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VIVENCIA RELACIONAL Y REPARACIÓN PSICOLÓGICA DE LOS NIÑOS INSTITUCIONALIZADOS

Ángela García Psicología First Certificate of Cambridge Spanish

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VIVENCIA RELACIONAL Y REPARACIÓN PSICOLÓGICA DE LOS NIÑOS INSTITUCIONALIZADOS

  1. Diversos estudios a nivel mundial han confirmado las repercusiones psicológicas adversas que sufren los niños que han vivido experiencias adversas como abuso físico y/o emocionales, abuso sexual, abandono y negligencia tempranas (Pelorosso et al., 2005; Mbiya Muadi et al., 2012; Lloyd & Barth, 2011; Darewych, 2013; Moreno, et al., 2011), tales como: agresión manifiesta; estrés, sentimiento profundo de soledad, de rechazo y de incomprensión; aislamiento social; desarraigo; incertidumbre frente a su futuro y baja autoestima.

    • El maltrato infantil se define como “toda forma de perjuicio, castigo, humillación o abuso físico o psicológico, descuido, omisión o trato negligente, malos tratos o explotación sexual, incluidos los actos sexuales abusivos y la violación y en general toda forma de violencia o agresión sobre el niño, la niña o el adolescente por parte de sus padres, representantes legales o cualquier otra persona” (Código de la Infancia y la Adolescencia, 2006).
      • Las experiencias de abuso y negligencia física, sexual y emocional que ocurren dentro del propio hogar y/o entorno familiar se considera maltrato infantil (Bernstein et al., 2003). Lamentablemente, en aquellos espacios y lugares que debieran ser de protección, afecto, estímulo al desarrollo integral, resguardo y promoción de los derechos ocurren con frecuencia hechos de violencia (Larraín & Bascuñan, 2009).
        • El ingreso a una institución de protección la ordena una autoridad competente luego de determinar la permanencia de situaciones de riesgo y de vulneración de los niños, niñas y adolescentes en el sistema familiar, cuando no se logra su modificación con el acompañamiento en cada uno de los niveles de atención (individual, familiar o red vincular de apoyo, comunitaria y social) (ICBF, 2016).
        • Sin embargo, existe evidencia sobre las implicaciones que conlleva el retiro del entorno familiar y la permanencia en el entorno institucional especialmente en los primeros años de vida, para el desarrollo social, emocional y psicológico, además de convertirse en un factor desencadenante y de mantenimiento de problemas psicológicos en los niños, niñas y adolescentes (Delgado, Fornieles, Costas & Brun-Gasca, 2012; Peres Arenas, 2005; Triaca, 2009; Zeanah, 2003; Save the Children, 2009).
        • Por tal razón, la investigación que se reporta en este artículo tuvo como objetivo identificar las experiencias relacionales que permiten el establecimiento de un vínculo reparador entre los niños que han vivido experiencias de deprivación y los cuidadores de las instituciones de protección social que los acogen, con el fin de aportar una mayor comprensión sobre los procesos de reparación psicológica en dicho contexto. Para llevar a cabo este propósito fue necesario evaluar la manera como las instituciones favorecen o dificultan el establecimiento del vínculo reparador con los niños que protegen y, a la vez, caracterizar los recursos relacionales con los que cuentan los niños para aceptar o rechazar el vínculo que la institución les propone.
          • Tal y como explica Cierpka (2010), una configuración rígida de patrones relacionales provoca malestar y sufrimiento al niño y es el resultado de su conducta relacional habitual y de los modos de reacción típicos de su interlocutor social. En el caso de los niños institucionalizados, su interlocutor directo es la institución, quien materializa el intercambio a través de las personas que están bajo el cuidado de los niños y con quienes ellos establecen un sistema relacional actualizado. Es en esta interacción donde los patrones relacionales configurados por los niños se ponen en juego y provocan unas acciones y reacciones en la institución. Estos intercambios sientan las bases para el establecimiento de un vínculo niño-institución.
            • Aquí, el vínculo reparador es entendido como un proceso intersubjetivo donde está presente la capacidad del ambiente para resarcir el daño causado y los recursos psíquicos de los niños que han experimentado una pérdida significativa, para aceptar la reparación ofrecida por el ambiente.
              • En este sentido, existe una conexión entre los patrones de conducta interpersonal que muestran los niños institucionalizados y las respuestas relacionales que aporta la institución. La relevancia de estudiar los patrones de conducta interpersonal es reconocida por todas las escuelas psicoterapéuticas, por ello, es necesario realizar investigaciones sobre las interacciones de los niños institucionalizados que permitan orientar las acciones de los funcionarios en favor de los mismos niños.
