirva de coach. En esta fase inicial, el coachado suele conferirle al coach la necesaria autoridad para que lo ayude, como suele también
otorgarle la confianza necesaria para que éste asuma ese rol.
II. LA ETAPA DE LA INTERPRETACIÓN
Algunas preguntas a hacerse son la siguiente: ¿qué le impide al coachado
observar lo que le permitiría hacerse cargo de la situación? ¿que le impide
actuar? En otras palabras, ¿que lo bloquea? Para responder a estas
preguntas es necesario remitirse a los tres dominios primarios de la estructura
del observador: corporalidad, emocionalidad y lenguaje.
Al nivel de la corporalidad, podemos señalar que la manera como una
persona se para en el mundo, la forma como ella se desplaza y mueve en él,
sus posturas, gestos y movimientos, condicionan tanto la manera como
observa el mundo, como sus posibilidades de acción en él.
La corporalidad es una dimensión crucial de la práctica del coaching Sin
embargo, las mayores trabas con las que se encuentran las personas para
resolver algunos de sus quiebres más importantes son las emociones y los
juicios. Estos son los materiales más importantes del trabajo del coach porque
constituyen el núcleo del alma humana.
Somos de la manera particular que somos, por la emocionalidad que nos es
propia y por los juicios que hacemos en determinados dominios. Entre los
dominios importantes destacan los siguientes. En primer lugar, los juicios que
hacemos con respecto a nosotros mismos. Áreas criticas, por ejemplo, son
la autoconfianza, la dignidad personal y el amor a si mismo. Muchos de los
quiebres que enfrentamos en la vida suelen llevarnos a esas áreas
En segundo lugar, tenemos los juicios sobre el mundo, las posibilidades y
amenazas que consideramos que éste encierra. ¿Cuales son sus inquietudes más importantes? ¿Cómo se sitúa a si mismo en ese mundo? ¿Qué lugar o posición
ocupa?
En tercer lugar, tenemos los juicios sobre la estructura de la temporalidad,
la tríada de pasado, presente y futuro. Nuevamente, aquí son muchas las
preguntas que podemos hacernos. Por ejemplo, ¿cuales son los juicios
principales con respecto a nuestro pasado? ¿Lo juzgamos positiva o
negativamente? ¿Cuales son las experiencias del pasado que juzgamos más
importantes en nuestras vidas? ¿por qué? ¿cuales son las conversaciones que
arrastramos del pasado que todavía no hemos podido cerrar? ¿Qué nos ha
impedido hacerlo?
ntroducir una distinción que nos
permita hacernos cargo de esta diferencia. Hablaremos, por un lado, de las
emociones y juicios maestros de una persona. Por ellos entendemos
aquellas emociones y juicios que definen su particular forma de ser y que se
encuentra en la base de múltiples otras emociones y otros juicios. De
alguna forma, ellos sustentan la existencia global de un individuo. Aquellas
emociones y aquellos juicios que resultan de los primeros, que están más
directamente asociados a circunstancias coyunturales y que son, por lo tanto,
más específicos y temporales los llamaremos emociones y juicios
secundarios.
La herramienta principal en la etapa de la interpretación es la indagación. A
través de la indagación hablamos para escuchar. Su disposición básica es la
apertura hacia el otro. Un coach ontológico requiere ser altamente competente en el escuchar. Quién no se sabe escuchar difícilmente podrá hacer
coaching.
Escuchamos de acuerdo a como somos, de acuerdo a las experiencias que
hemos tenido en la vida. Nuestras heridas son uno de nuestros más preciados
activos cuando se trata de hacer coaching. No se hace coaching desde la
perfección. Se hace coaching desde nuestras heridas
Se busca alcanzar cada vez una capa más profunda dentro de una
misma temática y seguir, por asociación, la cadena de emociones y juicios que
nos conducirán a detectar aquellos que son maestros y de los cuales cuelga
precisamente el quiebre.
La etapa de la interpretación se cierra cuando el coach juzga que ha logrado
construir los elementos básicos de la estructura de coherencia que conforma el
observador del coachado y que ya está en condiciones de intervenir en ella. A
partir de ello, el coach siente que entiende la modalidad particular de ser que
define a su interlocutor. El énfasis principal de esta etapa ha estado puesto
en la reconstrucción del ser. A su término, el coach podría decirle al
coachado, “Esta es tu manera de ser. Por esto tienes este quiebre. Y por esto
mismo no puedes hacerte cargo de él. Mientras sigas así, será difícil que
puedas resolverlo”.
El cierre de esta etapa debe asegurar el cumplimiento de la regla de oro del
coaching ontológico: el coachado debe validar la interpretación construida por
el coach. Si el coach concluye con una interpretación que el coachado no
valida, ésta sirve de muy poco. No debemos olvidar nunca que el coach es
un facilitador. Quién lleva el principal timón del proceso no es él, a final de
cuentas es el coachado.
III. ETAPA DE LA INTERVENCIÓN
Para intervenir, el coach debe pararse fuera de la estructura de coherencia del
coachado, desde juicios y emocionalidades diferentes a los que éste
manifiesta.
El objetivo de la etapa de intervención es la expansión de la capacidad
de acción del coachado. Contando con una interpretación sobre su forma de ser, el coach busca es ayudar al coachado a desplazarse hacia una forma de ser diferente
Hemos señalado que un objetivo importante del coach es permitir que el
coachado pueda tomar acciones que no ha tomado en el pasado. Ello lo
conducirá a nuevas modalidades de ser.
Ello normalmente implica dos desafíos difíciles. Por un lado, el coachado
requiere sacrificar aspectos de su forma de ser pasada y presente. Ello
involucra un desprendimiento del alma. Por otro lado, el coachado requiere
también desplazarse más allá de sí mismo y cruzar sus propios límites,
aquellos límites establecidos por su modalidad habitual de ser. Este
desplazamiento le significa moverse del espacio cómodo y conocido de su ser
al espacio incierto y desconocido de su no-ser. Cuando este desplazamiento es
mirado desde el ser que somos, muchas veces adquiere la sensación de
lanzarse a un precipicio, al vacío, al espacio de la nada en el que tememos
desintegrarnos.
Siendo ésta la situación, cabe entonces preguntarse por las condiciones que
resultan necesarias para que el coachado pueda efectuar dicho tránsito.
¿Cuales son las condiciones que lo hacen viable? ¿Cuales son aquellas
que el coach debe proveer para que el coachado esté dispuesto a poner en
cuestión su ser y optar por el devenir?
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Estrategias de intervención ----
No existe “una” estrategia correcta de intervención. Sin embargo, es
conveniente enfatizar que el coach puede escoger siempre tres caminos de
intervención. Los tres caminos o dominios a los que nos referimos son el
lenguaje, la emocionalidad y la corporalidad. En la estructura de coherencia
del coachado los tres están comprometidos.
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- Notas sobre Sem título, criado por stefany flores belmonte em 28-08-2018.
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- stefany flores belmonte
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