“PEGAN A UN NIÑO” Contribución al conocimiento de la génesis de las perversiones sexuales

SARA MORELO CARDONA
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“PEGAN A UN NIÑO” Contribución al conocimiento de la génesis de las perversiones sexuales
1 A esta fantasía se enlazan sensaciones placientes, y a causa de las cuales ha sido reproducida infinitas veces o continúa siéndolo. Al culminar la situación imaginada se impone al sujeto regularmente una satisfacción sexual de carácter onanista, voluntaria al principio, pero que puede tomar más tarde un carácter obsesivo.
2 La confesión de esta fantasía cuesta gran violencia al sujeto; el recuerdo de su primera emergencia es harto inseguro, la vergüenza y el sentimiento de culpabilidad parecen actuar aquí con mucha mayor energía que en confesiones análogas sobre los recuerdos primeros de la vida sexual.
3 Las primeras fantasías de este género surgieron en época muy temprana; desde luego, antes del período escolar, hacia los cinco o los seis años, cuando el niño veía pegar a otros en la escuela
3.1 La influencia de la escuela era tan clara, que las personas se inclinaban a un principio de referir exclusivamente sus fantasías de flagelación a esta impresión de la época escolar posterior a sus seis años.
3.1.1 Cuando en clases más avanzadas del colegio cesaba la posibilidad de estos sucesos, su influencia quedaba sustituida por la de las lecturas.
4 EL INICIO DE LA FANTASIA
4.1 La fantasía de presenciar cómo pegan a un niño aparecía regularmente enlazada a un elevado placer y culminaba en un acto de satisfacción autoerótica placiente, además el presenciar en la escuela el castigo de otro niño hubiera constituido una fuente de análogo placer
4.2 En estas circunstancias no podía siquiera decidirse si el placer concomitante a la fantasía de flagelación era de carácter sádico o masoquista.
4.3 Tal fantasía, emergida en temprana edad infantil, al estímulo, quizá, de impresiones casuales, y conservada luego para la satisfacción autoerótica, había de ser considerada por el análisis como un signo primario de perversión
5 COMPONENTES DE LA FUNCIÓN SEXUAL
5.1 Uno de los componentes de la función sexual se habrían anticipado a los otros en el desarrollo, se habría vuelto autónomo de manera prematura, fijándose luego y sustrayéndose por esta vía de los procesos evolutivos; al propio tiempo atestiguaría una construcción particular, anormal, de la persona
5.2 Con la emergencia de esta fantasía de paliza para la satisfacción auto erótica. Freud da cuenta de una sexualidad perversa, porque el fantasma plantea una desviación de la pulsión en tanto que no hay objeto genital de la pulsión.
5.2.1 El período infantil que se extiende entre los dos y los cuatro o los cinco años es aquel en el cual despiertan y son enlazados a determinados complejos por las experiencias del sujeto los factores libidinosos congénitos.
5.3 Tal perversión infantil no persiste obligadamente a través de toda la vida, pues puede sucumbir luego a la represión, ser sustituida por un producto de reacción o transmutada por una sublimación
5.3.1 Cuando estos procesos no se desarrollan, la perversión persiste en la vida adulta, y al comprobar en un individuo una aberración sexual -perversión, fetichismo, inversión- esperaremos justificadamente descubrir por medio de la investigación amnésica un suceso infantil que haya provocado una fijación
6 FASES DE LAS FANTASIAS DE FLAGELACIÓN
6.1 La tercera fase se asemeja nuevamente a la primera
6.1.1 La persona que pega no es nunca la del padre; queda indeterminada, como en la primera fase, o representada típicamente por un subrogado paterno (el maestro). La propia persona del sujeto de la fantasía no aparece ya en ésta
6.1.1.1 La situación primitiva de la fantasía, sencilla y monótona, puede experimentar múltiples variaciones, y la flagelación misma puede quedar sustituida por castigos y humillaciones de otro género
6.1.1.1.1 Incluso las fantasías más sencillas de esta fase se diferencian de las de la primera y que establece su relación con la fase media es el siguiente: la fantasía es ahora el sustentáculo de una intensa excitación, inequivocadamente sexual, y provoca, como tal, la satisfacción onanista
6.1.1.1.1.1 La niña aparece, en este período, tiernamente fijada al padre sembrando con ello la semilla de una actitud hostil a la madre, actitud que persistirá al lado de una tendencia cariñosa y a la que puede estar reservado hacerse más intensa y más claramente consciente con el transcurso de los años o provocar, por reacción, una exagerada adhesión amorosa a la personalidad materna, la fantasía de flagelación no se enlaza con las relaciones entre hija y madre.
6.1.1.1.1.1.1 Comprende perfectamente que el pegar a alguien, aun sin hacerle daño, significa una negación de cariño y una humillación
6.1.1.1.1.1.1.1 La idea de que el padre pega a aquel odiado niño será, pues, muy agradable y surgirá independientemente del hecho de haber presenciado o no tal suceso. Tal idea significaría: «El padre no quiere a este otro niño; sólo me quiere a mí.»
