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Notas

Tema 4

Len Sanz Relaciones Interculturales (ANTROPOLOGIA UNED) GRADO ANTROPOLOGIA SOCIAL Y CULTURAL UNED Espanhol 1 página

Conteúdo das notas (1)

Página 1

TEMA

4

III.3.

PARÁMETROS DEL TRABAJO ÉTNICO (Pág. 257 - 328)

III.3.1.

Etnogénesis y revitalización étnica.

Por

etnogénesis podemos entender los procesos por los cuales emergen

identificaciones sociales que se formulan en términos de semejanzas

y diferencias étnicas, así como los procesos de reorganización

y objetivación de estas etnificaciones que hemos denominado

etnicidad.

Toda

etnogénesis se construye en el espacio de otras etnificaciones y

etnicidades y con diverso grado de objetivación y consenso sobre su

existencia. Siempre se trata de un re-posicionamiento del sujeto

colectivo en el escenario de otros sujetos colectivos que también

construyen y reconstruyen sus identificaciones.

Para

las nuevas generaciones siempre hay un material pre-existente,

socialmente construido, como resultado del depósito de las

tradiciones y prácticas de generaciones anteriores. Su novedad y

singularidad reside en el modo en que se recuperan, reorganizan o

articulan elementos nuevos y viejos dotándoles de nuevas

significaciones. Aunque la etnogénesis es una tarea colectiva, es

posible que ciertas personas y grupos concretos se singularicen por

su papel agencial destacado en este proceso. Estos líderes étnicos

actúan como aglutinadores de discursos, prácticas y esfuerzos

colectivos. Orientan las energías colectivas dándoles voz y

coherencia, no sin fisuras o conflictos entre distintos sectores y

sus intereses. Hacen el trabajo cultural y político de difusión,

propaganda y socialización mediante la persuasión o el

adoctrinamiento. Construyen formas de legitimación, por tanto,

pueden ser guardianes de lo que se haya objetivado como ortodoxia

étnica, una interpretación validada social y moramente.

Una

de sus labores principales es la de dar forma y objetivar una

conciencia colectiva étnica (cómo un colectivo se reconoce y

representa a sí mismo), dentro de un campo de relaciones y

escenarios, etnopaisajes, en los que se ven involucrados otros

actores colectivos que configuran el mapa social dinámico de su

entorno. No puede haber nunca una conciencia étnica homogénea del

todo puesto que sus soportes y encarnaciones no lo son tampoco. Los

modos y grados de incorporación varían en cuanto que los agentes

también lo hacen. En su forma más unitaria depende de una labor

de vigilancia y mantenimiento por parte de los guardianes de la

ortodoxia.

El

papel de los líderes ha sido debatido en la Sociología clásica,

también como agentes de cambio social. Si no hubiera existido

Lenin, ¿se habría producido la Revolución Rusa?

Weber

mencionó 3 tipos ideales de liderazgo:

-

El carismático: familiar y religioso.

-

El étnico y tradicional: patriarcal y feudal.

-

El legal: moderno y burocrático.

Los

movimientos étnicos modernos muestran variedad en la preferencia

combinatoria de estos tipos, sin descartar del todo ninguno de ellos.

Su liderazgo puede cuestionarse en cualquier momento según la

población siente que le representa y también por la competición

de otros líderes con otras versiones y el apoyo de otros sectores.

La

subjetividad, tanto personal como colectiva, es un aspecto inherente

a todo proceso etnogénico, una subjetividad en busca de

objetivación social en el espacio público de la toma de

decisiones, de los intercambios, donde también participan otros

grupos y agentes sociales. El éxito de los líderes e instigadores

étnicos depende de su capacidad de interesar a las gentes en su

proyecto étnico frente al de otros. El trabajo de construcción

étnica tiene que tener cierta resonancia popular, en términos de

aceptación y evidencia social. Muchos de estos líderes se

convierten en mitos porque encarnan la identidad deseada de personas

que se identifican con ellos. El trabajo cultural (y político) de

los líderes consiste en renovar una coherencia posiblemente perdida

entre sistemas de referencia clasificatorias, morales, políticas,

etc. y las experiencias personales/colectivas de nuevas generaciones,

o en procesos de fuerte cambio social, dejando algunos espacios

también para la interpretación flexible: no todo se formula,

explicita, objetiva.

Y

¿qué pasa cuando no hay líderes étnicos para el trabajo de

ordenación y reivindicación étnicas? Dubois, mucho antes de que

tuviera lugar el movimiento por los derechos civiles, expresaba su

convencimiento de que lo que el movimiento negro necesitaba era unas

élites cultivadas convencidas para movilizar y cohesionar al grupo,

y entrar en al arena política par reclamar sus derechos sociales y

cívicos.

