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I. INTRODUCCIÓN (ASPECTOS GENERALES)

La evaluación como área de conocimiento reciente y en proceso de formación, tiene su

desarrollo histórico ubicado en los Estados Unidos, con la finalidad de valorar los resultados de

programas especiales diseñados para alumnos con problemas sociales, así como para asegurar

que las innovaciones educativas mejoraban realmente la enseñanza. Nace pues la evaluación

vinculada a la tradición positivista de la investigación educativa. De ahí que, en ocasiones,

aparezcan ambos términos entrelazados y en algunos momentos confundidos en los textos.

Mientras la investigación se caracteriza por las notas de: probar, extraer conclusiones, no

implicación del investigador, verdad científica, generalización; la evaluación presenta como

características: mejorar, tomar decisiones, implicación del evaluador, valoración del fenómeno,

sin pretensiones de generalización.

De la confluencia de ambos términos surge la investigación evaluativa que en palabras de DE

LA ORDEN (1985) puede definirse como "el proceso sistemático de recogida y análisis de

información fiable y válida para tomar decisiones sobre un programa educativo". Por su parte

ALVIRA MARTÍN (1985) la define como "la acumulación de información sobre una

intervención, programa o sobre su funcionamiento y sobre sus efectos y consecuencias".

SUCHMAN (Cit. Stufflebeam, 1989) nos dice que la investigación evaluativa consiste en "los

procedimientos de recopilación y análisis de datos que aumentan la posibilidad de demostrar,

más que de asegurar, el valor de alguna actividad social". Para PATTON (1990) "el propósito de

la investigación evaluativa es informar a la acción, apoyar la toma de decisiones y aplicar el

conocimiento para resolver problemas humanos y sociales".

Ahora bien, existen muchas reticencias por parte de la comunidad científica de otorgar el rango

de investigación a la evaluación. Sin embargo, el desarrollo de la evaluación, en su sentido más

amplio, durante las últimas décadas, ha contribuido de forma decisiva a su implantación en

distintas esferas de la actividad educativa y no solamente como verificación de los logros

alcanzados (modelos tylerianos), sino como comprobación de los procesos seguidos (Scriven,

Sttuflebeam, Pérez Juste).

Dentro del marco de referencia educativa un programa, podemos entenderlo según Pérez Juste

como un plan sistemático de intervención, diseñado y elaborado intencionalmente para la

consecución de unos objetivos de mejora. Ello supone que todo programa educativo debe estar

incardinado con los proyectos educativos de los centros y contar con la colaboración del equipo

de profesores que hagan posible su procesualidad, mantenimiento o transferencia según los

casos.

Conscientes de las limitaciones y dificultades inherentes a la evaluación, hemos de reconocer su

presencia continuada en todo diseño de intervención educativa, desde el momento en que se

identifican las necesidades, se formulan los objetivos, se desarrolla el proceso de ejecución y se

analizan los resultados alcanzados. Por ello, podríamos afirmar que la evaluación de programas

se configura como un componente intrínseco de los procesos sociales y educativos desde una

consideración globalizada de los mismos. Por tanto, no se trata de algo puntual, sino de un

proceso que nos permite obtener información necesaria que sea relevante, fiable, válida,

adecuada y recogida a tiempo, con ello podremos emitir juicios de valor tanto sobre el proceso

como el producto, lo que nos conducirá a la toma de decisiones de mejora. En consecuencia la

evaluación no debe ser un fin en sí misma, sino que debe estar orientada al futuro. Entendemos la

evaluación GARCÍA LLAMAS (1986) como "el proceso de identificación, recolección y

tratamiento de datos para obtener una información que justifique una determinada decisión. Debe

servir, no solo para analizar un determinado programa, sino también para ayudarnos a

comprender el proceso de aprendizaje".

1.1. Concepto de evaluación de programas:

Una de las definiciones clásicas en la evaluación de programas se debe a TYLER (1950) quién

nos define la evaluación como "el proceso para determinar en qué medida los objetivos

educativos habían sido alcanzados mediante los programas de currículos y enseñanza". En esta

línea centrada en los logros WEIS (1991) nos dice que el objeto consiste en "medir los efectos de

un programa por comparación con las metas que se propuso alcanzar, a fin de contribuir a la

toma de decisiones sobre el programa y para mejorar la programación futura".

No obstante, las definiciones posteriores a Tyler, hacen alusión a los procesos, necesidades,

contextos, inputs. Así STUFFLEBEAM (1989) nos dice que "la evaluación de programas es el

proceso de identificar, obtener y proporcionar información útil y descriptiva acerca del valor y el

mérito de las metas, la planificación, la realización y el impacto de un objeto determinado, con el

fin de servir de guía para la toma de decisiones, solucionar los problemas de responsabilidad y

promover la comprensión de los fenómenos implicados".

ROSSI y FREEMAN (1991) definen la evaluación como "la aplicación sistemática de los

procedimientos de investigación social en la valoración de la conceptualización y diseño de un

programa, de la implementación y de la utilidad de los programas de intervención social"

PÉREZ JUSTE (1992) nos ofrece una definición muy completa sobre la evaluación de

programas al afirmar que consiste en un "proceso sistemático, diseñado intencional y

técnicamente, de recogida de información rigurosa -valiosa, válida y fiable-, orientado a valorar

la calidad de un programa, como base para la posterior toma de decisiones de mejora tanto del

programa como del personal implicado y, de modo indirecto, del cuerpo social en que se

encuentra inmerso".

Del análisis de las definiciones anteriores parece desprenderse la idea de que la evaluación de

programas no configura un ente aislado del resto de la actividad educativa, sino que, por el

contrario, se encuentra íntimamente ligada a su desarrollo, dado que nos ofrece información

sobre la marcha de los procesos sociales y/o educativos, así como sobre la valía de las propuestas

innovadoras en el campo. Todo ello contribuirá de forma decisiva para la toma de decisiones que

permitan una mejora en tres puntos básicos: el programa en sí mismo, los procesos seguidos y

los resultados derivados de su implementación, es decir, del personal implicado en el mismo.

La evaluación de programas cumple los siguientes cometidos: diagnóstico, formativo y

orientador, predictivo y de control del proceso educativo. De una parte ayuda a desvelar los

puntos fuertes o débiles del programa y de otra orienta hacia el desarrollo futuro, de forma que

las personas implicadas adquieran confianza en su tarea y se puedan remediar las deficiencias

que se detecten.

A medida que se va desarrollando la reflexión y la acción evaluativa, se ha ido acumulando una

gran cantidad de conocimientos que tienden a fundamentar teóricaºmente la evaluación de

programas, de la que van surgiendo distintos modelos que son el fruto de las investigaciones más

recientes, cuya finalidad consiste en ir creando una teoría sobre la evaluación y una gestión

eficaz sobre su sistematización, ello garantizará la lógica del procedimiento y su justificación.

1.2. Clasificación de los modelos de evaluación de programas:

Los modelos de evaluación admiten diversas clasificaciones. Para POPHAM (1980) existen

cuatro modelos:

* De consecución de metas: Tyler, Hammond, Metfessel.

