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Tema 6
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TEMA
6
IV.1. EXCLUSIÓN E
INCLUSIÓN EN LA INMIGRACIÓN (Pág.
387 - 428)
IV.1.1.
Perspectivas macroestructurales y otras precisiones
Desde
una perspectiva sociopolítica y económica clásicas, podemos
entender la estructura social como un conjunto de relaciones e
instituciones sociales en términos de distribución y acceso a
recursos, poder, y oportunidades.
Exclusión
social se referiría al acceso desigual de la población a dichos
recursos en cualquier período y contexto sociocultural e
histórico. Sin embargo, la tradición sociopolítica occidental
aplica este concepto en relación a la aparición del Estado
moderno y el sistema de bienestar social.
Un
vector fundamental para comprender este proceso excluyente en parte
de Europa occidental moderna es la construcción histórica del
Estado-nación como unidad político-administrativa basada en la
concesión de derechos a ciertos colectivos a cambio de deberes de
lealtad, subordinación política y militar y homogeneización
cultural. Cuando el estado de bienestar está en crisis y el Estado
deja de proporcionar los bienes y servicios a sus ciudadanos, como
parte del pacto de solidaridad entre la sociedad y el Estado, el
discurso de la exclusión social, como cerramiento social, se
dispara: La xenofobia y el racismo se entenderían así como la
reacción de aquellos q se consideran como legítimos beneficiarios
del poder político y económico y q sienten sus privilegios
amenazados.
Desde
esta perspectiva colectivista y objetivista, se insiste en las
estructuras políticas y económicas como causantes, en última
instancia, de los procesos de exclusión social. Son prácticas
sociales concretas, colectivas y de individuos socializados, las que
establecen la desigualdad, la discriminación. Las estructuras son
el resultado de múltiples prácticas humanas individuales y
colectivas, intencionales o no, incluyendo sus efectos no previstos.
Por tanto, el análisis de las prácticas sociales debe incluirse
en el estudio de la exclusión social.
Por
otra parte, algunas de las teorías de la exclusión social
conciben la cultura bajo el dualismo (obsoleto) cultura/sociedad.
Para la sociedad, quedarían las relaciones y la organización
social. Para la cultura, los sistemas socio simbólicos compartidos
que dotan de significado la existencia. Pero contra esto podemos
decir que las estructuras económicas y políticas no son menos
productos culturales que el parentesco o los sistemas
clasificatorios.
Las
relaciones recursivas entre exclusión e inclusión y sus efectos
no son isomórficas: No estar incluido puede definirse de diferente
manera a estar excluido. Muchas veces se ha dicho que se excluye
hacia fuera y se incluye hacia dentro. Esto sería en cuanto al
establecimiento de un cerramiento operacional que establece bordes y
un espacio interior, siempre y cuando entendamos bien la dinamicidad
de estos límites.
¿Pero,
qué, a quién, cómo, cuándo, dónde, por qué se incluye o
excluye?:
En
primer lugar, se trata de una dinámica que puede objetivarse en
determinadas prácticas, en
discursos,
normas, leyes, propaganda, etc. Por eso mejor hablamos de procesos
de excluir/incluir,
como
forma de la acción que produce determinados efectos, más o menos
permanentes.
Se
trata de una construcción asimétrica. Ser/estar
excluido/incluido no sólo depende del que
propone
sino del que dispone.
Procesosydinámicasincluyentesnodescartanotrosprocesosydinámicasexcluyentes,yalrevés.
Podemos
localizar fuerzas centrípetas y centrífugas respecto de
atractores de inclusión y de
exclusión.
Al
hablar de exclusión/inclusión hay que mantener continuamente una
visión local y temporal.
Pero
sin menoscabo del contexto global. Como cualquier otro proceso
social, la exclusión no es ontológicamente previa a las
prácticas por las que toma su existencia. Hay que definir la
temporalidad y los escenarios en donde se desarrollan, la historia
de las relaciones intra e intergrupales, las interacciones con otros
dominios y sistemas de referencia y acción.