Los

colectivos migrantes suelen practicar este tipo de socialidades como

formas de incorporación psicosociocultural a sus nuevos entornos de

trabajo. Reivindicaciones y revitalizaciones mantenidas en un nivel

bajo de actividad pueden mantenerse vegetativamente hasta la

confluencia de una serie de procesos que pueden dar lugar a un estado

crítico y producir una reorganización en forma de movimiento

etnicista emergente.

Las

relaciones entre las élites étnicas y la población a la que

responden y sus propias posiciones estructurales e intereses, son

complejas y variables. Los procesos etnogenéticos pueden responder

en ocasiones a una estrategia de las élites y grupos de poder

pretendiendo q recogen el sentir y la voluntad de colectivos más

amplios. Al fin y al cabo, la legitimación por el número de

adeptos siempre ha sido una maniobra para capitalizar poder ante

otros poderes. Aquí nos situaríamos en el campo de la

interseccionalidad del poder y la etnicidad, siendo el primero

atractor del segundo.

Las

élites políticas pueden explotar las diferencias étnicas para

prevenir alianzas de clase que no les convengan, pudiendo pactar con

las elites étnicas de otros grupos minorizados.

El

Estado moderno europeo construyó su proyecto político,

administrativo y territorial a partir de políticas de identidad

étnica muy concretas. Procesos de re-etnificación son comunes en

aquellos sectores que se consideran excluidos/ignorados/perjudicados

por la opción etnicista del Estado nacional. Las migraciones

humanas también son el caldo de cultivo de posibles movimientos de

re- creación étnica. La búsqueda de raíces suele ser un

fenómeno frecuente entre descendientes de migrantes que pueden

utilizar este tipo de identificaciones como formas de incorporación

a sus nuevos contextos sin desarraigarse del todo de las formas de

socialidad identitaria de sus lugares de origen, aunque siempre de

forma re-novada, re-interpretada. Segundas, terceras, cuartas

generaciones de migrantes pueden seguir siendo conocidos bajo los

etnónimos de sus progenitores y abuelos. También puede ocurrir

que las sociedades de acogida puedan sentirse sobredimensionadas por

los recién llegados. Incluso la producción de discurso sobre la

inmigración extranjera en países europeos produce a menudo una

reflexión alteritaria que puede adoptar tintes xenófobos y

racistas. La población euroamericana y ciertos políticos ven con

preocupación el ascenso demográfico de la población hispana en

EE.UU. Entre el cerramiento social y la permeabilidad de poderes e

instituciones a la movilidad social de estos sectores, es ésta

última la que garantiza una mayor estabilidad social a largo plazo.

Muchos

procesos etnogénicos adoptan el formato de movimientos sociales. Y

lo contrario, ciertos movimientos sociales incorporan prácticas

etnicistas, bien de identificación bien de alterización.

Por

movimientos sociales podemos entender aquellas movilizaciones

colectivas que, en el ánimo de cambiar determinadas situaciones se

constituyen en fuerzas colectivas que entran en la arena social y

política para recuperar/reclamar un mayor protagonismo.

La

desigualdad socioeconómica y política puede estar motivada por la

discriminación étnica, a su vez, las diferencias socioeconómicas

pueden etnificarse como rasgos identitarios atribuidos como propios a

la colectividad excluida.

El

indigenismo, como movimiento social, es un tipo de activismo

sociopolítico que incorpora la reivindicación étnica a la de la

autonomía y libertad de gestión y decisión. Constituye un

conjunto de movimientos de protesta contra la discriminación y la

minusvaloración de las poblaciones autóctonas precolombinas en la

construcción nacional y económica de los estados nacionales en

América. Intentan expresar la lucha de pueblos autóctonos para el

reconocimiento de sus derechos sobre territorios, recursos, plantas,

animales, sustancias, formas de vida, representación política,

etc. por parte del Estado y sus administraciones descentralizadas.

La

historia de estas luchas abarcan desde la colonización, las

independencias nacionales lideradas por las élites criollas y la

modernización más o menos liberal de las políticas públicas

de los estados desde el S. XIX hasta la sociedad globalizada actual.

Lo

interesante es que en esta lucha/diálogo se ha producido una

concienciación por parte de la población indígena de su lugar

en la historia de los países. Estados y movimientos indígenas han

negociado histórica y localmente de forma muy diversa.

III.3.2.

Trabajo cultural, trabajo étnico.

