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Apuntes

DESCARTES

Paloma Sanchez Español 10 páginas

Contenido del apunte (10)

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DESCARTES

DESCARTES

ÍNDICE

Contexto cultural y filosófico

La filosofía de Descartes

2.1. El método

2.2. La duda metódica

2.3. La primera certeza y el criterio (res cogitans)

2.4. Las ideas

2.5. La existencia de Dios (res infinita)

2.6. La existencia del mundo (res extensa)

3. La relación con otra posición filosófica

4. La actualidad

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1. CONTEXTO CULTURAL Y FILOSÓFICO

En 1637 se publica en Holanda el Discurso del método para dirigir adecuadamente la razón y buscar la verdad en las ciencias. El contexto de la primera mitad del siglo XVII en la que vive Descartes, ayuda a explicar por qué éste cree necesario una obra que se ocupe del método y por qué defiende que el anterior “camino” al conocimiento debe abandonarse, buscando una certeza para sobrevivir a la crisis del momento.

Hacia la mitad del siglo XVI comienzan en Europa una serie de crisis, que recorrerán todo el siglo XVII, y que corresponden en el plano social con el desarrollo de la burguesía y en el plano ideológico con la necesidad que se experimenta de una nueva concepción del mundo basada en el concepto de Razón. Dicha crisis supuso la caída definitiva de los fundamentos de la Europa medieval, ya iniciada con el Renacimiento y el establecimiento de los nuevos pilares sobre los que se construirá la Europa moderna.

DESCARTES

También se va produciendo un cambio en la mentalidad y se manifiesta en el desarrollo del espíritu científico, desde los tiempos del Renacimiento. No obstante, el desarrollo del pensamiento cartesiano se enmarca en el proceso abierto en el Renacimiento con el antropocentrismo, la consolidación del humanismo y el desarrollo de la ciencia, que supuso la reacción contra los fundamentos de la escolástica y contra la autoridad de la fe como fuente de conocimiento. Se exalta el valor de la razón frente a la autoridad de libros y maestros, y se fomenta de esta forma el desarrollo científico.

Hacia la mitad del siglo va ganando terreno la mentalidad racionalista por influencia del cartesiano y se manifiesta en primer lugar en el campo de la astronomía con los descubrimientos de Kepler y Galileo y de la medicina con figuras como Harvey (que descubre la circulación de la sangre y los movimientos del corazón). Siguió el desarrollo de las matemáticas con figuras como Gassendi, Descartes, Leibniz, etc., y de la física que en esta época destaca Newton que descubre la ley de la gravitación universal. Estos descubrimientos llevan a una modificación de la concepción del mundo y ahondan el enfrentamiento entre los partidarios de la teoría de Aristóteles y los partidarios de las de Copérnico.

INVENTORES

El pensamiento de Descartes registra diversas influencias del ámbito filosófico de la época. La primera influencia viene del escepticismo que rechaza, y del estoicismo, que admite en sus reglas provisionales de la moral. La crisis y pérdida de referentes de la época trajo el escepticismo, que en Francia tenía sólidos representantes como Michel de Montaigne, que sostuvo la imposibilidad de encontrar nuevos referentes sólidos para alcanzar la verdad. Por lo cual la estrategia cartesiana empezará por vencer el escepticismo con sus propias armas transformando la duda escéptica en metódica.

Hay que resaltar la postura de Descartes ante la filosofía escolástica, ya que aunque la descalifica abiertamente, no es capaz de superar por completo algunos de sus conceptos y planteamientos. Sigue usando la noción de sustancia (res) para referirse al yo, como si el yo fuera una simple cosa, al modo del realismo aristotélico.

Filosóficamente, lo más notorio es la polémica entre el pensamiento racionalista continental (Descartes, Malebranche, Spinoza, Leibniz) y el empirismo inglés (Bacon, Hobbes, Locke, Hume), polémica centrada en el tema del origen del conocimiento. El racionalismo ve en el pensamiento la fuente principal del conocimiento humano. No hay ideas innatas y la mente está por naturaleza vacía, como una hoja en blanco en la que escribe la experiencia. Todos nuestros conceptos, incluso los más generales y abstractos, proceden de la experiencia.

El Discurso del Método, en su edición original de 1637, no constituye una obra independiente, sino que iba acompañada de tres tratados científicos, La Dióptrica, Los Meteoros y La Geometría. A esos tres tratados Descartes antepuso una extensa introducción, que viene a ser una especie de autobiografía filosófica. De las seis partes que configuran esta obra, tan sólo la primera, segunda y cuarta ofrecen mayor interés filosófico. En la primera parte “se hallarán diferentes consideraciones acerca de las ciencias”, aunque en realidad se sientan las bases de una nueva teoría del conocimiento. La segunda parte contiene las famosas cuatro reglas del método, precedidas por una crítica a la lógica clásica, y en particular al silogismo, que revela la ruptura de Descartes con el pensamiento metodológico tradicional. En la cuarta parte se exponen las ideas esenciales, indicándose cómo se llegó a la primera verdad – pienso, luego soy-, y cuál es la naturaleza de nuestra alma, para rematar con las pruebas de la existencia de Dios.

