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2.4. La vista: el ojo
Los ojos son los órganos de la visión. Son estructuras muy complejas, especializadas en percibir la luz, pues son órganos fotorreceptores. En los ojos se percibe la luz, pero se ve en el cerebro (porque es aquí donde se traduce esa información y se elaboran las imágenes).
La estructura del ojo
El globo ocular es un órgano par, alojado en las cuencas orbitarias (cavidades en el cráneo, para su protección). Se distinguen, del exterior al interior, las siguientes estructuras:
Conjuntiva: membrana mucosa externa que protege la zona anterior del globo ocular, así como la zona interna de los párpados.
Esclerótica: capa dura y blanca que da forma al globo ocular. La córnea es su región más anterior, ensanchada y transparente.
Coroides: capa muy irrigada y oscurecida. A ella se une el músculo ciliar, que controla el cristalino (pequeña estructura transparente y elástica), curvándolo para enfocar las imágenes.
Iris: músculo en forma anular, bajo la córnea, que regula la cantidad de luz que entra por la pupila, que es el espacio interno que deja el iris. El iris presenta diversos colores: azul, verde, castaño.
Retina: la capa más interna, tapiza el interior del globo ocular salvo por su parte más anterior (para que pase la luz). Contiene las células fotorreceptoras:
− Conos: son neuronas que captan los colores, pues se estimulan con la luz de color rojo, azul o verde. Se encargan de la “visión diurna”, de la percepción de los colores y de la agudeza visual.
− Bastones: neuronas que perciben estímulos lumínicos con luz de baja intensidad. Son los responsables de la “visión nocturna”, y no perciben colores. Por eso por la noche vemos en una escala de grises.
Fóvea: región especial de la retina frente a la pupila, donde se agrupan más conos y la visión es más clara.
Los axones de las neuronas fotorreceptoras se agrupan en el nervio óptico para transmitir la información al cerebro; la salida del nervio óptico se llama punto ciego, porque no tiene fotorreceptores.
El humor vítreo: es un líquido gelatinoso que rellena el globo ocular y nutre las células que lo conforman. El humor acuoso rellena la cavidad que se forma entre la córnea y el cristalino, aportando nutrientes y oxígeno a ambas estructuras
Alrededor del ojo encontramos los siguientes órganos accesorios:
Cejas: sobre los ojos se sitúan agrupaciones de vello, actuando como visera y para protegerlos del sudor.
Párpados: repliegues cutáneos que protegen contra la desecación de los ojos (difunden las lágrimas) y frente a objetos extraños.
Pestañas: pelos situados en el borde de los párpados; son otra barrera de protección frente a objetos y rayos solares.
Glándulas lacrimales: producen las lágrimas, que lubrican los globos oculares y los protegen de las bacterias, pues tienen lisozimas (actúan como barrera contra las infecciones).
La visión
Todo lo que vemos es porque los rayos de luz inciden sobre los objetos y penetran en el globo ocular a través de la córnea, atraviesan el cristalino (que enfoca la imagen, aplanándose o estirándose por el músculo ciliar, dependiendo de la distancia a la que se encuentre el objeto) y se proyectan sobre la retina. La imagen que se forma en la retina está invertida y disminuida proporcionalmente con respecto a la realidad.
En la retina están los conos y los bastones que reciben estímulos lumínicos y emiten impulsos eléctricos a través del nervio óptico a la corteza visual del encéfalo. Es en esta zona del encéfalo donde se decodifica el impulso nervioso (se vuelve a invertir, entre otros procesos) y se genera la imagen.
La disposición de los ojos en el ser humano permite unavisión estereoscópica, vemos de manera tridimensional, lo que nos permite percibir el relieve y la profundidad de la imagen.
El iris regula la cantidad de luz que entra en el ojo, cuando hay poca intensidad lumínica se relaja y decimos que la pupila aumenta de tamaño; cuando hay mucha luz el iris se contrae y la pupila se hace más pequeña.
Trastornos de la visión
Como la visión es un proceso complejo, muchas son las estructuras que pueden sufrir deficiencias en su funcionamiento. Citaremos alguna de las más comunes:
Glaucoma: es una degeneración del nervio óptico, por diversas razones. Como consecuencia, la visión se ve limitada o incluso puede perderse pues aparecen puntos ciegos en el campo visual.
Conjuntivitis: es la inflamación o infección de la membrana conjuntiva, lo que produce enrojecimiento, escozor, supuración y otras molestias.