* De enjuiciamiento sobre criterios intrínsecos: acreditación.

* De enjuiciamiento sobre criterios extrínsecos: Stake, Scriven.

* De facilitación de decisiones: Stufflebeam, Guba, Alkin.

Por su parte STUFFLEBEAM y SHINKFIELD (1989) distinguen tres apartados:

1. Pseudoevaluación, dónde se incluyen las investigaciones encubiertas y los estudios basados en

las relaciones públicas.

2. Cuasievaluaciones, a su vez clasificadas en:

- Estudios basados en objetivos: Tyler, Bloom, Popham.

- Estudios basados en la experimentación: Campbell y Stanley, Suchmam, Cronbach,

Snow.

3. Verdaderas evaluaciones, dónde se incluyen:

- Estudios de orientación de la decisión: Cronbach, Stufflebeam, Alkin, Guba, Taylor.

- Estudios centrados en el cliente: Stake, MacDonald.

- Estudios políticos: Coleman, Clark, Wolf, Weiss.

- Estudios basados en el consumidor: Scriven, Glass.

Cada uno de los modelos de evaluación de programas tiene sus virtualidades y sus

inconvenientes, si bien, los más recientes prestan una especial atención a los momentos inicial y

procesual frente a los meramente medicionales de comprobación de los logros alcanzados. De

esta forma se presta gran atención al momento inicial de la puesta en marcha de un programa, lo

que Pérez Juste define como el programa en sí mismo, dónde se pueden incluir la calidad del

propio programa y la adecuación al punto de partida y al contexto (Stufflebeam). Un segundo

momento sería la puesta en marcha del programa, es decir en su desarrollo, incluyendo la

evaluación procesual o formativa (Scriven), lo que conducirá a la facilitación de la toma de

decisiones a tiempo por parte del personal implicado. El tercer momento se centra en los logros

alcanzados por el programa, es decir, el producto (Stufflebeam), se trata de constatar la

consecución de las metas fijadas por el programa y proceder a su valoración con el fin de tomar

decisiones trascendentes sobre la continuidad o cambios a introducir para su mejora.

Otra de las cuestiones a resolver, previa a la selección del modelo de evaluación, consiste en la

clarificación sobre cuál es el propósito de la evaluación y qué se quiere evaluar, lo que algunos

autores han englobado en la evaluación de necesidades, entendiendo por estas (Tejedor 1990) las

discrepancias existentes entre la situación corriente y la situación deseada, es decir el déficit, que

determinará comportamientos futuros de decisión a la hora de poner en marcha un programa

educativo, conforme a las prioridades señaladas por el equipo y a la asignación de recursos por

las autoridades.

Asimismo es importante determinar quién debe llevar a cabo esta

evaluación, Stufflebeam y

Shinkfield (1989) nos hablan de un reparto de papeles en el trabajo

evaluativo, así distinguen: el

cliente de la evaluación (persona o grupo que utilizará los resultados),

el diseñador de la

evaluación (personal técnico asesor del cliente), el coordinador de la

evaluación (personal

especializado en tareas administrativas y de planificación), asistentes

de la evaluación (personal

encargado del trabajo de campo y de colaborar con otros componentes en

cometidos diversos),

respondientes de la evaluación (personas que rellenan formularios o

proceden a la aplicación y

recogida de datos), especialistas en ayuda técnica (expertos en campos

de especialización -entrevistas, análisis de datos-), especialistas en

información (ordenación y archivo de

documentos), especialistas en comunicación (responsables de transmitir

los resultados, preparar

los informes), preparador de la evaluación (programas específicos de

preparación para los

componentes de los equipos de evaluación), investigador evaluativo

(encargado de la mejora de

la evaluación, investigando sobre la misma), promotor de la evaluación

(función de ayuda

material a los evaluadores), metaevaluador (evaluador de evaluaciones,

requiere astucia y

penetración).

Pretender alcanzar una composición tan ideal de equipo evaluador como la presentada resulta

utópico en la situación actual de la evaluación en España, dentro del marco general de la

Reforma Educativa, que si bien hace mucho hincapié en la necesidad de la evaluación a todos los

niveles, después no se concreta de forma precisa en propuestas de alternativas a cada situación.

No obstante, la puesta en marcha del Instituto de Calidad y Evaluación (INCE), constituye un

punto de arranque sólido para dar una mayor consistencia técnica y administrativa a esta tarea,

ceñida en muchas ocasiones a la mera evaluación (sanción) de los resultados académicos de los

estudiantes.

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II. MODELOS DE EVALUACIÓN DE

PROGRAMAS:

Dada la gran variedad de modelos existentes para la evaluación de programas, vamos a presentar

de forma sintetizada los de mayor uso en el marco educativo, desde el clásico presentado por

Tyler hasta la propuesta formulada por Pérez Juste. La selección de los modelos recogidos se

hace teniendo en cuenta las posibilidades de aplicación al marco educativo del centro y de los

proyectos diseñados por los equipos docentes de los mismos.

2.1. Modelo clásico de TYLER: evaluación orientada al logro:

Los trabajos de Tyler han supuesto el punto de arranque de las propuestas de investigación

evaluativa moderna. Su propuesta hace especial hincapié en que las decisiones sobre la validez o

no de un programa vendrán determinadas por el nivel de congruencia entre los objetivos

propuestos y los logros alcanzados, si estos eran alcanzados se tomarían las decisiones

pertinentes, en cambio si no lo eran o solo se alcanzaban de forma parcial las decisiones serían

distintas.

Dado el proceso lineal lógico del modelo propuesto por Tyler las fases a desarrollar en su

propuesta evaluativa se concretan en las siguientes:

- Establecer metas y objetivos generales.

- Ordenar los objetivos según diversas clasificaciones.

- Definir estos objetivos en términos conductuales.

- Buscar situaciones en las que los objetivos se realizan.

- Seleccionar las técnicas apropiadas de medida.

- Recopilar los datos de la práctica.

- Comparar los datos con los objetivos conductuales fijados.

Las discrepancias que se pusieran de relieve en esta fase final deben ser corregidas y/o

modificadas en los apartados correspondientes. La aportación básica del modelo consiste en

desplazar la atención de la evaluación hacia otros aspectos del programa, además de los alumnos.

Introduce la evaluación como referencia a criterios definidos en los objetivos. De ahí su visión

recurrente de la evaluación al proporcionar información útil que permita la reformulación de los

objetivos y como consecuencia la revisión de los planes evaluativos.

Las limitaciones más destacadas de esta propuesta se centran en considerar la evaluación como

un proceso terminal, por lo que los posibles fallos no son detectados hasta finalizar el estudio,

además el rendimiento es considerado como criterio último para decidir si se han alcanzado o no

y en qué grado las metas propuestas por el programa.

