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tema 1 Platón

Valen Bologna filosofia Selectividad Spanish 1 page

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III. El ser humano

La teoría platónica del conocimiento y su teoría política presuponen una concepción del ser humano -

una antropología- , en especial una doctrina del alma.

Los presocráticos fueron materialistas. Para ellos el ser humano era un cuerpo animado por un alma -

principio de vida- también material. La única excepción son los pitagóricos, y en ellos parece inspirarse

Platón, quien defiende una concepción dualista: el ser humano se compone de un cuerpo (material y mortal)

y un alma (inmaterial e inmortal), aunque a veces dice que "el ser humano es su alma".

La doctrina platónica sobre el alma es bastante fluctuante y recurre con frecuencia a mitos o a explicaciones

simplemente probables. Establece una división tripartita del alma, expresión, quizá, de los conflictos éticos

y psíquicos que el ser humano experimenta en sí mismo:

1. el alma racional (nous, logos), inmortal, inteligente, de naturaleza "divina" y situada en el cerebro;

2. el alma agresiva (thymós), fuente de pasiones nobles, situada en el tórax e inseparable del cuerpo

(por tanto, mortal);

3. el alma apetitiva (epithymía), fuente de pasiones innobles, situada en el abdomen y también mortal.

Esta teoría del alma es también de algún modo dualista: hay una parte inmortal del alma, y el resto es

mortal y ligado al cuerpo. Según el Timeo, el alma racional ha sido creada directamente por el Demiurgo con

los mismos elementos que el Alma del Mundo. Se afirma así su inmortalidad y su carácter "divino", es decir,

su similitud con el Mundo de las Ideas (lo que le da la posibilidad de conocerlas).

La inmortalidad del alma es una de las doctrinas fundamentales de Platón, y constituyó una novedad

filosófica. Platón dedica su diálogo Fedón a hacer la demostración. Sin embargo, él mismo reconoce que sus

argumentos no son sino probables y que no disipan todas las dudas. Lo mismo sucede con la doctrina de las

reencarnaciones sucesivas del alma.

En cuanto al cuerpo humano, Platón mantiene una concepción bastante peyorativa: el cuerpo es un estorbo

para el alma, la arrastra con sus pasiones y le impide la contemplación de las Ideas. Por eso, lo mejor que le

puede pasar al filósofo es morir, y la filosofía no es sino una "preparación para la muerte". En el Fedro la

unión del alma con el cuerpo se presenta como castigo por algún pecado, y es concebida como una unión

puramente accidental (como el piloto en la nave o el músico con su instrumento). En el Timeo el cuerpo, en

cambio, es concebido menos peyorativamente, y Platón afirma que puede estar en perfecta armonía con el

alma.

¿Cómo llega el filósofo a conocer las Ideas? La posibilidad de este conocimiento se basa en tres aspectos

esenciales de la teoría de las Ideas:

1. las cosas imitan o participan de las Ideas;

2. el alma - que es inmaterial o espiritual- es una realidad intermedia entre las cosas y las Ideas,

3. las Ideas están jerarquizadas, de tal manera que las de rango inferior "participan" de las superiores,

y todas ellas de la Idea del Bien (por ejemplo, las Ideas matemáticas participan de las Ideas

estéticas: son "bellas"). Tal será el fundamento de la teoría platónica del conocimiento.

Las formas de acceder a las Ideas son tres:

1. La reminiscencia o anámnesis

Según Platón, conocer es recordar (anámnesis). Esto supone que el alma tuvo que conocer las Ideas en

una existencia anterior "separada" del cuerpo y que dado que las cosas "imitan" a las Ideas, el

conocimiento sensible sirve como ocasión para el recuerdo.

2. La dialéctica

La teoría de la reminiscencia desaparece de los diálogos platónicos posteriores. ¿Fue abandonada por

Platón? Sea lo que fuere, toda la atención se concentra ahora en la dialéctica, la cual en los primeros

diálogos no es sino el método socrático de preguntas y respuestas. Pero a partir de la República experimenta

una notable transformación: se convierte en el procedimiento por el que el filósofo accede al "mundo

inteligible" y conoce cómo las Ideas se encuentran relacionadas entre sí.