Cataratas: el cristalino, por la edad, se va volviendo opaco y puede llegar a impedir que entre la luz totalmente. Produce visión borrosa, limitación del campo visual e incluso ceguera.
Miopía: el globo ocular es más grande de lo habitual en sentido anteroposterior, eso provoca que la imagen se proyecte delante de la retina y hace que los objetos lejanos se vean borrosos. Se corrige con lentes divergentes.
Hipermetropía: el globo ocular es más pequeño de lo habitual en sentido anteroposterior, eso provoca que la imagen se proyecte detrás de la retina y hace que los objetos cercanos se vean borrosos. Se corrige con lentes convergentes.
Astigmatismo: la curvatura de la córnea se altera, de manera que los objetos se perciben distorsionados porque no se perciben bien las líneas verticales. Hacen falta lentes cilíndricas para corregir la visión.
Presbicia o vista cansada: el cristalino pierde flexibilidad, perdiéndose agudeza visual.
Daltonismo: es una alteración (origen genético) de la percepción de los conos, que tiene como resultado la confusión de los colores (azul y amarillo, rojo y verde).
2.5. El oído: Audición y equilibrio
Si bien la visión es probablemente el órgano de los sentidos más refinado, mucha de la información que percibimos es a través del oído. En él confluyen dos receptores: los sonidos (exteroceptor) y el equilibrio o posición (propioceptor).
Estructura del oído
El oído se aloja en el hueso temporal del cráneo. Distinguimos tres zonas: el oído externo, el oído medio y el oído interno.
Oído externo: el pabellón auditivo (la oreja) conduce las ondas sonoras hacia el conducto auditivo externo, que es un tubo que las canaliza hasta el tímpano. El tímpano es una membrana estirada que limita el oído externo y el medio. Vibra al ser golpeada por las ondas del sonido en su cara externa.
Oído medio: la cara interna del tímpano transmite la vibración del sonido a un grupo de tres huesos pequeños asociados en cadena, llamados martillo, yunque y estribo. El estribo se apoya en la membrana de la ventana oval del oído interno.
Oído interno: formado por un laberinto óseo en el que se aloja un líquido llamado endolinfa.
A su vez, el oído interno está compuesto por tres zonas:
Caracol o cóclea: recibe las vibraciones recibidas por el estribo y las transforma en impulsos nerviosos que se transmiten por el nervio auditivo al cerebro.
Canales semicirculares: dispuestos en los tres planos del espacio, reciben la información del equilibrio.
Vestíbulo o sistema vestibular: se encarga de informar sobre la posición del cuerpo. Diferenciamos dos zonas, el utrículo y el sáculo.
Las trompas de Eustaquio unen el oído medio con la cavidad bucal y realizan la función de drenaje de líquidos y mucosidad, además de permitir el equilibrio de presiones entre el interior del oído y el exterior.
La audición
Las ondas sonoras se transmiten por el aire y se recogen por las orejas, siendo conducidas por el oído externo hasta el tímpano. Esas ondas chocan con el tímpano y producen la vibración que se transmite a los huesecillos del oído medio. La vibración amplificada se envía a la endolinfa del caracol a través de la ventana oval, sobre la que se apoya el estribo.
Este proceso hace que la endolinfa se mueva, estimulando unas células ciliadas neurotransmisoras (órgano de Corti). Estas traducen la vibración en estímulos nerviosos que llegan al encéfalo a través del nervio auditivo. Es en el cerebro donde se interpreta la señal y por tanto, donde se oye.
El equilibrio
Podemos hablar de dos tipos de equilibrio: Dinámico y estático.
Dinámico: asociado al movimiento, que se percibe por los canales semicirculares. Al girar la cabeza, la endolinfa alojada en los canales se desplaza. Esto es percibido por los cilios de las células sensoriales y transmitido por el nervio auditivo (también llamado vestibulococlear) al cerebro para su interpretación. Gracias a ello podemos caminar, correr, bailar sin caernos.
Estático: informa sobre la posición del cuerpo (de la cabeza con respecto del cuerpo). En el vestíbulo se sitúan células ciliadas sensoriales que contienen partículas minerales llamadas otolitos. Al cambiar la postura de la cabeza los otolitos presionan los cilios de dichas células, que emiten un impulso nervioso a través del nervio auditivo al cerebro.