2.2. Modelo de STAKE: la evaluación centrada en el cliente:

Stake recibe fuertes influencias de los modelos tylerianos, no obstante considera que estas

propuestas tienen muchas limitaciones, por lo que defiende una evaluación centrada en el cliente

y no solo en los resultados. Se muestra partidario del empleo de métodos cualitativos y el estudio

de caso, frente al uso exclusivo de metodologías cuantitativas de base experimental. Manifiesta

un gran interés por la evaluación de los denominados proyectos locales que ayuden a resolver y

comprender de forma contextualizada los problemas próximos.

Su propuesta se centra en la visión de globalidad de la evaluación, por ello incluye los siguientes

puntos:

1. La descripción lo más completa posible del propio programa, es decir, los antecedentes

supuestos y reales, las operaciones didácticas realizadas y los resultados.

2. El juicio del programa no debe ser cometido exclusivo de los especialistas en evaluación, sino

que deben participar otros colectivos (portavoces de la sociedad, profesores, padres, estudiantes),

con una valoración ponderada de sus aportaciones.

3. La recopilación de datos se llevará a cabo en tres momentos, los antecedentes (información

sobre el historial del grupo y sus circunstancias), las transacciones (encuentros entre los diversos

colectivos implicados en el programa) y los resultados (logros de diversa índole alcanzados por

el programa).

La evaluación centrada en el cliente o respondiente busca ofrecer un servicio útil y valioso a

personas específicas, su característica fundamental es la sensibilidad hacia los temas esenciales,

especialmente los que ayuden a los colectivos en su entorno inmediato. Por ello resalta que las

evaluaciones no serán útiles si los evaluadores no conocen suficientemente tanto el lenguaje

como los intereses de las personas implicadas y si los informes de evaluación no se ajustan a ese

lenguaje.

Uno de los puntos básicos de la propuesta radica en la diferenciación entre la evaluación

preordenada y la respondiente; así mientras la primera resalta las metas del programa como

criterio de evaluación, utilizando los datos para la comprobación de los objetivos y las normas

para juzgar los programas, realizando informes tipo de la investigación, es decir, se basan en un

plan apriorístico; la evaluación centrada en el cliente se orienta hacia las actividades del

programa, responde a necesidades de información de las audiencias y toma en consideración los

diferentes valores de las personas interesadas en el programa cuando juzga su adecuación. Las

propuestas y los métodos no son impuestos, sino que emergen desde la observación del programa

durante el desarrollo de la evaluación.

Los principios básicos que sustentan la propuesta de evaluación de Stake son los siguientes:

- Igualdad: en la valoración de la acción de diferentes centros educativos.

- Ubicuidad: debe analizarlo todo en su globalidad.

- Diversidad: consenso explicativo dentro de las diferentes situaciones propuestas.

- Utilidad: prestar ayuda a la comunidad escolar.

- Redundancia: gran cantidad de datos sobre el programa.

- Ambigüedad: defiende la especificidad frente a la simplificación.

- Generalización: aplicabilidad de los estudios a otros casos y construcción o reformulación de

teorías.

La estructura funcional operativa de la evaluación centrada en el cliente viene recogida en la

obra de Stufflebeam y Shinkfield (1989, p.262). Se le denomina la evaluación del reloj por su

carácter cíclico siguiendo el movimiento de las agujas y dado que contempla doce pasos:

1. Identificar el alcance del programa.

2. Panorama de las actividades del programa.

3. Descubrir los propósitos e intereses.

4. Conceptualizar las cuestiones y problemas.

5. Identificar los datos necesarios para investigar los problemas.

6. Seleccionar observadores, jueces e instrumentos si los hay.

7. Observar los antecedentes, las transacciones y los resultados propuestos.

8. Desarrollar temas, preparar descripciones y estudiar casos concretos.

9. Validación: confirmación, búsqueda de evidencias para la no confirmación.

10. Esquema para uso de la audiencia.

11. Reunir los informes formales, si los hay.

12. Hablar con los clientes, el personal del programa y las audiencias.

Los anteriores acontecimientos o propuesta de pasos y actividades secuenciadas no tienen por

qué verse necesariamente siguiendo un orden lineal; sino que algunos pueden presentarse a la

vez y en ocasiones es preciso volver sobre otros. La propuesta estratégica general formulada por

Stake hemos de buscarla en términos de utilidad y legitimidad, por ello opina que sirve tanto a la

evaluación formativa como a la sumativa. A la vez que reconoce que las valoraciones de la

evaluación preordenada son más objetivas y exactas. No obstante, por encima de otras

consideraciones, estima que toda evaluación debe ser adaptable y la evaluación respondiente es

claramente superior en el cumplimiento de este principio.

2.3. Modelo de STUFFLEBEAM: evaluación orientada a la

decisión:

El modelo se sustenta sobre la base de la importancia de la toma de decisiones sobre un

determinado programa con el fin de maximizar la utilización de los resultados de la evaluación,

no solo al finalizar el proceso, sino a lo largo del mismo. De la definición de evaluación

apuntada anteriormente se extraen tres objetivos básicos: servir de guía para la toma de

decisiones, proporcionar datos y promover la comprensión de los fenómenos estudiados. La

evaluación se presenta como un proceso en el que se incluyen las etapas de identificar, obtener y

proporcionar información. De ahí su propuesta CIPP, que distingue cuatro tipos de evaluaciones

con sus correspondientes decisiones de mejora:

- Evaluación del contexto: sirve de base a las decisiones de planificación, necesidades de un

programa para definir sus objetivos.

- Evaluación del "input" o entrada: nos indica los recursos disponibles, los métodos aplicables,

las estrategias alternativas al programa y los planes de mayor potencial.

- Evaluación del proceso: proporciona información sobre la marcha del programa y si las

actividades siguen el plan previsto, con el fin de introducir las modificaciones que sean

necesarias.

- Evaluación del producto: valorar, interpretar y juzgar los logros del programa. Analizar si se

han alcanzado los objetivos propuestos para decidir si el programa debe seguir o ampliarse o

reformularse.

Uno de los puntos básicos de referencia del modelo CIPP nos viene determinado por su

utilización en el perfeccionamiento de los sistemas, tal y como se recoge en la propuesta del

cuadro tomado de (Stufflebeam y Shinkfield 1989, p. 192)

1. Operaciones regulares del sistema (incluyen distintas actividades evaluativas).

2. Evaluaciones periódicas del contexto, de ello se derivará la justificación de un cambio, si la

opción es negativa retomamos el punto 1. Si la opción es positiva definimos el problema y

formulamos los objetivos. Si existe una solución satisfactoria aplíquese y vuelva al punto de

partida. Si no la hay pasamos al punto 3.

3. Evaluación de entrada, nos valora las estrategias encontradas, si no son adecuadas retomamos

el punto 2. En cambio, si son prometedoras debemos avanzar en su desarrollo y comprobación,

mediante la propuesta de realización de un proyecto especial.

4. Evaluación del proceso y del producto, se centrará en valorar los rendimientos del sistema, si

éstos son satisfactorios se debe aplicar la solución propuesta. En caso contrario, debemos

plantearnos si el proyecto merece un nuevo intento, lo que nos lleva a retomar la parte final del

punto 3; o bien, al fracaso de la operación inicial planteada.