Laexclusión/inclusiónsocialpuedeconstituirsesobrecualquierdominiodelaalteridadidentidad:
género, edad, creencias y prácticas religiosas, estatus cívico
social, actividad profesional, estrato social, ideología
política, etnicidad, diferencias fenotípicas, etc.
Los
procesos excluyentes/incluyentes pueden ser momentáneos,
cíclicos, discontinuos, etc. Hay que considerar también las
zonas intermedias y difusas, a veces ambiguas. La
exclusión/inclusión social no se formula necesariamente en
término de oposiciones. Categorías excluyentes en ciertos
dominios conviven con intermedias en otros.
La
capacidad de excluir, desde sus formas menos agresivas hasta las más
violentas, no son patrimonio de ningún grupo colectivo ni
nacionalidad y puede serlo de cualquiera bajo determinadas
circunstancias. También puede darse la alternancia de
excluido/excluyente (turcos marginados en Alemania, pero genocidio
armenio en Turquía durante la I Guerra Mundial, por ej.)
Excluir
siempre se apoya en algún tipo de construcción de la alteridad. Y
recursivamente, la exclusión hace emerger la diversidad como
diferencia y como desigualdad. Para la reproducción de procesos de
exclusión/inclusión y la movilización de grupos, los agentes y
sus políticas excluyentes/incluyentes, intentan capitalizar
aquellas experiencias psicosociales de alteridad y dirigirlas,
convenientemente manipuladas hacia objetivos muy particulares. Esto
es lo que ocurre en muchos casos de etnogénesis.
IV.1.2.
Xenofobia: el inmigrante como Otro
La
historia de la humanidad es la de los movimientos de población. Las
migraciones y movimientos de población son inherentes al desarrollo
del sistema capitalista, a la distribución desigual de la riqueza,
los desequilibrios interregionales. El crecimiento de la población,
desajustes económicos sociales, la mejora de los transportes, etc.,
hicieron de los siglos XIX y XX los de las grandes migraciones. Los
procesos de descolonización política trajeron a las metrópolis
personas de África, Asia y el Caribe, principalmente.
A
la multiculturalidad de la propia diversidad europea, hay que añadir
el fenómeno de las migraciones internacionales, que diversifican
aún más demográfica y culturalmente nuestras sociedades. La
migración es un proceso social colectivo y personal a la vez. Antes
de salir de sus países, muchos migrantes internacionales ya eran
migrantes nacionales en sus países de origen, a menudo desde el
campo a la ciudad. Los modos en que los sujetos incorporan
biográficamente experiencias sociales diversas, son elementos
fundamentales a tener en cuenta la hora de evaluar la flexibilidad en
los modos de incorporación. Hay que incluir un factor que se ha
denominado cultura migratoria, constantemente retrabajado a partir
del feed-back de otros migrantes, los mass media, las políticas
migratorias, etc.
El
inmigrante es objeto de las representaciones de otros que le
convierten en su Otro: objeto de relación económica, de atención
social, de tratamiento mediático, de prácticas de
exclusión/inclusión, de evaluación, etc.
Se
considera inmigrante a aquella persona que se traslada a otro país
para trabajar, donde se establece durante un cierto tiempo. A menudo
es difícil separar la necesidad económica de los problemas
sociales, políticos, militares que la provocan. Pobreza y violencia
política suelen ir unidas muchas veces, a pesar de que los
organismos quieran distinguir migración de asilo político.
El
Estado como gestor y administrador de la diferencia diseña las
políticas migratorias con criterios de exclusión/inclusión
estableciendo los términos de la incorporación de los
inmigrantes. El subempleo suele ser característico en este tipo de
mano de obra, parte más débil de la cadena laboral. La UE
establece toda una geografía de la inclusión/exclusión. Esta
situación de marginación o exclusión política de los
inmigrantes residentes que contribuyen social y económicamente,
pone en duda la orientación democrática de tantos gobiernos y
Estados, así como su capacidad de representación. Los inmigrantes
colaboran decisivamente en el Producto Interior Bruto de los países
en donde trabajan, no menos en el enriquecimiento cultural. Los
poderes públicos desearían contemplar la inmigración como un
episodio temporal. La opinión pública asume este discurso
político y mediático e imagina la inmigración como fenómeno
provisional, con la vuelta al país de origen como epílogo, y la
restauración de un orden nacional imaginario más o menos
homogéneo. Las migraciones son un fenómeno estructural de nuestro
sistema económico y del desorden mundial que produce.
