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Horizonte quebrado

reimos2167 Español 1 página

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Horizonte

quebrado

Cuando murió Sandino decidió

venirse a las llanuras. Era distinto el paisaje de su tierra segoviana. Aquél,

un horizonte hecho a dentelladas, éste tirado a cordel. Le sorprendió aquí la

pereza de los caminos tendidos en el llano, tan diferentes, y el infinito de su

mirada perdida en el lomo del mar.

Su instinto quería lavar la

pólvora de tantos años terribles, vida como el horizonte de aquellos paisajes.

Había que limarlos en el llano, tender al sol su conciencia, desgastar la

voluntad de guerrear... olvidarse.

Se deslizó de la cordillera

por el camino polvoriento; para sus piernas de potro no era necesario el potro;

para eso subió duros repechos en largas jornadas y se hizo una salud salvaje.

Su juventud primera quedó

diseminada en las brumas de la noche segoviana rendida en la distancia; su

manta no cobijó mujer alguna; apenas el fusil, caña que le sopló la vida,

calentó los sueños ingrávidos. El amor, tal vez, se desplazó violento en

cualquier hembra conmovida de miedo.

Ahora

era diferente.

Caminó.

Bajo el alero de paja de una cabaña encontró sombra en hilachas.

-Buenos días- dijo con ligero canto

segoviano...

-Dios lo bendiga...

La

muchacha, hecha de barro, agazapó instintivamente su sonrisa. Le dio de beber y

comer. Él podía haberse relamido de inmediato con la presa enfrente, pero había

una suave voz en la niña de piel de níspero que dulcificó los ojos; un

balanceado andar que meció su celo.

Se quedó en la comarca. Un

huertero viejo le vendió el predio lindante. Se anudaron a su cuello de

forastero las miradas desconfiadas de los vecinos. Esta gente siempre teme algo

porque la experiencia les advierte el peligro del hombre extraño.

Pero había que trabajar. Arregló el alambrado

de la huerta, empajó la casa, removió la tierra con yuntas alquiladas, repartió

el maíz en los surcos.

Y en las noches tibias y húmedas

de mayo en la pubertad de la tierra, aspiraba nostálgico el perfume diluido en

el campo, con las aletas de la nariz abiertas, como bestia sin pareja, como

potro repleto de ausencias.

Algunas tardes se atrevía visitando a la niña.

Discretamente le daba a entender que todo aquel afanarse bajo el sol,

encorvarse a la tierra hasta desfallecer, era para que, algún día, le llenara

ella el hueco de su tapesco de varas de guásimo en las noches calladas y

truncas.

-El

año que viene sembraré también frijoles...

-Ojalá

que no le venga el chapulín agora...

-¿Y

por qué? Ya verá después. Si alguien quiere venirse conmigo hasta yunta propia

y cuajada de mis vacas tendremos.

La

milpa se estaba poniendo rubia; era rubia la tierra con el vello de todos los

maizales huertanos inclinándose suavemente con la brisa, mano de mujer sobre la

piel de la tierra. Rubia bajo el sol de agosto, bajo este claro cielo sin

secretos.

La milpa granada estaba ya de dobla; había que

cuidarla del animal del monte y del que anda en dos patas, no fuera a ser que

el mapachín vestido se la llevara...

Recorriendo el sembrado

observó un día que alguien había desflorado unas mazorcas y decidió espiarlo.

Las huellas del pie desnudo se salían del sembrado y se perdían en el trajín

del camino. De seguro que en cada viaje iba una zurronada.

Era necesario vigilarlo de noche. Para ello

apercibió la escopeta y se fue a esperar tras unas matas. Así se le venía a los

labios una sonrisa maligna de recuerdo allá en la tierra lejana, cuando en

acecho, durante muchas noches, sin que se le acelerara el corazón por la

costumbre, esperaba alguna patrulla para sorprenderla y despojarla. Sincronismo

de ametralladoras agujereando el claro cielo, el tiro del fusil perdido en la

noche.

Pero aquí no. Aquí solamente

trataría de asustar al ladrón y nada más. Eso era suficiente para que no

volviera. Almacenaba muchas ilusiones como para echarlas sobre el pasado. Este

era un nuevo compartimiento. Desde lejos había venido al llano para tenderse

suavemente en la vida apacible amando a su pareja. Ya no era animal mostrenco,

o, como tigre o coyote.

Tendió la mirada sobre la

huerta. Sus ojos complacidos se extasiaron en la noche diáfana. Al extremo,

contra el horizonte, un filito de luna sobre la cabaña de pajas, era como pico

de garza peinándose las plumas. ¡Para quien tuviera entre sus duros brazos a la

muchacha aquella color de milpa sazona!

De repente se oyeron ruidos

de pasos tímidos que se acercaban triscando, muy cautelosamente. Vio cómo la

sombra de un hombre se inclinaba levantando cuidadosamente el alambre alto del

cercado y pasaba. Su corazón, mucho tiempo en barbecho, salto dentro del pecho

encabritándose.

Creyó al principio que el

intruso se metería a la huerta para saquearla. Pero no. Se vino por la ronda a

la sombra de los tigüilotes y pasó a la huerta vecina. Se detuvo indeciso y

luego empezó a silbar ligeramente...

Fue una sorpresa trágica para su corazón

alicaído. Aquella sombra había llamado a la niña y ésta se venía jubilosa con

su suave piel de fruta rubia iluminando la noche.

Ni lo supo ni se dio cuenta cómo. Pero lo

cierto es que cogió un tizón y le prendió fuego a la casa. Brasa prendida su

corazón quemándole la vida. Brasa encendida quemando todo aquello que había

soñado. Perro rabigacho tornó a su paisaje quebrado, mientras la noche azul se

teñía de rojo con las llamas.

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Descripción
Apunte sobre Horizonte quebrado, creado por reimos2167 el 27/02/2015.
Creado por
reimos2167 · feb 2015
Actualizado
19 feb 2016
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Historial
  • Creado por reimos2167 · 27 feb 2015
  • Copiado a Apunte por reimos2167 · 27 feb 2015
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