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MAPA 10 FILOSOFIA
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7.4 CREACIÓN DE LA OBRA
7.4.1 Creación y delirio
7.5 RECEPCIÓN DE LA OBRA
7.5.1 El arte y sus posibles efectos
7.5.2 Arte y moral
7.4.3 Más allá del creador
7.4.2 El genio creador
Históricamente el debate sobre la creación y el yo creador se ha desarrollado en dos extremos: “racionalidad” e “irracionalidad”. A partir de ellos se defiende con igual fuerza y contundencia que la creación es un acto racional, consciente y planificado; o bien que se lleva a cabo desde un estado alterado de conciencia y gracias a la inspiración. Esto conduce a preguntar si la obra es producto del delirio o de la razón.
7.5.3 Sobre la interpretación y la obra
7.5.4 Sobre la interpretación y el receptor
se considera al artista como un marginado social y un inspirado recubierto por un halo de grandeza. La asociación delirio-creación no surge ni es exclusiva de la sociedad contemporánea.
Para los griegos, el poeta estaba inspirado por la divinidad, las Musas, y a esto se le consideraba un tipo de locura o delirio.
Así, para los griegos, no todo delirio tiene una connotación negativa, menos aún si éste es producido por la divinidad.
se considera al artista como un marginado social y un inspirado recubierto por un halo de grandeza. La asociación delirio-creación no surge ni es exclusiva de la sociedad contemporánea.
Dentro del sistema kantiano, lo bello no pertenece al ámbito del conocimiento ni al de la moral; por ende, se trata de explicar el arte más allá de estos dos ámbitos. Lo bello es distinto de lo bueno y de lo verdadero.
Crear sería algo así como “dejarse llevar” pero, ¿por qué o por quién se deja uno llevar?
A esto se opone la tesis del control sobre los pensamientos, del poder decidir qué y cómo lo pienso, de planearlo y organizarlo, de pretender que la propia conciencia es la única autora de los pensamientos. Hasta cierto punto, el control de sí mismo sería lo racional, mientras que estar fuera de sí sería lo irracional.
El tema de la inspiración es recurrente a lo largo de la historia y representa casi siempre una oposición entre razón y delirio.
Quizá lo más relevante del problema de la inspiración es la afirmación de que la propia razón o la propia conciencia no bastan; cuando se crea, hay algo que rebasa lo que tradicionalmente se ha denominado el “yo” o la “conciencia”.
¿Qué es el arte? Aquello producido por el genio. Esta respuesta de Kant deja ver que la pregunta por el arte se responde aludiendo al creador y ya no a la obra.
Para Kant el artista es un genio que “nace, no se hace”, es un elegido de la naturaleza, un “médium” a través del cual “la naturaleza le da su regla al arte”.
Si Kant termina apelando al genio creador es porque ésa es la manera en que puede dar cuenta de la libertad del arte y de su exceso de sentido y significación, lo que impide circunscribirlo en los estrechos límites que el mismo Kant había delineado para el conocimiento en la Crítica de la razón pura.
Es posible sostener que la obra de arte requiere del conocimiento de la técnica para ser elaborada (eso ya lo decía Platón: no basta el delirio, sin técnica no puede haber arte). Desde esta perspectiva, no basta esperar la inspiración para hacer una obra, lo que implicaría pensar que el artista no trabaja metódicamente ni es un estudioso, tampoco se esfuerza, sino que, de repente y de la nada, le vienen las ideas y en un instante crea una magna obra.
El problema de la creación de la obra conduce directamente hacia el tema de la recepción, que constituye la tercera perspectiva para abordar el “fenómeno estético”. La primera fue la obra de arte; la segunda, la creación.
La obra, así vista, es el puente que permite la comunicación entre el autor y el receptor. De ahí se sigue que comprender la obra es comprender a la persona que la creó, como si el arte estuviera conformado de fragmentos de biografías. Desde esta perspectiva, la comprensión del autor y la reconstrucción de su mente por parte del espectador es fundamental para interpretar el arte
Desde cierto horizonte de reflexión se considera que el artista vuelca su subjetividad en la obra y que ésta es el receptáculo de sus afectos y emociones, de sus pasiones e ideas. La obra le pertenece al artista puesto que es él mismo transpuesto o convertido en arte. De ese modo, leer Don Quijote de la Mancha es encontrarse cara a cara con Cervantes, y escuchar una pieza de Chopin es sentir la tristeza del compositor
El artista es el vehículo de los sentimientos y el pensamiento de una cultura, de la humanidad misma, ya que el individuo no está autoconformado, no se da un ser a sí mismo. En todo caso, su ser es el resultado de la interacción con el mundo y con los otros. Esto es justo lo que se manifiesta en el arte: no una individualidad, sino una colectividad
Lo fundamental es la obra misma y, por supuesto, la historia, el contexto, la comunidad, el espíritu de un pueblo.
el tema del arte no se agota en el problema de la obra ni en el del autor, sino que además apunta necesariamente hacia la recepción, pues el arte no está simplemente ahí, sino que es recibido por un espectador. Reparar en el espectador es hacerlo simultáneamente en los efectos y en la incidencia de la obra, los cuales no son irrelevantes.