En la tercera expone Descartes su “moral provisional”. En la quinta, resume las cuestiones que contenía su tratado sobre “El mundo”. Y por último en la sexta y última parte nos dice el autor qué cosas juzga necesarias para proseguir en la investigación de la naturaleza y nos revela las razones que le impulsaron a escribir y a publicar la presente obra.

Otros títulos son las “Meditaciones metafísicas” (1641), los “Principios de la filosofía” (1644) y “Las pasiones del alma” (1649). Hay que añadir la obra póstuma, que por diversas razones nos da el Descartes más genuino: el “Tratado del hombre”, “Reglas para la dirección del espíritu”, (escrito en 1628 y muy importante para el estudio del método cartesiano), “Le Monde ou Traité de la lumiére”.

En el ámbito de la cultura observamos dos fenómenos opuestos: el Barroco y el Clasicismo.

El Barroco domina claramente la mitad del siglo y es netamente popular. Expresa la crisis rompiendo el equilibrio y la armonía renacentistas, exaltando el exceso y la desmesura. Los edificios se hacen más dinámicos mediante el aumento de la curvatura, las imágenes adoptan posturas forzadas y en pintura se resalta el contraste cromático. Todo es cambio, mutación, no hay nada estable. La realidad se reduce a apariencia.

El Clasicismo empieza a desarrollarse a partir de la segunda mitad, cuando Descartes ya ha muerto, de manera que será él quien le influya. Propugna la imposición de una ley y orden racional, claridad y la sencillez, que era lo que buscaba Descartes, frente a las distorsiones y excesos del Barroco. Rechaza la sensibilidad sobreexcitada del barroco y pretende el sometimiento de la imaginación a la razón.

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2. LA FILOSOFÍA DE DESCARTES

2.1. EL MÉTODO

¿QUÉ ES EL DISCURSO DEL MÉTODO DE DESCARTES? (Enclavar)

En el Discurso del método propone Descartes una significativa comparación: todo el saber de su época es como un edificio en ruinas que no merece la pena intentar restaurar.

Hay que derribarlo y construir uno nuevo. El proyecto cartesiano supone:

Una reconstrucción del saber desde sus mismas raíces, lo cual, incluye

La unificación de todas las ciencias en una sola.

Lo anterior es posible, ya que, según Descartes:

Existe un método universal, único para todas las ciencias.

Aunque existen ciencias distintas, todas ellas forman una unidad orgánica.

Podemos considerar a la filosofía de Descartes como una filosofía de la cautela, de precaución en no caer en los errores del pasado.

En la primera parte del "Discurso", la situación en la que se encuentra Descartes es la de un hombre perdido y desorientado. Pero, dado que el método que anda buscando Descartes no es un método particular para una ciencia concreta sino un método universal, es necesario adoptar algunas precauciones. La primera es evitar la ligereza, la segunda actuar con circunspencción y la tercera, no abandonar las opiniones previas hasta no haber terminado el proyecto de reforma y no haber descubierto el método adecuado. Descartes pretende analizar todas las opiniones y creencias que hasta ahora ha recibido, para comprobar, mediante su razón, si son verdaderas.

De ahí la enorme importancia que en esta época se le da al problema del método: antes de responder a la cuestión metafísica, busquemos la manera de no equivocarnos al responderla. Ello trae consigo que el problema del conocimiento ocupe ahora el primer plano en la filosofía. La metafísica y ontología cede el puesto privilegiado que tenía a la gnoseología.La metafísica y ontología cede el puesto privilegiado que tenía a la gnoseología.

El comienzo de la edad moderna se caracteriza por la búsqueda de un método nuevo, que venga a sustituir al que se había venido utilizando anteriormente, el silogismo aristotélico. Dicha búsqueda es la expresión de una situación de crisis, que se produce cuando cae la concepción del mundo hasta ahora vigente, y con ella su criterio de verdad y su método de investigarla. La concepción del mundo, el método y el criterio vigentes eran los de la escolástica (filosofía que imperaba en la Edad Media, que armonizaba en un sistema coherente de doctrinas las ideas paganas, con los dogmas cristianos. El criterio de verdad del que fundamentalmente se servían los escolásticos era el de autoridad (Aristóteles o la Iglesia decía esto, por lo tanto esto debe ser verdad...). Pero ahora la razón no reconoce más autoridad que ella misma.

Orígenes del método

Para determinar el método de investigación Descartes se fija en los tres saberes que le parecen más significativos:

La lógica

El análisis de los geómetras

El álgebra

Descartes destaca dentro de la filosofía, la lógica y en las matemáticas; el análisis y el álgebra. Descartes critica varios aspectos de cada uno de ellos.