Trabajo

cultural es en realidad aquello de lo que trata lo sociocultural como

proceso social. Se refiere a la actividad y su resultado. Se trata de

la posibilidad de conectar conocimiento y experiencia desarrollado en

un ámbito perceptosensorial y categorial con otros dominios

distintos (por ejemplo en inglés, el término azul de la

percepción cromática se aplica también a un estado emocional,

el de la tristeza). Tanto la literatura como el habla cotidiana

están llenos de las formas de esta habilidad: las metáforas.

Tenemos una gran flexibilidad para combinar elementos viejos en

contextos nuevos. La crosmodalidad es una de las fuentes principales

de creatividad e innovación y está en la base de nuestra

capacidad simbólica. Los modelos culturales en los que nos

socializamos propician determinadas formas de crosmodalidad y

metáfora.

Otra

fuente del retrabado cultural y su creatividad es aquellas que deriva

de las producciones y recreaciones de los humanos como bricoleurs, un

proceso que algunos han denominado tinkering, es decir, hacer

chapuzas y remiendos con trozos de esto y aquello. Se trata de ver

nuevas relaciones entre objetos y trozos dispares.

Franz

Boas ya se percató de que la difusión cultural implica siempre

una transformación de lo difundido. Tomasello afirma que en la

cultura se produce lo que él denomina efecto trinquete. Esta idea

parte de un tiempo no lineal, no reversible, donde nuevas acciones

incorporan el trabajo de generaciones anteriores. Los hechos, ofrecen

un encadenamiento como secuencia de un acto anterior y preludio de

uno posterior.

El

trabajo étnico es un caso más del trabajo cultural. La etnicidad,

como construcción de procesos es un fenómeno social complejo que

se mueve en el terreno de la re-descripción y re-presentación

continuas. Denominamos trabajo étnico a la actividad personal y

colectiva de constitución, definición y redefinición, de las

identidades y diferencias étnicas. Es a esto a lo que se dedicaban

los emprendedores y líderes étnicos.

Las

relaciones entre procesos étnicos y cultura, ha dado más de un

quebradero de cabeza a algunos analistas de las identidades y

fenómenos étnicos. Según las teorías organizacionales e

instrumentalistas de la etnicidad, la identidad no depende del

patrimonio cultural y la cultura no define las características de

los procesos de identificación/alterización sino los modos en que

se organiza interacción entre colectivos con sus agendas

identitarias propias, y cómo se establecen y mantienen los límites

entre unos y otros.

Estas

perspectivas vacían de contenido sustantivo los procesos de

construcción étnica. Sin embargo la gente no organiza su

relacionalidad social mediante categorías vacías, siempre se

refieren a experiencias concretas, ordenadas gracias al

establecimiento de algún tipo de semejanza con otras parecidas.

No

hace falta caer en el esencialismo primordialista para insistir en la

importancia de la selección que un colectivo realiza en sus

procesos de autoidentificación/heteroidentificación étnicas.

La

cultura sería el marco necesario para la posibilidad de una acción

relacional significativa: a la vez, esta práctica significativa

contribuye a la existencia más o menos permanente y /o renovada de

dicho escenario para futuras prácticas y representaciones.

III.3.3.

Memoria colectiva y Tradición.

Por

memoria colectiva se entiende aquella re-construcción social de la

experiencia colectiva en el pasado, para sí y para los demás. Por

memoria biográfica, aquella construida biopsicológicamente en el

marco de las relaciones sociales históricas y concretas y sus

formas de incorporación y desarrollo subjetivo.

La

memoria colectiva representa y recupera el trabajo y la vida de las

generaciones anteriores para las siguientes. Si bien hay muchos modos

de ejercicio de la memoria colectiva, parece que los humanos tendemos

a pensar que cuanta más profundidad temporal hay en nuestras ideas,

cuanto más puedan referirse a un tiempo inmemorial, más

legítimas son, más fuerza coercitiva tendrán , tanto para el

presente como para el futuro: algo que siempre fue así, tendrá

que seguir siéndolo.

La

memoria grupal reposa y se nutre a su vez de innumerables formas

materiales simbólicas externalizadas, con un alto componente

sensorioperceptual: discursos, narraciones, objetos, paisajes,

rituales, normas, calendarios, organizaciones, monumentos, museos,

arte figurativo, arquitecturas, ornamentos personales, vestido....

Muchos de ellos son actualmente agrupados bajo la nomenclatura

jurídica de patrimonio cultural, derechos inalienables de los

pueblos en los nuevos ordenamientos jurídicos internacionales.

Leyendas

épicas y novelas, como El Cantar del Mío Cid, los ciclos

artúricos, La Chanson de Roland o Amaiur son relatos sobre los que

ciertas identidades nacionales española, inglesa, francesa,

euskera, recrean su historia primordial. Son modelos a imitar,

imágenes de regeneración en tiempos difíciles, gloria de otros

tiempos primigenios. Lo que ahora se llama Patrimonio Cultural, a

menudo, plantea cuestiones sobre su titularidad, recuperación,

mantenimiento, conservación, exhibición, productividad económica

y simbólica.

