Notes
Margoth
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Margoth salió de Cali por motivos de fuerza mayor hace 21 años sin saber mucho sobre su destino. Decidió migrar a Ecuador por sugerencia de un conocido con quien habló mientras le cortaba el pelo en la peluquería Laurita´s donde trabajaba. Pensó que podía dedicarse a la costura, pues es una labor que conoce de toda la vida. Según él, en dicho país hay buena oferta de uniformes por lo que habría trabajo. Ella no conocía la moneda, ni la cultura; había visto el dólar alguna vez pero no sabía su equivalencia. Llegó a Quito en bus en época de carnaval, pensando que así recibían a los colombianos o extranjeros, a punta de agua. Su siguiente destino fue Santo Domingo, donde consiguió un trabajo con pago de 60 dólares mensuales, de los cuales pagaba pieza de $15. A Colombia no podía volver, estaba de incógnita, con miedo.
Poco a poco se fue integrando, perteneció a un grupo de danza y afirma que no pensó irse a otro lugar ni regresar a su país. Su salida no fue planificada. Pasaron tres días desde su decisión hasta su partida, vendió su lavadora y con eso marchó. Le habían recomendado que se podría desempeñar en la costura, pues en Ecuador la gente gustaba del deporte y se comercializaban bien los uniformes. Luego de su estancia en Santo Domingo migró a Guayaquil, donde recibió a sus hijos, conoció gente, le fue mejor con las instituciones y se acopló mejor al alimento.
Fue duro amoldarse a la comida, a las maneras de hablar, de referirse sobre todo entre las personas. Al llegar tenía la idea de que encontraría gente de sombrero y trenza (otavaleños) que hablaban otra lengua y así serian todas las gentes. Ha pasado por gran dificultad para encontrar arriendo, pues es usual que le respondieran que no arrendaban a extranjeros, así mimo sucedió en la búsqueda de colegio para sus nietos. Afirma que se tiene la idea que la persona extranjera viene a quitar trabajo o al marido. Sin embargo, actualmente agradece porque le rinde el dinero, ha podido viajar con su familia e incluso ir a la playa, lo cual en Colombia es más difícil.
Sufrió actos de violencia constantes desde que llegó por prejuicios hacia colombianos. Cuenta que una señora le recriminó por unas tierras que según ella Colombia le quitó a Ecuador; o una vez que en su venta ambulante de "bolos" (Ella solo conocía el bonice y se le dificultaba recordar este nombre) se negaron a comprarle por ser colombiana, afirmándole que: "hasta bolos guerrilleros serán". En un siguiente trabajo, en restaurante donde sufrió acoso por parte del dueño del lugar, quien la asociaba con la fiesta, según ella por un estereotipo hacia las mujeres colombianas.
Ecuador la acogió “a trancasos pero la acogió”; actualmente vive al día, no se ha podido organizar bien. En Santo Domingo algún suceso hizo que perdiera lo que había reunido. Su experiencia de iniciativas o proyectos de acogida de población colombiana es variada, perteneció a un grupo de costura que pretendía ser una asociación de mujeres, este proyecto implicó altos costos y poca retribución. Aprendió también a hacer sandalias y en otros momentos hizo postres, este proceso tuvo momentos buenos que no fueron sostenibles pues se agotaba el capital y no tenía para continuar.
En relación con el contexto y las causas de migración a nivel mundial la sra. Margoth comparte que la situación económica global, malos gobiernos, escasez de alimento, altos costos educativos, discriminación por religión o por orientación sexual y sobre todo, la búsqueda de estabilidad económica son las razones principales que ella ubica. A nivel cultural reitera haber vivido estigmatización por ser colombiana, como si esto fuera sinónimo de prostitución, narcotráfico y guerrilla.
Actualmente ella, su familia y su grupo social cercano reúnen saberes manuales y culturales que pueden aportar en el territorio que les acoge, al movilizar la economía local y al fortalecer procesos sociales. Afirma que es imprescindible ser independientes de las “ayudas” o “bonos” institucionales, no quedarse esperando periódicamente lo que corresponda ni acostumbrarse a vivir con ello. Está en desacuerdo con que estos recursos muchas veces quedan en manos de personas jóvenes con suficiente habilidad y tal vez, no en manos de personas más necesitadas.