Tan fuerte puede ser el efecto del arte en el espectador que el Estado se preocupa por censurar aquello que no considera “conveniente” para su ciudadanía
Si se prohíbe el arte es porque se teme el efecto que pueda tener. Este temor va acompañado de una humillante desconfianza por parte del Estado y de ciertos grupos de poder hacia las personas, ya que se decide y elige por ellas qué pueden ver, leer o escuchar
En la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos se establece lo siguiente:
Artículo 6°. La manifestación de las ideas no será objeto de ninguna inquisición judicial o administrativa, sino en el caso de que ataque a la moral, los derechos de tercero, provoque algún delito o perturbe el orden público; el derecho a la información será garantizado por el Estado
Artículo 7°. Es inviolable la libertad de escribir y publicar escritos sobre cualquier materia. Ninguna ley ni autoridad puede establecer la previa censura, ni exigir fianza a los autores o impresores, ni coartar la libertad de imprenta, que no tiene más límites que el respeto a la vida privada, a la moral y a la paz pública. En ningún caso podrá secuestrarse la imprenta como instrumento del delito.
La poesía representa acciones que pueden ser objeto de un juicio moral, es decir, que pueden ser consideradas como moralmente buenas o malas.
Ciertamente, el arte influye en el espectador
es posible afirmar que la fuerza y el impacto que puede tener una obra en el espectador se debe al poder de ilusión del arte, a la capacidad de hacer parecer y aparecer hasta el punto de alcanzar a construir un “heterocosmos”, es decir, un mundo diferente a aquel en el que se desarrolla la existencia cotidiana.
La obra de arte irrumpe en la cotidianidad, abre y funda tal heterocosmos en el cual se inserta el espectador; aunque, más que insertarse, el espectador es absorbido por la representación.
El espectador no se mantiene al margen ni contempla desinteresadamente; por el contrario, sufre y se conmueve, se regocija o se acongoja, emite juicios morales, estéticos y epistémicos.
El espectador piensa y siente aquello que se representa en la obra y lo hace desde el universo de creencias y valores que posee; esto es, todo espectador se enfrenta a la obra desde la visión del mundo que lo constituye, la cual, gracias a la mimesis, es puesta en cuestión y en consideración. Enfrentarse a la obra es, en ese sentido, enfrentarse con uno mismo.
Si la obra abre y funda un heterocosmos es difícil sustentar una neutralidad moral, incluso si se trata de pintura abstracta, pues ésta puede despertar pasiones y afectos. El espectador reacciona frente a la obra también moralmente, pues no puede evitar hacer valoraciones y juicios. Si lo evitara, entonces no se dejaría llevar por la representación, sino que mantendría una distancia y rompería la ilusión del mundo de ficción
¿Qué sucede cuando nos enfrentamos a una obra? La obra está ahí a la espera de que el espectador acepte el desafío que le presenta, esto es, la obra pide ser comprendida e interpretada, pues, como señala Gadamer, el texto sólo existe en su lectura. La obra sólo alcanza su cumplimiento, su realización, en la interpretación.
la obra es inseparable de sus interpretaciones, y desde ahí se puede postular, como señala Ricoeur, que “explicar más es comprender mejor”. Esto es, que la obra, lejos de ser apreciada inmediata y espontáneamente por el espectador y sin requerir ningún conocimiento previo, se le presenta al intérprete como un desafío para el cual ha de adquirir aquellos conocimientos que le permitan comprenderla.
En esto coinciden muchas estéticas contemporáneas: la obra está abierta y a la espera de las transformaciones que provendrán de la recepción. La recepción, por su parte, es plural, multívoca e histórica, y se revela tan inagotable como la obra misma.
Parafraseando a Gadamer, podemos afirmar que la obra de arte siempre es más: más de lo que el autor la hizo ser, más de lo que la obra es por sí misma, más de lo que cualquier interpretación pueda decir sobre ella; es un fenómeno abierto, inabarcable y que deviene constantemente.
En la Crítica del juicio, Kant afirma que el juicio de gusto no dice nada sobre el objeto, sino sobre el sujeto que lo emite, es decir, que cuando alguien dice “X es bello”, no está realizando ninguna afirmación sobre “X”, sino sobre sí mismo. El marco principal del juicio de gusto kantiano no es el arte, sino la naturaleza.
Para Schiller el juicio también se vuelca sobre el sujeto, sólo que, en su caso, el problema central ya no es el conocimiento; para él, aquello que le hace frente al espectador en el objeto bello es la apariencia de libertad.
Por otra parte, para Hegel la obra de arte es la manifestación de un pueblo, de una cultura. En el arte expresamos lo que somos, lo que hemos sido, lo que hemos querido ser. Para este autor, el presente no se forma ni se comprende al margen del pasado, pues lo que es hoy depende de lo que ha sido.
el arte es, para muchas filosofías, el espejo más íntimo de lo humano
El arte abre y funda distintas visiones del mundo. Comprender aquellas con las que no concordamos es también comprender lo que somos.
siguiendo a Gadamer, toda acción de comprender es un comprenderse; el arte es creación y comprensión del mundo, creación y comprensión de nosotros mismos.
Como dijo María Zambrano en su ensayo Misericordia: “Todo puede suceder, porque nadie sabe nada, porque la realidad rebasa siempre lo que sabemos de ella, porque ni las cosas ni nuestro saber acerca de ellas está acabado y concluso, y porque la verdad no es algo que esté ahí, sino al revés: nuestros sueños, nuestras esperanzas pueden crearla.”
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- Quinto Derecho Flowchart on MAPA 10 FILOSOFIA, created by Jocabeth Davalos on 04/09/2022.
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