La

sustracción del patrimonio histórico durante conflictos bélicos,

es un modo de apropiarse de las señas de identidad del Otro.

Desde

una política de reconocimiento internacional lo que antes se

consideraba memoria mitológica ahora se está interpretando como

memoria genealógica. Muchos mitos incorporan sucesos y

acontecimientos posteriormente confirmados por la investigación

científica. Este tipo de memoria colectiva está siendo legalmente

considerada a la hora de legitimar derechos de propiedad y

restitución territorial, artística, etc. a diferentes colectivos

indígenas. Esta memoria común no desaparece en la era de

globalización y sus modos de comunicación y sociabilidad.

El

espacio es el lugar de la actividad, la práctica y la relación

social, no es simplemente territorio porque es un paisaje social

cognitivo y emocional. Podemos hablar de la función mnemónica del

paisaje en el mantenimiento de la memoria colectiva, como lugar de

asociaciones sensorioperceptivas y cognitivoemocionales. Así hay

que entender los centros sagrados y de peregrinación, formas de

espacialización de la identidad, también las casas regionales.

Lugares de la memoria, pueden ser interpretados y reclamados por

distintos actores que tuvieron diferentes experiencias en ellos o que

han construido parte de su memoria colectiva sobre los mismos.

Como

en toda objetivación social la memoria colectiva, nunca se

auto-contempla como resultado de una práctica socio antropogénica

cultural, como resultado de una selección relativamente arbitraria

que podría ser diferente, precisamente esa es una de sus eficacias

simbólicas, dotarse de una característica de necesidad.

Se

denomina tradición, al pasado reconstruido y apropiado sobre el que

un colectivo humano construye un significado de continuidad en el

tiempo por el que comprende y justifica su actualidad y presencia en

el conjunto de otros colectivos y tradiciones. La tradición es

invocada cuando se oye decir aquello de “siempre se ha hecho así”,

evocando una temporalidad difusa pero profunda, que justificaría de

algún modo del presente. La tradición construye y reconstruye la

historia del grupo como si todas las experiencias pasadas hubieran

sido compartidas por los mismos partícipes. Para algunos esto

precisamente es lo que caracteriza la etnicidad, la creencia en

alguna forma de origen común en términos de descendencia e

historia compartida.

Las

experiencias grupales, convenientemente re-trabajadas, están

incorporadas en multitud de formas objetivadas como textos sagrados

(que facilitan la recuperación recreativa de la memoria del grupo

controlada por especialistas que interpretan para los demás la

versión correcta, guiando el imaginario grupal en una determinada

orientación y dirección), monumentos, música, poesía, danza,

arquitectura, arte en general, rituales, etc.

La

perspectiva etnosimbólica de Anthony Smith señala que hay una

constelación de elementos como mitos, memorias, valores, una idea

de destino, un sentido de unicidad y singularidad, una

territorialización mítica o no de la memoria (etnopaisaje), que

constituyen el núcleo en torno al que se organiza una etnificación

grupal en el tiempo. Este modelo es prototípico de ciertas

identificaciones, pero no de todas (las identidades emergentes o

resurgidas en contextos migratorios y de globalización no se

explican por este modelo).

Los

mitos de origen arraigan la identificación con el pasado, pero

también con un futuro a venir. Un pasado construido como legítimo,

parece que da autoridad a las reivindicaciones del presente.

La

Modernidad rechazó las formas arcaicas del vínculo social de las

sociedades preindustriales, lo que Émile Durkheim denominó

solidaridad mecánica, típica de las sociedades de pequeña

escala, basada en la similitud. Sectores del progresismo industrial,

percibieron estos arcaísmos como obstáculos al progreso.

Sin

embargo, El mundo moderno no puede proporcionar los anclajes

emocionales, grupales, que el Antiguo Régimen procuraba: estos

vacíos han tenido que ser neutralizados mediante relectivas del

pasado desde el presente. La vuelta al pasado puede servir para

afrontar el presente y dar direccionalidad a un grupo para el

futuro., sobre todo en épocas de fuerte cambio social.

Hobsbawn

y Ranger llamaron la atención sobre el carácter de invención de

la tradición. (La francmasonería, con toda su elaboración

simbólica y normativa es un ejemplo de tradición inventada). Sin

embargo más que desenmascarar una mentira lo que se trata aquí es

de de-construir los procesos por los que las personas y los

colectivos nos imaginamos o imaginamos a otros, y las

relacionalidades sociales que estos procesos implican.