De la lógica critica tres cosas:

La argumentación lógica (los silogismos) no sirve para aumentar el conocimiento, sino para explicar lo ya sabido, por tanto, es incapaz de descubrir verdades nuevas.

La lógica se puede utilizar, como hace Raimundo Lulio en su Arte General o Ars Magna, para hablar sin fundamento de lo que no se sabe.

La lógica está mal organizada, combinando reglas correctas y adecuadas, con otras inadecuadas o innecesarias. Bacon por su parte dirá en el Novum organum que sirve más para consolidar errores que para inquirir la verdad, y que es más perjudicial que útil. El método que usaban los escolásticos era el silogismo aristotélico, que consistía en deducir una conclusión a partir de una premisa general y de otra particular.

El análisis tampoco se puede convertir en el modelo que está buscando porque está constituido de forma casi exclusiva por operaciones a base de figuras.

El álgebra se centra sólo en el uso de reglas y cifras. La intención de Descartes es clara: “es preciso indagar otro método, que asimilando las ventajas de estos tres, estuviera exento de sus defectos”.

La razón, como facultad de distinguir lo falso de lo verdadero, es por naturaleza igual en todos los hombres, y por lo tanto lo que distingue a unos de otros es la manera –método- de usarla. De la unidad de la razón se deduce también la unidad del saber. Las ciencias están todas íntimamente ligadas entre sí, de modo que es más fácil aprenderlas todas juntas que una sola, y se extravía el que trata de conocer una sola ciencia diversificando su razón. De aquí también que sea tan importante encontrar un método adecuado.

Descartes dedica al método sus obras El Discurso del método y Reglas para la dirección del espíritu. Primero escribe las Reglas. El Discurso nos ofrece una síntesis del método en cuatro reglas concisas.

Definición de método

Es el conjunto de “reglas ciertas y fáciles, gracias a las cuales el que las observe exactamente no tomará nunca lo falso por verdadero y llegará, sin gastar esfuerzo alguno de la mente, sino siempre aumentando gradualmente la ciencia, al verdadero conocimiento de todo aquello de que sea capaz”.

Reglas del método

REGLAS DEL MÉTODO

¿En qué se inspiró Descartes para elaborar su método?

El método que lo inspiró fue el seguido por los geómetras. La matemática es la única ciencia que logra alcanzar demostraciones ciertas y evidentes. La confianza en la razón, mediada por el método de la ciencia, lo llevará a la búsqueda de un saber seguro, que le permitía pensar que no habría ninguna verdad tan alejada ni inasequible como para que el conocimiento humano no pudiera acceder a ella. Es el optimismo racionalista: la fe en la capacidad de la razón.

En su juventud, cuando abandona el colegio de la Flèche, se muestra descontento con lo aprendido, excepto con las matemáticas. Descartes sólo encuentra verdad en los conocimientos matemáticos.

Descartes considera que lo que hace verdaderos los conocimientos matemáticos es el método empleado para conseguirlos. No es que haya en las matemáticas una estructura que hace inevitablemente verdaderos sus conocimientos sino que es el método que utilizan los matemáticos lo que permite conseguir tan admirables resultados.

Si la razón es única, el saber es único, y debe haber un único método para alcanzar la sabiduría.

La aplicación del método a las matemáticas funciona de una forma brillante y Descartes se muestra ilusionado, obteniendo el primer éxito: la geometría analítica. Por ello, propone “aplicarlo con igual utilidad a dificultades propias de otras ciencias”. Por tanto, se debe aplicar el método a la filosofía, donde Descartes no encuentra “ningún conocimiento cierto”.

Con la aplicación del método a las matemáticas Descartes ha obtenido dos ventajas que puede generalizar a cualquier otro tipo de conocimiento:

Es un método racional, que sólo usa y en todo momento la razón.

Permite a la mente entender las cosas con más claridad y distinción.

La aplicación del método a la filosofía exige la determinación de los principios desde donde se ha de partir. Dice Descartes: hay que evitar nuevamente la prevención y la precipitación. El término "precipitación" viene a tener el mismo significado que antes, pero el término "prevención" probablemente sea más concreto, refiriéndose a los prejuicios filosóficos consistentes en dar explicaciones desde el aristotelismo dominante en las instituciones educativas de su época.

Establecer la certeza de los primeros principios será el objetivo de la Cuarta parte del Discurso. Pero tendría que emprender lo que se convertiría en el objetivo principal de su esfuerzo: la reforma de la filosofía, una reflexión serena y sistemática sobre los principios fundamentales de la filosofía.

El título de la cuarta parte del Discurso del método, “en la que se exponen las razones que permiten establecer la existencia de Dios y del alma humana, que constituyen los fundamentos de la metafísica”, resume el objetivo de esta parte y la consideraba como tarea fundamental ya que es “la raíz del árbol de la ciencia”

Descartes distingue tres esferas o ámbitos de la realidad:

Dios o Sustancia infinita (res infinita)

El yo o sustancia pensante (res cogitans)

Los cuerpos o sustancia extensa (res extensa).