                • El marco teórico de esta investigación se apoyó en los aportes de la psicología dinámica, de la teoría de las relaciones objetales y del psicoanálisis relacional; esta perspectiva teórica entiende la organización psíquica del sujeto a partir del establecimiento de las constelaciones relacionales (Mitchell, 1993; Fairbairn, 1978; Coderch, 2005, 2001; Horner, 1991, 1979).
                  • Los patrones relacionales son expresión de las posibilidades y limitaciones estructurales de la persona. A través del relato de las vivencias de los sujetos de estudio, se descubre cuál es su imagen interna en torno a su forma de establecer relaciones. A partir de este relato se puede acceder a los elementos relacionales que él mismo puede vivenciar y nombrar en su propia conducta y la de su interlocutor (Cierpka et al., 2010).
                    • ES UNA OBLIGACIÓN DEL ESTADO HACER EFECTIVO EL DERECHO A LA PROTECCIÓN DEL NIÑO CONTRA EL ABANDONO FÍSICO, EMOCIONAL O PSICOAFECTIVO
                      • Materiales y Método: Esta investigación se orientó desde un enfoque metodológico cualitativo. Este método rescata la subjetividad e intersubjetividad de aquello que se quiere observar haciendo énfasis en la valoración de lo subjetivo, lo vivencial y la interacción entre los sujetos de la investigación (Galeano, 2004). Se enmarcó en el paradigma interpretativo, el cual postula una realidad dependiente de los significados que las personas le atribuyen (Krause, 1995); un abordaje de los fenómenos sociales desde el punto de vista de las personas implicadas, el uso de la comunicación como herramienta para acceder a dichos significados y la interpretación sistemática de los mismos.
                        • Instrumentos: Los instrumentos empleados para la recolección de los datos con los niños fueron:
                          • 1. El Test del dibujo de la familia (Corman, 1992) es un test proyectivo que permite la expresión inconsciente de los niños sobre su sistema relacional y la representación de su familia. Es un instrumento complementario en la clínica y en la investigación del mundo interno infantil.
                          • 2. El T.A.T es un test proyectivo para la exploración de la organización psíquica (Murray, 2006), consiste en la presentación de 31 láminas con diversas temáticas relacionales que se le presentan al sujeto para que él elabore historias a partir del estímulo. Este test permite inferir deseos, temores y conflictos internos.
                            • Procedimiento: La preparación de las entrevistas estuvo orientada por la construcción de un guion temático, focalizando en tópicos básicos que aportaran información para responder a los objetivos del estudio: la historia de vida, el proceso de institucionalización, experiencias o situaciones relacionadas con el vínculo institucional.
                              • El proceso de entrevistas implicó un total de 3 encuentros y se escogieron a 20 personas. El primer encuentro se dedicó a la aplicación del Test de la Familia y el inicio de la entrevista semi-estructurada; en el segundo se abarcó por completo la entrevista y, en el último se aplicó el T.A.T para un total de 60 entrevistas que fueron transcritas íntegramente, sistematizadas y analizadas por el equipo investigador.
                          • 3. Tanto la entrevista con cada niño como las entrevistas grupales realizadas con el equipo asistencial de las instituciones, tuvieron un carácter semi-estructurado, siguiendo el modelo de una conversación y no de un intercambio formal de preguntas y respuestas cerradas.
  2. LA RELEVANCIA DE ESTUDIAR LOS PATRONES DE CONDUCTA INTERPERSONAL ES RECONOCIDA POR TODAS LAS ESCUELAS PSICOTERAPÉUTICAS

    • Teniendo en cuenta las características de la muestra, se usaron las pruebas proyectivas con el fin de facilitar la recolección de los datos, ya que el dibujo y la construcción de historias son un lenguaje familiar para los niños. Estas pruebas a través de la proyección permiten acceder a contenidos inconscientes difícilmente revelados por otras vías.
      • Las láminas elegidas fueron: lámina 1 (evalúa: motivo de logro, ideal del yo, relación con figuras parentales y con la autoridad); lámina 5 (evalúa: representación de la figura materna); lámina 6 nm (evalúa: representación de la figura paterna); lámina 7nm (evalúa: actitud frente a las figuras parentales) y lámina 13v (evalúa: carencia, soledad y sentimientos de abandono).