La

memoria de lo que sucedió no es una recuperación sino una

recreación desde el momento actual. Recuperar la memoria colectiva

está de moda en esta sociedad en continua construcción y

reconstrucción de lo local. Pero también como momento de

restitución histórica a partir de experiencias grupales de

violencia, guerra y genocidio.

Nietzsche

consideraba el dolor como un potente recurso contra el olvido. Casi

todos los movimientos de construcción y revitalización étnica,

reconstruyen una historia de injusticia por la que exigen una

restitución histórica.

III.3.4.

Discurso étnico. Plausibilidad psicológica y sociohistórica

(pp.291­294)

El

trabajo étnico y su memoria han de ser contados, objetivados en un

relato más o menos coherente. No hay etnicidad sin discurso.

La

narratividad es una capacidad exclusivamente humana, de orígenes

filogenéticos sociales y también ontogenéticos. En las

sociedades con escritura, no se pierde esta dimensión oral de la

recreación y socialización cultural. Pero, las formas de

objetivación adquieren una nueva dimensión, con importantes

consecuencias cognitivas.

Todo

proceso de etnificación se ordena por un corpus narrativo más o

menos formalizado que denominamos Discurso étnico. Es un compendio

de sentencias, definiciones, descripciones, normas, reglas, sobre las

diferencias y semejanzas instituidas como étnicas. Muchos discursos

étnicos son esencialistas: configuran a los grupos como si siempre

hubieran sido así. Por eso tenemos que hablar de una genealogía

de las condiciones y mecanismos de producción de la identificación

étnica. El discurso étnico se parece más a un holograma que

recrea la ilusión de una unidad en parte visual, aunque

profundamente sentido por sus adeptos, a los que puede orientar y

dirigir en sus representaciones y prácticas como sistema de

referencia.

El

grado de evidencia social, de objetivación de las definiciones de

identidad lo da el nivel de consenso intersubjetivo de un colectivo

al atribuir los mismos o parecidos significados bajo unas mismas

situaciones y para los mismos sujetos y grupos. Si los símbolos

tienen ese poder es porque son reconocidos por una colectividad.

Parte

del éxito de ciertas propuestas que trabajan lo posible para que

devenga en lo plausible, tiene su explicación en el uso de recursos

específicos de legitimación. Por ejemplo, el de la autoría

diferida (es decir, utilizando fuentes supuestamente autorizadas,

aludiendo a saberes, revelaciones, al trabajo de intelectuales y

estudiosos...), también por medio de la descontextualización de

discursos, infundiéndoles una intencionalidad y un significado

ausentes en el original. Por eso el discurso étnico va cabiendo

históricamente y para distintas generaciones dentro de una

continuidad que mantiene ciertos elementos y sentidos.

III.3.5.

Materiales e Intersecciones.

Los

procesos de etnificación, tanto en sus formas identitarias como

alteritarias, son procesos sistémicos dinámicos. Son gramáticas

identitarias/alteritarias que construyen semejanzas y diferencias a

partir de prácticas y discursos sociales reinterpretados. Los

procesos étnicos, como procesos sociales, ordenan otros procesos

socioculturales de formas específicas.

Podemos

hacer un breve recorrido por aquellos procesos socioculturales que

constituyen el conjunto de elementos material-simbólicos sobre los

que la etnificación trabaja, dotándolos de nuevas relaciones

sistémicas gracias a su reordenación y la reasignación de

nuevas significaciones e interpretaciones.

El

parentesco

Para

los autores de tipo esencialista, los lazos étnicos serían como

los del parentesco, primordiales, de máxima vinculación, lealtad

y emocionalidad. El parentesco sigue siendo un dominio de fundamental

importancia en la incardinación de otros procesos identitarios a

partir de procesos de interseccionalidad. Las relaciones entre la

identidad y la solidaridad étnicas y de parentesco, pueden ser

metonímicas. Es esto lo que explica en parte la posibilidad de que

la Etnicidad sea asumida subjetiva y colectivamente entretejida con

el vínculo familiar. Por eso puede politizarse tan fácilmente,

porque remite a las esferas de las experiencias más valoradas

emocionalmente.

La

etnicidad, como parentesco ficticio, ha sido subrayada por

Yelvington. Las lealtades y adscripciones étnicas son como

“reflejos” en el mundo social de lo que ocurre a nivel genético

(inclusive fitness: una propensión a favorecer la reproducción

del propio grupo de individuos emparentados biológicamente). La

raza y las identificaciones étnicas se entenderían como

parentesco extendido. Mientras el primero aludiría a las base

biológicas, la etnicidad los ocultaría, disfrazándolas de

cultura.