Lo primero que hace Descartes es utilizar la regla del análisis con el fin de llegar a una verdad absolutamente segura. El procedimiento que usa es la duda. Se trata de una duda metódica, usada como medio para obtener la verdad. Además de metódica es una duda universal.

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2.2 LA DUDA METÓDICA

Para el Racionalismo el entendimiento ha de encontrar en sí mismo las verdades fundamentales (ideas innatas) a partir de las cuales sea posible deducir el edificio entero de nuestro conocimiento (ideal deductivo). Emprender la duda metódica es la única manera de fundar la filosofía sobre un cimiento sólido, sobre un principio que sea realmente indudable.

Radicalidad de la duda:

La duda es progresiva, pues en ella distinguimos cuatro niveles de amplitud y radicalidad, aunque el Discurso sólo expone tres. El cuarto no aparecerá hasta las Meditaciones metafísicas.

NIVELES DE AMPLITUD Y RADICALIDAD

Cuando la duda es más intensa, cuando no puede estar seguro de nada, alcanza la verdad del primer principio que estaba buscando.

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2.3. LA PRIMERA CERTEZA Y EL CRITERIO (RES COGITANS)

Esta duda radicalizada conduce a una primera verdad absoluta e inmune a toda duda: la existencia del propio sujeto que piensa y duda.

Esto es lo que expresa Descartes con su célebre “COGITO, ERGO SUM”, que es una verdad tan firme que ni las más extravagantes de las dudas escépticas podrían atentar contra ella. La duda puede alcanzar el contenido de mi pensamiento, pero no al pensamiento mismo. Puedo dudar de la existencia de lo que veo, imagino o pienso, pero no puedo dudar que lo esté pensando y que, para pensarlo, tengo que existir.

El cogito posee dos funciones:

Señalar el tipo ejemplar de proposición verdadera.

Preparar el camino para la radical distinción entre el cuerpo y el alma.

La existencia del sujeto pensante es una evidencia que está por encima de la existencia del cuerpo y del mundo puesto que puedo imaginar que no tengo cuerpo, pero hay algo que no puedo separar de mí, el pensamiento.

Lo único cierto con precisión es que yo soy una cosa que piensa, o sea, un “sujeto” cuyo ser es “pensar”, que es su naturaleza, esencia o atributo.

El yo es el alma, que define esencialmente al ser humano y, a su vez, el alma se define por ser pensamiento.

Análisis del yo pienso y consecuencias.

5 CONSECUENCIAS

El concepto de sustancia es fundamental en Descartes.

Una definición de sustancia es: una cosa que existe de tal modo que no necesita de ninguna otra cosa para existir.

Según esta definición, sólo podría existir una sustancia: la sustancia infinita o Dios, ya que los seres finitos, pensantes o extensos, son creados y conservados por Dios. Descartes reconoció que esta definición sólo puede ser aplicada de modo absoluto a Dios, pero el cogito es el primer principio en el orden subjetivo o del conocimiento de certezas. Descartes descubrirá que el yo depende de Dios, el primer principio en el orden del ser. La primera certeza encontrada es el yo, no Dios. El objetivo último de la filosofía cartesiana al afirmar que alma (pensamiento) y cuerpo (extensión) constituyen sustancias distintas es salvaguardar la autonomía del alma respecto de la materia. Porque la ciencia clásica, cuya concepción de la materia comparte Descartes, imponía una concepción mecanicista y determinista del mundo material.

La primera verdad y la primera certeza es también el prototipo de toda verdad y de toda certeza, es decir, es el criterio de todo lo que hayamos de considerar como verdadero en adelante. Aquí deduce Descartes su criterio de certeza: todo cuanto perciba con igual claridad y distinción que esta primera verdad, será verdadero y podré afirmarlo con toda certeza.

Hay una grave consecuencia que se deriva del planteamiento cartesiano: el encierro del sujeto dentro de sí mismo. Esto podríamos resumirlo con el término solipsismo.

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2.4. LAS IDEAS

El yo sólo existe como ser pensante, que tiene ideas. Aquí tenemos una proposición absolutamente verdadera por ser indudable y un criterio de verdad preciso y claro.

No le queda otro remedio que deducir la existencia de la realidad externa a partir de la existencia del pensamiento. Esta es la exigencia del ideal deductivo racionalista: de una primera verdad absoluta se han de extraer todos los demás conocimientos, incluido nuestro conocimiento de que existen realidades extramentales.

Para hacer esta deducción Descartes cuenta con dos elementos:

El pensamiento como actividad (yo pienso, cogito)

Las ideas que piensa el yo.

Pero, si digo: “yo pienso que el mundo existe”, aquí pueden considerarse tres factores:

El yo que piensa

El mundo como realidad externa al sujeto

Las ideas de mundo y de existencia que yo poseo, y sin las cuales no podría pensar que el mundo existe.

