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Proceso visoespaciales
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La navegación espacial en el ambiente que nos rodea es una función básica de la especie humana. Numerosos estudios han demostrado que esta habilidad está presente en el niño a una edad temprana, y gradualmente se va complejizando hasta la adultez. La habilidad para navegar en un espacio tiene sus bases en la interacción entre el sistema visual y el sistema motor.
El niño al relacionarse con el ambiente durante su primer año de vida percibe un objeto en el espacio visual que le permite la opción de actuar sobre él bien sea siguiéndolo con la mirada, alcanzándolo y/o agarrándolo con la mano, desarrollando así la percepción de espacio visual. El niño comienza a entender que los objetos se perciben a diferentes distancias con relación a él mismo (espacio egocéntrico) o con relación a otros objetos (espacio agocéntrico).
Uno de los primeros comportamientos en el niño que denotan el control visual para la acción es el intento del niño por alcanzar un objeto; esto sucede en los primeros meses de vida y requiere, en primer lugar, de la identificación de un objeto entre muchos (sugiriendo actividad de la vía visual ventral) seguido de una acción de búsqueda visual, y finalizado por el alcance manual del objeto y su subsecuente agarre. El sistema de acción viso-motriz se inicia entonces con el control de los movimientos oculares: primero, el control sacádico de seguimiento y búsqueda de los estímulos que se mueven en el espacio alrededor del niño.
Posteriormente, el alcance del objeto con la mano implica un análisis de distancias probablemente influido por el movimiento del objeto y de la mano misma del niño. Esta acción del niño va a estar afectada por los cambios de atención visual que se generan con la activación combinada del movimiento ocular y el movimiento de la cabeza del niño.
Los movimientos oculares juegan entonces un papel central en el desarrollo del sistema visoespacial. Los movimientos oculares sacádicos son pasivos en el recién nacido, es decir funcionan de manera automática y en lugar de ser controlados voluntariamente por el niño están controlados por los estímulos móviles del medio ambiente. Es decir, si hay objetos que se mueven alrededor el niño los sigue con la mirada.
Progresivamente, y en paralelo con la maduración de la sustancia blanca y de la substancia gris de los lóbulos occipitales, parietales y frontales, los movimientos oculares son cada vez más armónicos (suaves) logrando a los tres meses cierto control voluntario de la mirada y el seguimiento de un objeto de manera continua. Es decir, el niño a esta edad parece dirigir la mirada hacia donde quiere ver y su mirada no solamente está controlada por lo que el medio externo “quiere que vea”. Paulatinamente el control voluntario de la mirada es mayor.
El desarrollo del control voluntario de la mirada es paralelo con el desarrollo del control intencional del movimiento de las extremidades superiores.
A los 3 meses de vida por ejemplo el niño dirige la mano hacia objetos específicos que le llaman su atención con el fin de agarrarlos. De los 4 a los 6 meses logra el agarre de los objetos de manera exitosa. De los 6 a los 8 meses se observa un acto casi compulsivo por agarrar los objetos que estén cerca de su alcance como si hubiera urgencia en practicar esta nueva acción fundamental para el progreso visomotor ulterior. A los 8 meses desarrolla prensión manual y es capaz de tomar los objetos utilizando independientemente el pulgar y el índice.
Evidencia proveniente de la neuropsicología, la electrofisiología y la neuroimagen apoya la independencia funcional de estos dos sub-sistemas visuales. El sistema ventral proporciona información detallada de las características de los objetos tales como su tamaño y forma. El sistema dorsal, por otro lado, trasforma la información visual en coordenadas para lograr conductas motoras coordinadas con la ubicación de los objetos.
Las lesiones occipito-parietales producen trastornos espaciales tales como simultagnosia, ataxia óptica, apraxia visual, negligencia espacial unilateral y akinetopsia. Mientras que lesiones occipito- temporales ocasionan alteraciones en el reconocimiento de objetos y rostros generando agnosias visuales para objetos y prosopagnosia (incapacidad para reconocer rostros) respectivamente.
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- 1 Funciones cerebrales superiores Note on Proceso visoespaciales , created by Laura Mendoza on 25/09/2017.
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- Laura Mendoza
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