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(NEUROCIENCIA) - TU MENTE INMORTAL (ENTREVISTA A JOE DISPENZA)

Isidro Esparza Marín Mindfulness (Desarrolla tu mente y vive en plenitud) Grado Superior Spanish 1 page

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(NEUROCIENCIA) - TU MENTE INMORTAL (ENTREVISTA A JOE DISPENZA)

NEUROCIENCIA

– TU MENTE INMORTAL (ENTREVISTA A JOE DISPENZA)

MARIO

LIANI (27

de Junio 2012)

Hace

algo más de veinte años, Joe Dispenza (de los maestros de “Y

tú qué sabes”), fue arrollado por un todo terreno cuando

participaba en un triatlón. El diagnóstico de los cuatro cirujanos

que consultó coincidían en que tenía que operarse inmediatamente, debían

implantarle barras de Harrington (de 20 a 30 centímetros desde la

base del cuello hasta la base de la columna), ya que la tomografía

demostraba que la médula estaba lesionada y que podría quedarse

paralizado en cualquier momento.

Dispenza,

que era quiropráctico, sabía muy bien lo que eso

significaba: una discapacidad permanente y, muy probablemente, con un

dolor constante. Su decisión fue arriesgada: intentaría ayudar a su

cuerpo a que se recuperara de manera natural, conocía bien todo lo

concerniente a huesos y músculos e ideó un plan de acción que

incluía autohipnosis, meditación, una dieta que ayudara a sus

huesos a regenerarse y ciertos ejercicios en el agua. Se recuperó

totalmente en un tiempo récord y decidió ahondar en el tema.

Durante

ocho años, estudió las remisiones espontáneas de enfermedades y le

sorprendieron tanto los resultados que decidió volver a la

universidad para intentar explicar científicamente lo que había

descubierto: "el poder de nuestro cerebro como director

ejecutivo del cuerpo".

Joe

Dispenza estudió Bioquímica en la Universidad Rutgers

de New Brunswickle, en Nueva Jersey; obtuvo el doctorado en

Quiropráctica en la Life University de Atlanta, donde

se licenció magna cum laude y recibió el premio Clinical

Proficiency Citation por la extraordinaria calidad de su relación

con los pacientes. Miembro de la International Chiropractic Honor

Society, ha cursado estudios de posgrado en neurología,

neurofisiología, función cerebral, biología celular, genética,

memorización, química cerebral, envejecimiento y longevidad.

Desde

1997 ha dado conferencias ante más de diez mil personas en 17 países

de los cinco continentes.

Joe

Dispenza afirma que “podemos

cambiar nuestra mentalidad creando nuevos circuitos neuronales en el cerebro y

fortalecerlos con nuestro pensamiento”.

¿Cómo

empezó a interesarse por el cerebro?

He

entrevistado a cientos de personas que han sido diagnosticadas con

enfermedades -tumores malignos y benignos, enfermedades cardiacas,

diabetes, alteraciones respiratorias, hipertensión arterial,

colesterol alto, dolores músculo esqueléticos, raras alteraciones

genéticas para las que la ciencia médica no tiene solución…-,

pero cuyo cuerpo se ha regenerado por sí solo sin la ayuda de una

intervención médica convencional, como la cirugía o los fármacos.

¿Milagro?

Observé

que una de las causas principales de esas remisiones espontáneas era

que habían cambiado su forma de pensar, así que volví a la

universidad e hice la carrera de neurociencias para

poder explicar qué es lo que ocurría. Cuando afirmo que

"nuestros pensamientos se convierten

literalmente en materia", me baso en

la más pura vanguardia científica. Básicamente, esos individuos

cambiaron la arquitectura neurológica de su cerebro.

Estimulante

curiosidad la suya

Todas

esas personas que tenían una remisión espontánea compartían

cuatro cualidades específicas:

Lo

primero

es que todas aceptaron, creyeron y entendieron que había una

inteligencia superior dentro de ellos, da igual si la calificaban de

divina, espiritual o subconsciente.

Lo

segundo es que todas aceptaron que fueron sus propios

pensamientos y sus propias reacciones las que crearon su enfermedad,

y puedo hablar y citar estudios sobre cualquiera de estos temas

durante media hora. Hay un floreciente campo científico llamado

psico-neuroinmunología que demuestra la conexión

existente entre la mente y el cuerpo.

La

tercera característica común es que cada persona

decidió reinventarse a sí misma para llegar a ser otro, y los

estudios actuales en neurociencias muestran que esto es totalmente

posible.

Por

último, tenían en común que durante el periodo en

que intentaban meditar o imaginar en qué querían convertirse, hubo

tiempos largos en que perdieron la noción del tiempo y el espacio.

¿Y

eso qué significa?