Trastornos del oído
Infecciones de oído: habitualmente se produce en el oído medio (otitis) y es frecuente en niños. Producen dolor y molestias. Normalmente se curan de manera espontánea o con antibióticos comunes.
Vértigo: se produce por una alteración del oído interno o del nervio auditivo. La persona sufre mareos, pérdida de la referencia espacial, náuseas, etc.
Pérdida de audición: puede estar producida por muchas causas, pero la más frecuente es la edad y la exposición a sonidos intensos. La cadena de huesecillos del oído medio pierde sensibilidad a la vibración. Esto produce que al caracol lleguen menos vibraciones o vibraciones menos intensas.
Tinnitus o acúfenos: son zumbidos o silbidos de distinta intensidad que se pueden percibir de manera constante en uno o en los dos oídos, sin causa aparente
Los receptores del tacto y el dolor más comunes pueden estar formados por terminaciones 3. El sistema nervioso
3.1. La función de relación del cuerpo humano
Desde bien pequeños aprendemos que un ser vivo realiza tres funciones generales: la nutrición, la reproducción y la relación. En el sentido amplio, la función de relación incluye la interacción de un ser vivo con otros y con el medio, además de la coordinación interna que permite su supervivencia.
Percibir e interpretar lo que ocurre alrededor, bien con respecto a otros organismos de la misma especie o de otra, bien con respecto al medio físico, es un paso previo para adecuar la respuesta a esos cambios. Una reacción adecuada supone gestionar adecuadamente los recursos disponibles por el propio organismo y utilizarlos de manera coordinada para que la respuesta sea la esperada.
La acción coordinada de los sistemas nervioso y endocrino, además de los órganos receptores y efectores, configura un circuito eficaz que integra la función de relación del organismo.
El sistema nervioso realiza distintas funciones, entre las que destacamos:
Transmitir impulsos nerviosos a través de todo el circuito, desde la recepción del estímulo hasta la ejecución de la respuesta.
Interpretar los estímulos y diseñar la respuesta oportuna.
Coordinar el funcionamiento de órganos y sistemas del cuerpo.
En organismos superiores (llamados así por tener una biología más compleja) realizar funciones muy especializadas, que en el caso del ser humano se concretan en capacidades como la inteligencia, la memoria, los sentimientos, etc.
3.2. Las células del sistema nervioso
El sistema nervioso está formado por un conjunto de células muy especializadas, llamadas neuronas, y por células de la glía, que les ofrecen soporte. Las estudiaremos a continuación.
La neurona
La neurona es la célula principal del sistema nervioso y configura el tejido nervioso. Son células muy especializadas diseñadas para optimizar una función. Esto supone perder la capacidad de realizar otras funciones (no se dividen, ni pueden defenderse o alimentarse por sí mismas).
Desde el punto de vista estructural, podemos distinguir en una neurona:
Soma o cuerpo neuronal: formado por el núcleo celular y la mayor parte del citoplasma con sus orgánulos, entre los que destacan las mitocondrias (producen la energía para el funcionamiento de la neurona).
Dendritas: son prolongaciones más o menos ramificadas del soma, con la función de recibir impulsos de otras neuronas o de órganos receptores y enviarlos al soma, que los canaliza a través del axón.
Axón: es una prolongación del soma, en sentido opuesto a las dendritas; transmite el impulso nervioso a otra neurona o a un órgano efector (músculo o glándula). Se ramifica terminalmente, donde se encuentran los botones sinápticos. Para optimizar la transmisión del impulso, el axón se rodea por la vaina de mielina formada por células de Schwann (glía) y nódulos de Ranvier, que son pequeñas interrupciones entre la vaina de mielina.
Las neuronas, dependiendo de su función, pueden ser sensitivas (transmiten impulsos nerviosos producidas por los órganos receptores), motoras (llevan los impulsos a órganos efectores) o de asociación (relacionan entre sí neuronas de distinto tipo)Siguiente
La glía
Es un conjunto diverso de células del sistema nervioso que tiene como función principal dar soporte a las neuronas. Ellas no transmiten el impulso nervioso, pero permiten el funcionamiento de las neuronas, a las que aportan sostén, aislamiento, defensa y nutrición. Como las neuronas tienen una capacidad de reproducción limitada, especialmente en los adultos, han de ser cuidadas al máximo.
Las principales células de la glía en los nervios son:
Las células de Schwann forman la vaina de mielina.