Del análisis de dicha propuesta y circunscrita la explicación a un contexto de reforma o cambio

institucional nos ofrece la siguiente aportación, siguiendo las directrices emanadas de la

formulación del modelo:

a. La evaluación debe formar parte de todo programa regular de cualquier institución educativa y

no circunscribirse en exclusiva a una actividad especializada relacionada con proyectos de

innovación o renovación.

b. La evaluación desempeña un papel de suma importancia tanto en lo que se refiere a la

estimulación de los sujetos implicados en la misma como en lo relativo a la planificación de

cambios.

c. El empleo de cada uno de los cuatro tipos de evaluación propuestos en el modelo CIPP es

necesario cuando nos permitan obtener una mayor información, es decir actúan como partes del

gran marco evaluativo de cada institución, siendo su función básica el analizar aspectos

marginales de suma importancia para el proyecto.

d. La implementación de nuevos programas en el marco educativo debe prever el empleo de la

evaluación, una vez que hayan sido aceptados por la comunidad.

e. La información suministrada además de resolver problemas de tipo institucional proporciona

una base científica para juzgar si las decisiones sobre el fracaso o el éxito de un programa

especial se toman desde posiciones debidamente justificables.

f. Las decisiones del equipo evaluador acerca del principio, mantenimiento, aplicación o final de

los programas educativos o relativas a su perfeccionamiento son el reflejo de las fuerzas

dinámicas que van más allá de la esfera próxima de estudio e influencia directa del evaluador.

En consecuencia podemos afirmar que el modelo CIPP nos proporciona diferentes tipos de

decisiones que nos ayudan a crear las estrategias evaluativas apropiadas, entre ellas destacan:

- Decisiones de realización: sobre la puesta en marcha del programa (recursos, apoyos humanos).

- Decisiones de reciclaje: continuar o no con el programa, unirlo a otro, buscar recursos nuevos.

- Decisiones de planificación: selección de metas valiosas para el programa y los sujetos

implicados.

- Decisiones de estructura: medios necesarios para alcanzar esas metas.

Sin duda la propuesta de Stufflebeam en una de las más clarificadoras y ambiciosas en la

evaluación de programas educativos, el mismo autor reconoce algunas de las limitaciones para

llevar a cabo una evaluación exhaustiva siguiendo su modelo. Pero sí recomienda

encarecidamente que la evaluación no es un fin en sí misma, sino que se incardina dentro de un

proceso educativo más amplio y globalizado, por ello propugna que la propia evaluación sea

objeto de evaluación (metaevaluación) recurriendo a una serie de criterios, procesos y técnicas

apropiados para su cometido.

2.4. Modelo de SCRIVEN: la evaluación orientada hacia el

consumidor:

El modelo propuesto por Scriven parte de una crítica a otros enfoques excesivamente centrados

en alcanzar los objetivos de los participantes, mientras que según este autor se deben satisfacer

prioritariamente las necesidades de los consumidores. Define la evaluación como "la

determinación sistemática y objetiva del valor o el mérito de algún objeto". Por ello defiende la

objetividad de los criterios de valoración, el desarrollo de la lógica probativa, para culminar el

proceso en la emisión de juicios y recomendaciones a los consumidores. Asimismo concede una

gran importancia a las necesidades sociales para la ciencia del valor postulada.

Para Scriven la evaluación cumple dos funciones básicas: la formativa (ayuda a desarrollar

programas) y la sumativa (determina el valor del objeto una vez que se ha desarrollado); que van

a dar origen a los conceptos evaluación formativa y evaluación sumativa empleados por el autor.

La evaluación formativa centrará su cometido en la determinación de las actividades y resultados

sobre la marcha o durante el proceso, a la vez que nos indica hasta qué punto están funcionando

o han funcionado bien los procesos y los procedimientos para alcanzar o satisfacer determinados

objetivos. En general proporciona ayuda al personal para alcanzar el perfeccionamiento.

La evaluación sumativa se puede llevar a cabo al finalizar una unidad, un semestre, un curso o

un ciclo. En ella se analizan todos los efectos de los objetos y se comparan con las necesidades

de los consumidores para tomar las decisiones oportunas. Suele ser realizada por un evaluador

externo, además se toman como base las aportaciones de la evaluación formativa. En síntesis

proporciona valoraciones independientes que nos permiten comparar los costes, los méritos y los

valores de los distintos programas.

Algunas de las aportaciones más significativas apuntadas por

Scriven hacen alusión a la

distinción entre la evaluación amateur (autoevaluación) en las primeras

fases, reservando la

evaluación profesional para las últimas etapas del desarrollo del

programa. Asimismo establece

una distinción entre la evaluación intrínseca (cualidades de la

mediación) y la evaluación final

(efectos sobre los clientes). Prefiere una propuesta de evaluación sin

metas, lo que lleva al

evaluador a analizar todos los efectos del programa y no solo aquellos

que traten de ratificar o no

la consecución de unos objetivos, este enfoque se considera menos

intrusivo, más adaptable a los

cambios, fomenta el hallazgo de efectos secundarios, mas estimulante

profesionalmente y más

equitativa en la visión social de los valores. Además se concede una

gran importancia a la

valoración de las necesidades y las repercusiones que ello puede tener

sobre el desarrollo del

programa, lo que le permitirá juzgar los resultados del mismo como

buenos, malos o indiferentes, ello implica una gran complejidad

práctica.

La lista de control de indicadores de Scriven que ha tenido diversas actualizaciones en los

últimos años se concreta en los puntos siguientes:

1. Descripción: qué es lo que se va a evaluar.

2. Clientes: quién encarga la evaluación.

3. Antecedentes y contexto: del objeto evaluado y de la evaluación en sí misma.

4. Recursos: disponibles para su uso por los colectivos implicados.

5. Funciones: que hace el evaluando.

6. Sistema de distribución: qué se consigue y cómo se alcanza.

7. El consumidor: quién está utilizando o recibiendo los efectos.

8. Las necesidades y los valores: de la población afectada real o potencialmente.

9. Normas: previamente validadas, de mérito o valor a aplicar.

10. Procesos: limitaciones de costes, beneficios de las operaciones normales.

11. Resultados: efectos producidos.

12. Generalización: a otras personas, lugares, tiempos o versiones.

13. Costes: económicos, psicológicos, personales. Inicial, repeticiones. Directos, indirectos.

14. Comparaciones: con otras opciones alternativas.

15. Significado: síntesis de todo lo anterior.

16. Recomendaciones: sean o no requeridas y puedan llevarse a cabo o no en situaciones reales.

17. El informe: cuidar el vocabulario, la extensión, el diseño, tiempo, localización, personal,

presentación.

18. La meta-evaluación: debe realizarse antes de la realización y la difusión del informe.

Estas propuestas no necesariamente deben llevarse a cabo de una forma secuencial, si bien, una

vez recogidos los datos, analizados y sintetizados, el evaluador puede introducir sus tendencias

en el informe final y someterlas a crítica antes de la redacción definitiva del informe de

evaluación.