En

algunos casos la identificación étnica es “heredable”, pero

otro tipo de identidades afiliativas, no, como por ejemplo ser

miembro de un grupo deportivo.

Estas

relaciones metafóricas y metonímicas posibles entre Etnicidad y

Parentesco pueden otorgar a la primera su fuerza motivacional, bien

conocida por etnolíderes y etnomovilizadores. Así se entiende

también la reconstrucción de genealogías, el homenaje a los

antepasados, a fundadores de todo tipo etc.

Benedict

Anderson insiste en que el nacionalismo y muchos movimientos

étnicos, utilizan el vocabulario del parentesco o de la casa y el

hogar para identificar su proyecto político y/o étnico con

aquello con lo que uno se siente unido de forma natural. Así oímos

hablar de la nación no como organización política sino como

madre- patria, gran familia; a los soldados muertos en batalla como

hijos de la patria...

La

identificación/alterización étnicas encuentran en el

intercambio matrimonial tanto sus límites como sus aperturas. Por

ejemplo, mujeres inmigrantes magrebíes en España cuyas formas de

pensar y actuar estaban más próximas a una ideología liberal,

el límite de su modernidad se hallaba en su rechazo a casarse con

un cristiano, por cuanto que el código de familia establece el

sistema patrilineal del reconocimiento de los hijos.

La

Lengua

Es

un hecho empírico que una de las prácticas que más diferencian

a las gentes entre sí es su lengua. La lengua también fue uno de

los discriminantes principales en la Edad Media europea, confluyendo

su sentido con el de pueblo.

La

historiografía lingüística y arqueológica relacionó lenguas

con pueblos, a partir del relato del Génesis sobre los

descendientes de Noé: Sem y Cam (formarían dos grandes grupos

lingüísticos, los de lenguas semíticas y los de lenguas

camitas). Las lenguas han evolucionado autorreguladamente pero

también en contacto con otras por medio de relaciones de

intercambio, comercio, viajes, guerras...

La

construcción de algunos Estados- nación en Europa también se

basó en la expansión política, territorial y cultural de grupos

que impusieron a otros su propia lengua en un proceso de

homogenización más o menos forzada.

La

progresiva desaparición de las lenguas del mundo tiene en la época

del capitalismo mercantil y la expansión colonial europea de fines

del S. XV en adelante un camino sin retorno: administración,

política, ejército, educación formal, evangelización, etc. se

realizan en las lenguas de las potencias coloniales: español,

inglés, francés, portugués, holandés, alemán.

Pero

todas ellas también se transforman en su contacto con las lenguas

precoloniales, apareciendo formas y variantes locales de la lengua

del colonizador gracias a la hibridación intercultural. Del número

de lenguas habladas a principios del S.XX hasta hoy, se han perdido

una enorme cantidad a favor de aquellas insertas en el ámbito de la

tecnopolítica, la tecnociencia, y las transacciones económicas.

Para evaluar el papel de la lengua como ámbito de trabajo étnico

o no en la definición identitaria, también es importante conocer

sus variaciones pragmáticas según contextos de uso: El lugar, la

ocasión, podemos encontrar incluso diferencias de género a este

respecto.

Algunas

de las preguntas que pueden realizarse en torno al grado de

objetivación social de la lengua y su institucionalización como

identificativo étnico son: ¿es la lengua de las instituciones?,

¿es la lengua del entorno doméstico?, ¿es la lengua del

intercambio entre distintas generaciones?, ¿hay organismos

especializados para su normalización?, ¿hay políticas

específicas para su aprendizaje y uso institucional público?

Cuando

la defensa de una lengua se convierte en un objetivo político puede

convertirse en un bien de prestigio para quien la hable. Hay que

tener en cuenta que ninguna lengua normalizada políticamente,

institucionalizada en el medio escolar es una lengua materna en el

sentido literal, pero puede serlo a lo largo de las generaciones.

También se debe reflexionar en que gentes pueden hablar distintas

lenguas y sin embargo, no hacer de esta distinción un marcador

étnico. Y al revés, aquellos que comparten una misma lengua

pueden no hacer de ésta un criterio de inclusividad étnica

(véase a serbios, croatas y bosnios).

La

religión

Las

formas de culto, creencias, rituales, formas de participación,

dogma, liturgias etc. pueden ser elementos para el trabajo étnico.

Todas las monarquías medievales se atribuyeron algún tipo de

contacto con lo divino, como intermediarios.