Y en el cerebro y médula espinal, las principales células de la glía son:
Los astrocitos: dan soporte a las neuronas.
La microglía: eliminan desechos celulares y microorganismos.
Los oligodendrocitos: forman la vaina de mielina
Se caracterizan porque no tienen axones, ni dendritas ni conducen impulsos nerviosos. Tienen un importante papel en los procesos de memoria y aprendizaje del cerebro.
3.3. La transmisión neuronal
La neurona tiene una capacidad específica: puede transmitir el impulso nervioso.
Este impulso nervioso es una onda eléctrica que se genera por un estímulo en un órgano receptor o directamente en una neurona.
El estímulo genera una onda eléctrica que se transmite por la membrana plasmática de una neurona a otra, siguiendo una dirección fija: dendrita – soma – axón.
Las dendritas reciben el impulso de un órgano receptor o de otra neurona, lo transmiten al soma y se canaliza por el axón hasta las dendritas de la siguiente neurona del circuito. Se genera el desplazamiento de las cargas eléctricas por la membrana plasmática a lo largo de una neurona y se transmite a la siguiente, que está separada por el espacio sináptico. Para salvar ese espacio, el impulso nervioso utiliza unas sustancias químicas llamadas neurotransmisores que se alojan en los botones sinápticos, en el extremo del axón.
Cuando el impulso eléctrico llega al axón, se liberan los neurotransmisores que alcanzan las dendritas de la siguiente neurona; este proceso se llama sinapsis. Los neurotransmisores generan un nuevo impulso eléctrico en la neurona receptora, que a su vez reproduce el proceso.
Este proceso es muy rápido y a la vez muy complejo, porque permite la organización, priorización y selección de los impulsos por parte del sistema nervioso. Algunas sustancias químicas actúan sobre los neurotransmisores, como algunos analgésicos (medicamentos que eliminan o reducen el dolor), algunas drogas (heroína o cocaína) u otras sustancias como la cafeína presente en el café.
El impulso nervioso es la base de todas las funciones del sistema nervioso (también de la memoria o la inteligencia) y todas dependen del correcto funcionamiento de las neuronas.
El cerebro, a diferencia de lo que se pensaba y, como ha demostrado la Neurociencia, posee la capacidad de crear nuevas conexiones nerviosas durante toda la vida y no sólo durante los primeros años de existencia en respuesta a la información nueva, a la estimulación sensorial, al desarrollo, a la disfunción o al daño. Se ha demostrado que nuestro cerebro puede desarrollar nuevas capacidades si se trabaja adecuadamente y se construyen nuevas sinapsis. Incluso se ha demostrado que pueden nacer nuevas células neuronales en un proceso denominado neurogénesis, cosa que se creía imposible hasta este momento.
3.4. La organización del sistema nervioso
El sistema nervioso se organiza en dos estructuras básicas: Los nervios y los centros nerviosos.
Nervios: los nervios son los conductos de transmisión de los impulsos nerviosos y están formados por agrupaciones de fibras nerviosas (principalmente axones) protegidas por tejido conectivo. Comunican las distintas partes del cuerpo humano y los centros nerviosos, donde se gestiona la información y forman el Sistema Nervioso Periférico. Algunos nervios son muy largos, pues parten del cerebro, recorren la médula espinal e inervan las extremidades. Como las neuronas, se clasifican en nervios motores (formados por neuronas motoras), sensitivos (formados por neuronas sensitivas) o mixtos (por neuronas mixtas).
Centros nerviosos: son agrupaciones neuronales donde se realiza la integración de los impulsos eléctricos y se generan las respuestas. En todos los vertebrados, los centros nerviosos son el encéfalo y la médula espinal. En conjunto, conforman el Sistema Nervioso Central, SNC.
Como resultado de la actividad y de la regulación conjunta de los componentes del sistema nervioso, se pueden producir dos tipos de acciones o actos:
Actos reflejos o involuntarios: son automáticos, pues no interviene el cerebro en su elaboración. La información de los nervios sensitivos se detiene al llegar a la médula espinal, pues la prioridad es dar una respuesta rápida y ya automatizada, como retirar la mano al quemarnos. Es, por tanto, un circuito corto: receptor, nervio sensitivo, médula espinal, nervio motor y efector. Este circuito nervioso se denomina arco reflejo (ejecuta el acto reflejo).