El

lóbulo frontal representa un 40% ciento de la totalidad del cerebro,

y cuando estamos de verdad concentrados o focalizados, el lóbulo

frontal actúa como un control de volumen. Como tiene conexiones con

todas las demás partes del cerebro, puedo rebajar el volumen del

tiempo y del espacio. En otras palabras, los circuitos que tienen que

ver con mover tu cuerpo, sentirlo, percibir lo que hay fuera y

percibir el tiempo pasan a un segundo plano, y el pensamiento se

convierte en la experiencia en sí, es más real que cualquier otra

cosa. De este modo el lóbulo frontal elimina todo lo que no es

prioritario para focalizarse en un único pensamiento, y es en ese

momento en que el cerebro rehace su cableado.

¿En

qué se traduce?

Aquello

en lo que pensamos y en lo que concentramos nuestra atención con más

frecuencia es lo que nos define a escala neurológica. Un reciente

estudio demuestra que las grandes ideas surgen cuando uno está

relajado, pensando en otras cosas. Antes se creía que la parte

derecha del cerebro es la parte emocional o sentimental, el

lado creativo, y la izquierda, la racional o lógica.

Pero de hecho, el lado derecho del cerebro es el responsable de

procesar la novedad cognitiva, las nuevas ideas que, cuando ya están

memorizadas, cuando se convierten en familiares, pasan al lado

izquierdo del cerebro. Es lo que conocemos como rutina cognitiva. Podemos

cambiar nuestra mentalidad creando nuevos cableados y fortalecerlos

con nuestro pensamiento, dándoles prioridad. Los que no utilizamos

tienden a desaparecer.

Usted

habla de inteligencia espiritual, ¿qué es eso, cómo lo explica

desde un punto de vista científico?

No

hay nada místico en ello. Se trata de la misma inteligencia que

organiza y regula todas las funciones corporales. Esta fuerza hace

que nuestro corazón lata ininterrumpidamente unas cien mil veces

cada día sin que nosotros pensemos siquiera en ello, y se encarga de

las sesenta y siete funciones del hígado, aunque la mayoría de la

gente ni siquiera sabe que ese órgano realiza tantas tareas. Esta

inteligencia espiritual sabe cómo mantener el orden entre las

células, los tejidos, los órganos y los sistemas corporales, porque

ha sido ella quien ha creado el cuerpo a partir de dos células

individuales.

¿El

poder que da origen al cuerpo es el poder que lo mantiene y lo sana?

El

cerebro no puede cambiarse así mismo porque es sólo un órgano, y

la mente no puede cambiar el cerebro porque es un producto del

cerebro. Así que tiene que existir algo que está operando en el

cerebro para que cambie la mentalidad.

¿Cómo

define ese algo?

Esa

es una pregunta muy filosófica, dos botellas de vino y quizá cuatro

horas, porque se trata de la búsqueda del ser. Pero por el momento

es curiosamente la ciencia la que nos permite explicar que

efectivamente tenemos control sobre nuestra mente y nuestro cerebro,

es decir, que no somos un efecto de nuestros procesos biológicos

sino una causa. Básicamente, más allá de mis estudios sobre las

remisiones espontáneas de enfermedades, lo que intento transmitirle

es que nuestros pensamientos provocan reacciones químicas que nos

llevan a la adicción de comportamientos y sensaciones y que cuando

aprendemos cómo se crean esos malos hábitos, no sólo podemos

romperlos, sino también reprogramar y desarrollar nuestro cerebro

para que aparezcan en nuestra vida comportamientos nuevos.

¿Y

la predestinación genética?

La

investigación científica de vanguardia está mostrando que "la

genética tiene la misma plasticidad que el cerebro". Los genes son

como interruptores, y es el estado químico en que vivimos el que

hace que algunos estén encendidos y otros apagados. Se ha realizado

un estudio muy interesante en Japón con enfermos dependientes de la

insulina tipo dos, que mostraba cómo los enfermos sometidos a

programas de comedia normalizaban su nivel de azúcar en sangre sin

necesidad de insulina. Veinticuatro genes activados sólo por el

hecho de reírse. "Los genes son igual de plásticos que nuestro

tejido neuronal".

¿Cada

vez que pensamos fabricamos sustancias químicas?

Así

es, y estas sustancias a su vez son señales que nos permiten sentir

exactamente cómo estábamos pensando. Así que si tienes un

pensamiento de infelicidad, al cabo de unos segundos te sientes

triste e infeliz. El problema es que en el momento en que empezamos a

sentir de la manera en que pensamos, empezamos a pensar de la manera

en que nos sentimos, y eso produce aún más química.

Un

círculo vicioso.

Sí,

y así se crea lo que llamamos el estado del ser. La repetición de

estas señales químicas hace que algunos genes estén activados y otros

apagados. Memorizamos este estado como nuestra personalidad, así que

la persona dice: “Soy una persona infeliz, negativa, o llena de

culpa”, pero en realidad lo único que ha hecho es memorizar su

continuidad química y definirse como tal. Nuestro organismo se

acostumbra al nivel de sustancias químicas que circulan por nuestro

torrente sanguíneo, rodean nuestras células o inundan nuestro

cerebro. Cualquier perturbación en la composición química

constante, regular y confortable de nuestro cuerpo dará como

resultado un malestar.