La

construcción de los proyectos etnonacionalistas de los estados

europeos modernos, como continuidad de los anteriores, se han basado

en formas nacional estatales de identificación religiosa. No es que

lo étnico se apropie de lo religioso o viceversa, sino que, en su

versión política e ideológica más ortodoxa y fundamentalista,

ambos sistemas de referencia tienden a solaparse. Esto no impide que

ambos procesos de ordenación y clasificación de representaciones

y prácticas de la semejanza y la diferencia no hayan variado

histórica y contextualmente en sus relaciones sistema/entorno.

Lugares

de la cohesión social, también pueden serlo de la disputa, de

significaciones distintas (el ejemplo de Jerusalén, Ciudad Santa,

para cuatro comunidades religiosas: cristiana católica, cristiana

ortodoxa Armenia, musulmana y judía). La apropiación de lo

religioso como elemento identitario y , por tanto, la constitución

de un rol de vigilancia y mantenimiento es muy frecuente en la

historia de muchas comunidades.

Los

emblemas

Un

emblema, según el diccionario de la Real Academia es “cosa que es

representación simbólica de otra”. Los emblemas tienen una

relación metafórica con el grupo porque éste se hace

representar por aquellos, pero también metonímica, porque el

grupo los porta. Donde está el emblema están ellos. En realidad

cualquier práctica social puede constituirse en signo, símbolo de

una identidad/alteridad colectiva.

La

comensalía

Cómo

se come y bebe, qué, con quién, cuando, suelen ser demarcadores

de la identidad, sobre todo porque suelen ser consecuencia de una

determinada forma de socialización. La comensalía indica una

relacionalidad.

III.3.6.

Estereotipos y etnónimos

El

estereotipo es la versión simplificada objetivada de un estado de

cosas, caracterizada por la selección arbitraria de determinadas

características que se les atribuye como propias e

idiosincrásicas.

Los

estereotipos grupales son representaciones sociales a partir del

entrabado entre ideas, prácticas, experiencias, y cómo son

representadas las relaciones con los demás y con nosotros mismos.

Se parecen a los prototipos, aunque estos suelen ser más

inconscientes y su extensión es más variada. No son esquemas para

la acción, aunque puedan orientarla. Los estereotipos refieren,

casi siempre, al modo de ser y de actuar de otros como nosotros (al

mismo nivel ontológico).

Lipmann

los definió como “generalizaciones sobre grupos sociales que se

mantienen de forma rígida, son ilógicos y cuyo contenido es

erróneo” Serían de alguna manera, recetas condensadas para

cartografiar el mundo y sus tipos humanos.

Los

estereotipos pretenden ordenar la sociedad dividiéndola en grupos

diferentes y diferenciados, escenario que permiten al sujeto

construir su propia identidad a partir de su pertenencia a alguno de

ellos. Todos los estereotipos son producto del trabajo y retrabado

cultural de una pluralidad de agentes sociales. Los medios de

comunicación de masas son grandes creadores/comunicadores de

estereotipos.

Como

cualquier clasificación social, los estereotipos son objetivaciones

resultado de cierto consenso, negociación. También de la

experiencia socioculturalmente mediada. Los estereotipos en general y

étnicos en particular, en principio, son para los demás.

De

hecho, toda atribución de identidad/alteridad étnicas es una

simplificación, pues como toda categoría politética, sus

límites son difusos.

Gordon

Allport definió los estereotipos como reflejos de los prejuicios de

la gente, justificaciones de nuestras actitudes. No se trata de cómo

son las cosas, sino cómo justificamos nuestro desprecio de dichas

cosas.

Davey

afirma que la gente selecciona aquello que le parece más relevante

en relación a sus valores y expectativas. Todos los mapas

cognitivos, de los que los estereotipos forman parte, son, en última

instancia, evaluativos.

A

menudo se fuerzan coherencias con objetivos de simplificación

cognitiva, emotiva y social en aras a la movilización política o

una versión rígida de la variedad empírica. Los estereotipos no

entienden de ambigüedades o disonancias cognitivas. Por su

incorporación subjetiva temprana, como automatismos intensamente

apropiados en la socialización, y por su mantenimiento colectivo

continuo por medio de dichos, refranes, chistes...los estereotipos no

implican mucho trabajo mental intencional, consciente y reflexivo.

Son un poco atajos.

Esta

funcionalidad cognitiva instrumental, en términos de escasa

inversión y eficacia mental no puede ignorar a otra: no se

distingue donde no es relevante. Fruto de nuestro etnocentrismo, se

necesitará mucha información para refutar la validez de un

estereotipo devaluativo; por el contrario poca para revalidar su

veracidad. Cuando se tiene relación personal con alguien, es

posible matizar individualmente, sin practicar generalizaciones. Por

eso, los estereotipos étnicos no suelen practicarse para el grupo

propio, salvo excepciones. Sólo cuando se da cierta reflexividad

sobre sí en el contexto de Otros étnicos (como en los chistes) es

posible auto-estereotiparse (generalmente positivamente).