Actos voluntarios: son mucho más complejos, elaborados y originales (pues se elaboran nuevos en cada ocasión). Son conscientes y de control voluntario.
El proceso general es el siguiente:
Un estímulo produce la activación de un órgano receptor, lo que origina un impulso eléctrico, que se transmite por los nervios sensitivos hasta la médula espinal.
El impulso nervioso se transmite por la médula espinal hasta el bulbo raquídeo y de ahí, al hemisferio cerebral opuesto al del lado del receptor que ha sido activado.
En la corteza cerebral se procesa la información, que se hace consciente y se elabora la respuesta.
La respuesta se transmite también como impulso nervioso a través de la médula espinal y, a través de los nervios motores, a los órganos efectores que ejecutan la orden.
Sin embargo, no todas las acciones voluntarias se producen como respuesta a un estímulo externo. El cerebro puede generar un acto voluntario sin que medien los estímulos externos.
Sistema Nervioso Central (SNC)
Es el centro de control, coordinación y gestión del organismo. Recibe los estímulos internos y externos y elabora las respuestas adecuadas. Está protegido por estructuras óseas (cráneo y columna vertebral) y por las meninges, que son tres membranas (piamadre, duramadre y aracnoides) que albergan el líquido cefalorraquídeo.
Distinguimos en el SNC dos zonas con aspecto diferente:
Sustancia gris: en estas zonas abundan los cuerpos neuronales y las dendritas. Se encuentra en el interior de la médula espinal y en la corteza encefálica.
Sustancia blanca: la forman axones fundamentalmente. Se sitúan en el exterior de la médula espinal y en el interior del encéfalo.
El SNC está compuesto por el encéfalo y la médula espinal.
Encéfalo: está protegido por el cráneo y se distinguen tres regiones principales:Siguiente
Cerebro: es la parte más grande del encéfalo. Es el centro más importante de gestión de la información y controla los movimientos voluntarios. Se distinguen dos hemisferios, derecho e izquierdo.
Cerebelo: controla el equilibrio, el movimiento y la coordinación.
Bulbo raquídeo (tronco encefálico): se encarga de las funciones autónomas del cuerpo, como la respiración, la digestión y la circulación de la sangre.
Médula espinal: tiene forma cilíndrica y comunica el encéfalo con el resto del cuerpo, pues se relaciona con los nervios del Sistema Nervioso Periférico que comunican con todas las regiones del cuerpo (salvo la cabeza). Se aloja a lo largo de la columna vertebral, que le da soporte y protección.
Sus funciones son:
Transmite impulsos nerviosos desde los órganos receptores al encéfalo, a través de los nervios aferentes o sensitivos.
Lleva la respuesta desde el encéfalo a los órganos efectores, a través de los nervios eferentes o motores.
Efectúa los actos reflejos, que son respuestas automatizadas a estímulos determinados, sin que participe el encéfalo.
Sistema Nervioso Periférico (SNP)
Forman parte del SNP los nervios que entran en el SNC (le llevan información: nervios sensitivos) o salen de él (transmiten su respuesta: nervios motores). Algunos nervios tienen ambas funciones y se llaman mixtos.
Se divide en Sistema Nervioso Somático (SNS) y Sistema Nervioso Autónomo (SNA).
El Sistema Nervioso Somático conecta el Sistema Nervioso Central con los órganos receptores (a través de los nervios aferentes o sensitivos) y con los órganos efectores (a través de los nervios eferentes o motores). Por tanto, se encarga de transmitir información en ambas direcciones, siendo el principal intermediario en las comunicaciones del cuerpo y del control de las acciones voluntarias.
Se clasifican en:
Nervios craneales: entran o salen del encéfalo. Son 12 pares de nervios que pueden ser sensitivos (como los olfatorios y los ópticos), motores (como el par de nervios oculomotores) o mixtos (como los nervios faciales).
Nervios raquídeos o espinales: son 31 pares de nervios, todos ellos mixtos, que se agrupan en cervicales, dorsales, lumbares y sacros, en función de las regiones vertebrales de las que salen y entran.
El Sistema Nervioso Autónomo también se llama vegetativo o involuntario, pues coordina y regula las respuestas inconscientes e involuntarias del organismo. Gestiona la mayoría de los órganos internos del cuerpo. Sus centros de control se sitúan en la sustancia gris de la médula, en el bulbo raquídeo y en el hipotálamo.