Se
denomina xenofobia a la actitud de rechazo y prevención hacia el
extranjero, percibido como una amenaza al bienestar, los privilegios,
valores y la seguridad de la sociedad dominante. En España la
imagen estereotipada es la de tercermundista, inculto. La
equivalencia inmigrante=delincuencia se ha construido en muchos
lugares denominándoles ilegales (ámbito de lo penal) en lugar de
irregulares (ámbito de lo administrativo). La visibilidad social de
estos migrantes puede ser un factor importante a la hora de exacerbar
las actitudes xenófobas. Muchos desearían que estos colectivos
fueran más invisibles, que ocuparan un lugar exclusivamente en el
espacio laboral, sin alterar el paisaje humano de supuesta
homogeneidad cultural, lingüística y hasta fenotípica.
Una
forma de alterización, y de inclusión, es el que se realiza
mediante el ejercicio de un complejo de autoctonía. Siempre hay
algún grupo para imputar la foraneidad social que ejercen o han
ejercido sobre uno mismo. Siempre hay alguien inferior, de quien uno
puede distanciarse reubicándose en otro estrato clasificatorio
superior. A veces la veteranía es un grado (observamos inmigrantes
marroquíes de tercera generación quejándose de sus compatriotas
recién llegados en términos de anomia social y competencia
económica desleal).
Hay
que tener en cuenta que los colectivos migrantes no son homogéneos.
Nuestros criterios sociopolíticos etnocéntricos no reflejan la
existencia de diferencias de origen, de formas de salida y de
llegada, de tradiciones y memoria colectiva, de historias
migratorias, de clases sociales, de educación, de prácticas, de
lenguas. También es un error pensar las sociedades de acogida como
homogéneas sociopolítica y culturalmente.
Otro
principio ordenador fundamental que diversifica a los propios grupos
inmigrantes interna/externamente es el género. En el caso de
sociedades fuertemente patrilineales en origen, el acceso de la mujer
al trabajo, a esferas de decisión y libertad, pone en crisis la
estructura de la familia tradicional, basada en la autoridad
masculina y en una segregación clara de los roles de género
(mujeres musulmanas, hindúes, en resocialización occidental).
IV.1.3.
Contra la alterización: inclusión e incorporación en la
inmigración
-
Asimilación remite a disolución en un ente mayor en donde se
pierde cualquier tipo de especificidad. Era ese el modelo del melting
pot.
-
Integración aunque es un término con ese resabio asimilatorio
indiferencial, quizás se pudiera reservar para señalar la
participación, siempre desigual, en el sistema productivo.
-
Inclusión, no deja de remitir al esquema continente/contenido que
subyace también, pero al contrario, en el término exclusión.
La
autonomía, la autodeterminación y el control político no
acompañan necesariamente al proceso de incorporación. Puede
hablarse de incorporaciones a la fuerza (la esclavitud, la
servidumbre a partir de poblaciones invadidas).
En
la inmigración, que lo es principalmente por motivos
socioeconómicos, el primer ámbito de incorporación es al
sistema productivo. Hay ciertos perfiles profesionales más
demandados que otros en un momento dado. La distribución de los
trabajadores inmigrantes en las grandes ciudades suele ser
concentrada, y cuanta más segregada la residencia, menos contactos
con la sociedad local/nacional. Sucede en España con muchos
trabajadores de los invernaderos. Su invisibilidad social puede ser
total, a excepción de su ocupación de los espacios de trabajo. La
incorporación local es más positiva en aquellas poblaciones de
menor número de habitantes, siempre que la residencia no sea
segregada, donde el contacto puede ser más estrecho.