¿Estamos

enganchados a nuestra química interna?

Sí,

haremos prácticamente todo lo que esté en nuestra mano, tanto de

forma consciente como inconsciente y a partir de lo que sentimos,

intentaremos restaurar nuestro equilibrio químico acostumbrado. Es

cuando el cuerpo ya manda sobre la mente.

¿Propone

cambiar la química cerebral con nuestro pensamiento?

Es

una parte de mi trabajo, no se trata sólo de cambiar la química

cerebral, sino también los circuitos cerebrales, es decir, el

cableado. Si podemos forzar al cerebro a pensar con otros patrones o

secuencias, estamos creando una nueva mente. El principio de la

neurociencia es que si las células neuronales se

activan conjuntamente, se entrelazan de forma que crean una conexión

más permanente. Una persona ante una situación, por nueva que sea,

recurre a esa conexión, es decir, repite el mismo pensamiento una y

otra vez y da las mismas respuestas, su cerebro no cambia, vive con

la misma mente cada día.

¿Cómo

interrumpir el ciclo?

A

través del proceso del conocimiento y de la

experiencia podemos cambiar el cerebro. Es buena idea

examinar constantemente qué podemos cambiar dentro de nosotros. Si

cada mañana me planteara cuál es la mejor idea que puedo tener de

mí mismo, tendríamos otro tipo de mundo.

¿Qué

preguntas debemos hacernos para sentirnos de otra manera?

La

mayoría de las personas creen que las emociones son reales. Las

emociones y los sentimientos son el producto final, el resultado de

nuestras experiencias. Si no hay experiencias nuevas o vividas de

otra manera, vivimos siempre en la actualización de sentimientos

pasados. Se trata del mismo proceso químico una y otra vez.

Una

pregunta que ayudaría a cambiarnos es: ¿qué sentimiento

tengo cada día que me sirve de excusa para no cambiar? Si

las personas empiezan a decirse: yo puedo eliminar la culpa, la

vergüenza, las sensaciones de no merecer, de no valer….; si

podemos eliminar esos estados emocionales destructivos, empezamos a

liberarnos, porque son estos estados emocionales los que nos impulsan

a comportarnos como animales con grandes almacenes de recuerdos.

¿Cuál es el mayor ideal de mí mismo? ¿Qué puedo cambiar de mí

mismo para ser mejor persona? ¿A quién

en la historia admiro y qué quiero emular?

Pero

saber quién quieres ser... ¿no es suficiente para cambiar tu

cableado?

No.

El conocimiento es lo que precede a la experiencia. Aprender una

información es personalizarla y aplicarla. Debemos modificar nuestro

comportamiento para poder tener una nueva experiencia que a su vez

creará nuevas emociones. El conocimiento es para la mente; la

experiencia, es para el cuerpo. Tenemos que enseñar al cuerpo lo que la

mente ha entendido intelectualmente. Si seguimos repitiendo esa

experiencia, se archiva un sistema nuevo en el cerebro, y eso

permite pasar del pensar, al hacer y del hacer, al ser.

El

siguiente paso es cambiar hábitos de comportamiento, ¿tiene que haber

acción?

El

hábito más grande que tenemos que romper es el de ser nosotros

mismos, porque la neurociencia y la psicología dicen que la

personalidad ya esta formada antes de los 35 años, eso significa que

tenemos los circuitos neuronales hechos para poder enfrentarnos a cualquier

situación y, por lo tanto, vamos a pensar, a sentir y actuar de la

misma manera el resto de nuestros días. Pero los últimos estudios

muestran que es posible cambiar la personalidad en todas las etapas

de la vida, para eso hay que convertir el hábito inconsciente en

algo consciente, llegar a tener conciencia de esos pensamientos y

sentimientos inconscientes.

¿Eso

son 20 años de psicoanálisis?

Aunque

llegues a entender intelectualmente que tu padre era muy dominante,

eso no cambia tu condición. El primer paso siempre es aprender.

Mientras vamos aprendiendo nueva información y empezamos a pensarla,

la contrastamos con nuestras creencias y la analizamos, estamos

cambiando nuestro cableado, construyendo una nueva mente. Una vez esa

nueva mente está establecida, hay que empezar a pensar cómo

mostrarla, y ahí entra el cuerpo. Cualquier proceso de cambio

requiere el desaprender y el reaprender.

Pûblicado

por:

http://escritores-canalizadores.blogspot.com.ar/2012/06/neurociencia-tu-mente-inmortal.html

Information

Description
¿Cómo cambiar nuestras redes neuronales a través de nuestros pensamientos?
Created by
Isidro Esparza Marín · Oct 2016
Updated
Jan 6, 2017
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