Se organiza en dos sistemas complementarios y antagónicos:
Sistema Nervioso Autónomo Simpático (SNAS): activa la mayoría de los órganos corporales; por ejemplo, acelera el pulso cardíaco, contrae el esfínter de la vejiga, dilata la pupila… Su acción predomina en los estados de alerta.
Sistema Nervioso Autónomo Parasimpático (SNAP): relaja la actividad de estos órganos; reduce el latido del corazón, relaja el esfínter de la vejiga y la pupila, etc. Predomina en los estados de relajación.
3.5 Enfermedades del sistema nervioso
Son muchos y con diversos orígenes los trastornos que pueden amenazar la salud del sistema nervioso. Describimos las enfermedades más significativas, agrupadas para facilitar su comprensión:
Dolencias cerebrales: afectan al cerebro o alguna de sus partes.
Cefalea: el conocido como dolor de cabeza puede tener diversas causas, como lesiones, tensiones, jaquecas o migrañas, etc.
Epilepsia: trastorno neurológico provocado por el aumento de la actividad eléctrica de las neuronas en alguna zona del cerebro. Se caracteriza por las convulsiones o movimientos corporales incontrolados de forma repetitiva.
Accidente cerebrovascular, cuando se detiene el flujo sanguíneo a parte del cerebro ocasionando graves daños a las células cerebrales como en el ictus y el derrame cerebral. En el primero hay un coágulo de sangre que bloquea o tapa un vaso sanguíneo del cerebro, mientras que el segundo está causado por un vaso sanguíneo que se rompe y sangra en el cerebro.
Infecciones: distintos virus, bacterias, hongos y otros parásitos pueden acceder al cerebro o a la médula, sorteando las barreras que los protegen. La meningitis (que puede ser bacteriana o vírica), la rabia (vírica) o la sífilis (bacteriana) afectan al cerebro.
Esclerosis múltiple: es una enfermedad en la que el sistema inmunitario ataca la vaina protectora (mielina) que recubre las fibras nerviosas. Con el tiempo, la enfermedad puede causar el deterioro o daño permanente de los nervios y provocar la incapacidad de caminar.
Esclerosis lateral amiotrófica (ELA): enfermedad degenerativa del sistema nervioso que afecta a las neuronas motoras que controlan los movimientos voluntarios de los músculos, como caminar y hablar. Produce una paralización progresiva que conduce a la muerte.
Dolencias medulares: distintas causas pueden producir lesiones en la médula espinal, como tumores, traumatismos, hernias discales, etc. Estas lesiones pueden producir la alteración de los nervios de la médula y, como consecuencia, la parálisis de distintas zonas del cuerpo. La paraplejia supone la parálisis de las extremidades inferiores y la hemiplejia, la parálisis de las extremidades de uno de los lados del cuerpo.
Enfermedades neuropsicológicas: agrupan distintos síntomas que se manifiestan de manera conjunta.
Parkinson: esta enfermedad provoca una degradación progresiva del sistema nervioso central, deteriorándose las neuronas que controlan los movimientos involuntarios. Característicamente se manifiesta a través de temblores de manos y pies y suele asociarse a la edad.
Alzheimer: también es más frecuente en personas de avanzada edad. Es una enfermedad neurodegenerativa, que produce demencia: deteriora la memoria y el razonamiento y, progresivamente, el control del resto de funciones del organismo.
Esquizofrenia: produce alteraciones de la personalidad y delirios. Con frecuencia, las llamadas “enfermedades mentales” se asocian a tabús sociales que no se producen con trastornos de otros sistemas del organismo. Conocer el funcionamiento del cuerpo humano y sus alteraciones nos ayuda a situarnos ante estas enfermedades con objetividad.
Otras: hay muchas otras patologías asociadas al sistema nervioso. Algunas de ellas están asociadas a procesos emocionales o conductuales, pero siempre presentan un componente biológico asociado al funcionamiento del sistema nervioso. Algunos ejemplos son la ansiedad, la depresión, el estrés, los trastornos de la alimentación como la anorexia o la bulimia nerviosa. Otras están relacionadas con trastornos del desarrollo como el TDAH (trastorno de atención con hiperactividad), TEA (trastorno del espectro autista) o la dislexia.
Informações
- Descrição
- Notas sobre Sem título, criado por Alba Palacín Gómez em 29-11-2025.
- Criado por
- Alba Palacín Gómez · nov 2025
- Atualizado
- 29 nov 2025
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