La
exogamia se presenta para aquellos colectivos más alejados en el
sistema clasificatorio de la sociedad receptora como una práctica
cuestionable moral y culturalmente. La sociabilidad, generalmente
endogámica, como la de la población autóctona, suele ser
ámbito de la solidaridad, de la circulación de información, de
apoyo emocional, de recreación de prácticas culturales y del
calendario ritual nacional y /o religioso (a veces se reúnen en los
domicilios, donde se charla, se ve la tele, se comparten
experiencias, se intercambia información....)
La
participación en instituciones de acogida, asociaciones, centros de
alfabetización son otras prácticas de recomposición de la vida
social. La organización de asociaciones grupales propias indica la
existencia de movilizadores étnicos y un grado de presencia
pública, política e institucional. Las casas regionales son un
ejemplo. Los Estados de origen de los migrantes tienen diferentes
políticas de apoyo a los mismos, por medio de sus consulados,
representantes y partidos políticos. La petición del voto
inmigrante es una de las prácticas más habituales de los partidos
políticos.
La
forma e intensidad en que los inmigrantes han accedido a la arena
pública de las decisiones varía según las políticas
migratorias y los distintos grupos. El permiso de residencia, el de
trabajo, el acceso a las diferentes regularizaciones, hasta incluso
obtener la nacionalidad, son momentos de recreación de identidad
social y política. Otro dominio de reacomodo es el empadronamiento,
por el que los inmigrantes se hacen constar como residentes regulares
en un municipio. Es un modo de incorporación cívica, aunque sea
local, que les dota de reconocimiento administrativo.
La
competencia lingüística es un recurso instrumental y simbólico,
conocer la lengua del país diversifica las posibilidades laborales.
Pero muchos inmigrantes caen en el error de q promocionando el uso de
la lengua de la sociedad de acogida en el ámbito familiar, a
expensas de la de origen, ayudará a que sus hijos se identifiquen
más rápido con ésta y que tendrá beneficios instrumentales a
medio y largo plazo. La realidad es que el aprendizaje de la lengua
está garantizada para la segunda generación por medio de las
socialización escolar y, sobre todo, la socialización informal en
la sociabilidad infantil y juvenil. Renunciar a la propia lengua es
privarlos de un recurso intelectual y además, la pérdida de
referencias culturales de origen no son garantía de reconstrucción
positiva de los procesos de identificación.
Por
su vocación universalista pero nacionalmente fundada, la
institución escolar, además de lugar de educación y
socialización formal, es una fábrica de ciudadanos y
trabajadores. La escolarización ofrece un ámbito de relaciones
sociales que puede contrastar en prácticas, valores, creencias,
estilos de vida, con los de sus ámbitos domésticos y familiares,
a veces incluso más conservadores que en sus lugares de origen. Sin
embargo, no estamos de acuerdo en aquella visión que contempla a
las segundas generaciones como atrapadas en sistemas referenciales
opuestos, escindidos entre el hogar, la institución escolar, el
grupo de iguales. Parte de crecer, para todo ser humano, es aprender
la multiplicidad de ámbitos, límites, normas y desviaciones
posibles según contextos y situaciones.
Los
centros religiosos son también lugares y ocasiones para la
sociabilidad. La presencia del Islam en nuestro país, por otra
parte no nueva, significa un reto para la puesta en práctica de la
tolerancia cultural y la convivencia social.
Una
discusión reciente sobre todo esto trata de las teorías de
asimilación segmentaria pensadas sobre todo en relación a los
modos de incorporación de las segundas generaciones de inmigrantes
en EE.UU. La idea es que, con el tiempo, los hijos de inmigrantes
acabarían asimilándose en la sociedad americana, pero unos lo
harían como clase media y otros como clase marginada y
probablemente racializada, en el último lugar del escalafón
social.
Los
descendientes de migrantes de clase media aprovecharían el capital
social, simbólico y económico de sus padres para optar a mejores
posiciones socioeconómicas y laborales que las de sus progenitores,
por el contrario, los procedentes de inmigrantes no cualificados, era
probable que se incorporaran a trabajos igual o peor remunerados que
los de sus padres. Esta teoría ha tenido varias críticas porque
no atiende suficientemente a cuestiones de tipo cultural,
generacional, de cualificación o de género. No puede predecirse
que por pertenecer a familias de clase media la movilidad social
ascendente esté garantizada ni lo contrario tampoco. Por tanto, los
resultados en la asimilación son diversos pero no aleatorios:
dependen de las interrelaciones de factores individuales, familiares,
comunitarios, sociales, que están directa o indirectamente
vinculados a contextos específicos de salida y llegada. Generación
y género se combinan de forma muy particular.