        • Esta es una técnica que se usa para estudiar y analizar la comunicación de una manera objetiva y sistemática; hacer inferencias válidas y confiables de los datos. Se realiza por medio de la segmentación, la codificación y la categorización, donde lo importante del mensaje se convierte en algo susceptible de describir y analizar (Hernández, Fernández-Collado y Baptista, 2006).
          • Se establecieron cuatro categorías medulares denominadas:
            • 2) Organización psíquica del niño institucionalizado.
            • 1) La institución como promotora de la matriz relacional.
            • 3) Modalidades de deprivación.
            • 4) Las dimensiones de la reparación.
            • Estas supra-categorías integran el proceso emergente; surgen de la interpretación de las transcripciones, así como del cruce con la información arrojada por las pruebas proyectivas; los datos se relacionaron e integraron hasta generar categorías amplias que, a su vez, se comparaban y se articulaban con las categorías teóricas elegidas en los test proyectivos.
              • Las categorías teóricas empleadas para el análisis del T.A.T fueron: argumento de las historias; personajes principales y secundarios; elementos del ambiente; tiempos (pasado, presente y futuro); lógica del pensamiento; lenguaje utilizado; capacidad creativa; interacción; naturaleza de las ansiedades y defensas; conflictos; desenlace de las historias.
                • La triangulación de la información estuvo orientada en dos niveles:
                  • 1) La contrastación entre el discurso del niño, el discurso del equipo asistencial en las instituciones y el análisis clínico facilitado por las pruebas proyectivas.
                  • 2) Las reuniones permanentes del equipo investigador que analizó la información creando los códigos y las categorías del análisis final.
                  • Resultados y Discusión: Los niños tienen la posibilidad de resolver la presencia de estas tensiones conflictivas en un continuo que va desde un modo predominantemente pasivo, a otro predominantemente activo. Estos modos son manifestaciones diferentes de un mismo conflicto. La dimensionalidad está dada por el tránsito hacia o desde un modo a otro. Por ejemplo, en el modo pasivo se observan conductas interpersonales que muestran inseguridad y devaluación del sí mismo. Por el contrario, la rabia y la agresión corresponden a un modo activo de tramitar los conflictos.
                    • En estos niños, la culpa funciona como mecanismo de resistencia ante la pérdida del objeto. No se trata de una culpa superyoica referida a la internalización de la autoridad paterna, sino de una culpa persecutoria provocada por las frustraciones del medio que distorsionan la representación y la relación con los objetos de amor. En su modo pasivo, estos niños tienden a culpabilizarse por la ausencia de los padres. La función de esta modalidad de la culpa es retener el objeto, resguardar la relación interna con sus padres y preservar la lealtad que los haría merecedores de retornar a sus familias, aun cuando esta haya desaparecido real o emocionalmente.
                      • En el otro extremo, el modo activo, la rabia y la agresión corresponden a otra manera de tramitar los conflictos. La agresión en este caso no es otra cosa que una reacción ante la acción del otro: la familia despoja al niño de lo esencial; el cuidado físico y/o emocional, además, lo culpabiliza y lo define como “difícil”, agresivo y desobediente, calificativos que el niño introyecta en la representación de sí mismo sin ninguna mediación.
                        • En algunos casos, los padres son reales, están en el entorno, pero ausentes emocionalmente con apariciones intermitentes que provocan más desorganización. Esta ambigüedad de los padres impide la adaptación del niño a la institución; el niño no sabe si la pérdida es temporal o definitiva.
                          • Según la Red Latinoamericana de Acogimiento Familiar (RELAF) (2011) los niños institucionalizados se ven afectados por un sentimiento profundo de soledad, incomprensión y rechazo; baja autoestima; desarraigo; aislamiento social; incertidumbre frente a su futuro al no saber quién los va a apoyar, proteger y acompañar. Según Delgado et al. (2012) los problemas de conducta y agresividad se asocian a un mayor tiempo en acogimiento residencial. Según Vilaginés (2012) un niño que no haya contado con todo el afecto y dedicación de un cuidador desde su nacimiento o en el transcurso de su vida habrá experimentado un gran vacío de afecto y no habrá adquirido los mismos recursos internos que un niño que haya sido acogido y amado, lo cual se agrava si los cuidadores desaparecen o cambian constantemente, como ocurre con los niños institucionalizados.