Las ideas, objeto de mi pensamiento

Dicho lo anterior, Descartes concluye que el pensamiento recae directamente sobre ideas, es decir, que el pensamiento piensa siempre ideas. Para Descartes el pensamiento no recae sobre las cosas (de cuya existencia no estamos seguros), sino sobre las propias ideas de las cosas.

Aquí la idea no es ya una lente transparente, sino una representación mental, algo así como una fotografía que contemplamos en nuestra mente. De ahí el problema, porque, ¿cómo garantizar que a la idea de mundo le corresponde la realidad mundo?

Las ideas como realidad objetiva y como acto mental

Descartes distingue dos aspectos en las ideas:

Su realidad formal en cuanto que son actos mentales o “modos del pensamiento”.

En cuanto que poseen un contenido objetivo, ser imágenes que representan cosas.

Todas las ideas tienen la misma realidad, pero en cuanto a su contenido objetivo su realidad es diversa y distinta porque representan seres con distintos grados de realidad.

Clases e ideas

Descartes distingue tres tipos de ideas:

Ideas adventicias, las que parecen provenir de nuestra experiencia externa. Por ejemplo, las ideas de hombre, de árbol, de los colores, etc.

Ideas facticias, las que construye la mente a partir de otras ideas. Por ejemplo, la idea de un caballo alado, de un centauro, de un unicornio, etc.

Ideas innatas (las más importantes), su origen es que el pensamiento las posee en sí mismo. Por ejemplo, pensamiento, existencia, Dios, extensión, etc.

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2.5. LA EXISTENCIA DE DIOS (RES INFINITA)

Descartes demuestra primero la existencia de Dios, porque en vez de sustentar el conocimiento de Dios en el conocimiento del mundo, sustenta el mundo en el conocimiento de Dios. Por eso es un filósofo idealista, porque admite como verdad primera la existencia de su propia consciencia y de sus ideas.

Así, pues, el próximo problema que tratará de resolver Descartes será el de la demostración de la existencia de Dios mediante tres argumentos: dos causales y el tercero ontológico.

La idea que poseo de un ser perfecto debe ser explicada y, con el primer argumento causal, Descartes demostrará que Dios es la causa de dicha idea, ya que sólo puede haber sido causada en el yo por un ser que tenga tanta realidad formal como realidad objetiva tiene su idea correspondiente.

Por ejemplo, la idea de ser bueno no puede estar causada por lo que carezca de bondad. Ahora bien, la sustancia pensante es imperfecta porque duda. Pero entre sus ideas se encuentra la idea de ser perfecto. ¿Cuál es, entonces, el origen de esa idea?

Dios causa mi idea de ser perfecto. Analizando las ideas de cosas que se me presentan como existentes fuera de mí, puedo suponer que han sido inventadas por el yo, porque no hay en tales ideas un grado de perfección superior al que hay en el yo. Por tanto, si esas ideas son verdaderas, su causa puede ser el yo. Si las ideas son falsas, la causa también puede ser el yo en cuanto que es imperfecto y puede equivocarse.

Pero, hay dos razones que impiden que la idea de ser perfecto sea facticia:

El yo no tiene un grado de perfección suficiente para inventarla

El yo tiene carencias

Por tanto, la causa de esas ideas, el ser perfecto, existe.

El punto de partida del segundo argumento causal va a ser el “yo que posee ideas de perfecciones”.

Si yo soy imperfecto, pero poseo ideas de cosas perfectas (ser infinito, eterno, inmutable….), entonces tiene que existir una causa que me haya hecho con tales ideas. Esa causa tiene que ser Dios.

Si yo fuera causa de mí mismo, no me hubiera creado sólo con las ideas de perfecciones tales como la eternidad, la omnisciencia…, sino que también me hubiera dotado de tales rasgos, pues es mejor tener esas perfecciones que sólo sus ideas.

Así, puesto que no tengo esas perfecciones pero tengo sus ideas, Dios es mi causa y, por tanto, existe.

Demostrada la existencia de Dios, Descartes deduce su naturaleza o esencia, sin olvidar que Dios no es completamente cognoscible por mí, pues mi entendimiento es finito.

Por otro lado, el hombre es un ser compuesto de alma y cuerpo, pero toda composición denota dependencia e imperfección.

Por tanto, Dios, que es un ser perfecto, será un ser simple, de manera que el resto de sustancias, lo imperfecto, es una continua creación divina.

El tercer argumento es una reformulación del argumento ontológico de San Anselmo de Canterbury en relación con las demostraciones de la geometría.

El criterio de verdad garantiza la verdad de la demostración, no la existencia del objeto. No hay nada en la definición de triángulo que exija su existencia. Lo mismo podría decirse de cualquier otra rama de las matemáticas.