Al final del libro VI de la República Platón explica con cierto detalle en qué consiste la dialéctica,

estableciendo la diferencia radical entre el modo como proceden el matemático y el dialéctico. Las

matemáticas emplean un método discursivo descendente: parten de una hipótesis y deducen conclusiones,

ayudándose de imágenes visibles (dibujos de figuras geométricas). En cambio, la dialéctica emplea un

método discursivo ascendente: las hipótesis son - y ése es su sentido etimológico: "peldaños" (algo su-

puesto, "puesto- debajo")- aquello en lo que el dialéctico se apoya para "llegar a un principio no hipotético". Y

para ello no recurre en absoluto a imágenes. Parte de una Idea y asciende hasta la Idea suprema. Ello

supone que el Mundo de las Ideas se encuentra jerarquizado, y que la Idea suprema es el primer "principio"

cuyo conocimiento hace verdaderamente inteligibles las demás Ideas. En la República esta Idea es la Idea

del Bien (la cual es, así, "el sol del mundo inteligible"). Finalmente, el dialéctico emprende el camino inverso:

desciende desde la Idea suprema encadenando con ella todas las demás Ideas. De este modo, el dialéctico

consigue establecer la comunicación y la trabazón entre las Ideas, adquiriendo una "visión sinóptica" del

Mundo inteligible.

En realidad, Platón no nos dice cómo se llega a conocer las Ideas. Únicamente dice que el alma tiene

capacidad para ello, y que se trata únicamente de "aprender a mirar en la buena dirección". Y que como hay

que prepararse para una ascensión, las matemáticas son el "preludio de la melodía que hay que aprender".

En efecto, "dan un fuerte impulso hacia la región superior", ya que arrancan del mundo del devenir e

introducen en la contemplación de objetos inteligibles. Sin embargo, el matemático todavía está atado a las

imágenes sensibles. Abandonarlas y penetrar en el mundo de las Ideas, ésa es la tarea del dialéctico, es

decir, del filósofo.

3. El amor

El amor (eros) platónico es también un proceso ascendente, una especie de dialéctica emocional. Platón

le dedica dos bellos diálogos: Banquete y Fedro. Un fragmento del primero hace ver que si en la dialéctica

la ascensión parece realizarse sólo de las Ideas inferiores hasta la Idea Suprema, en el amor se trata de

una ascensión desde las cosas hasta la Idea suprema (la Belleza).

Quien hasta aquí haya sido instruido en las cosas del amor, tras haber contemplado las cosas

bellas descubrirá (...) algo maravillosamente bello por naturaleza, (...), que existe siempre y ni

nace ni perece, ni crece ni decrece; en segundo lugar, no es bello en un aspecto y feo en otro, ni

unas veces bello y otras no, ni bello respecto a una cosa y feo respecto a otra, ni aquí bello y allí

feo, como si fuera para unos bello y para otros feo. Ni tampoco se le aparecerá esta belleza bajo

la forma de un rostro ni de unas manos ni de cualquier otra cosa de las que participa un

cuerpo,(...), sino la belleza en sí, que es siempre consigo misma específicamente única, mientras

que todas las otras cosas bellas participan de ella de una manera tal que el nacimiento y muerte

de éstas no le causa ni aumento ni disminución... Por consiguiente, cuando alguien asciende a

partir de las cosas de este mundo(...), y empieza a divisar aquella belleza, puede decirse que

toca casi el fin(...). Empezando por las cosas bellas de aquí sirviéndose de ellas como de

peldaños ir ascendiendo continuamente, en base a aquella belleza, de uno solo a dos y de dos a

todos los cuerpos bellos y de los cuerpos bellos a las bellas normas de conducta, y de las

normas de conducta a los bellos conocimientos, y partiendo de estos, terminar en aquel

conocimiento que es conocimiento no de otra cosa sino de aquella belleza absoluta, para que

conozca al fin lo que es la belleza en sí.