2.5. Modelo de PÉREZ JUSTE: evaluación integral e integrada:

Partiendo del concepto de evaluación de programas apuntado al comienzo de la exposición cabe

resaltar como notas básicas de esa definición la idea de proceso incardinado en algo más amplio

que lo meramente medicional, además sistemático lo que implica una planificación, diseñado de

forma intencional y técnica, esto es, reconociendo explícitamente el papel del evaluador y las

exigencias técnicas de esta tarea. La recogida de información supone una superación de los

modelos restrictivos de prueba y ampliar los datos a efectos no planeados inicialmente, además

esta información deber ser rigurosa (exige planteamientos científicos), válida (riqueza de datos)

y fiable (precisa en sus aportaciones). El concepto incluye el juicio de valor lo que nos lleva a

explicitar tanto los criterios como las referencias para analizar la calidad y los logros del propio

programa educativo. Todo ello dirigido al objetivo último de la toma de decisiones que

repercutan sobre la mejora no solo centradas en el programa educativo sino en el personal

implicado en su realización, lo que repercutirá de forma positiva sobre el grupo social sobre el

que se está trabajando.

La propuesta del modelo evaluativo recoge tres momentos que a su vez comprenden unas

dimensiones con unos objetos concretos que precisan de los correspondientes criterios e

indicadores de evaluación. En dicha propuesta se pone de relieve la importancia de la evaluación

integral de todos los elementos que intervienen en el proceso educativo e integrada en un marco

de referencia más amplio como es el centro escolar o el propio sistema educativo.

De forma esquemática los puntos propuestos por Pérez Juste (1994) en su modelo son los

siguientes:

1. Momento inicial (el programa en sí mismo): que comprende tres dimensiones:

- Calidad intrínseca del programa:

* Contenido del programa.

* Calidad técnica.

* Evaluabilidad.

- Adecuación al contexto:

* Respuesta a necesidades y carencias.

* Priorización.

- Adecuación a la situación de partida:

* Viabilidad

2. Momento procesual (el programa en su desarrollo): comprende dos dimensiones:

- Ejecución:

* Actividades.

* Secuencias.

* Tiempo.

* Flexibilidad.

- Marco:

* Clima.

* Coherencia.

3. Momento final (el programa en sus resultados): comprende tres dimensiones:

- Medida y logros:

* Constatación.

* Contraste.

- Valoración:

* Criterios.

* Referencias.

- Continuidad:

* Decisiones.

* Incorporación de las mejoras.

* Plan de seguimiento.

Esta propuesta es muy ambiciosa en sus planteamientos, si bien como el mismo autor reconoce,

no se trata de llevarla a cabo en un contexto determinado de forma exhaustiva, sino que, puede

ofrecer unas pautas rigurosas de actuación a los evaluadores en el marco escolar. Quizá una de

las aportaciones principales a destacar radica en el rigor con que se trata la evaluación inicial (el

programa en sí mismo), ello permitirá conocer, antes de someter a aplicación, las virtualidades y

los posibles defectos del programa, de tal forma que se puedan tomar decisiones de mejora del

mismo. Por ello, destacaríamos el marcado matiz pedagógico del modelo, traducido a lo largo de

toda la propuesta y de forma más explícita en la formulación de los criterios e indicadores de la

evaluación formulados para cada uno de los momentos y dimensiones.

2.6. Consideraciones finales:

Las anteriores propuestas de evaluación de programas educativos abarcan un amplio espectro

informativo para que el docente, en el contexto específico de su programa, aula o centro, pueda

llevar a cabo una evaluación sólida y científica. La opción elegida no necesariamente debe

coincidir en sus extremos con alguno de los modelos, al contrario, las diferentes aportaciones

pueden enriquecer el trabajo y ofrecernos una visión más crítica y objetiva de la realidad

educativa analizada.

No obstante, la propia realidad del profesorado en su centro educativo, con una sobrecarga en la

actividad docente directa en el aula ante sus alumnos, hace que el resto de posibles tareas

educativas se vean desplazadas en aras a cubrir unas necesidades prioritarias.

Desde esta visión objetiva, hacemos la propuesta, para que sirva como reflexión a los docentes

en ejercicio, sobre los diferentes cometidos del área evaluativa, que completen la clásica

evaluación de los aprendizajes de los estudiantes, cometido casi exclusivo del profesorado en

estos niveles educativos.

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III. TÉCNICAS E INSTRUMENTOS PARA LA

EVALUACIÓN DE PROGRAMAS:

Los diferentes modelos comentados con anterioridad sobre la evaluación de programas

educativos hacen especial hincapié en la trascendencia de alcanzar una buenos datos y de

calidad, de forma que nos permitan garantizar, con un alto grado de acierto, la idoneidad de las

etapas planteadas en dichas propuestas. Para ello, es preciso que en cada una de las fases o

momentos de la evaluación de programas seamos conscientes de la importancia de las mismas en

su desarrollo posterior.

El estudio sobre la realidad educativa puede ser abordado desde un posicionamiento racionalista

o cuantitativo, o bien desde una óptica naturalista o cualitativa, lo que da origen a los grandes

paradigmas o modelos de análisis. La elección de uno u otro va a repercutir de forma directa

sobre los procedimientos de estudio que guíen la investigación evaluativa.

Así pues, mientras el método es el camino a seguir, las técnicas nos indican el modo de recorrer

ese camino, los procedimientos que deben seguirse. Por ello, prima su carácter práctico y

operativo de proximidad a la realidad a evaluar. En este sentido las técnicas serían aquellos

medios que emplea el investigador para registrar sus observaciones o facilitar el tratamiento

experimental.

Por su parte los instrumentos configuran los aparatos que nos facilitan la recogida de datos en la

evaluación de programas educativos. Las clasificaciones aportadas por diversos autores (Pérez

Juste, Bisquerra, Ander-Egg, Van Dalen), no coinciden en una diferenciación clara entre

instrumentos y técnicas, de ahí que lo que unos consideran como técnica para otros autores se

trata de un instrumento.

Dada la complejidad metodológica del problema, nuestra propuesta de clasificación para las

técnicas e instrumentos de evaluación se concreta en los siguientes puntos:

a. Instrumentos de medición:

- Tests:

* Aptitudes

* Rendimiento

* Personalidad

- Escalas.

b. Métodos de observación:

- No estructurados:

* Observación participante

* Registro de especímenes

* Anecdotarios

- Estructurados (listas de comprobación).

c. Instrumentos para el registro de datos:

- Ficha anecdótica

- Listas de control

- Escalas de actitudes y valores

- Escalas de estimación:

* Numéricas

* Gráficas

* Verbales o descriptivas.

d. Cuestionarios y entrevistas:

- Cuestionarios:

* Individuales o grupales

* Aplicación personal o envío por correo

* Cerrados o abiertos

- Entrevistas:

* Estructurada o formal

* No estructurada o informal: Focalizada, Clínica, No dirigida.

e. Análisis de tareas y documentos:

- Tareas escolares:

* Tabla de criterios

* Adjudicación de valores

- Escalas de producción escolar:

* Escritura

* Ortografía

* Dibujo

* Composición

- Análisis de contenido.

f. Métodos indirectos:

- Proyectivos:

* Gráficas

* Verbales

* Juego

* Psicodrama y socio drama

- Más estructurados:

* Tests de conocimientos y habilidades

* Tests de información

* Juicios de actitud relevante.

g. Otras técnicas:

- Metodología "Q"

- Diferencial semántico

- Técnicas socio métricas.