Crítica a la doctrina escolástica del conocimiento

Una vez demostrada la existencia de Dios, Descartes afirma que no sólo el alma, sino también Dios, es más fácil de conocer que lo sensible. El yo conoce con certeza su existencia y la de Dios sin tener certeza de la existencia del mundo ni de su cuerpo.

Por tanto, la idea de Dios y del alma no son adventicias, son innatas.

Si aplicaran el método, se darían cuenta de que sus sentidos no ofrecen un conocimiento cierto, pues caen bajo los motivos de la duda.

La doctrina tradicional de la escolástica decía que el conocimiento de Dios por la sola razón estaba reservado a unos pocos, tras múltiples esfuerzos y con grandes errores. De ahí la necesidad de la Revelación. Descartes piensa exactamente lo contrario, puesto que la idea de Dios es una idea clara y distinta, lo que trajo ataques que recibía tanto de las instituciones eclesiásticas como de algunas universidades de Francia y Holanda. Tras esto, responde con una crítica muy dura, que no es sino el aristotelismo escolástico.

Descartes acusa a los defensores de esta teoría de ser poco racionales, de usar más la imaginación que el entendimiento. Tienen dificultad en conocer a Dios y la naturaleza del alma, porque se han equivocado de facultad cognoscitiva.

En todo conocimiento, sea el que sea, para que haya certeza tiene que haber una presencia del entendimiento.

Deducción de la existencia del mundo

En la tercera deducción metódica Descartes deduce que, como Dios es un ser perfecto y veraz, todo lo que proviene de Él, en cuanto nos ha creado, o sea, el mundo y la mente, es verdadero. Asimismo son verdaderas las ideas de la mente y es válido el criterio de certeza, porque Dios no nos ha podido construir mal; eso iría contra la idea de un Ser Perfecto.

Lo primero que hace Descartes es fundamentar la certeza del conocimiento sensible. Otra prueba de que Dios y el alma son mejor y más fáciles de conocer que lo sensible es que su conocimiento necesita del conocimiento de Dios. Descartes no ha encontrado todavía ninguna razón que haga indudable la existencia del mundo, incluido su cuerpo. Posteriormente va a demostrar por qué sólo la certeza de Dios puede garantizar la certeza de las ideas adventicias.

En segundo lugar, tampoco es válido el criterio (la regla) antes aludido de la claridad y la distinción, si no se admite la existencia de Dios que, como ser perfecto, no nos ha podido construir mal. Aquello que no es claro y distinto sino obscuro y confuso, no ha sido creado por Dios y proviene de la nada.

El método de Descartes, avanza desde el conocimiento de la existencia del sujeto mismo hasta el conocimiento de la existencia de un Dios que no nos engaña. Por lo tanto, si las pruebas de Descartes sobre la existencia de Dios no son válidas, todo su esfuerzo cae por tierra.

Sin embargo, el problema no se reduce a que las pruebas que aduce Descartes para demostrar la existencia de Dios sean de dudosa validez: en toda esta cuestión subyace una dificultad estructural más grave. Para demostrar la existencia de Dios hemos de partir de ciertos axiomas o premisas. Una vez demostrada la existencia de Dios, esto no constituye ningún problema. Descartes puede sostener que Dios, al ser perfecto y bueno, no puede habernos dado una mente sujeta a error acerca de materias que cree percibir con la máxima claridad.

Desde el comienzo mismo la empresa cartesiana se encuentra amenazada por un siniestro círculo vicioso: no podemos confiar en nuestras ideas claras y distintas hasta saber que Dios existe; pero no podemos demostrar la existencia de Dios si no nos fiamos de nuestras ideas claras y distintas.

En tercer lugar, la existencia de Dios también fundamenta el conocimiento matemático. Esta fundamentación es consecuencia de la anterior fundamentación del criterio de certeza. Los matemáticos se caracterizan por formular ideas "muy distintas" y precisas.

En cuarto lugar, la existencia de Dios fundamenta la existencia del mundo. Descartes dice que nuestro conocimiento del mundo sensible no sólo es erróneo porque, cuando dormimos, solamos representarnos los objetos durante el sueño con la misma forma que cuando estamos despiertos. También despiertos nuestros sentidos externos nos llevan a error.

Lo importante para el conocimiento del mundo es que aquello que conocemos se ajuste a la evidencia de la razón. Descartes recalca que los pensamientos han de ajustarse a la razón.

Y pone dos contraejemplos:

La representación del tamaño del sol, que es una idea adventicia.

La representación de una quimera, que es una idea facticia, fabricada por la imaginación.

Para Descartes el mundo existe, pero no tal como nos lo ofrecen los sentidos, sino tal como lo entiende la razón.

Las más importantes son las ideas innatas, porque nos dan un conocimiento claro y distinto, perfectamente ajustado a las exigencias de la razón. A continuación, las ideas adventicias, que pueden tener claridad pero no distinción. Por último, están las ideas facticias, cuya claridad depende de la imaginación y carecen de existencia real, como la idea de una quimera.

No es posible que Dios, que es la Suma Verdad, nos pueda engañar.