Las
revitalizaciones étnicas, en cuanto que recreación de prácticas,
demanda de derechos, participación sociocultural y política,
reconocimiento y acceso al espacio público, institucionalización
de su diferencia (así auto percibida y declarada) mediante
organizaciones, asociaciones, etc. también pueden operar como
instrumento de neutralización de la alteridad en el que es el
propio grupo el que toma el liderazgo sobre su definición.
Por
tanto, una positiva inserción local y social no tiene que implicar
necesariamente disolución cultural, o pérdida de referencia
identitaria étnica. Tampoco, la reproducción etnicista no tiene
por qué oponerse a una conducta racional en términos de
beneficios económicos y sociales.
La
xenofobia y la estigmatización de los inmigrantes en España
podía ser refutada con varios argumentos:
-
El que refuta la idea del inmigrante como pobre, incivilizado
e inculto. Esto se formula bajo el
argumento
del desarrollo civilizatorio en términos occidentales.
-
La imagen mediática del inmigrante como delincuente es
refutada por todos. Aparece a menudo
un
discurso de normalidad social, que repudia la desviación y el
delito, de algunos de sus compatriotas por el perjuicio colectivo
que esto les proporciona en la opinión pública.
Los
procesos de etnización como los de asimilación segmentaria
intervienen de diferentes maneras en los procesos de grupalización
de los inmigrantes en las sociedades de acogida: podemos encontrarnos
con movilidad social ascendente sin identificación con la sociedad
de acogida; con identificación con parte de ésta pero con
movilidad social descendente; o sus contrarios. Otra de las
conclusiones es que los grupos étnicos no pueden darse por
supuestos como unidades sociales dadas, tal y como los piensan las
teorías del multiculturalismo liberal (como pedazos de una colcha
de patchwork), o del asimilacionismo (como unidades a mezclarse y con
el tiempo desaparecer).
IV.2.
DE LA DIFERENCIA A LA NEGACIÓN (Pág. 429 - 450)
IV.2.1.
Prejuicios, discriminación. Distancias próximas y lejanas.
Los
prejuicios son juicios previos, en el sentido de que se clasifica,
evalúa y juzga, no a partir de la experiencia y el conocimiento,
sino antes. Tienen mucho que ver con los estereotipos. El
estereotipamiento, como construcción cognitivo-afectiva, puede ser
una precondición para el prejuicio.
Imágenes
y discursos son formas de comunicación, de prejuicios sociales en
particular y exclusión social en general. Del prejuicio a la
discriminación hay una muy fina membrana, generalmente osmótica.
Lo mismo que de la discriminación a la segregación.
La
salud y la enfermedad están social, política y económicamente
distribuidas. También prejuicios y discriminación invaden los
sistemas de producción y administración de la justicia.
Nuevas
ideologías y prácticas de la desigualdad en las sociedades
occidentales contemporáneas están utilizando conceptos como
capital cultural, incompatibilidad cultural y estilos de vida para
explicar diferencias en el éxito de ciertos grupos frente a otros
en su integración en la sociedad de acogida. La cultura está
retomando el papel que raza tuvo en su momento en el discurso
político. Verena Stolke lo cita como fundamentalismo cultural.
Esto
no quiere decir que lo que se denominan diferencias culturales (y que
yo entendería como modos específicos de construcción y
objetivación de relaciones, prácticas, significados) no tengan
efectos diversos en cuanto a estrategias de movilidad social o de
objetivos político-económicos. De lo que se trata es de no
atribuir efectos mecánicos desde una perspectiva simplista. Porque
no serían los factores culturales per se los que explicarían
cuestiones de exclusión o inclusión, sino cómo éstos operan
como elementos de la práctica, la clasificación y la
significación en determinados contextos, con atractores diversos.