Desde la perspectiva concreta de la evaluación de programas educativos y partiendo del modelo

formulado por Pérez Juste, vamos a presentar alguna de las técnicas más empleadas en las

primeras fases de la evaluación, para recoger también algún instrumento especialmente útil en la

última fase del proceso.

3.1. Técnicas para la evaluación de programas:

En este punto vamos a presentar tres de las principales técnicas empleadas en la evaluación de

programas educativos, además en cada una de ellas trataremos de analizar su contribución

específica en cada una de las fases del proceso evaluador.

3.1.1. La observación:

El observador contempla la realidad sin actuar sobre ella, registra hechos o fenómenos tal y

como se están produciendo en un momento determinado. Ahora bien, debemos distinguir lo que

puede ser una observación casual de los fenómenos naturales que ocurren a nuestro alrededor de

aquella otra perfectamente planificada y sistemática, que alcanza el rango de cientificidad.

SELLTIZ (1980, p.346) nos dice que la observación se convierte en una técnica científica

cuando cumple los siguientes requisitos:

- Sirve a un objeto de investigación previamente formulado.

- Se planea de forma sistemática.

- Se registra sistemáticamente y se relaciona con proposiciones más generales.

- Se somete a comprobaciones y controles sobre su validez y fiabilidad.

La observación es aplicable a cualquier hecho o fenómeno educativo, pero si se realiza de forma

indiscriminada perdería la mayor parte de su interés, se hace preciso seleccionar el objeto o el

tema a observar. Así DE KETELE (1984, p.21) la define como "un proceso que requiere

atención voluntaria e inteligencia, orientado por un objetivo terminal y organizador, dirigido

hacia un objeto con el fin de obtener información".

Así pues, la intencionalidad es una de sus características básicas, ello implica determinar con

claridad lo que se va a observar, como se va a llevar a cabo y quién es el encargado de la misma.

En primer lugar debemos tener perfectamente delimitado el campo de la observación,

seleccionando puntos concretos, pues tratar de observar la realidad total es prácticamente

imposible, ello se traduce operativamente en lo que llamamos guión de la observación. En

segundo lugar se nos plantea el cómo observar, bien con la presencia directa del observador o

bien recurriendo a diversos recursos audiovisuales y de registro de la actividad, en cualquier caso

debemos cuidar los problemas de interacción entre el observador y el observado. En tercer lugar

tendríamos que definir quién debe llevar a cabo la misma, la persona que refleja en el

correspondiente registro y toma las anotaciones pertinentes, puede ser una persona ajena

(externa) o bien alguien dentro del grupo (interna).

Unido a la intencionalidad cabe resaltar la estructuración o la vinculación a unos determinados

presupuestos teóricos y realizada con orden y método apropiado. También debemos señalar la

importancia del control, de forma que se eliminen en el mayor grado posible la influencia de

factores externos que puedan distorsionar la visión de la realidad observada.

Existen diferentes clasificaciones de la observación, según se contemplen los medios empleados,

el número de observadores, el lugar en que se realiza. Desde la perspectiva de la evaluación de

programas nos parece más interesante aquella que hace referencia al grado de participación del

observador. Desde este enfoque vamos a distinguir dos modalidades:

- La observación externa o no participante.

- La observación interna o participante.

a) La observación externa o no participante se caracteriza por la no pertenencia del

observador al grupo que se estudia, procura contemplar la realidad desde fuera. Esta tarea se

puede llevar a cabo de forma directa, sobre el terreno y en contacto inmediato con la realidad; o

bien, de forma indirecta basándose en datos estadísticos (censos) y fuentes de tipo documental

(prensa, archivos...). Como ventaja de esta modalidad cabe reseñar la especial dedicación del

observador a la tarea, sin interferencias de otro tipo. Como inconveniente señalaremos el que

solo nos permite percibir los aspectos más externos de la vida social, además de que exige el

consentimiento de la persona o grupo que son objeto de la observación y que puede tener

repercusiones negativas sobre la validez de los datos.

b) La observación interna o participante, también denominada observación activa consiste en

la participación directa del observador que asume diferentes roles en la vida del grupo, en su

organización, conversando con todos los componentes, de forma que su presencia no perturbe o

interfiera el desarrollo natural de los acontecimientos. Es decir, se llega a conocer la vida de un

grupo desde el interior del mismo. Ello significa que el observador además de ver lo que está

aconteciendo, lo siente y se integra en la situación o en el desarrollo del programa. Debe

combinar los roles de observador y participante, lo que le permitirá comprender el programa

desde un punto de vista interno, a la vez que lo describe para los que están fuera de él. Si el

observador pertenece al grupo que se investiga nos encontramos ante una participación natural;

ahora bien, si el observador solamente se integra en el grupo con el objetivo de llevar a cabo una

investigación hablaremos de participación artificial.

3.1.2. La entrevista:

Es uno de los procedimientos más empleados en la investigación social y educativa, dado que

nos permite una recogida directa de datos sobre la base de una relación personal entre

entrevistador y entrevistado, mediante anotaciones y comentarios no solo sobre lo que se busca

directamente, sino también sobre las circunstancias en que estos hechos se producen, que pueden

ofrecernos una información rica y valiosa en la interpretación de los datos recogidos.

Por tanto, la entrevista cumple básicamente las siguientes funciones: obtener información de los

sujetos o los grupos, facilitar información a otras personas e influir sobre determinados aspectos

de la conducta. En realidad abarca las funciones: diagnóstica, investigadora, orientadora y

terapéutica.

Desde la perspectiva de la evaluación de programas, cumple un importante cometido en la

recogida de información. Así FOX la sitúa entre los recursos que nos permiten recoger datos

superficiales, subsuperficiales y profundos. Ya sean sobre cuestiones externas al sujeto que

requieren su opinión, como sobre aspectos internos identificados con las experiencias, propósitos

e ideales del sujeto entrevistado. Por su parte KERLINGER (1981, p.338) le atribuye tres

finalidades básicas: identificar variables o sugerir hipótesis, ser el instrumento de recogida de

datos de una investigación evaluativa y validar otros métodos o permitir la profundización en las

motivaciones y respuestas de los entrevistados.

Para garantizar la fiabilidad y la validez de los datos recogidos en la entrevista es conveniente

que tengamos en cuenta una serie de aspectos claves en esta técnica, entre otros vamos a señalar

los siguientes:

- La entrevista supone una relación humana, por tanto, debemos conseguir una comunicación

abierta, espontánea, positiva, libre de tensiones, dentro del marco de la flexibilidad propia de

esta técnica. Ello exige alcanzar un alto nivel de "empatía" (simpatía neutral) que se manifiesta

en la comprensión de los demás, la intuición de la vida ajena, pero también en no juzgar ni

implicarse afectivamente tratando de alcanzar los niveles máximos de objetividad.