Luego el mundo existe.

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2.6. LA EXISTENCIA DEL MUNDO (RES EXTENSA)

Por último, quedaba por justificar la existencia del mundo.

La demostración de la existencia del mundo o cosas materiales será fácil: puesto que Dios existe y es infinitamente bueno y veraz, no puede permitir que me engañe al creer que el mundo existe, luego el mundo existe.

Utilizando la regla de la evidencia, con las características de claridad y distinción, tenemos que admitir como cualidades objetivas de los cuerpos la extensión, el movimiento, la figura, la situación, la duración. A estas cualidades propias de los cuerpos –las llamadas por Galileo cualidades primarias- Descartes las considera realmente como propiedades de las realidades corpóreas.

Dios sólo garantiza la existencia de un mundo constituido exclusivamente por la extensión y el movimiento (cualidades primarias). Este mecanicismo incluye tanto a los cuerpos inorgánicos como a los orgánicos: las plantas, los animales e incluso el mismo cuerpo del hombre son como máquinas, que se rigen por las leyes universales y necesarias del movimiento.

DESCARTES

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3. RELACIÓN CON OTRA POSICIÓN FILOSÓFICA

La filosofía de Ortega se construye frente al modelo de razón propuesto por el racionalismo de Descartes.

Lo hace en dos frentes:

En su oposición a la importancia concedida por Descartes al sujeto del conocimiento

En su oposición a la sobrevaloración cartesiana de la razón frente a la vida

De estas oposiciones y de las que también desarrolla Ortega a otras posturas filosóficas, surgirán sus doctrinas perspectivística y raciovitalista.

Ortega, considerando las líneas esenciales de la historia de la filosofía, considera que ésta ha transcurrido por dos etapas, que surgen como respuestas diferentes ante la relación entre razón y ser, entre lo subjetivo y lo objetivo: realismo e idealismo.

La postura realista es la perspectiva general que la filosofía adopta desde sus orígenes, en la Grecia del siglo VI a.C., hasta el Renacimiento europeo. En términos generales, consiste en conceder primacía, independencia y capacidad de imposición a las cosas sobre el hombre, es decir, el realismo es una filosofía que se construye exclusivamente en torno a las cosas.

Por el contrario, la postura idealista (que es impulsada de modo ejemplar por Descartes) es la nueva actitud vital y filosófica que transcurre desde el Renacimiento hasta el siglo XX. Surgió en su momento como una crítica y superación del realismo; así, frente a la primacía que el realismo le otorga a las cosas, para el idealismo será la razón, el sujeto humano (el cogito de Descartes), quien protagonice la relación hombre mundo. Es decir, el idealismo es una filosofía que se construye exclusivamente en torno al sujeto.

Frente a este antagonismo, para Ortega lo auténticamente real es el yo y las cosas, un yo permanentemente referido a las cosas, actuando con y sobre ellas, preocupado por ellas, pensando en ellas. Además, las cosas no son algo ajeno al hombre, al yo, sino que forman parte de su vida, como obstáculos o circunstancias que nos favorecen o nos suponen trabas, gratificándonos o haciéndonos sufrir. Ese encuentro, relación y trato entre el yo y las cosas es lo que Ortega entiende por “vida”. Lo auténticamente real es el yo y las cosas, constituyentes inseparables de la vida. Por ello, la vida es la realidad radical, es el “absoluto conocimiento”.

Tanto el realismo como el idealismo caen en el mismo error, son la cara y cruz de la misma falsa moneda, al ignorar la vida como realidad radical, como coexistencia en un mismo plano del yo y las cosas, de lo subjetivo y lo objetivo.

En concreto, el racionalismo cartesiano, verdadero iniciador del subjetivismo, disuelve el mundo exterior a favor del yo, de la “sustancia pensante”. Para Ortega, no puede existir el yo sin las cosas, sin mundo. No puedo hablar de las cosas sin el yo, pero tampoco puedo hablar de un yo sin las cosas.

Por ello, el idealismo cartesiano es una filosofía que “va contra la vida”.

DESCARTES

Para Ortega, la vida es un continuo intercambio entre el yo y la circunstancia, un intercambio dirigido por la razón, hasta el punto de que, para Ortega, vivir es razonar.

Para él, ni es válida la postura del racionalista dogmático, para el que la verdad es una, la suya, y pretende imponerla a los demás; ni tampoco es válida la del escéptico, que, ante la variedad de opiniones, concluye que no hay ninguna verdad.

En este punto, la posición correcta es otra: la verdad tiene muchas caras, y dependiendo de la perspectiva desde la que miremos, nos ofrecerá aspectos distintos; de ahí que Ortega afirme que “la sola perspectiva falsa es la que pretende ser la única”.

Dicho de otro modo, lo falso es la utopía, la verdad no localizada, vista desde “lugar ninguno”. Y éste es el principal error que comete Descartes en su concepción de la verdad, “error inveterado” lo llama Ortega, el ignorar el carácter plural e histórico de la verdad, la cual no puede ser ajena a la perspectiva vital e histórica desde la que se la concibe.