6.2 Esta segunda fase es la más importante de todas. Pero en cierto sentido podemos decir que no ha tenido nunca existencia real. No es jamás recordada ni ha tenido nunca acceso a la consciencia. Es una construcción del análisis, pero no por ello deja de constituir una necesidad.
6.2.1 La persona que pega al niño continúa siendo la misma, pero el niño maltratado es otro, generalmente el propio sujeto infantil de la fantasía, la cual provoca ya un elevado placer y recibe un importante contenido, cuya derivación nos ocupará más adelante
6.2.1.1 Su descripción será ahora la siguiente: yo soy golpeado por mi padre. Tiene, pues, un indudable carácter masoquista.
6.3 La primera fase de las fantasías de la flagelación en sujetos femeninos habrá de corresponder a una época infantil muy temprana. En tales fantasías hay algo que permanece singularmente indeterminado, como si fuera por completo indiferente
6.3.1 En su primer relato -«pegan a un niño»- parece, pues, justificada, hay otra cosa que puede determinarse con plena seguridad y siempre en el mismo sentido, el niño maltratado no es nunca el propio sujeto sino otro; por lo general, un hermano o hermana menor, cuando los tiene.
6.3.1.1 Tampoco este detalle nos descubre una relación constante entre el sexo del sujeto y el del protagonista de su fantasía. Esta no es, pues, seguramente, de carácter masoquista y nos inclinaríamos a considerarla de carácter sádico si no atendiéramos al hecho de que el propio sujeto no es tampoco el que maltrata al niño en la fantasía
6.3.1.1.1 La personalidad del autor de los maltratados no aparece claramente definida al principio. Sólo averiguamos que no se trata de otro niño, sino de un adulto. En esta persona adulta indeterminada nos es luego posible reconocer inequívocamente al padre (de la niña).
6.3.1.1.1.1 Por tanto, esta primera fase de la fantasía de flagelación puede quedar descrita diciendo que el padre pega al niño.
6.3.1.1.1.1.1 La fantasía satisface claramente los celos del niño y depende directamente de su vida erótica, pero es apoyada también con gran energía por sus intereses egoístas
7 ELECCIÓN DE OBJETO DEL AMOR INCESTUOSO
7.1 alcanza claramente la vida sexual del niño el grado de la organización genital, circunstancia que resulta, desde luego, más fácil de comprobar a los niños, pero que tampoco en las niñas puede dar lugar a grandes dudas.
7.1.1 La tendencia libidinosa infantil aparece, en efecto, dominada por una sospecha de los fines sexuales ulteriores, definitivos y normales, los genitales inicien ya en esta época su intervención en el proceso de la excitación
7.1.1.1 El deseo de tener un hijo con la madre no falta jamás en el niño, y el de concebir un hijo del padre es constante en las niñas; todo ello a pesar de una completa incapacidad para concebir el camino que puede conducir al cumplimiento de tales deseos.
7.2 Ninguno de estos enamoramientos incestuosos escapa a la fatalidad de la represión. Sucumben a ella, bien en ocasiones exteriores fácilmente comprobables, que provocan una decepción -ofensas inesperadas, el nacimiento de un hermanito, considerado como una infidelidad, etc-, bien por motivos internos o simplemente por hacerse esperar demasiado el cumplimiento del deseo
7.2.1 mueran sencillamente porque ha pasado su tiempo y porque los niños entran en una nueva fase de la evolución, en la cual se ven forzados a repetir la represión de la elección de objeto incestuosa de la historia de la Humanidad, como antes se vieron impulsados a realizar tal elección de objeto
7.2.1.1 Aquello que persiste en lo inconsciente como resultado psíquico de los impulsos eróticos incestuosos no es cogido por la consciencia de la nueva fase, y lo que ya se había hecho consciente es expulsado nuevamente de la consciencia
7.3 Simultáneamente a este proceso de represión surge una consciencia de culpabilidad, también de origen desconocido, pero enlazada indudablemente a aquellos deseos incestuosos y justificada por la persistencia de los mismos en lo inconsciente.
7.3.1 La consciencia de culpabilidad no encuentra castigo más duro que la investigación de este triunfo: «No, no te quiere, pues te pega.»
7.3.1.1 La consciencia de culpabilidad es siempre el factor que transforma el sadismo en masoquismo. Pero no es éste, ciertamente, todo el contenido del masoquismo. La consciencia de culpabilidad no puede ser el único elemento eficiente; ha de compartir el dominio con las tendencias eróticas.
7.3.1.1.1 La fantasía de la segunda fase, en la cual la sujeto es pegada por el padre, permanece, por lo general, inconsciente probablemente a consecuencia de la intensidad de la represión
7.3.1.1.1.1 Al transformarse las fantasías incestuosas de los niños en las fantasías masoquistas correspondientes tiene efecto una inversión más que en el caso de las niñas, inversión consistente en la sustitución de la actividad por la pasividad, y que esta mayor medida de deformación puede quizá evitar a la fantasía la permanencia de lo inconsciente como resultado de la represión
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