- El contenido de la entrevista, pues no todos los sujetos tienen la suficiente preparación para

contestar determinados temas complejos, o bien dado su nivel de implicación personal resulta

difícil conseguir la objetividad de las respuestas. En aquellos casos en que busquemos la opinión

de un determinado colectivo deberemos optar por una muestra representativa de la población

objeto de estudio. En otras ocasiones debemos recurrir, dado lo delicado del tema de estudio

(creencias, sentimientos, actitudes), a preguntas indirectas.

- Las unidades de información que configuran la entrevista, en torno a las cuáles se agrupan las

preguntas y respuestas, de las que va a depender en gran medida los niveles de fiabilidad y

validez de la información recogida. Por ello es preciso determinar el tipo de preguntas y

respuestas más apropiado (cerradas, abiertas y semiabiertas), la formulación clara y concisa de

las cuestiones (si es preciso acompañando las explicaciones pertinentes de temas excesivamente

técnicos), su estructuración uniforme o no para todos los sujetos. Sería conveniente garantizar la

libertad del entrevistador.

- El registro de las respuestas debe garantizar la fidelidad de las expresiones manifestadas por los

sujetos, evitando posibles alteraciones interpretativas. Por ello en determinadas ocasiones

además del lápiz y papel hemos de recurrir a los medios audiovisuales como las cassettes o los

videos, siempre con el consentimiento de la persona entrevistada. Ofrece mayores garantías de

objetividad de los datos y en caso de duda se pueden volver a consultar; como contraprestación

los comportamientos naturales se suelen alterar con la presencia de estos medios.

- Finalmente es preciso proceder a la categorización y valoración de la información recibida, por

ello debemos identificar todas las categorías de la realidad estudiada, que éstas sean mutuamente

excluyentes evitando solapamientos e interferencias. Traducido a valores numéricos

cuantitativos nos permitirán llevar a cabo los preceptivos análisis estadísticos y comprender la

realidad estudiada.

Aunque existen diferentes criterios en la clasificación de la entrevista, si tenemos en cuenta el

grado de estructuración o la directividad, estableceremos la siguiente distinción:

- Entrevista tipificada o estructurada

- Entrevista no estructurada o flexible:

* Entrevista focalizada

* Entrevista clínica

* Entrevista no dirigida.

a) Entrevista estructurada, es aquella que emplea un protocolo previo de preguntas de

alternativa fija o bien de varias alternativas de respuesta para que el sujeto elija la mas apropiada.

En realidad se trata de un interrogatorio en el que las preguntas, previamente establecidas, se

formulan en el mismo orden y con los mismos términos. Tanto las preguntas como las respuestas

se reflejan de forma escrita o mediante la correspondiente codificación.

b) Entrevista no estructurada, permite una mayor libertad a la iniciativa tanto del entrevistador

como del entrevistado, la conversación permite y estimula una expresión más libre y con

respuestas no determinadas de antemano, dado que las preguntas que se formulan suelen ser de

tipo abierto. Dentro de esta modalidad debemos distinguir tres opciones diferentes en cuanto a

los campos concretos de la entrevista.

b.1. Entrevista focalizada, se trata de una modalidad muy técnica, que exige del entrevistador

una gran habilidad, experiencia y tacto personal. Parte de una lista de tópicos elaborada por el

entrevistador, en torno a los cuáles se focaliza la entrevista. Si bien, éste dispone de libertad en el

proceso de aplicación. Dado su carácter precisa de agudeza y habilidad por parte del

entrevistador para buscar aquello que realmente desea, centrando el interrogatorio sobre las

cuestiones más precisas, sabiendo escuchar al entrevistado, ayudándole a expresarse de forma

correcta y, si ello fuera preciso, esclareciendo los términos confusos, pero sin llegar a sugerir las

respuestas.

b.2. Entrevista clínica, se diferencia de la anterior en el enfoque, dado que se centra en el análisis

de las motivaciones y sentimientos de los sujetos. En el guión de la entrevista se deben reflejar

las cuestiones básicas que deben ser abordadas en el desarrollo de la misma.

b.3. Entrevista no dirigida, en este caso el entrevistador, tomando como referencia el problema

objeto de estudio, se acerca a su estudio actuando como un catalizador, facilitando el lenguaje

básico del entrevistado. Este tiene completa libertad para expresar sus sentimientos y opiniones,

mientras que el entrevistador debe ser capaz de crear una atmósfera facilitadora para que el

sujeto pueda expresarse con total libertad. Ello permite recoger datos tanto sobre hechos de

comportamiento externo y observable como sobre motivos e ideales relacionados con la intimidad de la persona.

La entrevista configura un medio rico y valioso de recogida de información, puesto que no solo

se recoge ésta, sino que se completa con otras circunstancias que sirven de contexto y marco de

referencia de aquella, lo que enriquece y posibilita su interpretación. Por ello, es preciso cuidar

los aspectos técnicos de la misma como pueden ser la relevancia de los datos, que nos debe

garantizar que las preguntas o items que hemos preparado sean los más apropiados al problema

de estudio. Respecto a la fiabilidad de las respuestas es preciso tomar precauciones según la

información buscada, así cuando se trate de pensamientos, ideas, sentimientos, la fiabilidad se

manifiesta en el grado de congruencia entre las distintas respuestas, en cambio, cuando se trate

de datos sobre un mismo hecho recogidos de diferentes informadores debemos analizar la

concordancia entre los mismos y la consistencia interna de la información recogida. En cuanto a

la validez, está muy ligada a la relevancia de la información y también a la fiabilidad. Exige que

las respuestas guarden relación con el tema estudiado, además de representar la información

deseada y no otra (validez de contenido), para ello debemos recurrir a la consulta a jueces o

expertos.

3.1.3. El análisis de contenido:

Es una técnica que nos ofrece la oportunidad de investigar sobre las producciones personales,

sean o no elaboradas intencionalmente para una investigación concreta. Se trata de analizar y

cuantificar los diferentes materiales de comunicación ya sean éstos escritos (prensa, libros,

revistas, documentos) o audiovisuales (radio, cine, televisión).

BERELSON (1952, p.18), uno de los pioneros en el uso de esta técnica la define como "técnica

de investigación para la descripción objetiva, sistemática y cualitativa del contenido manifiesto

de las comunicaciones con el fin de interpretarlas". Por su parte KRIPPENDORF (1990, p.28) lo

conceptúa como "técnica de investigación destinada a formular, a partir de ciertos datos,

inferencias reproducibles y válidas que puedan aplicarse a un contexto".

El análisis de contenido admite dos niveles de análisis: el manifiesto o lo que aparece a simple

vista y el latente o lo que subyace o puede leerse entre líneas. En sus comienzos la técnica se

limitaba al estudio del primer nivel, se analizaba lo que estaba presente, es decir los contenidos

objetivos de la información. Con posterioridad se consideraron pobres estos análisis y se paso al

segundo nivel sobre las intenciones o motivaciones de quién facilita la información, se analizan

las implicaciones y derivaciones de las respuestas. La mayor parte de los autores se inclinan por

el análisis de lo manifiesto, que servirá de guía para abordar el estudio de lo latente.