Motivos
para la exclusión y la discriminación han sido ciertas
tradiciones culturales reconocidas como idiosincrásicas de ciertos
colectivos. Por ejemplo, la lengua, creencias religiosas, formas del
vestir, de relacionarse, de ritualizar, de casarse, tabúes,
valores, etc. Vestimentas, estéticas de grupos dominados han podido
ser prohibidos y perseguidos como sucedió con el atuendo
tradicional morisco en España. Especial mención merecen las
prácticas y creencias religiosas, que son atraídas por otros
dominios socioculturales y políticos, lo cual no impide su propia
autonomía en casos concretos y su capacidad de convertirse, ellas
mismas en principios ordenadores, atractores, de otros procesos
identitarios (por ej, durante las guerras de religión en Europa).
Son muchas las formas empíricas en que la exclusión social se
manifiesta de forma violenta en el ámbito religioso.
IV.2.2.
Segregación y marginación
La
segregación es otra de las formas de la exclusión. Tiene una
mayor visibilidad material simbólica espacial que la
discriminación. Segregación alude al apartamiento de ciertos
grupos de los ámbitos del poder y socialidad, sitios donde no
pueden o deben vivir, lugares de confinamiento, propiedades que no
pueden poseer, personas con los que no han de relacionarse,
vestimentas que no pueden utilizar y otras que son obligatorias,
marcas que deben llevar, formas de cortesía que deben empelar,
profesiones a las que no pueden acceder, etc.
El
concepto de marginación está estrechamente vinculado al de
segregación, llegando a ser sinónimos. Marginados y periféricos
sociales pueden estar muy cerca, citados como Cuarto Mundo, aquél
conjunto de personas excluidos de la sociedad del bienestar dentro de
cualquier ciudad.
Categorizar
a otros como humanos inferiores o incluso denegarles esta cualidad es
un fenómeno bastante extendido en aquellas grupalidades que
construyen identidad etnocentradamente. El contacto físico puede
ser de evitación total o selectiva, según tareas.
Algunos
autores destacan el racismo “no fenotípico”, por ej. el que los
japoneses ejercen sobre los Burakumin. La apertura de Japón a la
modernización a partir de la dinastía Meiji no consiguió
erradicar la exclusión social y laboral de estos Burakumin, que en
nada se diferencian fenotípica, cultural o religiosamente de
cualquier japonés.
La
esclavitud es una forma particular de exclusión social, a menudo
ligada al racismo. Se dice que la esclavitud es un modo de
dominación social y política mediante la negación de la
existencia social y la personalidad jurídica. Sin embargo, los
sistemas esclavistas se diferencian en el tipo de propiedad. En
Grecia y Roma aunque el esclavo era una propiedad, tenía una
personalidad jurídica rudimentaria. En USA el esclavismo no puede
entenderse desligado del racismo y sus prejuicios. Las últimas
tendencias sobre este tema destacan que no siempre y en todo lugar
ser esclavo ha sido una forma de negación de la subjetividad.
Tampoco
se ha ejercido siempre sobre alterizados étnicos. Japón y Corea
esclavizaron a la población autóctona. En suma, la esclavitud no
ha sido exclusiva ni de un momento histórico ni de una formación
social concreta, ni puede decirse que todas sus formas hayan
coincidido.
El
destierro, la obligación forzosa de marcharse física y
simbólicamente, es un modo de muerte social, una forma de máxima
exclusión. Expulsiones y migraciones forzosas han sido un hecho
generalizado en la historia de las expansiones políticas y
militares. La historia del catolicismo fundamentalista en España
cuenta con varios episodios de persecución, segregación y
expulsión. El sistema racista sudafricano produjo un de los más
exhaustivos programas de segregación mantenido por la violencia: el
apartheid.
IV.2.3.
