Notes
Horizonte quebrado
Content of the notes (1)
Page 1
Horizonte
quebrado
Cuando murió Sandino decidió
venirse a las llanuras. Era distinto el paisaje de su tierra segoviana. Aquél,
un horizonte hecho a dentelladas, éste tirado a cordel. Le sorprendió aquí la
pereza de los caminos tendidos en el llano, tan diferentes, y el infinito de su
mirada perdida en el lomo del mar.
Su instinto quería lavar la
pólvora de tantos años terribles, vida como el horizonte de aquellos paisajes.
Había que limarlos en el llano, tender al sol su conciencia, desgastar la
voluntad de guerrear... olvidarse.
Se deslizó de la cordillera
por el camino polvoriento; para sus piernas de potro no era necesario el potro;
para eso subió duros repechos en largas jornadas y se hizo una salud salvaje.
Su juventud primera quedó
diseminada en las brumas de la noche segoviana rendida en la distancia; su
manta no cobijó mujer alguna; apenas el fusil, caña que le sopló la vida,
calentó los sueños ingrávidos. El amor, tal vez, se desplazó violento en
cualquier hembra conmovida de miedo.
Ahora
era diferente.
Caminó.
Bajo el alero de paja de una cabaña encontró sombra en hilachas.
-Buenos días- dijo con ligero canto
segoviano...
-Dios lo bendiga...
La
muchacha, hecha de barro, agazapó instintivamente su sonrisa. Le dio de beber y
comer. Él podía haberse relamido de inmediato con la presa enfrente, pero había
una suave voz en la niña de piel de níspero que dulcificó los ojos; un
balanceado andar que meció su celo.
Se quedó en la comarca. Un
huertero viejo le vendió el predio lindante. Se anudaron a su cuello de
forastero las miradas desconfiadas de los vecinos. Esta gente siempre teme algo
porque la experiencia les advierte el peligro del hombre extraño.
Pero había que trabajar. Arregló el alambrado
de la huerta, empajó la casa, removió la tierra con yuntas alquiladas, repartió
el maíz en los surcos.
Y en las noches tibias y húmedas
de mayo en la pubertad de la tierra, aspiraba nostálgico el perfume diluido en
el campo, con las aletas de la nariz abiertas, como bestia sin pareja, como
potro repleto de ausencias.
Algunas tardes se atrevía visitando a la niña.
Discretamente le daba a entender que todo aquel afanarse bajo el sol,
encorvarse a la tierra hasta desfallecer, era para que, algún día, le llenara
ella el hueco de su tapesco de varas de guásimo en las noches calladas y
truncas.
-El
año que viene sembraré también frijoles...
-Ojalá
que no le venga el chapulín agora...
-¿Y
por qué? Ya verá después. Si alguien quiere venirse conmigo hasta yunta propia
y cuajada de mis vacas tendremos.
La
milpa se estaba poniendo rubia; era rubia la tierra con el vello de todos los
maizales huertanos inclinándose suavemente con la brisa, mano de mujer sobre la
piel de la tierra. Rubia bajo el sol de agosto, bajo este claro cielo sin
secretos.
La milpa granada estaba ya de dobla; había que
cuidarla del animal del monte y del que anda en dos patas, no fuera a ser que
el mapachín vestido se la llevara...
Recorriendo el sembrado
observó un día que alguien había desflorado unas mazorcas y decidió espiarlo.
Las huellas del pie desnudo se salían del sembrado y se perdían en el trajín
del camino. De seguro que en cada viaje iba una zurronada.
Era necesario vigilarlo de noche. Para ello
apercibió la escopeta y se fue a esperar tras unas matas. Así se le venía a los
labios una sonrisa maligna de recuerdo allá en la tierra lejana, cuando en
acecho, durante muchas noches, sin que se le acelerara el corazón por la
costumbre, esperaba alguna patrulla para sorprenderla y despojarla. Sincronismo
de ametralladoras agujereando el claro cielo, el tiro del fusil perdido en la
noche.
Pero aquí no. Aquí solamente
trataría de asustar al ladrón y nada más. Eso era suficiente para que no
volviera. Almacenaba muchas ilusiones como para echarlas sobre el pasado. Este
era un nuevo compartimiento. Desde lejos había venido al llano para tenderse
suavemente en la vida apacible amando a su pareja. Ya no era animal mostrenco,
o, como tigre o coyote.
Tendió la mirada sobre la
huerta. Sus ojos complacidos se extasiaron en la noche diáfana. Al extremo,
contra el horizonte, un filito de luna sobre la cabaña de pajas, era como pico
de garza peinándose las plumas. ¡Para quien tuviera entre sus duros brazos a la
muchacha aquella color de milpa sazona!
De repente se oyeron ruidos
de pasos tímidos que se acercaban triscando, muy cautelosamente. Vio cómo la
sombra de un hombre se inclinaba levantando cuidadosamente el alambre alto del
cercado y pasaba. Su corazón, mucho tiempo en barbecho, salto dentro del pecho
encabritándose.
Creyó al principio que el
intruso se metería a la huerta para saquearla. Pero no. Se vino por la ronda a
la sombra de los tigüilotes y pasó a la huerta vecina. Se detuvo indeciso y
luego empezó a silbar ligeramente...
Fue una sorpresa trágica para su corazón
alicaído. Aquella sombra había llamado a la niña y ésta se venía jubilosa con
su suave piel de fruta rubia iluminando la noche.
Ni lo supo ni se dio cuenta cómo. Pero lo
cierto es que cogió un tizón y le prendió fuego a la casa. Brasa prendida su
corazón quemándole la vida. Brasa encendida quemando todo aquello que había
soñado. Perro rabigacho tornó a su paisaje quebrado, mientras la noche azul se
teñía de rojo con las llamas.
Information
- Description
- Note on Horizonte quebrado, created by reimos2167 on 27/02/2015.
- Created by
- reimos2167 · Feb 2015
- Updated
- Feb 19, 2016
- Views
- 0
- History
-
- Created by reimos2167 · Feb 27, 2015
- Copied to Note by reimos2167 · Feb 27, 2015
- Rating