En la realización del análisis de contenido, como técnica eminentemente descriptiva, se sigue el

siguiente proceso:

a) Precisar el objetivo que se persigue, para poder orientar de forma adecuada el trabajo en sus

orígenes. La definición clara y concisa de estos objetivos va a encaminar el resto del proceso de

investigación de la técnica.

b) Definir la población o universo de estudio, tanto en lo que se refiere a la unidad de contenido

a estudiar como en decidir el cuánto de dicho análisis, se trata de establecer una limitación

temporal o selectiva de documentos (muestreo).

c) Establecer las unidades de análisis, que constituyen los núcleos con significado propio que

serán objeto de estudio para su clasificación y/o recuento. Sin duda configura el punto clave para

que el análisis de contenido ofrezca una información válida y fiable al investigador. Estas

unidades pueden ser: la palabra, la frase, la oración o el párrafo. En otras ocasiones la unidad es

el tema presentado, también se suele utilizar el espacio ocupado (página, columna, lugar).

d) Determinar las categorías del análisis, se trata de la decisión más difícil y complicada en el

empleo de esta técnica, pero a la vez la más decisiva y creativa. La categorización consiste en la

clasificación de los elementos de un conjunto a partir de criterios lógicos, psicológicos y

contextuales previamente definidos. En todo caso debemos tener presentes las reglas lógicas de:

homogeneidad, utilidad, exclusión mutua y claridad y concreción. Por ejemplo contenidos y

formas de abordarlos: hechos, comentarios, pruebas científicas, opiniones, descripciones,

valoraciones, intensidad, cantidad, calidad...

e) Cuantificar las diferentes categorías, para facilitar

el posterior análisis de los datos. Una de

las más empleadas consiste en determinar la frecuencia del tipo de

unidad de análisis elegido.

También se suelen emplear los rangos o posiciones de orden de los datos.

En consecuencia los

estadísticos prioritarios de uso son los no paramétricos, si bien, las

técnicas estadísticas multivariables abren un amplio abanico de

posibilidades de abordar análisis más complejos mediante

el uso del ordenador.

f) Interpretar los datos y elaborar conclusiones, constituyen la fase final de todo proceso

investigador. Así la interpretación de los datos requiere contrastar los valores empíricos con los

valores críticos de distribución que nos permitan establecer la existencia o no de diferencias y su

significatividad estadística. Sobre esta base debemos elaborar nuestras conclusiones y

aportaciones de la técnica a la resolución de los objetivos propuestos inicialmente y si éstos se

han alcanzado de forma satisfactoria.

Para concluir haremos una breve alusión a los aspectos técnicos del análisis de contenido, así en

lo que se refiere a la fiabilidad esta la debemos entender como la estabilidad de los resultados, la

reproductibilidad y la exactitud. Mientras que la validez, en su sentido interno, se basa en la

existencia de una relación lógica entre indicadores, categorías y respuestas. Completándose con

la validez de contenido, mediante la consulta a jueces o expertos en el tema estudiado.

3.2. Instrumentos de recogida de datos en la evaluación de

programas:

Dada la amplitud y complejidad de los instrumentos de recogida de datos y de medida empleados

en la evaluación de programas educativos y las limitaciones de la propuesta, vamos a presentar

algunos de los de mayor uso en el campo que nos ocupa y de fácil construcción y uso en el

marco escolar.

3.2.1. El cuestionario:

Consiste en un conjunto de preguntas o cuestiones de uno o varios tipos que se consideran

relevantes para el rasgo, la característica o la dimensión sobre la que se desea obtener

información, puede ser aplicado de forma variada: individual, en grupo, presencialmente, por

correo. En la mayor parte de los casos se da una escasa relación entre los sujetos que contestan y

la persona que los administra. Debe suponer un intento de recoger toda la información necesaria

y relevante para el problema investigado, pero solo esa información. Es necesario garantizar que

los sujetos no falsean las respuestas para quedar bien ante el administrador, por ello, debemos

respetar la intimidad de la persona que contesta.

Construir un buen cuestionario requiere un proceso difícil y laborioso, TENBRINK (1981,

p.275) apunta los siguientes pasos: describir la información que se necesita, redactar las

preguntas, ordenar las preguntas, ofrecer un medio para responder, escribir las instrucciones y

reproducir el cuestionario. De forma más sintética los aspectos básicos a considerar son los

siguientes:

a) El contenido de los cuestionarios se dirige a dos grandes campos, uno configurado por las

cuestiones relativas a la identificación de los sujetos desde diferentes variables relevantes para el

estudio y otro constituido por las opiniones, hechos, actitudes de los sujetos ante diferentes

propuestas del investigador. En este apartado debemos combinar la relevancia y la pertinencia de

la información con la longitud del cuestionario (posible fatiga, riesgo de abandono o falta de

seriedad en las respuestas).

b) Las preguntas y respuestas, están íntimamente enlazadas en la elaboración del cuestionario,

pues la formulación de las primeras condiciona las respuestas de los sujetos. La pregunta debe

lograr la colaboración del encuestado, por ello debe quedar claramente especificada la intención

del investigador, además de la exigencia de un lenguaje claro y adecuado a las características de

los sujetos, con enunciados concretos y precisos que eviten dudas o interpretaciones erróneas,

procurando buscar la coherencia en su estructura gramatical y las formulaciones progresivas de

las mismas, huyendo de respuestas sugeridas o tendenciosas. Asimismo debemos cuidar que las

diferentes alternativas formuladas incluyan todas las posibilidades de respuesta.

Referente a las respuestas pueden ser totalmente abiertas o libres en las que es el sujeto el que

decide qué, cómo, cuánto y a qué contestará, elaborando personalmente su propia respuesta. Una

segunda opción sería ofrecer un abanico de posibles respuestas para que sean valoradas y añadir

un final abierto dónde se puede completar o ampliar la información solicitada. La tercera

posibilidad sería la totalmente estructurada en la que el sujeto se limita elegir la mejor o mejores

respuestas o bien a valorar determinados items mediante una escala.

c) La forma de recoger la información, debe garantizar la fidelidad y precisión de los datos

recogidos ya sea de forma personal o mediante recursos tecnológicos (magnetófonos, videos), en

las aplicaciones masivas o envíos por correo el sujeto refleja sus respuestas en el mismo

cuestionario o en la hoja de aplicación especialmente diseñada para este fin.

Al margen de otras consideraciones de tipo práctico referentes a la aplicación misma del

cuestionario uno de los temas más complicados consiste en la determinación de las

características técnicas de este instrumento. La determinación de la fiabilidad resulta muy

compleja, por ello en ocasiones se nos habla de indicadores de fiabilidad evaluados mediante la

sinceridad y concordancia de las respuestas ofrecid

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Jose Bullon
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