                            • Cuando los niños ingresan al sistema de protección además de haber experimentado situaciones de maltrato y negligencia, son apartados de sus cuidadores principales y no reciben el apoyo afectivo adecuado por el personal a cargo por motivos como el número de niños por cuidador y la alta rotación del personal; es decir, con dificultad logran establecer vínculos. Todo esto puede llevarlos a mostrar dificultades para establecer vínculos afectivos con las personas por el temor de volver a ser abandonado, pueden ser inseguros, intolerantes a la frustración, inestables, hiperactivos, impulsivos, poco tolerantes a la espera y sentirse vacíos (Vilaginés, 2012).
                              • Los niños, niñas y adolescentes son en particular muy vulnerables a lo que ocurre en su entorno, ya que cuentan con pocos recursos o poder para cambiarlo (Benjet, 2009). Cuando los niños, niñas o adolescentes experimentan eventos adversos se esperan reacciones transitorias como la tristeza, ansiedad, enojo y comportamiento disruptivo. La superación, estabilidad o agravamiento de estas reacciones depende en gran medida del soporte que reciban de parte de sus padres o cuidadores y sientan protección y seguridad (Dyregrow & Yule, 2006).
                                • Sin embargo, en algunos casos como los niños, niñas y adolescentes víctimas de maltrato intrafamiliar y bajo protección estatal no siempre cuentan con ese soporte, de hecho, con frecuencia sus cuidadores son las personas que ejercen el daño, lo cual lleva a ellos a experimentar condiciones estresantes muy intensas, percepción de incontrolabilidad y en efecto sus reacciones resultan ser más graves, intensas y duraderas, comprometiendo su funcionamiento en distintas dominios del desarrollo y en general su salud mental (D'Andrea, Ford, Stolbach, Spinazzola y Van der Kolk, 2012.; Cicchetti, 2001 ).
                                  • El impacto del maltrato infantil es devastador aun cuando no siempre es evidente de forma directa (Toth & Cicchetti, 2013). Los niños, niñas y adolescentes expuestos a maltrato con frecuencia muestran diferentes perfiles de sintomatología (Van der Kolk, 2012). Recientemente, Augusti, Baugerud, Sulutvedt y Melinder (2018) acorde con investigaciones previas encontraron que el maltrato tiene un costo significativo en el bienestar psicológico de los niños, en particular niños abusados suelen mostrar un espectro más amplio de síntomas psicológicos de externalización en comparación con sus pares no maltratados y aquellos que han experimentado negligencia. Los niños maltratados suelen mostrar más síntomas de pensamientos intrusivos, ansiedad y agresión.
                                    • Si bien se ha observado que muchas víctimas de maltrato infantil manifiestan trastornos psicológicos, también es posible observar diferencias en el modo en que cada uno de los niños, niñas y adolescentes afrontan las diversas circunstancias o situaciones estresantes a las que se ven expuestos y muchos de ellos muestran resiliencia, con una buena adaptación a distintos contextos interpersonales (Cicchetti, 2001). La resiliencia o capacidad interna de los niños y niñas para superar y sobreponerse de las situaciones de riesgo sufridas, puede estar asociada con el entorno de relaciones cercanas (familia, pares y los adultos significativos), mientras que bajos niveles de resiliencia en los niños se asocia con el aislamiento social, tanto desde lo comunitario como desde lo familiar (Morelato, 2014).
                                      • Las experiencias tempranas pueden tener un impacto posterior en la psicopatología del adulto. Los trastornos de salud mental y consecuencias personales que se inician en la infancia o la adolescencia se extienden hasta la edad adulta, así mismo las consecuencias sociales en cuanto al costo económico y productivo para la sociedad (Benjet, 2009). Se ha encontrado evidencia de la relación entre el maltrato en la infancia y los efectos en la vida posterior. Tanto para hombres como para mujeres, el maltrato infantil tiene efectos devastadores, a menudo se relacionan con la depresión y la disociación, y estos mecanismos explican en gran medida muchas dificultades posteriores, como por ejemplo el deterioro de las relaciones interpersonales (baja autoestima, dificultad para confiar en los otros, miedo a la intimidad), la revictimización y las experiencias vitales negativas en general (Becker-Lausen, Sanders & Chinsky, 1995).