En definitiva, para Ortega, no podemos adoptar, como hizo Descartes, un criterio de verdad abstracto como el de la Historia de la Filosofía Descartes 26 evidencia, pues la verdad no se construye desde la razón lógico-matemática, sino desde una razón vital.

Ortega también se opone a la concepción de la razón presente en Descartes. Así, el raciovitalismo, que supone la madurez filosófica de Ortega al suponer una evolución y concreción de su doctrina perspectivística, supone una reflexión sobre las perspectivas radicales en las que el ser humano está situado: la perspectiva de la razón y la de la vida. Ortega se propone, a través del concepto de “razón vital”, superar la dicotomía a la que se había llegado al concebir la razón como fundamento de la verdad, del conocimiento, de la objetividad, frente a la vida, que representaría lo particular, lo mutable, lo irracional, el deseo, la pasión. Para Ortega, razón y vida, no es que sean irreconciliables, sino que, al contrario, son inseparables.

Ortega desarrolla también una crítica a las doctrinas que se han centrado sólo en la vida o sólo en la razón. En concreto, Ortega se ve forzado a criticar el vitalismo a favor de la vida, entendida ésta como una vida que no puede ser vivida sin la razón.

En definitiva, el planteamiento de Ortega, frente al de Descartes, busca un nuevo fundamento para la reflexión filosófica. La filosofía, si quiere ser auténtica guía de la vida, no puede construirse más tomando como referencia una razón abstracta, que tome como modelo el saber matemático; ha de hacerse desde la propia vida e historia humanas, y ése era, precisamente, el tema de su tiempo, a juicio de Ortega.

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4. LA ACTUALIDAD

El Discurso propone un método y un criterio de verdad que son herederos de las matemáticas y de esta forma todas las ciencias conseguirán una certeza semejante.

La matematización es una característica que desde entonces ha impregnados casi todos los ámbitos de la ciencia occidental. El conocimiento de las cosas se consigue cuantificándolas.

El desarrollo de las ciencias sociales y humanas (sociología, economía, psicología, etc.) también se explica como consecuencia de la nueva visión del ser humano que vino con el cartesianismo.

Pero la matematización por sí sola no hubiera propiciado el desarrollo científico si no hubiera ido acompañada por la autonomía de la razón. Pero la modernidad ha perdido el optimismo racionalista y el hombre contemporáneo ya no cree poseer una razón tan poderosa como para afirmar de modo claro y distinto la existencia de Dios, es decir, el racionalismo optimista ha desembocado en un racionalismo agnóstico.

Las demostraciones de la existencia de Dios han caído en desuso. Se considera que no es posible demostrar la existencia de Dios ni desde la ciencia ni desde la filosofía; la ciencia porque su propio método se lo impide. El argumento causal yerra al saltarse la serie ilimitada de causas y suponer una Causa Primera, que es una causa incausada. El argumento ontológico se equivoca en su punto de partida: la idea de Dios en la mente.

El dualismo antropológico. El problema mente-cuerpo es una de las cuestiones más interesantes en la filosofía contemporánea.

Las posiciones dualistas han suavizado sus compromisos metafísicos; de hecho es difícil encontrar hoy día algún defensor del dualismo clásico o dualismo de sustancias.

Existen otras formas de dualismo que se conocen como dualismo de propiedades, que pretenden ser compatibles con los postulados de las ciencias físicas y con las neurociencias.

Podemos distinguir entre:

Propiedades físicas de cerebro (capacidad para establecer enlaces neuronales, la química que subyace a la actividad cerebral...)

Propiedades mentales. Defensores de esta posición serían Jerry Fodor, H. Putnam (al menos en una de sus etapas), J. Searle, y todos aquellos filósofos que se encuentran cómodos dentro de las posiciones funcionalistas y la Teoría Computacional de la Mente.

Existen posiciones fisicalistas, que se oponen a esa distinción entre propiedades mentales y físicas. Estas posiciones se definen como reduccionistas.

La Teoría Neurocomputacional de la Mente, vinculada a los modelos conexionistas desarrollados en el campo de la I.A.

La doctrina filosófica que se suele asociar a ella, el Materialismo Eliminativo desarrolladas entre otros por Paul y Patricia Churchland, conforman la posición reduccionista en Filosofía de la mente.

Una encajaría bien en el modelo de ciencia en el que Descartes pensaba.

Este modelo de ciencia, en jerga filosófica actual podría reconocerse como una posición reduccionista. Considerar al universo, incluso al ser humano como un complejo mecanismo era algo hacia lo que apuntaba la física mecanicista.

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Apunte sobre DESCARTES, creado por Paloma Sanchez el 22/02/2019.
Creado por
Paloma Sanchez · feb 2019
Actualizado
23 mar 2019
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