Platón: Banquete, 210 e-211 d. Diálogos, vol III. Ed. Gredos. Madrid, 1992.

El Fedro desarrolla el mismo tema en el contexto mítico de la representación del alma como un ser alado, y con referencia directa a la reminiscencia. El alma que ha caído a la tierra, ha olvidado todo y ha perdido sus

alas; pero "viendo la hermosura de este mundo, y acordándose de la verdad, toma alas y, una vez alada,

desea emprender el vuelo" (249d). Nada tiene de extraño, entonces, que Platón diga que "el amor es

filósofo".

Ahora bien, el que (...) se ha corrompido, no se deja llevar (...) para donde está la belleza misma,

por el hecho de mirar lo que aquí tiene tal nombre, de forma que, al contemplarla, no siente

estremecimiento alguno, sino que, dado al placer, pretende como un cuadrúpedo, cubrir y hacer

hijos, y muy versado ya en sus excesos, ni teme ni se avergüenza de perseguir un placer contra

naturaleza.

Sin embargo, aquel cuya iniciación es todavía reciente, el que contempló mucho de las Ideas,

cuando ve un rostro de forma divina, o entrevé, en el cuerpo, una idea que imita bien a la

Belleza, se estremece primero, y le sobreviene algo de los temores de antaño y, después, lo

venera, al mirarlo, como a un dios, y si no tuviera miedo de parecer muy enloquecido, ofrecería a

su amado sacrificios como si fuera la imagen de un dios. Y es que, habiéndolo visto, le toma,

después del escalofrío, como un trastorno que le provoca sudores y un inusitado ardor.

Recibiendo, pues, este chorro de belleza por los ojos, se calienta con un calor que empapa, por

así decirlo, la naturaleza del ala, y, al caldearse, se ablandan las semillas de la germinación que,

cerradas por la aridez, les impedía florecer (...). Anda, pues, en plena ebullición y burbujeo, y

como con esa sensación que tienen los que están echando los dientes cuando ya van a romper,

ese picor y escozor en las encías, así le pasa al alma del que empieza a echar las plumas.

Bullen, escuecen, cosquillean las nacientes alas; y si pone los ojos en la belleza del muchacho y

recibe de allí partículas que vienen fluyendo -que por eso se llaman "río de deseos"-, se empapa

y calienta y se le acaban las penas y se llena de gozo.

Platón: Fedro. 257 b-274 c. Diálogos, vol III. Ed. Gredos. Madrid, 1992.

Mediante el alma racional se adquiere el

conocimiento y se controlan las pasiones. Saber y felicidad son las

finalidades del hombre. Para que el saber sea posible, el ser humano

debe gozar de equilibrio en su alma, y este se alcanza ha­ciendo que

cada parte del alma desempeñe la labor que le corresponde (virtud: sabiduría o prudencia –parte racional-, fortaleza –parte irascible-, y tamplanza o moderación –parte concupiscible o apetitiva-). La armonía entre las partes del alma, bajo el predominio del alma racional, proporciona al hombre justicia, que es el estado moral supremo.

Esta idea del equilibrio entre las

partes se extiende al Esta­do. El hombre solamente puede alcanzar su

felicidad en la polis, y esta ha de estructurarse para alcanzar la justicia. El

Estado ideal es aquel en el que cada ciudadano cumple con la función

para la que está más capacitado. En la uto­pía platónica, campesinos y

artesanos, guerreros y gober­nantes deben hacer uso de sus cualidades

respectivas (templanza, valor y prudencia) para que reine la justicia

general, aunque son los hombres prudentes los que deben gobernar.

TEORIA DE LAS IDEAS

EL SER HUMANO

teoria del conocimiento

ETICA: LA VIRTUD

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Selectividad filosofia Note on tema 1 Platón, created by Valen Bologna on 26/08/2015.
Created by
Valen Bologna · Aug 2015
Updated
Feb 19, 2016
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  • Created by Chus Martín · Aug 26, 2015
  • Copied by Valen Bologna · Aug 26, 2015
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