                                        • En niños, niñas y adolescentes víctimas de maltrato surgen una serie de síntomas que pueden llegar a cumplir criterios de algún trastorno psicológico particular, los diagnósticos comunes incluyen depresión, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), trastorno desafiante oposicional (TND), trastorno de conducta, trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de ansiedad por separación y trastorno de apego reactivo, los cuales se centran en comportamientos particulares, más que en los déficits centrales que subyacen a traumatismos complejos (Blaustein et al. 2007). Es decir, niños, niñas y adolescentes expuestos a eventos traumáticos como el maltrato pueden desarrollar una serie de síntomas que pueden expresarse en diferentes formas de psicopatología, a pesar de que estas no logran explicar el fenómeno ni abarcar la complejidad de sus efectos.
                                          • El Trastorno Traumático durante el Desarrollo (TTD) surge como una nueva categoría diagnóstica que fue propuesta por Van der Kolk (2005) para describir los efectos de la exposición múltiple, crónica y prolongada a experiencias adversas en edad temprana perpetrados por uno o varios de los cuidadores principales de niños, niñas y adolescentes. Estas exposiciones incluyen maltrato físico, emocional o psicológico, abuso sexual, ser testigo de violencia doméstica, abandono y negligencia.
    • PARTE 2
    • El efecto devastador que se genera en los niñas, niños y adolescentes cuando el cuidador o cuidadores principales son los que ejercen el daño, se explica desde la teoría del apego propuesta por Bowlby (1969, 1973), la cual defiende la idea que el establecimiento de vínculos seguros en la infancia, proporcionan la salud física y psicológica y el bienestar de la persona a lo largo de su desarrollo. Describe al apego como un sistema de comportamiento humano esencial que se activa por el estrés, el peligro o la separación para proporcionar la supervivencia.
      • PARTE 3
      • Stayton (1971) la sensibilidad del cuidador es una variable relevante en la seguridad del apego y es entendida como la habilidad para percibir e interpretar con acierto las señales y comunicaciones implícitas en la conducta del bebé, niñas, niños y adolescentes, responder a ellas de forma rápida y apropiada. De manera que todos los seres humanos tienden a vincularse a figuras de apego, pero la calidad del lazo afectivo varía dependiendo de la respuesta del cuidador.
        • De acuerdo con esta teoría, los niños y niñas que han sufrido condiciones de maltrato desde temprana edad, tienen una alta probabilidad de desarrollar modelos negativos de relación con sus cuidadores y/o de ellos mismos, tienen mayor riesgo de desarrollar apegos inseguros o en un apego desorganizado, al no recibir el apoyo emocional de los adultos y al contrario experimentar miedo, lo cual a su vez provoca efectos adversos en su desarrollo (Cichenetti , Tothm & Lynch, 1995). En el caso de la población institucionalizada, por diversos motivos y contextos los niños, niñas y adolescentes han crecido en un entorno poco seguro, predecible y afectuoso en el que sean contenidos y ayudados a tolerar y comprender diversas situaciones.
          • Los niños, las niñas y adolescentes con historia de maltrato o abuso y que se encuentran en la institución continúan teniendo un contexto de deprivación afectiva por la ausencia de cuidadores estables que logren entablar una relación duradera, afectuosa y predecible con ellos. Estas carencias tienen no solo un impacto en la dimensión vincular sino en su capacidad de mentalización. La mentalización se refiere a la capacidad de atribuir estados mentales a los otros, es decir verlos como agentes psicológicos, pero a su vez también entender el comportamiento propio por medio de estados mentales. Es decir, es la capacidad del sujeto de verse y ver a los demás como agentes intencionales cuyo comportamiento se basa en estados mentales relacionados a pensamientos, deseos, emociones, etc. (Fonagy, Gergely, Jurist, & Target, 2004).
            • Existe evidencia de que el comportamiento agresivo está relacionado tanto con dificultades de mentalización como con rasgos psicopáticos, se considera que la falta de respuesta afectiva a los estados mentales de los demás, es uno de los distintivos de la psicopatía y da lugar a una mayor agresión interpersonal, por tanto la capacidad de mentalización puede servir como un factor protector para prevenir la aparición de agresión proactiva (agresión fría, premeditada, como un medio para alcanzar propios objetivos a expensas del bienestar de los demás) (Taubner, White, Zimmermann, Fonagy, & Nolte, 2013).
              • En efecto, cuando el medio social justifica el abandono de los padres, señalan al niño como el transgresor y en nombre de la restitución de sus derechos debe ser institucionalizado; en este sentido, la institución se convierte en una estrategia de control de las transgresiones, no de protección, ni como ente reparador de las pérdidas, único mecanismo para reconciliar al niño consigo mismo y con el otro. El niño es demasiado débil para enfrentarse con todo lo que le significa la culpa depresiva: pena, responsabilidad y necesidad de reparar. Entonces, por medio de la negación y de la identificación proyectiva, encuentra depositarios de esta culpa entre las personas que le rodean, familiares o la misma institución que los acoge.