Limpieza étnica y genocidio
Toda
aculturación forzosa pretende la desaparición de prácticas e
imaginarios de personas y grupos alterizados. Cuando este proceder ha
implicado violencia continua con el resultado de pérdida de vidas
humanas, se convierte en genocidio. La forma más directa y brutal
es la matanza. Pero las máscaras de la violencia son muchas y hay
otras maneras de diezmar una población: el hostigamiento, el acoso
y la persecución, el maltrato psicofísico, la denegación de
asistencia, la desnutrición, el desplazamiento obligado a zonas
improductivas, la explotación laboral, la prohibición de
reproducirse, la ruptura de los lazos de parentesco, etc.
Aunque
de genocidios está la historia de la humanidad llena, lo cierto es
que la fuerza arrolladora del sistema capitalista combinado con el
eurocentrismo cultural y político han provocado más desastres
humanos que en muchos siglos de violencia y dominación despótica.
Es
preciso señalar algunos matices sobre la distinción entre
violencia física y violencia simbólica. No hay violencia física
que no sea ella misma de alguna manera simbólica, y viceversa,
siquiera por su incardinación neurofisiológica en el cuerpo y los
efectos biopsíquicos que produce. Por eso hablamos de procesos
material-simbólicos.
La
limpieza étnica es un proceso de
segregación/expulsión/aniquilación de un grupo humano
categorizado étnicamente con el fin de proceder a la
reorganización étnica de un territorio. Se parece mucho al
genocidio. Las limpiezas étnicas en la guerra de Bosnia fueron
precedidas de la manipulación interesada de la Historia. Las
personas fueron reducidas a su identidad étnica nacional gracias a
la propaganda política, la distorsión del pasado y la
reconstrucción de una memoria colectiva de agravios históricos.
La
violación de las mujeres del grupo vencido ha sido una práctica
frecuente en los conflictos armados, como parte de la violencia de
género unida a la violencia contra el Otro. La violación ha sido
uno de los medios históricos de aniquilación étnica por
hibridación forzosa.
Helen
Fein establece las siguientes precondiciones para el genocidio:
-
Que las víctimas hayan sido definidas previamente como
otros, incluso demonizados de alguna
manera.
-
Que el Estado se haya debilitado previamente por conflicto
armado exterior o revueltas internas (o
vacíos
de poder, como en el contexto poscolonial), con la consecuencia de
una crisis en la
identidad
nacional.
-
La ascensión al poder de una élite con una nueva
ideología nacionalista regeneracionista y la lesa impunidad de
ésta para ejecutar atrocidades.
Aquellos
proyectos políticos que se quieren constituir en atractores únicos
de la distribución de bienes económicos, sociales, morales, suele
ejercerse ofreciendo algún tipo de beneficio a cambio de sumisión.
Como práctica ideológica y mistificadora, el monopolio del poder
no permite la reflexividad sobre su alcance, sus contradicciones, su
lado oscuro. Los demás, los otros se convierten en el chivo
expiatorio de todos los males. La propaganda hace el resto: provocar
el apoyo popular intoxicando los discursos, las emociones. Así se
trabajan sociopolítica e ideológicamente algunos momentos de
crisis social, cuando no se sabe muy bien qué hacer con la fuerza
del malestar colectivo interno con tal de que no revierta sobre el
poder centralizado y amenace todo el sistema. Colectivos enteros
pueden operar como chivos expiatorios, conscientemente o no.
Construir un enemigo externo puede dar resultado (a corto plazo) para
intensificar la cohesión interna.
Reconciliación:
término imbuido inicialmente de sentido religioso, está entrando
en el lenguaje político como una de las escasas formas de
reconstrucción social y emocional en países que acaban de salir
de violentos conflictos.
Llama
la atención cómo aquellos estados africanos donde más violencia
intra/intergrupal ha habido cuentan con el mayor porcentaje de
mujeres implicadas en la política y la transformación de sus
países, a pesar de que buena parte de la sociedad civil sigue en
manos del sector masculino, extremadamente violento.
Nadie
está vacunado contra el horror. Ningún colectivo esta libre de la
barbarie si no trabaja previamente culturalmente sus antídotos. Por
eso la vigilancia social ha de ser máxima y el recuerdo
constructivo también, sobre todo para futuras generaciones.
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- Len Sanz · jun 2015
- Actualizado
- 4 feb 2018
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