A

partir de la percepto-cognición evaluada de rasgos fenotípicos,

de apariencia o de prácticas observables, puede hacerse una primera

clasificación, casi inmediata, sobre la identidad del Otro. La

probabilidad de acertar depende de la amplitud de marcos y sistemas

de referencia que domine el perceptor y también de la profundidad

de conocimiento que tenga sobre las personas a quienes estereotipa.

La

ruralidad, como sustrato sobre el que construir estereotipos, está

fuertemente arraigado en el imaginario europeo. La incorporación de

la ruralidad y la imagen ideal del campesinado ayudaron a las

identidades nacionales periféricas a constituirse sobre un espacio

como lugar inmemorial de relación con la tierra y sus ancestros.

Hitler promovió este tipo de nacionalismo étnico, asegurando que

el calificativo bárbaro era un honor para el alemán que hablaba

de su frescura en un mundo en declive.

Matices

del habla- fonética, semántica, gramática, entonación, etc.

pueden ser elementos para iniciar la operación clasificatoria a

base de estereotipos.

Se

necesitará poca información para confirmar la inferioridad de un

grupo minorizado en un sistema social discriminatorio, y, por el

contrario, una gran cantidad de información positiva para la re-

evaluación de dicho grupo.

¿Qué

hay en un nombre?

De

alguna manera el nombre crea a la cosa. Dar nombre a algo es una

forma de distinguirlo, singularizarlo y hacerlo presente. De alguna

manera así ocurre con los etnónimos. En estos nombres hay en

primer lugar, denominación, en segundo lugar, connotación.

Muchos

nombres se construyen etnocentradamente, desde la

auto-referencialidad grupal (es común encontrarnos con nombres de

grupo que pueden traducirse como el pueblo, la gente, los hombres...

en una atribución de cualidad de humanidad que no se otorga al

resto, o por lo menos no en el mismo grado). La expresión “The

west and the Rest” atestigua el modo en que Occidente ha construido

su identidad creando un entrono de Otros como exóticos, marcados

por su Etnicidad.

En

los etnónimos hay clasificación y descripción, observación y

selección desde distintos dominios experienciales. La capacidad de

nombrar indica poder: sobre sí mismo, o sobre los demás. Los

nombres incorporan una historia de relaciones sociales a menudo

asimétricas. Los Imperios, que en su expansión militar y

comercial han incorporado una gran diversidad de poblaciones son

grandes artífices de nombres colectivos para gestionar tal

diversidad. Los encuentros, como durante la colonización, también

han dado lugar a la creación de nombres para designar al Otro en

una relación mutua pero referida a los sistemas clasificatorios de

cada uno.

Muchos

movimientos indígenas se resisten a que les llamen indio, que es un

término colonialista y euro-americano, que incorpora la dominación

política, económica e ideológica. Estas denominaciones

generalistas son efecto del mismo proceso evaluativo cognitivo que

para los estereotipos: donde no nos importa, no distinguimos.

Los

nombres también pueden convertirse en símbolos disputados por

unos y por otros, haciendo emerger conflictos más latentes (Grecia

no vio con buenos ojos que el estado macedonio de la ex república

yugoslava se independizara con esenombre, que los griegos sienten que

les pertenece).

Un

mismo nombre puede significar cosas distintas según para quién y

en qué contexto histórico, sociopolítico o sociodemográfico.

Una de las acciones más expresivas de dominio político o

revitalización étnicas es la de cambiar los nombres. Las

metrópolis bautizaron sus colonias y re- fundaron ciudades con

nombres hasta entonces inexistentes. Muchos estados africanos

nombrados por las metrópolis coloniales recuperaron o cambiaron de

nombre con su independencia.

También

se puede dar lo opuesto: la ausencia de nombre. La de “inmigrante”,

con todas sus connotaciones sociales y morales peyorativas sería un

ejemplo.

¿Y

los que no se autodenominan con un nombre propio? Son denominados

así por otros grupos con los que se relacionan, pero no se llaman a

sí mismos por ningún nombre, lo cual no quiere decir que no

tengan experiencia grupal ni identidad colectiva. La categorización

es posible sin denominación.

III.4.

ATRACCIONES Y DISIPACIONES (Se repite del Tema 3) (Pág. 333 -

343)

III.4.1.

Etnicidad y estructura social

Informações

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GRADO ANTROPOLOGIA SOCIAL Y CULTURAL UNED Relaciones Interculturales (ANTROPOLOGIA UNED) (Tema 4) Notas sobre Tema 4, criado por Len Sanz em 04-06-2015.
Criado por
Len Sanz
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