                • La reparación psicológica en las instituciones de protección: Para hacer comprensible el proceso de reparación en el vínculo de los niños y las instituciones que los acogen, fue necesario establecer y diferenciar dos dimensiones de la reparación: La reparación restitutiva y La reparación subjetiva.La reparación restitutiva se refiere a procurarle al niño un entorno estable y seguro en el que tengan satisfechas sus necesidades básicas: cuidados físicos (alimentación, vestido, higiene, cuidado de la salud y recreación), integridad física, desarrollo intelectual y escolarización. En el contexto de este intercambio, los cuidadores también brindan afecto, aprobación y seguridad en las relaciones que son reconocidos por los mismos niños.
                  • En este estudio, la reparación subjetiva es planeada como la resignificación de la pérdida que logra el niño si en el mundo interno puede reencontrar compensatoriamente el objeto perdido. Esta elaboración implica contar con una figura cuidadora que le permita al niño reconstruir el ciclo benigno (Winnicott, 2006) y, por tanto, desarrollar sus propias capacidades reparadoras.
                    • En este nivel de la reparación, las instituciones de protección no pueden responder, varios aspectos interfieren para que así sea:
                      • Certificación como “buena institución” vs proceso misional de sostén físico y emocional de los niños. Para poder funcionar como instituciones de protección, deben responder a requerimientos de ley para su certificación como “buena institución” (buena madre). Pero el tiempo de dedicación al cumplimiento de estas obligaciones por parte de los cuidadores y la insuficiencia de recursos para satisfacer distintas necesidades de funcionamiento institucional, someten a los funcionarios a una tensión conflictiva con su proceso misional de sostén físico y emocional de los niños que albergan. La paradoja se establece cuando la necesidad de certificarse como institución reconocida por las entidades de control obliga a priorizar necesidades y metas que, la mayoría de las veces, terminan sacrificando la dinámica relacional con los niños (Castrillón y Vanegas, 2014).
                        • La atención masificada. Una mayor rigurosidad en el cumplimiento de la restitución de los derechos de la infancia, obliga a las entidades del estado a ejercer estrictos controles sobre las instituciones que acreditan para la protección y cumplimiento de los derechos de los niños y adolescentes.
                          • Las posibilidades de la reparación subjetiva: Las acciones de intervención son efectivas si se articulan a los conflictos particulares que los provocan. Si la institución favorece las condiciones para la psicoterapia de los niños y cuenta con un psicoterapeuta comprometido con la reparación intrapsíquica que represente una figura estable, se podrían articular acciones significativas en la dimensión de una verdadera reparación subjetiva. El espacio psicoterapéutico crea un dispositivo propicio para el establecimiento de la relación empática entre el terapeuta y el niño, que se diferencia y se separa de los intercambios cotidianos con los compañeros, cuidadores y familiares.
                            • En general, los niños muestran una buena disposición para el trabajo psicoterapéutico cuando se les provee de un ambiente relacional empático con técnicas apropiadas para el despliegue de su comunicación: juegos, dibujos, narraciones, comunicaciones no verbales que permiten el establecimiento de la relación terapéutica necesaria para la identificación del dolor psíquico del niño y de sus recursos internos. En este contexto, el terapeuta podrá valorar en el niño los patrones relacionales disfuncionales, los conflictos intrapsíquicos, el nivel de organización según el período del desarrollo y las fortalezas internas y externas para conducir el proceso psicoterapéutico a la medida particular de cada uno.
                              • La indicación del tratamiento obliga a la evaluación de la historia y limitaciones de los padres y familiares. No solo para saber de la resonancia de los adultos con el dolor psíquico del niño, sino para intervenir esta interacción como matriz de apoyo que facilite la reparación subjetiva y no provoque regresiones en los avances individuales logrados en el contexto psicoterapéutico.
                                • Toda psicoterapia implica costos emocionales y económicos, tiempo y rigurosidad sistemática para aportarle al niño una base segura. Estos costos van en contravía de complejos fenómenos políticos e institucionales que demandan atenciones masificadas. Por supuesto que nadie puede esperar resultados favorables en la organización psíquica de los niños si se pretende atenciones breves, masificadas y con alta rotación del personal.
  3. PARTE 1

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